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Full text of "Historia del Estado Falcón"

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renewed by bringing it to the library. 


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PEDRO MANUEL ARCAYA 



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INDIVIDUO DE NUMERO DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA 



HISTORIA DEL 
ESTADO FALCON 



TOMO PRIMERO 

( Desde los orígenes hasta 1600 ) 



CARACAS - TIP. COSMOS 



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PEDRO M. ARCAYA 



Historia del Estado Falcón 



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in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/historiadelestad01arca 



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HISTORIA P pf f 



DEL 



ESTADO 




POR EL DOCTOR 



PEDRO MANUEL ARCAYA 

INDIVIDUO DE NUMERO DE LA 
ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA 



TOMO PRIMERO 

( Desde los orígenes hasta ¡600 ) 



CARACAS 

TIPOGRAFÍA "COSMOS" 

1920 



Ubraty, Unívi of 
Norüi Carolina 



El Gobierno del Estado Falcón, mediante De- 
creto de 7 de agosto de este año, dictado por el 
General Gabriel A. Laclé, Encargado de la Presi- 
dencia Constitucional de aquella Entidad Fede- 
ral, y refrendado por el Secretario General el Dr. 
Carlos Diez del Ciervo, ordenó varias obras de 
utilidad pública, con el fin de inaugurarlas en 
los días 27 y 28 de enero de 1920, como homena- 
je de admiración y gratitud de los pueblos de 
aquel Estado a la memoria del magnánimo Maris- 
cal Juan C. Falcón en la celebración del primer 
Centenario de su nacimiento. 

En el mismo Decreto se dispuso la edición de 
un libro que se denominaría "Historia del Estado 
Falcón", y se me confió el encargo de escribirlo. 

De allí el presente trabajo. La diligencia que 
en realizarlo he puesto ha sido extremada, pro- 
curando que contenga cuantos datos me ha sido 
posible acopiar, y el más escrupuloso respeto a 
la verdad me ha servido de norte. Tómense es- 
tas circunstancias en consideración, a fin de que, 
por otra parte, se me perdone lo desmañado y po- 
bre de mi estilo. 

Justo es que ponga constancia, y así lo hago, 
de mi reconocimiento al progresista Magistrado de 
Falcón que me dispensó el honor de encomendar- 
me la redacción de este libro, y a su ilustrado 
Secretario. 

Caracas, SI de diciembre de 1919. 
PEDRO M. ARCAYA. 



CAPITULO PRIMERO 



geografía y geología 

El Estado Falcón, uno de los "Estados Uni- 
dos de Venezuela", está situado a orillas del Mar 
Caribe, entre los 10°, 5' y 12°, 9' 50" de 
latitud Norte y los 1°, 42' y 4° 22' de longitud al 
Oeste del Meridiano de Caracas. 

Dice el artículo 2° de la Constitución Nacio- 
nal vigente que los límites generales de cada Es- 
tado son los que actualmente tienen, y se de- 
terminan por los que señaló a las antiguas Pro- 
vincias la Ley de 28 de abril de 1856, salvo las 
modificaciones establecidas en la Constitución de 
1909. Mas la citada Ley no fijó, propiamente 
hablando, límites a las Provincias, sino que espe- 
cificó los Cantones de cada una, y las Parroquias 
de cada Cantón. En su artículo 30 dispuso que 
los límites de las Provincias fuesen los de los Can- 
tones de que se componían, y los de éstos y sus 
Parroquias, cuando no los fijaba esa misma Ley 
(lo que no sucedió respecto a ninguna de las Pa- 
rroquias ni Cantones de la Provincia de Coro ni 



PEDRO M. ARCAYA 



de sus colindantes), fuesen los que les hubiesen 
sido fijados por leyes anteriores y reconocidos co- 
mo tales. 

Tampoco la Ley de 25 de junio de 1824 le se- 
ñaló límites a la Provincia de Coro, parte enton- 
ces del Departamento del Zulia, República de Co- 
lombia. Ellos quedaron siendo los a la sazón 
"conocidos". 

En suma, los límites de la antigua Provincia 
de Coro, hoy Estado Falcón, son los de sus anti- 
guas Parroquias que tocan con otras pertenecien- 
tes a Provincias, hoy Estados vecinos. 

La línea fronteriza que se traza en el "Mapa 
del Estado Falcón" del Atlas de Venezuela, edi- 
tado por Vicente Lecuna y dibujado por Luis Mu- 
ñoz Tébar, con arreglo a los últimos trabajos de 
la Comisión del Mapa Físico y Político, es así: 
desde la Punta de Oribor en la Costa del Golfo 
o Saco de Maracaibo, hacia el Sureste, yendo por 
Guaruguaro, hasta encontrar el río Cocuicita, 
cuyo curso se sigue, pasando por los Tablazos, 
hasta su nacimiento al Sureste, en las filas o 
cumbres de la serranía de Siruma; continúase 
por ellas hasta el Chimborazo, donde remata la 
frontera con el Zulia y comienza con Lara, pues 
este punto es lindero común de los tres Estados. 
De allí va la línea al Este, con inclinación al 
Noreste, por los cerros que limitan al Sur las sa- 
banas de Taratarare, cruza la cuesta del Caba- 
llo, y con varias inflexiones busca las cabeceras 
del río Baragua, desde donde prosigue al Nores- 
te por las filas de una serranía hasta la Aldea, 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



cerca de La Danta; de allí tuerce al Sureste has- 
ta encontrar el Río Tocuyo en el sitio de "Los 
Dos Ríos", aguas arriba del paso de Camayata; 
sigue el curso del Tocuyo en su descenso, hacia 
el Noreste, hasta su confluencia con la quebrada 
de Carapa, desde donde El Tocuyo corre ya den- 
tro del territorio falconiano, y la línea fronteriza 
se le aparta hacia el Sureste, por el curso de la 
referida quebrada, hasta el punto de unión de los 
dos arroyos que la forman; continúa al Sureste, 
con algunas inflexiones, hasta cerca de las cabe- 
ceras del Río Yumare, en un punto de la Serra- 
nía donde concluye la frontera con el Estado 
Lara y comienza con el Estado Yaracuy. Des- 
de allí la línea forma una gran curva, casi un se- 
micírculo, cuya cuerda va de Oeste a Este y ha- 
cia el Norte el arco, que es la frontera, pasando 
por los cerros ele la Misión hasta la Estación de 
Yumare en la vía férrea de Tucacas a Barqui- 
simeto; la cruza, y sigue por el curso del Río 
Aroa hasta Paimasola, de donde se desprende 
rectamente, en dirección casi al Este, para re- 
matar en la Boca del Yaracuy. Por el Norte el 
Mar sirve de demarcación. De la Costa arran- 
ca, al Norte de la ciudad de Coro, el istmo 
que une la tierra firme con la Península de Pa- 
raguaná, parte también del Estado. 

Hay que observar que la línea fronteriza que 
dejamos descrita siguiéndonos por el Mapa de 
Lecuna discrepa algo con la trazada por Co- 
dazzi (1), especialmente en la sección correspon- 

(1) Atlas Físico y Político de la República de Ve- 
nezuela. — Carta de la Provincia de Coro. 



2-1 



PEDRO M. ARCAYA 



d : ente a la demarcación con el Zulia; ésta la de- 
termina el libro: "Apuntes Estadísticos del Esta- 
do Falcón", publicado en 1875, así: "tomando des- 
ude la boca del Caño Oribono.... se sigue este 
"Caño hasta llegar a los derrames del río Pal- 
"mar: entonces este río sirve de frontera con el 
"Estado Zulia hasta su origen, que es en la di- 
lección del S. E. y tomando después las cumbres 
"de las cadenas de cerros que llaman del Empa- 
cado o Siruma, sigue la dirección hacia el S. 
"S. E. hasta encontrar el río Dichiva, rayando 
"entonces con el Estado Barquisimeto". 

En su oportunidad examinaremos las cuestio- 
nes que sugiere esta discrepancia. 

Así pues, el territorio del Estado Falcón es 
en su mayor parte continental, y en parte insu- 
lar, pues como de esta última clase podemos con- 
siderar el de la Península de Paraguaná, ape- 
nas adherida al Continente por un largo y estre- 
cho istmo. En cuanto a las isletas que pertene- 
cen también al Estado, no tienen ninguna impor- 
tancia. 

Una grande extensión del territorio conti- 
nental del Estado la constituyen las ramificacio- 
nes de un sistema orográfico llamado "Cordille- 
ra de Coro" por el sabio geógrafo y geólogo ale- 
mán Sievers, quien la recorrió en 1892 y puso en 
claro su unidad, pues antes solían considerarse 
como distintos del sistema de la Sierra de San 
Luis los de las otras montañas del Estado, situa- 
das más al Sur y al Occidente, error que quedó 
desvanecido desde la publicación del libro de 



10 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



este hombre de ciencia sobre su segundo viaje a 
Venezuela. (2) 

La "Cordillera de Coro" traspasa los límites 
del Estado y su superficie es casi igual, según 
el propio Sievers, a la de la Cordillera de Mé- 
rida, pues mide, más o menos, 240 kilómetros de 
largo y de 100 a 150 de ancho. Su línea de sepa- 
ración, si no se dijere ai contrario, de empate, 
con los Andes, se halla fuera del territorio de 
Falcón. "En su prolongación al Norte va bus- 
meando el estribo occidental (de la rama septen- 
trional de los Andes de Trujillo) dice el Doctor 
"Alfredo Jahn (3) las llanuras entre Carora y 
"San Timoteo, y forma una cadena de colinas que 
"divide las aguas del Morere de las que vierten 
"al lago, y que la unen a las montañas que for- 
"man el grupo del Empalado y la Sierra de Ba- 
"ragua. De este modo se establece en la región 
"del Portillo, que separa la hoya de Carora de 
"las llanuras de San Timoteo, la unión o encuen- 
tro del sistema andino y el sistema coriano." 

Ya el perspicaz Codazzi, en su célebre Geo- 
grafía de Venezuela, tratando de las montañas 
de la Provincia de Maracaibo, hoy Estado Zulia, 
al referirse a las de Siruma y el Empalado de- 
cía que parecían pertenecer a la serranía de Coro, 
y agregaba allí que el punto de intersección en- 
tre el sistema de los Andes y la serranía de Ca- 
racas estaba en la Provincia de Barquisimeto, 



(2) Zweite Reise in Venezuela in den Jahren 
1892—93. 

(3) Informe publicado en la Revista Técnica del 
Ministerio de Obras Públicas; tomo II, págs. 451 a 488. 

11 



PEDRO M. ARCAYA 



cuyo trastorno se observaba también donde el río 
Sicare pasa entre los cerros para ir a los llanos 
del Cenizo a tributar sus aguas al gran lago. Y 
al tratar de las montañas de Trujillo decía que 
uno de sus ramales tomaba el nombre de Jira- 
jaras y separaba los llanos del Cenizo de los de 
Carora, terminando la parte correspondiente a 
Trujillo en la región donde se originan los ríos 
Jirajara, Paují y Santa Bárbara, y que la Cordi- 
llera, dirigiéndose muy baja al Norte "va a for- 
"mar los cerros que dividen los terrenos de Ma- 
"racaibo y Coro." 

Aunque dada la continuidad que acaba de in- 
dicarse entre los Andes de Trujillo y la Cordille- 
ra de Coro, pudiera considerarse ésta como una 
simple prolongación de aquellos, hay que tener en 
cuenta la estrechez relativa de la zona donde se 
unen, y su bajo nivel, comparado con las grandes 
alturas de los Andes en la región trujillana, cir- 
cunstancias bastantes para mirar la cordillera de 
Coro como un sistema independiente. Luego vere- 
mos que por razones de orden geológico se la con- 
sidera más bien como parte, separada por el ca- 
taclismo que formó el Lago de Maracaibo, de los 
Andes del Táchira. 

Como quiera que sea, la Cordillera de Coro, 
desde que arranca en la zona indicada por Jahn, 
corre no muy alta en dirección al Norte, separan- 
do los Estados Zulia y Lara primero, y Zulia y 
Falcón después; a éstos en la línea de sus cum- 
bres: el Chimborazo, Siruma y el Empalado que 
ya conocemos. Allí sus vertientes hacia el Este 



12 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



pertenecen al Estado Falcón, pero hace entonces 
un gran ángulo obtuso, torciendo al Noreste, aba- 
tiéndose antes en las altas sabanas de Taratarare 
por donde va el camino de Carora a San José 
de Seque y Dabajuro, que cruza al río Matico- 
ra y pasa cerca de las cabeceras de su afluente 
el Taratarare. Divídese por ahí la Cordille- 
ra en dos grandes ramales, dentro de los cuales, 
al comienzo de su bifurcación, están las referi- 
das sabanas. 

El ramal septentrional lo forman las monta- 
ñas de Casicure (Distrito Buchivacoa) y Pedre- 
gal (Distrito Democracia), que en sus mayores 
alturas apenas alcanzarán como a 700 metros. 

Subdivídense esas montañas en diversos ra- 
males secundarios, dentro de los cuales hay sa- 
banas más o menos extensas que sirven de "reti- 
ros" para los ganados de la Costa en épocas de 
sequía. Fuera de las cadenas de cerros altos hay 
otras muchas de colinas que descienden a las lla- 
nuras del Norte. 

Unas y otras quedan luego cortadas de Sur a 
Norte por el hundimiento que luego explicaremos 
por donde pasa el Río Mitare. Termina allí la 
que llamaremos primera sección del ramal sep- 
tentrional de la cordillera. Sus estribaciones por 
el Norte dan, como ya hemos dicho, a la extensa 
llanura que se extiende hasta el mar; por ella co- 
rren también, y mueren en el mar, varios ríos que 
bajan de dicha sección montañosa, y son el Mati- 
cora, el Borojó, el Capatárida, el Zazárida y el 
Cauca. Apenas tienen aguas permanentes estos 



13 



PEDRO M. ARCA YA 



ríos durante su curso por la Serranía. Al ba- 
jar a la llanura sus cauces se secan, aunque en 
épocas de lluvias se tornan torrentosos. 

Las vertientes al Sur de la misma sección de 
que venimos tratando dan a la hondonada, espe- 
cie de enorme valle, que media entre los dos ra- 
males septentrional y meridional de la Cordille- 
ra. Corre por allá el río del Pedregal, formado de 
otros dos más pequeños que tampoco tienen aguas 
permanentes sino hasta cierto trecho de su naci- 
miento, pero que recogen, primero cuando sepa- 
rados y después cuando juntos el gran caudal de 
los pluviales en la estación lluviosa. Este río se 
une con el de San Luis o de los Mitares, cuyo ori- 
gen explicaremos abajo, en los Pilancones, cer- 
ca de Agua Clara. Unidos portan extraordina- 
rio volumen de agua al crecer, y se precipitan por 
el hundimiento de la serranía a que ya aludimos. 
De ahí en adelante el río constituido por los dos 
que acabamos de mencionar, Pedregal y San 
Luis, se llama de Agua Clara, Sabaneta y Mita- 
re, según los sitios por donde pasa al correr ha- 
cia al Norte para morir en el Golfete de Coro. 
Dice Sievers (4) que en la región de Agua Clara 
debió ocurrir una violenta ruptura del terreno 
que al mismo tiempo hizo brotar a la superficie 
las aguas termales que allí existen. 

De Agua Clara en adelante, esto es, después 
del hundimiento o ruptura del terreno que allí 
se observa, comienza la que llamaremos segun- 
da sección del ramal septentrional de la Cordi- 



(4) Obra citada, pág. 73. 
14 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



llera de Coro, que sigue en la misma dirección 
que hasta Agua Clara traía, es decir, al Nores- 
te. Dicha Sección constituye propiamente lo que 
los geógrafos llaman la Sierra de San Luis, y los 
habitantes de Coro "La Sierra" por autonoma- 
sia. Crécese allí el ramal montañoso en altura y 
en volumen, pues desde los cerros del Palmar y 
Urucure hacia el Este se eleva rápidamente, for- 
mando dos grandes crestas en cuyo centro está 
el alto valle de Curimagua, como a mil metros 
sobre el nivel del mar, y cuyo aspecto, dice Sie- 
vers, le hizo recordar el de los valles cubiertos de 
yerba de las montañas alemanas. La cumbre de 
los Patiecitos, en la cresta del Norte de Curima- 
gue tiene 1.100 metros de altura, y la de Santa 
Teresa, al Sur, 1.150, mas como hay otros picos 
más altos, puede calcularse que la cordillera sube 
allí hasta 1.300 metros. De Curimagua en ade- 
lante sigue corriendo la cordillera por Santiago, 
Santa Lucía, La Chapa, Las Tablas, Macuquita, 
Maguaray, El Cedro, Marache y otros puntos, en 
territorio de los Distritos Miranda y Colina hacia 
el Norte, y Petit hacia el Sur, siempre con altu- 
ra no inferior a 1.000 metros, hasta que se baja 
notablemente en la región de Acurigua (Distrito 
Colina), donde termina la sección que venimos 
describiendo. 

Hay que advertir que a un lado y otro de la 
cadena de altos cerros que dejamos descrita co- 
rren, desprendidas de ellas, otras cadenas de co- 
linas bajas, una de las cuales va de Oeste a Este 
desde Chuchure, al pié del Palmar; pasa por Cau- 
jarao, a pocos kilómetros al Sur de Coro, y sigue 

15 



PEDRO M. ARCAYA 



por Angoleta, Taruma, Butare y Guaibacoa, al- 
zándose un poco a medida que la cadena princi- 
pal baja, para confundirse las ramificaciones de 
las dos entre Acurigua y Guaibacoa. Uno de los 
ramales de esta misma cadena de colinas va a 
morir al mar junto a La Vela, y otros concluyen 
en diversos puntos de la costa, entre esa ciudad y 
Cumarebo. 

Termina así en La Vela la llanura que desde 
los límites de Falcón y Zulia, mejor dicho, desde 
la costa oriental ele la entrada del Lago de Ma- 
racaibo, corre entre la cordillera y el mar, muy 
ancha en el Distrito Buchivacoa hasta en cua- 
renta o cincuenta kilómetros, algo menos en el 
Distrito Democracia, y ya estrecha en el Distrito 
Miranda, de modo que de Caujarao al mar, pa- 
sando por la ciudad de Coro, que está en dicha 
llanura, no hay más de diez kilómetros. 

De "La Sierra" se desprenden hacia el Nor- 
te, fuera de algunas quebradas, el río Yenemo, 
llamado después Río Seco, porque no corre sino 
cuando llueve, salvo en sus cabeceras, y el río de 
Coro, formado por los riachuelos de Siburúa, 
Meachiche y San Antonio. El Seco cae al de 
Coro, cerca de Caujarao, y éste sale a la llanu- 
ra del Norte por una ruptura que sin duda hi- 
cieron sus aguas en la cadena de colinas ya des- 
crita, para ir al mar cerca de La Vela, pasan- 
do entre esa ciudad y la de Coro. 

Nace también del lado Norte de la monta- 
ña el río de Acurigua, pero tuerce su curso en la 
región baja donde finaliza la sección que veni- 



16 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



mos describiendo de la Serranía, y va a caer al 
Ricoa. 

Las vertientes del Sur de la propia sección 
montañosa dan también a la hondonada o gran 
valle que media entre los dos ramales de la cor- 
dillera. Dicha hondonada lo es con respecto a 
las montañas de los dos ramales, porque, por lo 
demás, su terreno es alto con relación al nivel 
del mar, aunque siempre va bajando de Oeste 
a Este; se ensancha también a medida que avan- 
za al Este. 

Hacia esa hondonada desciende de "La Sie- 
rra" el río San Luis, llamado también de los Mi- 
tares. Corre al Sur, pero luego describe una cur- 
va para dirigirse al Norte. Ya hemos explicado 
su unión con el Río Pedregal. 

Mas al Este de donde nace el San Luis bro- 
ta el Ricoa que recoge las aguas de pequeños 
afluentes, entre ellos el Acurigua y el Macoruca, 
y cae al mar como a 20 kilómetros al Este del 
Puerto de Cumarebo. 

No lejos del Ricoa nacen el Hueques propia- 
mente dicho y el Caridad, que unidos forman el 
Hueques, Güeque, Omoria, o de la Concepción, 
pues con estos nombres lo siguen designando has- 
ta que va a caer al mar, después de un largo 
curso hacia el Noreste. 

La tercera sección del ramal Norte de la Cor- 
dillera arranca de la misma región de Acurigua 
a Macuruca donde se hace baja, como hemos vis- 
to, la hasta allí alta Sierra de Coro. Esa abra 



17 
1-3 



PEDRO M. ARCAYA 



da paso a caminos que fácilmente pueden ha- 
cerse carreteros. Vuelve a alzarse el terreno y 
se levanta una cadena cuyos picos principales, 
los cerros de la Soledad y Cumarebo, no son tan 
altos como los de "La Sierra" propiamente dicha. 
Diversas ramificaciones secundarias de colinas se 
extienden hasta las orillas del mar, al Este de 
Cumarebo. Otra se prolonga hasta Píritu, des- 
pués de bajarse para darle paso al río de Ricoa. 
Por lo demás, en esta tercera sección montañosa 
no nacen ríos sino arroyos o quebradas. Una de 
ellas surte el acueducto del puerto de Cumarebo. 

Veamos ahora el otro gran ramal de la Cor- 
dillera, el meridional. Al principio, en su sec- 
ción Oeste, sus montañas son poco altas, y lue- 
go se subdivide en varios ramales secundarios, 
unos en territorio del Estado Lara, otros en sus 
límites con Falcón y otros en territorio de éste. 
Sievers distingue las cadenas de Surui, de Agua 
Negra, San Pedro, San Lorenzo y otras, todas las 
cuales se enlazan entre sí en sus intrincadas ra- 
mificaciones. La Serranía de Agua Negra (en 
el Distrito Federación del Estado Falcón), que 
corresponde en el ramal del Sur a la Sección de 
la "Sierra de San Luis" en el del Norte, es la 
más alta de toda la cordillera pues sus picos lle- 
gan a 1.500 metros de altura. r Las montañas si- 
guen después con diversas alturas, con los nom- 
bres de Buena Vista, Churuguara, Mapararí, 
Agua Blanca (Distrito Federación), Agua Linda, 
Guararipana (Distrito Acosta) y otros. 

Tiene una abra la Cordillera donde cae al Río 



13 



HISTORIA DEL ESTADO PALCON 



Tocuyo la quebrada Carapa, de modo que dicho 
río sigue corriendo en un gran valle, con una se- 
rranía al Norte que por los lados de Jacura a 
Capadare va a morir a las sabanas del Distrito 
Acosta, y otra al Sur (Distrito Silva) que va a 
finalizar cerca de la costa de Chichiriviche. 

Las vertientes al Norte del ramal sur de la 
cordillera dan a la hondonada o gran valle inte- 
rior que ya hemos explicado, aunque éüte, en los 
Distritos Zamora y Acosta, entre la extremidad 
Este del ramal del Norte que finaliza en Píritu 
y la extremidad, también oriental, del ramal del 
Sur que termina al Norte del Tocuyo, viene a ser 
una región de vastas sabanas, casi al nivel del 
mar, que se inundan con las crecientes de los ríos. 

A la hondonada interior primero, y a dichas 
sabanas después, caen, bajando de las montañas 
del Sur, muchas quebradas y algunos ríos: éstos 
son el de Upipe, que se une al de Hueques, que 
ya conocemos, algunos kilómetros antes de su des- 
embocadura, el de Jacura, que tiene como su 
afluente al Caidie, y al Capadare. 

Hacia el Sur arroja el mismo ramal, además 
de gran número de quebradas, varios ríos que 
penetran al territorio de los Estados Lara y Ya- 
racuy, y otros que caen al Tocuyo en el territo- 
rio de Falcón. Estos son el de los Remedios, el 
Guaidima y el Araurima. Al mismo Tocuyo, y en 
territorio de Falcón, bajan otros ríos que nacen 
en la Serranía que le queda al Sur, como el San 
Fernando, el Agua Clara y el Chiquichique. 



19 



PEDRO M. ARCAYA 



En la Costa de la Boca del Tocuyo a la del Ya- 
racuy mueren en el mar el Sanare y el Aroa. 

Todos los ríos indicados, y algún otro que se 
nos haya olvidado mencionar, son de los que Co- 
dazzi calificó de cuarto orden, excepto el Tocuyo 
y el Aroa, que son navegables, mejor dicho, ca- 
nalizables, pero que no nacen en el territorio de 
Falcón, bien que el primero lo cruza en una ex- 
tensa zona, después de haber discurrido por una 
mayor en jurisdicción del Estado Lara, llegando 
así a 96 leguas el total de su curso. Fórmase se- 
gún Codazzi (5), en el páramo del Jabón, cerca 
de las Rosas, teniendo sus manantiales a 4.105 
varas sobre el nivel del mar. 

Ya hemos aludido a la extensa llanura que 
corre entre el pié de la cordillera, del lado del 
norte de su ramal septentrional, y el mar, desde 
La Vela hasta los confines del Estado Falcón con 
el del Zulia. Es este el litoral occidental o "Costa 
de abajo". Da en parte al Golfete de Coro, al 
cual lo limitan esa misma costa al Sur, la Pe- 
nínsula de Paraguaná al Norte y el istmo al Oes- 
te, y en parte al Golfo de Venezuela o Saco de 
Maracaibo. En todo este litoral el mar es poco 
profundo, especialmente en el Golfete, sólo nave- 
gable en pequeñas embarcaciones y por prácti- 
cos. Hay en dicha Costa grandes salinas, sien- 
do las principales las de Mitare. 

Al Norte de la ciudad de Coro está la entrada 
o comienzo del Istmo de Paraguaná (Distrito Fal- 



(5) Resumen de la Geografía de Venezuela, pág. 
452. 



20 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



con) . Abundan allí las dunas o médanos, montícu- 
los de arena movediza que alcanzan muchos me- 
tros de altura. 

El istmo es largo de 33 kilómetros, y de ancho 
5 donde más. Su parte occidental la forman sa- 
linas anegadizas, de modo que en ciertos meses 
del año es algo inferior a un kilómetro la anchu- 
ra, en algunos sitios, del terreno seco. La Penín- 
sula misma tiene una forma irregular. Grosso 
modo podría comparársela a un cuadrado con un 
triángulo agregado a su lado Norte que le sir- 
viera de base, de la punta de Mata Gorda al Es- 
te a la de La Macolla al Oeste. El vértice del 
triángulo superpuesto es el cabo de San Román. 
El lado Oeste del cuadrado es (línea bastante si- 
nuosa) de la Macolla a Punta de Cardón. El la- 
do Sur, que es a su vez la costa Norte del Golfo 
de Coro, corre de Punta de Cardón, yendo al Este, 
hasta la garganta del istmo. El lado este se ex- 
tiende desde la misma garganta del Istmo hasta 
Mata Gorda. 

Calcula Sievers (6) en 3.000 kilómetros cua- 
drados, más o menos, la superficie de la Penínsu- 
la de Paraguaná. Su terreno es plano, pero elé- 
vase en él el cerro de Santa Ana, cuya verdade- 
ra altura no es inferior, según el mismo Sievers, 
de 700 metros, casi el doble de los 397 que le atri- 
buía Codazzi. Del cerro se desprenden algunas 
colinas, aunque más que colina es el cerro de Ara- 
jó, de 200 metros de altura. 



(6) Obra citada, pág. 37. 
21 



PEDRO M. ARCAYA 



Ningún río, ni siquiera un arroyo, riega a Pa- 
raguaná. Hay apenas una fuente intermitente 
en el cerro de Santa Ana. Salinas hay varias; 
las más importantes son las de Guaranao. 

Volviendo al continente, hemos dicho ya que 
entre las extremidades orientales de los dos ra- 
males de la Cordillera se extienden grandes sa- 
banas (las sabanas de Costa Arriba), prolon- 
gación, en descenso, del alto terreno que media 
entre esos mismos ramales en el interior del Es- 
tado. Hay además de las sabanas, en dicho li- 
toral, algunas salinas. 

La hondonada entre los dos ramales que ter- 
mina con las sabanas, está en su primera sec- 
ción, entre las montañas del Pedregal y las del 
ramal Sur, a una regular altura sobre el nivel 
del mar: 370 metros en Piedra Grande, 275 me- 
tros en Las Adjuntas, según Sievers. (7) 

Característica en general del Estado Falcón 
es la sequedad de su clima, con la consiguiente 
escasez de las lluvias, no tanto en las montañas 
del ramal del Sur ni en la parte oriental de la 
hondonada interior, más sensible ya en el ramal 
septentrional de la Cordillera, especialmente en 
sus secciones del Este y del Oeste, pronuncia- 
dísima en las llanuras del litoral occidental y so- 
bre todo en la Península de Paraguaná. De 
allí la pobreza de los ríos, el corto número de 
éstos en el continente, y su total ausencia en Pa- 
raguaná. De allí también que sean pocos los 



(7) Obra citada, pág. 79. 
22 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



bosques, salvo los que rodean el Río Tocuyo, al- 
gunos que desde allí se prolongan hacia el Sur 
por el Distrito Silva y hacia el Norte por los 
Distritos Federación y Acosta, y los de Maco- 
ruca y Ricoa (Distritos Colina y Zamora). Ver- 
dad es que las cumbres de las Serranías están 
cubiertas de espeso arbolado, y de pingües pas- 
tos las sabanas del Este, pero aun allí se hacen 
sentir a veces las sequías, y en suma, más de la 
mitad, por no decir de las dos terceras partes 
del Estado es de una gran aridez, a saber: las 
faldas de la serranía meridional, en sus límites 
con Lara en el Distrito Democracia, la región 
interior entre esa misma serranía y las monta- 
ñas del Pedregal en el ramal del Norte, esta 
misma serranía, salvo en sus cumbres, parte de 
la región interior entre las montañas de Chu- 
ruguara y la Sierra de San Luis, las faldas de 
esta última sierra hacia el Norte, las llanuras 
del litoral occidental, y la Península de Para- 
guaná. En las faldas de las sierras y en las 
márgenes de los ríos y quebradas, aunque se se- 
quen sus cauces, se encuentran árboles frondo- 
sos y de magníficas maderas, tales como la cei- 
ba y el roble, pero fuera de allí no hay, se en- 
tiende en la región árida, sino cardones, tunas, 
arbustos espinosos, y como únicos árboles los cu- 
jíes, éstos mismos raquíticos y marchitos, salvo a 
las orillas de los estanques, o donde sus raíces 
encuentran alguna humedad subterránea, tor- 
nándose entonces corpulentos y hermosos. La 
naturaleza del suelo determina forzosamente el 
destino que se le ha dado a las diversas regio- 

23 



PEDRO M. ARCAYA 



nes del Estado. Propias para la cría del gana- 
do mayor son las sabanas del Este, para la de 
chivos y burros las comarcas áridas. Siémbra- 
se el café en las serranías, el tabaco en los fér- 
tiles valles del Distrito Acosta, la caña de azú- 
car, en pequeñas plantaciones, donde puede re- 
garse el terreno y en los altos valles de las mon- 
tañas de San Luis y de Churuguara. Los fru- 
tos menores se cultivan de secano en todas las 
serranías, y aun en la tierra llana en el litoral 
oriental y en la Península de Paraguaná, siendo 
muy frecuente perderse las cosechas por falta de 
lluvias, mas es tal la bondad del suelo, especial- 
mente en Paraguaná, que pocos aguaceros trans- 
forman en jardines a los campos más áridos. 
Sievers (8) que estuvo allí en los últimos días de 
octubre y primeros de noviembre de 1892, épo- 
ca lluviosa, habla de las feraces campiñas de Pue- 
blo Nuevo, con sus fértiles dehesas, potreros y 
maizales, y de cuan agradablemente le impresio- 
nó la frescura y amenidad del paisaje. Meses 
después habría podido contemplar las "feraces 
campiñas" vueltas tristes secadales. 

De todas, la región más árida del Estado, 
aunque llueve allí algo más que en Paraguaná, 
es la llanura que ya hemos descrito, desde La 
Vela hasta los confines de Falcón con Zulia. 
Calidísima es su temperatura, pero la refrescan 
constantes y fuertes brisas. La aridez del te- 
rreno queda compensada, para darle al paisaje 
singular atractivo, con la pureza y limpidez del 



(8) Obra citada, pág. 49. 
24 



HISTORIA DEL ESTADO PALCON 



cielo completamente azul. Por lo demás, ni aun 
allí es ingrato el suelo, porque bien mojado se 
presta para diversos cultivos, tales como el de 
la caña de azúcar, pastos y árboles frutales, co- 
mo se observa en los alrededores de la ciudad 
de Coro, con sus hermosas huertas, regadas por 
las aguas derivadas del río de Coro, mediante el 
gran acueducto construido bajo la Administra- 
ción del Mariscal Falcón y restaurado bajo la 
del General Juan Vicente Gómez. 

Mas aunque pudiera utilizarse así el agua 
de los otros ríos que bajan a la llanura, ello se- 
ría por demás costoso, desde luego que los acue- 
ductos habría que traerlos desde las cabeceras, 
que es donde siempre hay agua, y apenas se al- 
canzaría a regar cortas extensiones de tierra. 

En esa llanura, y en general en todas las 
comarcas áridas del Estado, indústrianse sus ha- 
bitantes para tener agua potable, bien excavan- 
do pozos (cacimbas o jagüeyes los denominan, 
según su profundidad), para sacar, a veces co- 
mo sucede en Paraguaná, a los cuarenta o cin- 
cuenta metros, el agua de filtraciones que se de- 
posita en las capas subterráneas, y que gene- 
ralmente es desabrida o salobre, bien, y es lo 
más común y provechoso, labrando estanques, 
verdaderas lagunetas artificiales, inteligente- 
mente formadas para recoger aguas pluviales, 
aprovechando los declives del terreno para abrir 
en sitio conveniente el "cajón," cuya tierra re- 
movida se utiliza en las "barrancas," diques de 
primitiva construcción, pero suficientes para de- 

25 
4—1 



PEDRO M. ARCAYA 



tener el curso natural del agua después que re- 
bosa del "cajón," lográndose que forme extensas 
"represas." 

En cuanto a la geología del Estado, ningún 
estudio formal se ha publicado sobre la materia, 
fuera de las someras observaciones hechas por 
Karsten y Sievers, en sus viajes por allí, en 1850 
y 1892 respectivamente, pues los trabajos más 
detenidos de los geólogos de las Empresas .de mi- 
nas de petróleo, que han examinado el territorio 
del Estado, permanecen inéditos. Nos limitare- 
mos, pues, a resumir las conclusiones de Sievers. 

En conjunto, el sistema de la cordillera de 
Coro es casi en su totalidad de formación cre- 
tácea; abundan las piedras cuarzosas, las cali- 
zas, de color gris azulado, en descomposición, y 
contentivas de fosilizaciones; otras, calizas tam- 
bién, blancas y poco resistentes; pizarras y ca- 
pas de yeso, de ocre, alumbre, etc., parecidas a 
las que observó el propio Sievers en el Táchira, 
en el sistema de Cerro de Oro, y análogas a las 
capas de terreno de Guaduas (Colombia), estu- 
diadas por Hettner, y a las llamadas por Wall 
series del Caroní, que fueron consideradas como 



(9) Karsten publicó sus trabajos sobre la geología de 
estos países, en alemán, en Revistas científicas de su 
patria, y años después, en 1S86, los compiló en francés 
en un opúsculo titulado "Geologie de l'ancienne Co- 
lombie Bolivarienne." — Las observaciones geológicas de 
Sievers figuran en su obra ya citada. — El trabajo de 
Karsten fué traducido al castellano, en lo referente a 
Venezuela, y publicado en la Revista Técnica del Mi- 
nisterio de Obras Públicas, año 1913 (tomo II, páginas 
51-110 etc.). También visitó al Estado Falcón otro sabio 
alemán, Ludwig, pero no nos son conocidas sus obras. 

26 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 

características por Karsten. La edad de estas 
capas es dudosa, pues si bien puede clasificár- 
selas como terciarias, hay que recordar, por otra 
parte, que contienen fosilizaciones. Sin embar- 
go, las capas de las costas pueden mirarse como 
correspondientes a un terreno mioceno superior. 

Así es que la distribución varía entre el cre- 
táceo superior y el eoceno, pero más recientes, en 
su mayoría miocenos, son los terrenos de las ver- 
tientes septentrionales de la Sierra de San 
Luis y los de la región entre Coro y Cumarebo, 
y todavía más nuevos los de Caujarao, califica- 
dos de cuaternarios. 

De los datos de Sievers dedujeron sin duda 
los autores de la Nueva Geografía Universal, 
magnífica y reciente publicación de la casa de 
Montaner y Simón, de Barcelona de España, 
que "el sistema de montañas de Coro como estri- 
bación Nordeste de las Cordilleras, forma pro- 
bablemente la continuación de las cadenas si- 
tuadas entre San Cristóbal en el Táchira, y 
"Ocaña, cuyos eslabones, que se extienden al Nor- 
deste, se han hundido en el Lago de Maracaibo. 
"Coro está formado solamente de creta y forma- 
"ción terciaria, piedras calizas y arenisca, arci- 
llas pizarrosas y margas dispuestas en zonas 
"con dirección E. N. E." (10) 

Respecto a la Península de Paraguaná, su 
formación geológica es mucho más complicada, 
y muy diferente de la del continente en la parte 



(10) Nueva Geografía Universal. — Tomo X, pág. 
566. 

27 



PEDRO M. ARCAYA 



que corresponde al Estado Falcón. Se cree que 
primitivamente hubo allí cerros de granito, 
gneis y pizarras cristalinas, de la misma espe- 
cie de las que se encuentran en la Cordillera de 
Santa Marta, que se prolongaría al Este, inclu- 
yendo lo que es hoy Paraguaná, cuando todavía 
no se había formado la Cordillera de Coro. De 
este terreno primitivo quedan aun restos en la 
península, en el cerro de Arajó, que por lo visto 
es uno de los más antiguos del planeta, en Tau- 
sabana y algunos otros puntos. Presúmese que 
un fenómeno geológico destruyó el terreno ar- 
caico de Paraguaná, al mismo tiempo que la ais- 
ló de la Sierra de Santa Marta, mediante el 
hundimiento del Golfo de Maracaibo, y del res- 
to de la Cordillera, cuyas otras fracciones que- 
daron separadas, formando las islas de Aruba, 
Curazao y Bonaire y los islotes que siguen al Es- 
te hasta Orchila y Blanquilla. De entonces da- 
tan las masas de diabasas o menfita, hornablen- 
da y otras piedras de origen eruptivo que for- 
man el cerro de Santa Ana. Después de eso el 
mar cubrió casi toda la parte Norte de Sur 
América, excepto algunas fajas de tierra, has- 
ta la época cretácea, dando origen a los terre- 
nos de dicha formación, que en Paraguaná ro- 
dearon o cubrieron a los más antiguos, pero los 
cretáceos sufrieron a su vez grandes trastornos, 
y se formaron los terrenos terciarios que son, 
en suma, los que más abundan en Paraguaná, 
especialmente los miocenos más nuevos, habién- 
dolos también cuaternarios. 

Refiere Karsten que al Sur de Pueblo Nue- 



28 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



vo se descubrió el esqueleto de un mamífero gi- 
gantesco cuyo fémur tenía más de un metro de 
largo, y agrega Ernst, en nota a la citada tra- 
ducción del trabajo de Karsten: "Hace algunos 
"años tuvimos ocasión de examinar algunos frag- 
"mentos de huesos de Mastodonte, encontrados a 
"corta distancia del lugar mencionado, y en el 
"Museo Nacional hay otros de dicho cuadrú- 
pedo...." 

Muchos secretos puede que revele el suelo de 
Paraguaná a los sabios que lo remuevan, ya que 
en tan corto espacio puede estudiarse la suce- 
sión de todos los terrenos, desde las rocas ígneas 
hasta los más recientes sedimentos. 



CAPITULO SEGUNDO 



LOS ABORÍGENES 



SU DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA Y SUS RASGOS 
CARACTERÍSTICOS 

Dos naciones indígenas constituían, al tiempo 
del descubrimiento de América, la mayoría de la 
población del territorio correspondiente hoy al 
Estado Falcón, a saber: los Caquetíos y los Ji- 
rajaras, pero además, especialmente en sus lí- 
mites con los territorios que ahora pertenecen a 
los Estados vecinos, habitaban ciertas comar- 
cas de aquél algunas tribus de otras tres nacio- 
nes: Ajaguas, Ayamanes y Chipas. (1). 

Residían los Caquetíos en toda la llanura es- 
téril que hemos descrito, desde los límites de Fal- 



(1) Federmann, en la narración de su primer via- 
je a Venezuela, menciona también a los Aticares, que 
habitaban las montañas de la Costa al Oeste de la boca 
del Yaracuy (Iracuy escribía él), pero en ningún otro 
documento se les nombra. Probablemente eran alguna 
tribu de los mismos Chipas. 

31 



PEDRO M. ARCAYA 



con y Zulia hasta La Vela, en la Península de 
Paraguaná, y en el litoral oriental del Estado, des- 
de La Vela hasta la boca del Yaracuy, de modo 
que atendiendo la división política actual, dicha 
Nación poseía la parte septentrional y llana de 
los Distritos Buchivacoa, Democracia y Miranda, 
tocio el Distrito Falcón (Paraguaná), como la mi- 
tad Norte del Distrito Colina, las costas y bue- 
na parte del interior del Distrito Zamora has- 
ta la boca de Ricoa, y luego, siguiendo al Este, 
casi todo el resto del mismo Distrito, es decir, 
sus grandes sabanas, la sección Norte del Dis- 
trito Acosta y todo el litoral del Distrito Sil- 
va. (2). Parece que se extendían también algu- 
nas de sus tribus al interior del actual Distrito 
Petit, bien que casi todo el territorio de éste lo 
ocupaban los indios Jirajaras. 

Conviene advertir que el nombre de los Ca- 
quetíos se ha escrito por nuestros cronistas e his- 
toriadores con algunas variaciones ortográficas. 
Caquitios ponía Oviedo y Valdez, Caquesios el 



(2) Para la determinación que hacemos en el tex- 
to del territorio caquetío nos hemos basado en numero- 
sos documentos inéditos que hemos consultado en Coro 
y Caracas, entre ellos las copias que existen en la Aca- 
demia Nacional de la Historia de muchos que se hallan 
en los Archivos españoles, y en los siguientes libros: 
Oviedo y Baños: Historia de la conquista y población 
de Venezuela, edición anotada por Fernández Duro (es- 
pecialmente los Documentos del tomo II), Juan de Cas- 
tellanos: Elegías de Varones ilustres de Indias. Feder- 
mann: Narración del primer viaje de.... a Venezuela, 
traducción por el que esto escribe. Aguado (Fray Pe- 
dro de): Historia de Venezuela (edición de Caracas). 
Simón (Fray Pedro): Noticias historiales de las conquis- 
tas de Tierra Firme. (Primera parte; edición de Bogotá). 

32 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Padre Simón, Caiquetios Oviedo y Baños, a quien 
han copiado casi todos los modernos escritores 
venezolanos, corrompiendo todavía más Codazzi 
el vocablo al escribirlo Caique-tías, en lo cual tam- 
bién ha tenido imitadores: pero la forma correc- 
ta es la ,de Caquetíos. Así aparece en cuantos 
documentos inéditos hemos visto de la época de 
la conquista y posteriores, y en los que se han 
publicado, tales como los que insertó Fernández 
Duro en su edición de la obra de Oviedo y Ba- 
ños; es la que emplea constantemente Castella- 
nos, y por la consonancia de sus versos se ve que 
el acento debe cargar en la ?', como lo escribimos 
nosotros. 

Acerca de la etimología del nombre caque- 
tío, quizás era de origen caribe, aunque los in- 
dios que lo llevaban eran indudablemente de la 
familia nuarhuaca. En efecto, en el bakairí, dia- 
lecto caribe que aún se conserva en el centro del 
Brasil, se encuentra el adjetivo zakaitw; que quie- 
re decir viejo (3), pero que como viene del ver- 
bo kakoi, crecer, podría también, probablemen- 
te, sugerir la idea de alto, elevado, o muy crecido. 

Habitaban los Jirajaras la mayor parte de la 
región montañosa de Falcón, especialmente la 
"Sierra" por autonomasia, de que ya hemos ha- 
blado, que por eso se llamó en el siglo XVI "Sie- 
rra de los Jirajaras," y las cordilleras del Sur 
(Churuguara, Agua Negra, etc.). con excepción 
de la parte Sur Oeste donde vivían los Ajaguas, 



(3) Karl von den Steinen. — Dio B.nkairi Sprache. 
Leipzig.— 1892. 



33 
5—1 



PEDRO M. ARCA YA 



aunque allí mismo estaban, junto a ellos, algunas 
tribus jirajaras. Así pues, esta Nación era due- 
ña, en parte, de la región meridional de los Dis- 
tritos Buchivacoa y Democracia (montañas de 
Casicure y Pedregal), de la totalidad del territo- 
rio de los Distritos Bolívar y Petit, excepto las 
cortas localidades que en éste ocupaban, a lo que 
parece, algunas tribus Caquetías; de la parte me- 
ridional, montañosa, de los Distritos Miranda y 
Colina, de la mayor porción del Distrito Fede- 
ración, y de las montañas sur-occidentales de los 
Distritos Zamora y Acosta. (4). 

También el nombre de estos indios se ha es- 
crito con algunas variaciones, que bien visto el 
punto unas son meramente ortográficas: Xira- 
xaras, Giraharas; otras vienen de la confusión, en 
los dialectos indígenas, entre los sonidos de la d 
y la r: Xideharas escribía Federmann, Xidaxa- 
das hemos leído en algunos documentos anti- 
guos; y otras se .derivan de la abreviación del 
sonido largo intermedio aha o aja en a, de don- 
de resultan Giraras, Jiraras y Xiraras. La for- 
ma J ir ajar a predominó en Venezuela y la abre- 
viada Girara en el Nuevo Reino de Granada. 

La etimología del vocablo en cuestión la de- 
dujo Martius, en su conocida obra: "Beitraege zur 
Ethnographie und Sprachenkunde Amerika's," de 



(4) La determinación del territorio que, atendien- 
do la octual división política, ocupaban los Jirajaras en 
Falcón, al tiempo de la conquista, la hemos hecho con 
vista de numerosos documentos inéditos, entre ellos tí- 
tulos de data y composición de tierras y papeles sobre 
Encomiendas. También hemos consultado las mismas pu- 
blicaciones que dejamos citadas en la nota 2a. 



34 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



las palabras tupis girao y wara, dándole así el 
significado de "hombres constructores de ciudades 
lacustres (Pfahlbantenmaener)". No nos parece, 
sin embargo, muy segura esta etimología. 

Ocupaban los Ajaguas la sección meridional 
de los Distritos Buchivacoa y Democracia y algo 
de la occidental del Distrito Federación. En to- 
das esas comarcas sus tribus estaban, a lo que 
parece, intercaladas con otras de los Jirajaras, 
pero los Ajaguas predominaban en las montañas 
de Pedregal. (5) 

También varía la forma en que se escribe el 
nombre de estos indios: Ajaguas, Axaguas, Acha- 
gaas, Jaguas, Xaguas. Predominó en Coro y 
Barquisimeto la forma "Ajaguas", y en los llanos, 
así de Venezuela como de Colombia, la de "Acha- 
gual", que quedó a una villa de Apure, muy 
nombrada durante la guerra de Independencia, y 
hoy lleva este nombre un Distrito de dicho Es- 
tado. 

En cuanto a la etimología de la palabra Aja- 
gua o 3 agua pudiera ser del nombre Jagua de 
una palma, tótem quizás de estos indios, o bien 
tener alguna conexión con el vocablo del primi- 
tivo idioma nuarhuaco de que en uno de los dia- 
lectos derivados de dicha fuente, el guajiro, pro- 
vino el verbo achiagua que significa aconsejar, 
por donde pudiera colegirse que los Achaguas 
serían algo así como los prudentes. 



(5) La existencia de los Ajaguas en la parte Sur- 
oeste del actual territorio del Estado Falcón resulta com- 
probada con documentos inéditos que hemos examinado 
en los archivos de Coro y Caracas. 

35 



PEDRO M. ARCAYA 



En las márgenes del río Tocuyo vivían I03 
Ayamanes, quienes tan sólo poseían, del territo- 
rio hoy falconiano, la parte Sur del Distrito Fe- 
deración y el extremo occidental del Distrito 
Silva. (6) 

La etimología de la palabra Ayamán que 
siempre la hemos visto escrita así, sin las varia- 
ciones que suelen ocurrir respecto a los otros 
nombres de naciones indígenas en que nos he- 
mos ocupado, quizás venga de las voces tupis 
añang y ana, que respectivamente significaban 
diablo y parientes. 

Moraban los Chipas en las serranías de Aroa 
y en las riberas del río del mismo nombre, co- 
rriéndose probablemente hasta las del Tocu- 
yo, al oriente del territorio Ayamán; así es que 
del actual Estado Falcón no ocupaban sino una 
porción del Distrito Silva. Limitábanlos al Sur y 
al Este los Caquetíos y al Oeste los Ayamanes, 
aunque quizás se extendían también hacia las se- 
rranías del Distrito Acosta, cercanas al río del 
Tocuyo. 

Llamaba Federmann a estos indios Cyparico- 
tes, nombre idéntico al de Chipas, con la agrega- 
ción a éste de la partícula re y de la palabra co- 



(6) La determinación de la región ocupada por los 
Ayamanes en lo que hoy forma los Estados Falcón y 
Lara se hace fácilmente con vista de la Narración del 
primer viaje de Federmann. Hemos consultado, además, 
diversos documentos inéditos, especialmente los que exis- 
ten en el Archivo del Palacio Arzobispal de Caracas, 
parte de los cuales publicó Luis R. Orarnas en su opúscu- 
lo: "Materiales para el estudio de los dialectos Ayamán, 
Cayon, Jirajara y Ajagua." 

36 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 

tes que en esta misma forma, pero más comun- 
mente en las de cotos y gotos, se encuentra, como 
es por demás sabido, en los nombres de las tri- 
bus caribes, designando pueblo, gente, u hom- 
bres, aunque la palabra misma cipa o chipa, 
cipare o chipare quizás sea de origen nuarhuaco, 
significando piedra, pues en todos los dialectos 
de esta familia se encuentra con ese sentido la 
raíz ipa o iba. En uno de ellos, el conocido gua- 
jiro, ipar es piedra, e iparcoa cascajo. (7) 

Veamos ahora hasta donde llegaban, fuera del 
territorio actualmente falconiano, las cinco nacio- 
nes referidas. 

Los Caquetíos poblaban las islas de Curazao, 
Aruba y Bonaire, y en el litoral Norte del Con- 
tinente, además de las extensas comarcas coria- 
nas ya descritas, corrían hacia occidente hasta 
las costas del lago de Maracaibo, y hacia el orien- 
te hasta algo más allá de la boca del Yaracuy; 
penetraban luego al interior de los valles que 
cruza este mismo río, cuyas márgenes habitaban, 
especialmente la tierra llana comprendida entre 
la del Oeste y la serranía, esto es, las fértilísi- 
mas comarcas donde después fundaron los espa- 
ñoles las poblaciones de San Felipe, Guama, Ura- 
chiche y Yaritagua. Seguían a lo que es ahora 
el Estado Lara por la misma tierra llana, ocu- 
pándola en gran parte, inclusive el sitio de la 
presente ciudad de Barquisimeto. Descendían al 



(7) Asi lo trae Celedón en su Gramática goaftlr*. 
En cuanto a la determinación de la localidad ocupada 
por los Chipas nos hemos atenido a la Narración de 
Federmann y a diversos documentos inéditos. 

37 



PEDRO M. ARCAYA 



Sur, y en concurrencia con otras tribus entraban 
a los Llanos. En éstos, y en las faldas orien- 
tales de la cordillera andina, se les encontraba en 
toda la gran faja de tierra que forma los Esta- 
dos Cojedes, Portuguesa y Zamora, especialmen- 
te en las sabanas. Por donde es ahora Pe- 
draza subían algunas de sus tribus hasta las se- 
rranías del Estado Mérida. Dispersábanse en los 
Llanos de Apure, y unos se internaban por ellos 
hasta las sabanas del Meta y Casanare, por don- 
de subían a los Andes de la presente Repúbli- 
ca de Colombia, y otros se dirigían a las selvas 
de las márgenes del Orinoco en la región de Ba- 
rraguán. (8) 



(8) La existencia de los caquetíos en las Antillas, 
ahora holandesas, al tiempo de la conquista, se pmeha 
con la carta de Ampies inserta en la moderna edición de 
Oviedo y Baños antes citada, con lo que refiere 
Castellanos y con lo que resulta de varios documentos 
inéditos. Que se extendían a las costas del Lago de 
Maracaibo lo dice Oviedo y Valdez. (Tomo II, pág. 296). 
De los Caquetíos del Yaracuy y Barquisimeto hay noti- 
cias detalladísimas en la Narración de Federmann (ca- 
pítulos VIII y XII), en las Relaciones del Ldo. Pérez de 
Tolosa publicadas en la edición de Oviedo y Baños por 
Fernández Duro, en la "Descripción de la Nueva Sego- 
via de la Gobernación de Venezuela de las Indias del 
Mar Océano", hecha en 1579 por los Alcaldes Gonzalo 
de Arévalo y Juan Ruiz de la Parra, de la cual exista 
copia en la Biblioteca de la Academia Nacional de la 
Historia, y en muchos otros documentos allí recopilados. 
De los Caquetíos de nuestros Llanos dan noticias Juan de 
Castellanos, Federmann, Oviedo y Valdez al relatar la 
expedición de Espira, el Padre Simón, y el Padre Carva- 
jal (.Relación del descubrimiento del Río Apnre), por no 
citar autores posteriores al siglo XVII. En cuanto a los 
Caquetíos o Caquesios de las márgenes del Orinoco y de 
las regiones del Meta y Casanare que fueron catequi- 
zados por los misioneros Jesuítas en los siglos XVTT j 
XVIII, tratan de ellos el Padre Juan Rivero en su "His- 

38 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



La unidad de la nación caquetía es eviden- 
te, en el sentido de que todas sus tribus, al mis- 
mo tiempo que la comunidad del nombre, tenían 
la del idioma, que con pocas diferencias era uno 
mismo en todas ellas, igual aspecto físico, e in- 
clinaciones y costumbres idénticas o muy pare- 
cidas, signos todos de que esas tribus eran ra- 
mas de un solo tronco. Así lo habían advertido 
los conquistadores, pero lo olvidaron los histo- 
riadores modernos, hasta que lo recordó el bene- 
mérito escritor Don Francisco Pí y Margall (lla- 
mándoles caquesios) en su "Historia General de 
América." (9). Después puso más en claro el 
punto el autor del presente libro en sus Estudios 
"Los Aborígenes del Estado Falcón." (10). 



toria de las Misiones de los llanos de Casanare y los 
rios Orinoco y Meta" que tendremos ocasión de citar al- 
gunas veces; el Padre Gilij en eu Saggio di storia ame- 
ricana (tomo 4, pág. 487), uno de los "Documentos iné- 
ditos sobre la Geografía y la Historia de Colombia," pu- 
blicados por Cuervo (tomo 4, pág.. 187), el Obispo Fer- 
nández de Piedrahita en su "Historia General de las con- 
quistas del Nuevo Reino de Granada" (pág. 11), y algu- 
nos otros autores que no es menester recordar por ser ya 
del siglo XIX. El nombre de estos Caquetíos o Caque- 
sios de las regiones ahora colombianas aparece también 
a veces escrito Cacatíos. 

(9) Vol. I. Pág. 603. 

(10) Dichos estudios fueron publicados en el pe- 
riódico "El Águila," de Coro, números 174 y 191 — Enero 
a julio de 1906. Corregidos y ampliados se incorporan 
a esta obra. Hizo referencia a ellos el ilustrado Doctor 
Julio C. Salas en su libro ''Tierra Firme" que apareció 
en 1908, aunque incurriendo en el error de citar así el 
nombre del autor: "Pedro María Arcaya." cuando con la 
firma "Pedro M. Arcaya" aparecieron. Expuesto a equi- 
vocaciones es escribir un nombre ajeno de otro modo que 
como el mismo interesado lo estampa, y en el caso con- 
creto ha podido evitarse este error de considerar la M de 

39 



PEDRO M. ARCAYA 



Estudiemos en particular los datos que pa- 
tentizan la identidad que dejamos apuntada, es- 
pecialmente la del ser moral de los Caquetíos, 
donde quiera que los encontraron los conquista- 
dores españoles. 

El primero que observó las excelentes cua- 
lidades de estos indios fué Juan .de Ampies, cuan- 
do habiendo comprado como esclavos algunos ele 
Curazao que llevó a Santo Domingo Diego de Sa- 
lazar, convcrsándolos en su casa le parecieron, y 
así lo escribió al Monarca, "gente de más razón y 
"habilidad que otros indios de estas partes." (11). 



nuestra firma como inicial de María (cuando lo es de 
Manuel, y así se ha aclarado repetidas veces), advirtien- 
do que si lo fuera se le habría puesto al lado la a que 
en tal caso se acostumbra: 31* Lamentamos que el dis- 
tinguido señor Dr. Salas, tan diligente y acucioso en 
sus investigaciones, al refutar nuestra tesis de la uni- 
dad de las tribus en cuestión, haya considerado de es- 
caso valor las autoridades en que nos apoyamos. Dice el 
Dr. Salas que habíamos comprendido bajo el nombre de 
caiquetios (forma no usada por nosotros porque la co- 
rrecta es caquetíos) "muchas tribus de Venezuela, que 
"de seguro no pertenecen a esa familia", porque en su 
opinión parece indudable que "los españoles conquista- 
"dores y con ellos los primeros cronistas denominaron 
''Caiquetios muchas tribus de costumbres y lengua dife- 
rentes". No es admisible la suposición, si se tiene en 
cuenta la concordancia sobre el particular de noticias 
emanadas de autores diversos, que escribieron en dis- 
tintos años y lugares, como se observará con las citas 
que siguen en el texto. No eran tan descuidados los cro- 
nistas españoles, muchos de ellos antiguos estudiantes 
de Universidades; y por lo común los acompañaban en 
sus expediciones Escribanos que todo lo anotaban cuida- 
dosamente. Creemos que ya ahora el Dr. Salas, que no 
ha cesado en sus fructuosas labores de consulta y estu- 
dio de cronistas y archivos habrá, probablemente, modi- 
ficado sus ideas a este respecto. 

(11) La carta que se cita en el texto es el pri- 



40 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 

Refiriendo Castellanos (12) los tratos de los 
españoles con los indios de Tierra Firme antes de 
la fundación de Coro, dice: 

''Mantenían los indios paz entera, 
"Mayormente la gente caquetía, 
"Por ser en sus costumbres más sincera 
"Con cierta presunción de hidalguía; 

El mismo Castellanos, con relación a los indios 
de Coro, se expresa así (13): 

"Porque son estos indios compañeros 
"Apacibles, benignos y obedientes, 
"En el lenguaje todos elegantes. 
"Y estiéndense por tierras muy distantes." 

"Gente muy pulida y limpia con mucha caza 
"y pesca y ropa de hamacas", escribía Pérez de 
Toiosa al Emperador respecto de los Caquetíos 
de Coro, y de muy domésticos y amigos de los es- 
pañoles calificaba a los de Paraguaná. (14) 

"En verdad todos los que yo vide (de los in- 
"dios de Coro) es muy buena gente, domésticos 
"y dispuestos para que en ellos imprima cualquier 
"verdad ", decía el Obispo Bastidas al Mo- 
narca español desde Coro en 1535. (15) 



mero de los Documentos publicados por Fernández Duro 
en su edición de la Historia de Venezuela por Oviedo 
y Baños. 

(12) Elegías, pág. 183. 

(13) Obra ya citada, pág. 185. 

(14) Esta carta fué publicada por Fernández Duro 
en la edición ya citada de la obra de Oviedo y Baños. 

(15) Copia de esta carta existe en la Biblioteca de 
la Academia Nacional de la Historia. 

41 

6-1 



PEDRO M. ARCAYÁ 



"Por la mayor parte suelen ser gente de muy 
"buena distinción e inclinación y amigos de es- 
pañoles", observaba el Padre Aguado. (16) 

"Nación muy doméstica y amiga de cristia- 
nos", refería Juan López de Velasco. (17) 

"Hallaron aquella gente (los alemanes en Ve- 
nezuela) mansísimas ovejas como y mucho más 
"que los otros las suelen hallar en todas las par- 
"tes de las Indias antes que les hagan daño los es- 
pañoles", decía Fray Bartolomé de las Casas tra- 
tando de los indios de Coro. (18) 

Según el Padre Simón (19) los indios de Ve- 
nezuela, aunque sin duda quiso referirse espe- 
cialmente a los de Coro, abominaban tanto la trai- 
ción "que aun a los conejos y venados no querían 
"en caza tirar, estando echados o detenidos, por- 
"que decían era matarlos a traición, sino cuando 
"huían". 

Verdad es que uno de los alemanes que vinie- 
ron a la conquista de Venezuela escribía a su 
país (20) que en Coro vivía una gente desnuda y 
bestial, mala y embustera, pero este testimonio 
aislado y anónimo no puede destruir la unani- 



(16) Historia de Venezuela, escrita en 1581. — Edición 
de Caracas, tomo I, pág. 40. 

(17) "Geografía y descripción universal de las In- 
dias", escrita por los años de 1571 a 1574 y publicada en 
Madrid en 1894, pág. 241. 

(18) "Brevísima relación de la destruición de las 
indias", inserta en la "Vida y escritos" de Casas por 
Fabié, tomo 2, pág. 268. 

(19) Noticias historiales, tomo y parte 1, pág. 35. 

(20) La carta que se cita en el texto fué publi- 
cada en el libro "Hamburgische Festschrift zur Erinne- 
rung an die Entdeckung AmerikaV, tomo II, pág. 44. 

42 



HISTORIA DEL ESTADO PALCON 



mi dad de los que dejaron los principales perso- 
najes de la época en favor de los caquetíos co- 
rianos, fuera de que el mismo alemán se maravi- 
llaba de las primorosas obras que ejecutaban es- 
tos indios con instrumentos de piedra, de doy: de 
se deduce que no eran tan bestiales como él decía. 
De los Caquetíos de Curazao y Aruba escribió 
Castellanos. (21) 

"Las gentes que las tienen por asiento 
"Son mucho más que otras elegantes, 
"Y tanto que por otro nombramiento 
"Las llamaban las islas de Gigantes, 
"Por ser en general de su cosecha 
"Gente de grandes miembros y bien hecha. 
"No tienen para qué formar querellas 
"De natura por malas proporciones: 
"Son las mugeres en extremo bellas, 
"Gentiles hombres todos los varones; 
"Por consiguiente son ellos y ellas 
"De nobles y apacibles condiciones; 
"Tienen para la guerra gentil brío, 
"Y su lenguaje es el de caquetío." 
De los de Barquisimeto decía Federmann (22) 
que se agrupaban en grandes y numerosas aldeas, 
que rehusaron humillarse viniendo a su presencia, 
por considerar vergonzoso dejar ver que le te- 
mían, que eran pueblo rico y comerciante. De 
los de Vararida (actual Estado Yaracuy) refie- 
re (23) que eran de costumbres guerreras, y aun- 



(21) Elegías, pág. 183. 

(22) Narración antes citada, Capítulo VIII. 

(23) Narración citada. Capítulo XII. 



43 



PEDRO M. ARCA Y A 



que agrega "feroces", pone constancia de que des- 
conocían el uso de flechas envenenadas y porta- 
ban las mismas armas que los de Coro. Robus- 
tos y bien proporcionados le parecieron los hom- 
bres y muy bellas las mujeres. 

Refiriendo Castellanos la llegada de Espira a 
esa misma comarca, en Coco/ote, escribe: (24) 
"Que tiene campos de mayor distancia 
"Y de buenas comidas abundancia. 
"Allí hallaron gente caquetía, 
"Hombres de más primor y mejor traza" 
En la Relación de Nueva Segovia, de 1579, que 
ya hemos citado, se expresa que de los indios de 
esos lugares los caquetíos "es la mejor gente... 
"son amigos de cristianos y siguen r*.ás nuestros 
"voluntad." 

Relatando Castellanos la marcha de Espira 
por los Llanos, trae: (25) 

"Espira su viage proseguía, 
"Que ya no halla pluvia que lo pare; 
"Y el verano llegado hizo vía 
"Entrel río de Apuri y de Sarare, 
"Adonde halló gente caquetía, 
"Y bastimento con que se repare: 
"Es aquesta nación muy extendida 
"Y en infinitas partes dividida 



'Por Caroní pasaron y Cárabo, 



(24) Elegías, pág. 212. 

(25) Elegías, pág. 213. 



44 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"Hallaron sal y ropa mantellina, 
"Y alguna joya de oro mal labrada, 
"Por ser esta provincia que confina 
"Con este nuevo Reino de Granada: 
"Es aquesta nación toda benina 
"Y en las culturas bien ejercitada." 

Narrando Oviedo y Vaidez la misma expedi- 
ción (26) dice que salió Espira de Coro en mayo 
de 1535, pasó por Cariqnicimeto (Barquisimeto), 
Cariga (Acarigua) , y con el fin de apartarse de 
las ciénagas tomó la vía de la Sierra que desde 
que salieron de Cariqnicimeto llevaban al Sur. 
Anduvo ocho jornadas y salió al territorio de los 
Coyones. Otras ocho jornadas adelante llegó a 
Apodori, pueblo de £aqnitios, y después de cua- 
tro más a Coativa de los mismos indios, y de allí, 
siguiendo al Sur a la vera de las montañas que 
le quedaban a mano derecha marchó por terri- 
torio de la misma nación "siempre de paz". Pasó 
el Ápuri (Apure) y a ocho jornadas de allí tocó 
en el Darari (Arauca?). Diez más y arribó al 
Cacavari. "ques grande ribera e muy corriente 
"e pedregosso, e tiene de ancho un quarto de le- 
"gua y con todas sus dificultades le passaron en 
"salvamento, e caminaron todavía por tierra de 
"los £aquitios, amigos de los chripstianos y vasa- 
llos de Cesar y de su sceptro real de Castilla: de 
"los quales eran servidos nuestros españoles y 
"bien acogidos." 



(26) "Historia general y natural de las Indias", to- 
mo II, pág. 302. 

45 



PEDRO M. ARCAYA 



A pesar de los malos tratos que los Caquetíos 
de los Llanos sufrieron en esa expedición y las 
posteriores de Federmann y Hutten, por lo cual 
vinieron muy a menos, internándose probablemen- 
te muchas de sus tribus en las selvas del Sur, 
todavía por los años de 1546 en que escribía Pé- 
rez de Tolosa al Emperador (27) los calificaba de 
"siempre bien dispuestos, viciosos de comida de 
"carne y pescado, no grandes labradores pero sí 
"muy domésticos." 

Lo más singular es que aún en el siglo 
XVIII los Caquet'os de las riberas del Orinoco y 
de los Llanos de Casanare y Meta conservaban 
sus buenas cualidades primitivas. "El genio y 
"natural de estos indios (los de Casanare) refería 
"el Padre Juan Rivero (28) por lo general es hu- 
"miícle y manso y muestran docilidad para reci- 
"bir la fe. . . los más señalados en esta docilidad 
"y mansedumbre son los que se hallaron en Pau- 
"to Caeatíos de nación de los cuales perseveran 
"todavía muchos; es nación de lindo natural, de 
"color algo blanco, bien formados tanto los hom- 
"bres como las mugeres, muestran nobleza y ge- 
nerosidad de ánimo en su proceder y acciones, 
"son amigos de tratar con los españoles y comu- 
"nicarles sus cosas y tomar consejo de ellos; se 
"precian de tener buenos vestidos y de salir 
"con lucimiento a la calle, reciben con amor la 
"enseñanza de las cosas de la fe y se aplican a 



(27) Carta publicada en los documentos de la mo- 
derna edición de la obra de Oviedo y Baños. 

(28) "Historia de las Misiones de los Llanos de Ca- 
sanare y los ríos Orinoco y Meta", pág. 54. 



46 



HISTORIA DEL ESTADO PALCON 



"ella". Además de los de Pauto estaban redu- 
cidos otros en Tame junto con algunos Tunebos 
(29), pero había también tribus caquetías que 
vagaban en libertad, unas por las regiones de 
Barragua: "serranía y monte grande, distante de 
"la ciudad de Pore trece o catorce días de ca- 
"mino que tiene su origen desde muy arriba y 
"desciende hasta la Guayana; por sus arboledas 
"corre el río Orinoco cerca de los Guayane- 
"ses" (30), y otras junto al río Sinareuco (Si- 
naruco.) 

Los restos de los Caquetíos de Casanare fue- 



(29) Rivero. — Obra citada, pág. 144. 

(30) Rivero. — Obra citada, pág. 27. Sobre el par- 
ticular y con referencia a esta misma cita que hicimos 
en nuestro trabajo "Los Aborígenes del Estado Falcón", 
dice Tavera Acosta (En el Sur. Dialectos indígenas de 
Venezuela, pág. 179) que el Padre Rivero está errado en 
la descripción que hace de Barragua, que debe ser en 
concepto del distinguido escritor guáyanos Baráua, entre 
el Alto Meta y Alto Bichada. Es difícil que se equivocara 
el fraile, cuando vivía en esas comarcas; quizás enten- 
dió referirse a Barraguán (o Barrauán), donde como di- 
ce el propio Tavera Acosta, principia la serranía y está 
situado a orillas del Orinoco, casi frente a la desembo- 
cadura del Sinaruco. Es muy posible que los Caquetíos 
que moraban a orillas de este río llegasen hasta su des- 
embocadura y por consiguiente a las márgenes del Ori- 
noco en la región de Barraguán, lo cual coincide con 
lo que refiere el Padre Carvajal (Relación del descubri- 
miento del río Apure, pág. 317) acerca de los Caquetíos 
que se suponía habitaban junto a la imaginaria y mis- 
teriosa laguna Curanaca, en la región del Sinaruco al 
Meta, frente a Barraguán. Niega Tavera Acosta que hu- 
biese nunca Caquetíos en las comarcas del Orinoco, 
(Obra citada, pág. 179), porque no los nombran varios 
autores que cita, entre ellos al Padre Gumilla. Erró 
respecto a este último que sí nombra a la nación Caca- 
tía "Christiana ya, no passo de mil almas y (por lo que 
"después dirá) oy no passa de quinientas. (El Orinoco 
ilustrado y defendido. Segunda edición. — Tomo 2, pág. 65). 

47 



PEDRO M. ARCA YA 



ron congregados, ya en la serranía andina, en 
el pueblo de Manare, según el Padre Gilij quien 
agrega que habiendo adquirido estos indios el 
dominio del castellano no sólo lo hablaban bien 
sino con elegancia, causando placer a quienes los 
oían discurrir, (imitarlo ancor l'eleganze, con pia- 
cere de clii odegli ragionare.) (31) 

Quedan todavía Caquetíos en estado no civili- 
zado? Quizás sí, representados por las tribus 
ahora llamadas Tar lanas, visitadas hace pocos 
años por Koch Grünberg en las márgenes del 
Caiary, afluente del Uapes y éste del Río Ne- 
gro (32), hipótesis que fundamos en estos he- 
chos: que muchos indios de Venezuela, entre 
ellos, sin duda, los más conocidos que eran los Ca- 
quetíos de Coro llamaban díaos a sus caciques 
principales (33) que como luego veremos eran 
los hechiceros o sacerdotes y médicos de la tribu, 
nombre idéntico al de tiaos con que también se 
designaba, según el Padre Carvajal (34), a los 
Caquetíos de Apure, y sin duda el mismo de yatii 
o yaivi de que hacen gala los Tarianas y el cual en 
su dialecto significa "médico hechicero", por que 
ellos se consideran que lo son por excelencia se- 
gún el referido Koch Grünberg. Hay que recordar 



(31) El pueblo de Manare subsiste aun, con pocos 
habitantes. Corresponde al corregimiento de Chire, Pro- 
vincia de Casanare. 

(32) Koch Grünberg. Aruak Sprachen Nordwest- 
brasilien and der angrenzenden Gebiete. Wien 1911. 

(33) Oviedo y Valdez. — Historia general y natural 
de las Indias, tomo 2, pág. 299. 

(34) Relación del descubrimiento del Río Apure. — 
Pág. 317. 

48 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



también que no muy lejos, relativamente, de don- 
de ahora habitan los Tarianas está el poderoso 
río Caqueta, quizás la patria primitiva de los Ca- 
quetíos. 

Como quiera que sea de esta última hipóte- 
sis, lo cierto es que admira la fijeza de los rasgos 
de la gente Caquetía desde las Antillas hasta los 
Llanos de la actual República de Colombia. De 
nobles y apacibles condiciones los de Curazao y 
Aruba, hospitalarios y valerosos los de Barquisi- 
meto y Yaracuy, amistosos los de los Llanos de 
Barinas y Apure, mostrando generosidad y no- 
bleza de ánimo los de Casanare, en todas partes 
se dejaba ver la excelencia moral de los Caque- 
tíos, como así mismo se distinguían donde quiera 
por su robustez los hombres y por la hermosura 
las mujeres de esta nación. 

Pasemos ahora a los Jirajaras. 

Indudablemente que los que moraban en las 
montañas del Estado Falcón eran unos mismos 
con sus vecinos de igual nombre que ocupaban 
la parte del propio sistema orográfico com- 
prendida entre los llanos de Carora y el lago de 
Maracaibo. Corre por allí el río que todavía 
hoy se llama el Jirajara (35), y Sierra de los 
Jirajaras denominaban también en Maracaibo 
en el siglo XVI (36) la serranía con que, al des- 
prenderse de los Andes de Trujillo en la misma 



(35) Codazzi. — Geografía de Venezuela, pág. 485 y 
490. 

(36) Descripción de la laguna de Maracaibo en 
1579, publicada en la edición por Fernández Duro de la 
Historia de Oviedo y Baños. — Tomo 2, pág.287. 

49 
7-1 



PEDRO M. ARCAYA 



región citada, comienza el sistema de la cordi- 
llera de Coro hasta el Chimborazo, Si ruma y el 
Empalado. Este nombre de Sierra de los Ji- 
rajaras consérvase en Carora a los cerros que le 
quedan al Este. (37) 

Así pues, los Jirajaras ocupaban toda la re- 
ferida región montañosa, y allí combatieron a 
Diego Martínez en los comienzos de la conquis- 
ta (38), aunque sin duda en esa misma comarca 
estaban entremezclados con Ajaguas. 

Seguían al Este los Jirajaras, por la mis- 
ma cordillera, ocupando las comarcas que ya he- 
mos descrito, correspondientes al actual Estado 
Falcón, y al Sur de éste poblaban gran parte 
del Distrito Urdaneta (Siquisique y quizás Ba- 
ragua) del Estado Lara. (39) 

Quedábanles así al Oeste y al Sur los 
Ayamanes de Falcón y Lara. Estos, los Chi- 
pas y los Caquetíos parecen haber establecido 
una barrera entre el núcleo de los Jirajaras a 
que venimos refiriéndonos y los que moraban en 
la cordillera costanera de Venezuela, al Este del 
río del Yaracuy, en jurisdicción de los actuales 
Estados Yaracuy, Carabobo y Lara, espe- 
cialmente en Nirgua, (40) pero no hay duda 



(37) Me Pherson — Diccionario del Estado Lara. 

(38) Simón. — Noticias historiales. — Tomo I, pág. 
123. Aguado, Historia de Venezuela, tomo I, pág. 153. 

(39) La existencia de los Jirajaras en el Distrito 
Urdaneta se prueba con numerosos documentos que exis- 
ten en los Archivos de Caracas, siendo este un punto 
que no deja duda alguna. 

(40) Acerca de los Jirajaras de Nirgua que tan cé- 
lebres se hicieron por su resistencia a los españoles son 
numerosos los pasajes de nuestros historiadores que a 
ellos se refieren. 

50 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



que esos dos grandes núcleos Jirajaras debían 
de mantener las relaciones naturales entre tri- 
bus de una misma nación. 

Mas no eran esas dos agrupaciones de Jira- 
jaras las únicas de esta numerosa nación. 

Probablemente los mismos que moraban en 
la región de empate de los Andes trujillanos 
con la Cordillera de Coro se extendían por te- 
rritorio del actual Estado Trujillo hasta dar la 
vuelta a la Cordillera andina en sus vertientes a 
los Llanos. Lo cierto es que los había en jurisdic- 
ción del Tocuyo (41), en las montañas de Mé- 
rida (42), y en jurisdicción de Barinas y Pe- 
draza. (43) 

Por la misma vertiente de la Cordillera an- 
dina hacia los Llanos, y en éstos mismos, dila- 
tábanse al Sur por grande extensión los Jira- 
jaras o Giraras, en territorio hoy venezolano, y 
también en el de la presente República de Co- 
lombia. De ellos dejó noticias detalladísimas el 
Padre Rivero que siempre los llama Gira- 
ras. (44) 

Parece innegable que todos estos Jirajaras, 



(41) Descripción de la ciudad del Tocuyo en 1579 
por su Cabildo. Copia existente en la Biblioteca de la 
Academia Nacional de la Historia. 

(42) Salas. Tierra Firme. Edición de Mérida. — 
Documentos del Apéndice. 

(43) Simón. Noticias historiales, tomo I, pág.381. 
Se observa allí la comunicación que al través de la 
Cordillera mantenían los Jirajaras con los Quiriquires 
de la costa del Lago. 

(44) Rivero. Obra antes citada. Páginas 17, 19, 
54, 55, 76 a 81, 89, 90 a 92, 113 a 188, 123, 124, 126, 127, 
129, 135, 139, 144, 154, 165, 166, 198 y 238. 

51 



PEDRO M. ARCAYA 



desde los de Yaracuy y Coro en el Norte de Ve- 
nezuela hasta los de Casanare de Colombia eran 
tribus de una sola nación indígena. No sólo lo 
indica la comunidad del nombre sino también 
la identidad de su carácter y costumbres. (45) 
En todas partes aparecen como gente indómita 
y fiera, mas al mismo tiempo que bravos y aun 
feroces guerreros eran excelentes labradores, lo- 
cuaces y alegres. 

"Gente belicosa y guerrera", decía de los de 
Coro el Licenciado Pérez de Tolosa. (46) 

"Giraharas de bravas condiciones," 
escribió Castellanos al enumerar las naciones in- 
dígenas de Venezuela. 

"Gente feroz, robusta, de dos caras", 
agrega hablando de los de Carora. (47) 



(45) También respecto de los Jirajaras se ha em- 
peñado el Dr. Salas en su ya citado libro "Tierra Fir- 
me" en sostener que la denominación común no indicaba 
parentesco. Según él, los españoles llamaban Jirajaras 
a cualesquiera indios bravos. Suposición sin fundamento 
alguno porque en una misma región en que había indios 
igualmente fieros sólo a algunas tribus se las llamaba 
Jirajaras y a otras no, lo cual indica que se trataba de 
nombres de naciones diferentes. Además, en el centro 
de Venezuela estaban los más bravos indios de estas co- 
marcas y a ningún cronista se le ocurrió llamarlos Ji- 
rajaras porque no lo eran. 

(46) Relación ya citada publicada por Fernández 
Duro. Obsérvese que allí aparecen designados estos in- 
dios con el nombre de Piracoras, evidente error de co- 
pia o errata de imprenta, por Xiraxaras que sin duda 
escribiría Pérez de Tolosa. Más adelante se imprimió 
en dicha Relación Xiracora, pero en la tercera carta del 
propio Licenciado, se lee que Diego de Buica ajustició 
unos Xiraxaras y a otros los esclavizó. ¡Esta última, for- 
ma es la correcta. 

(47) Elegías, páginas 1S3 y 249 respectivamente. 

52 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"Caribes o caníbales llamados Jiraharas, 
"gente belicosa y guerrera" se expresa el Padre 
Aguado (48), lo cual repitió el Padre Simón lla- 
mándoles "gente belicosa e indómita por la fie- 
"reza de sus condiciones" y también "caribes", es 
decir, caníbales. (49) 

Así mismo Federmann decía de los Jirajaras 
de Coro que comían carne humana y devoraban 
todos los hombres de las otras tribus de quienes 
podían apoderarse. (50) 

Oviedo y Valdez llama también caribes, sin 
duda en el sentido de caníbales, a todos los habi- 
tantes de las sierras comarcanas de Coro (51) 
mas el cargo de la antropofagia no está en mo- 
do alguno probado respecto a estos indios, por 
que no se cita ningún hecho concreto en su apoyo. 

Hay que observar a este respecto que en 1534 
se hizo una información en Coro, como en su 
oportunidad veremos, acerca de la conveniencia 
de sacar y embarcar como esclavos a los Jideja- 
ras, y aunque se les llamaba perros traidores y 
se les achacaba la muerte de varios cristianos 
no se decía que fuesen caníbales. (52) 

De "nación tan valiente como altiva/', la ca- 



(48) Aguarlo — Historia de Venezuela, edición de 
Caracas, tomo I, pág. 153. 

(49) Simón. — Noticias historiales. — Tomo I, páginas 
93 y 123. 

(50) Federmann. — Narración ya citada, capítulo IV. 

(51) Obra citada, tomo 2, pág. 302. 

(52) Copia de esta información existe en la Biblio- 
teca de la Academia Nacional de la Historia. 



53 



PEDRO M. ARCA YA 



lineaba Oviedo y Baños (53) hablando de los Ji- 
rajaras de Nirgua, y efectivamente fué grande la 
resistencia que hicieron allí a los españoles hasta 
que éstos los exterminaron, gobernando la Co- 
lonia Meneses y Padilla. "Su fiereza era tal, dice 
"Mac Pherson (54), que los conquistadores dieron 
"el nombre de jirajara a una pequeña hormiga 
"roja, la más venenosa que hay en nuestros bos- 
ques...." 

Los Jirajaras de Barinas fueron conocidos 
desde las primeras expediciones de la Conquis- 
ta, siempre belicosos. Refiriendo Castellanos la 
de Espira, dice: (55) 

"Atravesaron ríos caudalosos, 
"Guanaguanari, Tapia y a Barinas; 
"Los indios Giraharas, belicosos 
"Salieron a las gentes peregrinas 
"En campo llano y en sabanas rasas 
"En guarda y en defensa de sus casas." 

A este mismo núcleo de los Jirajaras de esa 
región pertenecen los que estuvieron encomenda- 
dos a compañeros de Cáceres en Altamira 
del valle de Muquina, jurisdicción de Mé- 
rida, que mandó reducir el Capitán General 
del Nuevo Reino de Granada en 1625 por no ha- 
berse podido hacer así antes, "a causa de ser los 
"tales indios muy belicosos y de nación Giraha- 



(53) Edición citada, tomo I, pág. 233. 

(54) Diccionnario del Estado Lara. — Artículo Jiraja- 
ras. 

(55) Elegías, pág. 213. 

54 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"ras, gente que jamás se ha podido reducir a la 
"comunicación y trato de los españoles". (56) 

Los de Pedraza, aliados con otros indios de 
los Llanos, atacaron e incendiaron dicha villa en 
1600, matando muchos de sus moradores. (57) 

De los Jirajaras o Giraras que redujeron los 
Misioneros Jesuítas en las comarcas del Meta, 
Casanare y sus afluentes nos dice el Padre Ri- 
vero (58): "Son los indios Giraras una jerarquía 
"de gente muy de otro genio que los Achaguas, 
"vivos, alegres, trabajadores y de valor extra- 
"ño. . . . son tan inclinados a la guerra y por me- 
"jor decir a la crueldad, que tienen por felici- 
"dad grande matar a otros, no sólo a sus enemi- 
"gos, sino a los de su misma nación. Ya se di 
"jeron los estragos que hicieron entre los espa- 
ñoles en los tiempos antiguos, a que se añadi- 
"rán algunos otros ejecutados después en los in- 
"dios, efecto todo ello de su barbaridad y fie- 
reza. . . . 

Es realmente sorprendente como los Jira- 
jaras o Giraras que en la primera mitad del siglo 
XVI se distinguían por su fiereza y altivez en las 
montañas de Coro, seguían siendo igualmente bra- 
vos y belicosos en el siglo XVIII, en las aparta- 
das regiones que acabamos de citar. También 
es particular la constante vecindad de los Caque- 
tíos, los Jirajaras y los Ajaguas. Pasamos a ocu- 
parnos en éstos. 



(56) Este documento lo publicó el Dr. Salas en su 
ya citado libro Tierra Firme (Edición de Mérida). 

(57) Simón. — Obra citada, tomo I, pág. 382. 

(58) Rivero. — Obra citada, pág. 114. 

55 



PEDRO M. ARCAYA 



Los de esta última nación que moraban en el 
territorio falconiano que hemos descrito, forma- 
ban parte del mismo núcleo de los de Carora y 
el Tocuyo del actual Estado Lara. 

De los de Carora dice Pérez de Tolosa (59): 
"hay cierta cantidad de indios de nación Axa- 
"guas; es gente que comen carne humana; son tan 
"bellacos que por ninguna vía con ellos se ha po- 
dido hacer paz; pelean con armas y flechas y 
"macanas; no tienen pueblos poblados." 

De estos indios trata extensamente Feder- 
mann (60). Dice que andaban desnudos y eran 
caníbales, sosteniendo continuas guerras con sus 
vecinos los Gayones, pues unos y otros procura- 
ban mutuamente capturarse para comerse los 
prisioneros, por lo cual ni aquellos ni éstos ca- 
minaban sino por el cauce de los ríos a fin de no 
dejar huellas por las cuales pudieran seguirlos 
sus enemigos. Visitó Federmann las aldeas de 
Coary y Cocaride de la nación Ajagua. Como 
esto fué alrededor de quince años antes de la Re- 
lación de Pérez de Tolosa, se deduce que para la 
época de Federmann estos indios estaban orga- 
nizados en pueblos, pero que se dispersarían por 
temor a las expediciones de los conquistadores. 

En la Relación del Tocuyo de 1579 por su Ca- 
bildo, que antes hemos citado, se decía en general 
de los indios de aquella jurisdicción, entre los 
cuales estaban los Axaguas, que eran de bajo en- 
tendimiento y malas inclinaciones, pero no se alu- 



(59) Relación citada anteriormente. 

(60) Narración citada, Capítulo VIL 



56 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



de siquiera a que ninguna tribu comiese carne 
humana, sino que todos los indígenas se alimen- 
taban con el maíz y las raíces que cultivaban, y 
con carne de venados, puercos de monte y aves 
que cazaban, peces de los ríos y hasta de cule- 
bras, ratones, murciélagos y gusanos. 

En la Relación que también hemos citado de 
Nueva Segovia, del mismo año de 1579, se men- 
cionan así mismo los Axaguas, que se extendían 
desde cuatro o cinco leguas de la ciudad hacia 
los Llanos. Aunque, como en la del Tocuyo, a 
todos los indios de la localidad (excepto los Ca- 
auetíos) se tildaba de "gente de poco entendi- 
"miento y bajos de inclinación", no se dice que 
fuesen caníbales. De modo que hay que conve- 
nir en que la antropofagia de los Ajaguas, como 
la de los Jirajaras, fué una invención de los pri- 
meros expedicionarios, que no pudo subsistir 
cuando fueron vistos más de cerca los indios. 

No parece que los Ajaguas llegasen hasta el 
Centro de Venezuela (mucho menos al Oriente), 
a pesar de que Codazzi en su célebre Geografía 
los enumera entre los indígenas que habitaban 
los valles de Aragua, el lago de Valencia y sus 
cercanías (61), mas sí es indudable que al igual 
de los Caquetíos y los Jirajaras seguían desde 
Barquisimeto hacia el Sur y Sur Oeste, en la mis- 
ma dirección de la Cordillera andina, por todos 
los Llanos occidentales de Venezuela y los del Me- 
ta y Casanare, hoy de Colombia, internándose 



(61) Geografía de Yenezuela, pág. 250. 
57 



&-! 



PEDRO M. ARCAYA 



luego mucho más allá, en las selvas de la región 
ahora denominada Amazonia Colombiana, al pié 
de los Andes de Popayán. Sigamos sus pasos con 
los cronistas. 

En Barinas y Apure fueron muy numerosos. 
En las márgenes del río de este último nombre 
los halló el Padre Carvajal en 1647, donde ha- 
bían formado unas enramadas "y avían obrado 
"en ellas con tanto aseo y primores que no sé yo 
"pudieran entre los más curiosos españoles tener 
"más crecidos lucimientos". (62) 

Entre el Boconó y el Masparro vivían todavía 
a principios del siglo XVIII, y por ahí encontró 
el Misionero Fray Pedro de Alcalá como unos tres- 
cientos que redujo a un pueblo en las riberas del 
Santo Domingo, de donde casi todos se fugaron 
(63). Otros 200 encontró Fray Marcelino de 
San Vicente alzados en las selvas de la desembo- 
cadura de Apure . Los trajo a Cojedes de don- 
de se fueron después "por su natural inclinación 
"a la libertad y a los montes". (64) Llama la 
atención que lo mismo se dijera, también en ple- 
no siglo XVIII, de los Ajaguas de Pedregal de 
Coro, que a pesar de llevar dos siglos reducidos 
a. Encomienda primero y a Pueblo tributario des- 
pués, como en su oportunidad explicaremos, toda- 
vía conservaban tan innata afición a andar por 



(62) Carvajal. Obra citada, pág. 197. 

(63) Documentos para la vida pública del Liberta- 
dor. — Tomo I, pág. 404. 

(64) Documentos para la vida pública del Liberta- 
dor. — Tomo I, pág. 27. 

53 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



los montes, que con frecuencia (nos lo dice un do- 
cumento de la época) se les encontraba vagando 
en pequeñas partidas, prefiriendo la caza a la 
agricultura. 

El Padre Gilij en su célebre obra "Saggio di 
Storia Americana" que hemos citado ya, dio in- 
teresantes noticias sobre los Achaguas, pero co- 
mo se refieren especialmente al idioma de estos 
indios, las examinaremos luego. 

El Padre Gumilla (65) dice que a la verdad 
los Salivas y los Achagas eran las naciones más 
capaces y de mejor índole que halló. 

Es el Padre Rivero en su Historia de las Mi- 
siones, que ya conocemos, quien más abundantes 
datos nos suministra acerca de las cualidades de 
los Achaguas y de la dilatada extensión de tierra 
que ocupaban. "La Nación Achagua, dice, (QQ), 
"ha sido la más numerosa de cuantas pueblan 
"estas comarcas y también la más ajada y per- 
seguida de todas, siendo su docilidad y manse- 
dumbre el cebo de la insolencia de las otras". 

"Empezaba a extenderse esta Nación desde 
"muy cerca de Barinas hasta San Juan de los 
"Llanos, y desde allí hasta Popayán, sin que se 
"le haya descubierto término hasta ahora. Es 
"verdad que hay algunas interpolaciones de 
"gentío, ya por la vecindad de otras naciones, ya 
"por lo inhabitable de las tierras por ser estéri- 
les. Desde el puerto de San Salvador de Casa- 



65) Obra citada, 2a. Edición, tomo I, pág. 127. 
(66) Pág. 21. 



PEDRO M. ARCAYA 



"nare iba una gran manga de esta gente con po- 
blaciones hasta el Aripono y hasta la orilla del 
"Meta. Más de veinte naciones o provincias con- 
taban los Achaguas bajo un mismo idioma, si 
"bien había y aun hay ahora, algunas diferen- 
cias, como las que existen en Castilla entre por- 
tugueses y gallegos, asturianos y otros." 

Más adelante dice (67): "Es esta gente bien 
"dispuesta, de forma gallarda y de buen talle; 
"usan las cabelleras bien pobladas y dilatadas 
"casi hasta la cintura, no sólo las mujeres sino 
"también los hombres". Y en otra parte (68) agre- 
ga: "Los Achaguas son por naturaleza dóciles, 
"agradables y blandos, y más capaces y vivos de 
"ingenio que otras Naciones; y se ha experimen- 
tado esta verdad con el hecho de que de las Na- 
ciones que tenemos en nuestras reducciones han 
"sido más en número los adultos que se han bau- 
tizado, no obstante tener dos bajíos formida- 
"bles que hacen dificultosísimas sus conversio- 
nes y son la embriaguez y la poligamia. ..." 

Todavía hay Achaguas en las regiones del 
Meta, en el Maní y no lejos del Orocué, aunque 
en decadencia absoluta según el Padre Fabo (69) . 

Pasemos ahora a los Ayamanes. Ya hemos 
dicho que los que habitaban una parte del Sur del 
Estado Faicón pertenecían al grupo que tenía 
su asiento principal en territorio larense. Allí 



(67) Pág. 102. 

(68) Pág. 107. 

(69) Fray P. Fabo. — Idiomas y Etnografía de la 
Reglón Oriental de Colombia. — Págs. 30 y 31. 

60 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



ocupaban las montañas de Parupano (que hoy 
corresponden al Distrito Urdaneta del Estado 
Lara.) 

De ellos dejó interesantes datos Federmann 
en el capítulo quinto de su Narración varias ve- 
ces citada. Fué el primer europeo que los visitó. 
Numerosos eran y sobrado valor tenían, pues se 
atrevieron a combatir al alemán y a su lucida 
expedición. 

Escribió Federmann que los Ayamanes eran 
enanos. Fábula forjada sin duda sobre el he- 
cho de que encontraría por ahí algunos verda- 
deros pigmeos, cuando más bien debió conside- 
rarlos como fenómenos que como tipos norma- 
les. (70) 

Esta fábula dio motivo a que se tuviera como 
incierta la existencia misma de los Ayamanes, o 
como raza extinguida en sentir de Reclus. (71) 
Mas la verdad es que los Ayamanes no sólo exis- 
tieron sino que con su mismo nombre se con- 
servaron en los propios lugares que desde la 
época precolombina ocupaban, salvándose de los 
desastres de la conquista y guardando el uso de 
su idioma. 



(70) Todavía resultan enanos en los descendientes 
de los Ayamanes en San Miguel del Distrito Urdaneta 
del Estado Lara. Un tipo con esa anormalidad fué ob- 
servado en 1916 por Luis R. Oramas. Veáse su libro:Ma- 
teriales para el estadio de los dialectos Ayanian, Gayón, 
.J i rajara y Ajagua.v-1916. Allí se publicó el Padrón que 
se menciona en el texto. 

(71) Nouvelle Geographie üniverselle, tomo XVIIL 
pág. 153. 

61 



PEDRO M. ARCAYA 



Consérvase el Padrón que se levantó en 1617 
de los Ayarnanes para los cuales se erigió Iglesia 
ese año en el sitio de Coraside. Todavía se les 
designaba a casi todos con sus nombres indíge- 
nas. Hasta no hace muchos años hablaban el 
dialecto ayaman algunas personas de las mon- 
tañas del Distrito Urdaneta. 

Respecto de los Cyparicotes o Chipas ya di- 
jimos que las tribus de esta Nación que habita- 
ron algunos lugares del Distrito Silva, y quizás 
del Distrito Acosta, eran parte del núcleo prin- 
cipal que ocupaba territorios correspondientes 
hoy a los Estados Yaracuy y Lara, esto es, las 
serranías de Aroa y Duaca. En esta última ce- 
marca queda aun el nombre de Chipas o Chipes 
a un extenso fundo agrícola. 

La primera noticia de estos indios la dio Fe- 
dermann en el capítulo XIII de su citada Narra- 
ción. Después los mencionó Pérez de Tolosa en 
una de sus cartas o relaciones que conocemos 
donde dice: "a las faldas de las montañas de di- 
"cho valle (de las Damas) hay una nación que 
"se dice Chipas, gente muy guerrera y que tie- 
"ne hierba". En esa misma región tuvo lugar 
el incidente que refiere Castellanos (72) cuando 
yendo varios españoles 

"Vieron tres indios Chipas en un raso, 
"Armados con sus dardos y rodelas; 
"Y para los tomar y subyectallos 
"Hieren de las espuelas los caballos." 



(72) Elegías, pág. 212. 
62 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Sigue relatando el lance el cronista poeta, y 
las extraordinarias proezas de los Chipas, hasta 
que los españoles prendieron uno que al fin pe- 
reció despedazado por los perros que llevaban. 

En la Relación de Nueva Segovia de 1579 
sólo se dice respecto a estos indios que "a la par- 
"te de los Chipas sale otro río que se dice Aroa" 
y que las lenguas que había en los términos de 
la ciudad, eran, entre otras, unos "pocos de Chi- 
spas" (aunque sin duda por error de copia se lee 
en la que existe en la Academia Chichas.) 

Por lo demás, tanto a los Ayamanes como a 
los Chipas de Lara se les encuentra nombrados en 
muchos otros documentos inéditos que sería can- 
sado citar. 



63 



CAPITULO TERCERO 



LOS ABORIGÉNES 



SU CLASIFICACIÓN ETNOLÓGICA 

Conocemos ya las Naciones indígenas que ha- 
bitaron el territorio del Estado Falcón y sabe- 
mos hasta qué otras comarcas se extendían. Vea- 
mos ahora su clasificación dentro de los grupos 
en que se han dividido los aborígenes americanos, 
para lo cual haremos la necesaria exposición pre- 
via del sistema que hemos seguido. 

Así como la historia natural no adquirió ca- 
rácter científico sino cuando se adoptaron re- 
glas precisas para la clasificación de las innume- 
rables especies, así el estudio de las razas preco- 
lombinas de la América no ha asumido seriedad 
sino desde que se emprendió la agrupación de 
las numerosísimas tribus que poblaron el Nuevo 
Continente, y de las cuales subsisten aun muchas, 
conforme a ciertos rasgos comunes, de modo que 



65 
9—1 



PEDRO M. ARCAYA 



a la confusión caótica en que aparecían tantos 
nombres de pueblos diversos en apariencia su- 
cediese la ordenada distribución de éstos en gran- 
des familias. 

Hase vacilado, sin embargo, en la escogen- 
cia del método para estas clasificaciones. Fún- 
danlas algunos en los rasgos físicos, mas sobre 
esta base no puede llegarse a conclusiones serias 
si no es por medio de mediciones de los cráneos, 
pues en cuanto al color de la piel, la estatura y 
la fisonomía, son muy semejantes entre sí todos 
los indios americanos, aunque en algunas tribus 
sus individuos eran de mejor aspecto que los de 
las otras, como acabamos de verlo respecto de los 
Caquetíos. Este método de las mediciones de 
cráneos presenta, con tocio, graves inconvenien- 
tes para una clasificación práctica, pues sería me- 
nester un trabajo previo enorme, y al fin y al ca- 
bo a nada preciso se puede llegar por esa vía, ya 
que en individuos de una misma raza y de un 
solo pueblo se encuentran grandes diferencias en 
el tamaño y forma de las cabezas. Interesantes 
investigaciones, cierto es, se han realizado sobre 
el particular, entre ellas en Venezuela las de 
nuestro sabio Gaspar Marcano (1), y en el Bra- 
sil las de Ehrenreich (2), pero todas han que- 
dado forzosamente muy incompletas, y sus datos 
no se prestan a grandes síntesis. 



(1) Marcano. — Ethnographie prccolonibieime <lu Ve- 
nezuela. (Tres trabajos). 

(2) Ehrenreich. Antropologlsche Studien nbe.r «lie 
ürbewohner Brasiliens. 



66 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Mas inseguro, aunque también se le ha usado, 
es el sistema de la clasificación de las tribus por 
la analogía de sus costumbres o carácter. Por 
ahí se ha llegado hasta formar grupos de pue- 
blos indígenas según que usen o no la hamaca, 
por ejemplo. No conviene en verdad despreciar, 
antes bien es útil tomar en consideración ciertas 
analogías de usos entre los indígenas, mas ellas 
solas no bastan para determinar la formación 
de grupos, aunque sí pueden servir para corro- 
borar conclusiones a que por otras vías se llegue. 

El único criterio exacto para estas clasifica- 
ciones es el del parentesco de las lenguas. Pue- 
den así determinarse extensas familias de tri- 
bus entre las cuales se advierte patentemente el 
nexo resultante de que sus dialectos derivan de 
un tronco común, que debió hablar la tribu ma- 
dre, tal así como las similitudes del hebreo, el 
árabe, e 1 caldeo y otros idiomas orientales de- 
muestran el parentesco de los pueblos semitas, y 
el del latín, el griego, el gótico, el céltico, el per- 
sa,, el armenio, el antiguo eslavo, el sánscrito 
y muchos más ha servido de base para la de- 
terminación de la gran familia indo-europea. 

"Los esfuerzos hechos hasta ahora, dice Brin- 
"ton (3), para implantar una clasificación geo- 
gráfica, con referencia a ciertas áreas políticas 
"o físicas, o una clasificación craneológica con 
"referencia a las formas del cráneo, o una cultu- 



(3) Brinton. — The american race. — Philadelphia. — 

1901. 



67 



PEDRO M. ARCAYA 



"ral, con referencia a estados de salvajismo o ci- 
vilización, han resultado infructuosas. La lin- 
güistica es la sola base sobre la cual puede es- 
tablecerse la subdivisión de la raza. La seme- 
janza del idioma prueba, hasta cierto punto, 
"una misma descendencia, y analogía de caracte- 
res psíquicos. Por supuesto que ha habido casos 
"de imponerse un idioma sobre otro en la historia 
"humana, pero nunca sin la correspondiente in- 
"filtración de la sangre; de modo que los cambios 
"del lenguaje quedan como prueba de mezclas ra- 
ciales y nacionales. Escojo, por consiguiente, 
"la clasificación lingüística de la raza americana 
"como la única de algún valor científico, y por lo 
"mismo, la única que merece consideración." Hay 
que recordar también que como nos lo explica 
el propio Brinton en el Prefacio de su obra, la 
Oficina de Etnología de los Estados Unidos y los 
Departamentos análogos de los Gobiernos del 
Canadá y México, han convenido en adoptar ofi- 
cialmente la clasificación lingüística respecto a 
la población indígena de sus territorios. 

Naturalmente que este método, para que sea 
seguro, requiere no sólo el conocimiento de les 
vocabularios sino también el de frases más o me- 
nos extensas que den idea de la construcción gra- 
matical, modo de indicar los géneros, variaciones 
de los temas nominales y verbales, de todo aquello 
que constituye lo que podría llamarse el esqueleto 
de cada dialecto. Desgraciadamente la mayor par- 
te de los exploradores se han contentado con re- 



68 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



coger listas más o menos largas de palabras, 
pero en cambio los Misioneros, por la necesidad 
de doctrinar a los indios en sus propias lenguas, 
estudiaron muchas de ellas a fondo, y las re- 
dujeron a gramáticas que son insignes monumen- 
tos de paciencia y sagacidad, obra bastante pa- 
ra poner de manifiesto la excelencia de las con- 
diciones morales e intelectuales de aquellos be- 
neméritos sacerdotes. 

Sobre la base de esas gramáticas y de los tra- 
bajos de, algunos sabios modernos que han estu- 
diado varios dialectos sur americanos hasta ne- 
netrar todas sus peculiaridades, se han clasi- 
ficado ya, con mayor o menor seguridad, gran nú- 
mero de los idiomas conocidos en Sur Amé- 
ca. Respecto de aquellos de que sólo se poseen 
vocabularios la clasificación es necesariamente 
provisional, pero cuando ha sido hecha con pru- 
dencia es bastante probable su exactitud, pues 
no es la simple semejanza de vocablos aislados 
la que entonces sirve de base sino la igualdad 
fundamental de ciertos elementos lexicológicos, 
tales como los temas pronominales, sobre que he- 
chos estos estudios con espíritu crítico no se van 
a buscar términos de comparación sino entre los 
dialectos de familias lingüísticas ya conocidas, 
hablados por tribus vecinas de aquella cuyo idio- 
ma se trata de clasificar, aunque sólo se posean 
para ello algunas palabras de su léxico o los 
nombres de los lugares que habitó. 

Así es que sabiéndose que los dialectos que 
han podido estuuiarse a fondo, entre los que ha- 



PEDRO M. ARCAYA 



blaron las tribus indígenas de nuestro país, co- 
rresponden a determinadas familias lingüísticas 
cuyos otros miembros son los dialectos de diversos 
grupos extendidos por las vastas selvas y llanu- 
ras de la América meridional al Este de la Cordi- 
llera andina, es lógico buscar el parentesco de 
los demás idiomas poco estudiados o conocidos 
de las tribus venezolanas, en esas mismas fa- 
milias lingüísticas, y por esa vía puede acertar- 
se aunque los elementos del estudio sean escasos. 
Sería ya más aventurado establecer tal paren- 
tesco sobre la frágil base del parecido de algu- 
nas palabras, con el quechua, el aymará o al- 
gún otro dialecto de las familias lingüísticas de 
las altas regiones andinas, y carecería de 
seriedad cualquiera comparación con palabras 
sueltas de idiomas del antiguo Continente con la 
mira de proclamar afinidades imaginarias. Com- 
paraciones de esta última clase son simplemente 
pueriles, y no caben en trabajos que se aspire 
a que tengan rango de científicos. 

Veamos pues las familias lingüísticas que más 
nos interesan, por ser en ellas en las que podemos 
racionalmente clasificar los dialectos de las tri- 
bus corianas. 

Tenemos en primer término la gran familia 
Arhuaca o Nuarhuaca o Maipure o Mojo Maipu- 
re, pues con estos diversos nombres se la cono- 
ce, aunque en lo sucesivo no emplearemos sino la 
denominación de nuarhuaca. Se han clasificado 
en ella multitud de dialectos que se hablaron 



70 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



desde más allá del Plata, pasando por las cabe- 
ceras del Paraguay, las vertientes orientales de 
los Andes bolivianos, peruanos y ecuatorianos, 
varias partes del Brasil, Colombia, las Guaya- 
nas y Venezuela, hasta las Antillas Mayores, las 
Bahamas y algunos puntos de la costa norte- 
americana. (4). 

Los dialectos nuarhuacos llevan, naturalmen- 
te, distintos nombres según las tribus que los ha- 
blaron. Taino se acostumbra llamar al de los 
indios de Haití, y, por extensión, al de sus parien- 
tes los de Cuba, Puerto Rico y Jamaica. No que- 
dan de él sino nombres de lugares y cortas lis- 
tas de palabras que recogieron los primeros cro- 
nistas (5). El arhuaco propiamente dicho se 
habló en Trinidad y en el territorio de las ac- 
tuales Guayanas inglesa y holandesa, donde aun 
se conserva. Muy afin suyo es el guajiro, y co- 
mo entre las tribus que hablaron estos dos dia- 
lectos media la vasta región del Oriente y Cen- 
tro de Venezuela, donde predominaban, como lue- 
go veremos, los dialectos de la familia caribe, 
se deduce que los caribes debieron invadir de 
Sur a Norte, echando a un lado y otro las pri- 



(4) Respecto de la familia Nuarhuaca véase a Brin- 
ton: Obra citada, págs. 241 y siguientes; él la daba como 
extendida hasta las cabeceras del Río Paraguay, pero 
Lafone Quevedo (argentino), en recientes trabajos, ha 
demostrado que llegaba muchísimo más al Sur. 

(5) Los restos del idioma indígena de Cuba han 
sido especialmente estudiados por Bachiller y Morales: 
Cuba Primitiva. 



71 



PEDRO M. ARCAYA 



mitivas poblaciones arhuacas. (6). A esta causa 
se debió, sin duda, que quedasen hacia el mismo 
lado de las Guayanas varias otras comunidades 
de la propia familia nuarhuaca. 

En virtud de esa misma gran invasión caribe 
fueron, sin embargo, la mayor parte de las na- 
ciones arhuacas arrojadas hacia Occidente, ocu- 
pando, como hemos dicho, todas las vertientes 
que miran al Este, de la gran Cordillera andina, 
de donde se desprendían algunas tribus bajan- 
do por los poderosos ríos que de ella nacen. 

Un antiguo grupo de esta familia, muy co- 
nocido por los Misioneros, fué el de los Maipures 
del Alto Orinoco, cuyo idioma estudió el Pa- 
dre Gilij, y advirtiendo su parentesco con el de 
otras naciones indígenas, puso con esto las 
bases sobre las cuales los filólogos modernos que 
se han dedicado a estas investigaciones, han 



(6) El arhuaco de Guayana fué estudiado muy a 
fondo por unos Misioneros alemanes cuyos trabajos se 
publicaron en el tomo VIII de la Bibliothéque lingüisti- 
que anierieaine, y por varios Misioneros y exploradores 
ingleses. También en 1871 publicó Brinton su trabajo: 
The Arawaek Language of Guiana. El guajiro es muy 
conocido porque todavía lo hablan millares de indios y 
sobre él se han escrito varios libros: Celedón: Gramáti- 
ca, Catecismo y Vocabulario de la lengua goagira; Uter- 
ga: Nociones elementales del idioma guajiro, y algunos 
más. La afinidad del guajiro y el arhuaco guayanés fué 
puesta en claro por Ernst en diversos estudios publica- 
dos en periódicos venezolanos y Revistas alemanas; por 
Lucien Adam ante el Congreso de Americanistas de 
Bruselas en 1879, y por Müller en su obra fundamental: 
Grundriss der Sprachlichen Wissenschaft, tomo II, pág. 
323. Hoy no se discute ya la clasificación del guajiro 
entre las lenguas nuarhuacas. 

72 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



asentado la clasificación de la familia lingüística 
que en recuerdo de aquel sabio Misionero jesuí- 
ta propuso Lucien Adam que se denominase fa- 
milia Maipure. 

Subsisten aún en las regiones del Río Negro 
varias tribus nuarhuacas, entre ellas la de los 
Tarianas de que hemos hablado. Sus dialectos, 
el baniva, el baré y otros, son muy conocidos, 
merced a los trabajos de Montolieu, Melgarejo, 
Chaffanjon, Tavera Accsta y algunos más, pero 
especialmente por el de Koch Grünberg que ya 
hemos citado. (7). 

Varias son las publicaciones sobre los dialec- 
tos de los Moxos y Antis o Campas de esta mis- 
ma familia. Adam hizo imprimir en el tomo 
XVIII de la Biblioteca lingüística que ya conoce- 
mos, precedido de preciosas notas, el "Arte de 
la lengua de los indios Antis o Campas," com- 
puesto en el siglo XVIII por algún Misionero es- 
pañol. 

Veamos ahora cuáles de los dialectos habla- 
dos por las tribus corianas pueden clasificarse 
en la gran familia de que venimos tratando. 

Partiendo de la identidad de los Ajaguas del 
Suroeste de Falcón y sus congéneres de Lara con 
los Achaguas de los Llanos de Venezuela y Co- 



(7) El trabajo de Montolieu, publicado en un pe- 
riódico de Caracas en 1877, fué reproducido en el tomo 
VIII de la Bibliothéque língftistique amerlcaine. El de 

Melgarejo lo publicó la Academia Venezolana Correspon- 
diente de la Real Española en su Resumen de Actas de 
1885. Los de Tavera Acosta forman parte de su libro 
En el Sur. 

73 
10— I 



PEDRO M. ARCAYA 



lombia, punto que creemos haber dejado estable- 
cido, no hay duda alguna de que su dialecto per- 
tenecía a dicha familia. En efecto, el de los 
Achaguas de aquellos Llanos y de las selvas que 
le quedan más al Sur fué de los primeros que 
clasificó el Padre Gilij entre los derivados de la 
lengua maipure (8), y aunque luego el abate 
Hervas (9) manifestó algunas dudas acerca de 
si debería clasificarse más bien el Achagua como 
un dialecto guaraní, hoy no se puede negar que 
dicho idioma es netamente nuarhuaco, en vista 
de los vocabularios que de él se han publicado 
(10), y especialmente en vista del extracto que 
hizo D. Lázaro M. Girón, en el Papel periódico 
ilustrado, de Bogotá (11), del "Arte y Vocabula- 
rio" que escribieron los Padres Juan Rivero y 
Alonso de Neira en el siglo XVIII, del cual se 
conservan algunos ejemplares manuscritos, en- 
tre ellos uno en la Biblioteca del Rey de España, 
que según informes fidedignos se editará pró- 
ximamente. 

Del extracto aludido se deduce que, como el 
moxo, distingue el achagua, en el plural, los seres 
racionales de los irracionales (12) y, como el 



(8) Obra citada, tomo III, pág. 205. 

(9) Catálogo de las lenguas de las naciones cono- 
cidas, tomo I, pág. 220. 

(10) Fabo. Obra citada. Toro (D. Fermín), Voca- 
bulario Achagua, publicado y anotado por el Dr. A. Ernst 
en uno de los volúmenes del Zeitsclirift fiir Ethnologie, 
de Berlín. 

(11) Año II, páginas 56 y siguientes. 

(12) "Para los géneros, dice Girón, se atendía tam- 
bién entre los Achaguas a que el nombre correspon- 

74 



HISTORIA DEL ESTADO FÁLCON 



propio moxo, el maipure, el guajiro y muchas 
otras lenguas nuarhuacas, conjuga los temas ver- 
bales y nominales, prefijándoles ciertos índices 
posesivos. 

Pensamos, con fundadas razones, que también 
■debe clasificarse en la familia lingüística nuar- 
huaca al idioma caquetío. No se conserva de él, 
desgraciadamente, vocabulario alguno, ni mucho 
menos hay frases que permitan conocer su es- 
tructura gramatical, pero sí quedan los nombres, 
muy numerosos por cierto, de los lugares que 
habitaron en todas las regiones que antes hemos 
indicado, y nombres propios de personas, de los 
cuales se han perpetuado algunos, hasta nuestros 
días, como apellidos de ciertas familias corianas. 
También se mencionan algunas palabras caque- 
tías en la Relación de Barquisimeto de 1579, que 
hemos mencionado varias veces, tales como saba- 
na, que es ya palabra castellanizada; Capu (el 
demonio); bariqué ("manera de almagra aun- 
que más fuerte de color"); guadabacoa o adoba- 
coa ("todo arboleda"); quiccide, (nombre de una 
sierra, y parece que de las sierras en general); 
mene y cumaragua (nombres de la viruela). Una 
atenta consideración de estos restos del muer- 
to idioma caquetío nos ha conducido a la conclu- 
sión que dejamos expuesta. No cuadraría a la 



"diera a calificar a seres racionales o irracionales." Es- 
ta misma peculiaridad la tiene el moxo, según Lucien 
Adam (liibliothéque lingüistique americaine, tomo XIII 
ya citado, pá. 3), quien sin duda no conocía el trabajo 
de Girón y por eso enumera el Achagua entre las len- 
guas maipures que en este punto se diferenciaban del 
moxo. 



75 



PEDRO M. ARCA YA 



índole del presente libro que nos extendiésemos 
en la exposición detallada del punto, mas nos re- 
servamos hacerlo en un trabajo especial que le 
agregaremos por vía de apéndice. Bástenos de- 
cir que en nuestro concepto los dialectos nuarhua- 
cos conocidos con que probablemente tenía más 
estrecha afinidad el caquetío eran el de los indios 
de las Antillas Mayores, por una parte, y el gua- 
jiro y los del grupo baré-baniva-tariano de Río 
Negro y comarcas vecinas por la otra, indicio 
este último que robustece nuestra hipótessis de 
que los actuales Tarianas pueden ser Caquetíos. 

La clasificación que hemos hecho de los Ca- 
quetíos en la familia nuarhuaca, desde el punto 
de vista lingüístico, se justifica también por otras 
consideraciones. En todas partes las tribus de 
esta familia se distinguían, a semejanza de los 
Caquetíos de Coro, por su carácter bondadoso 
y excelentes prendas morales. De los Aruacas 
de Trinidad y Esequivo escribía Rodrigo de Na- 
varrete, que los visitó por los años de 1570, que 
eran grandes labradores y por extremo gene- 
rosos; decían ellos que el aruaca, para ser bueno, 
debía no matar a otro de su casta ni negar los 
bienes que le pidieran, ni tomar las cosas ni las 
mujeres de los demás, y sí tener paz y amistad 
con los otros aruacas y dar de comer a quienes 
fueran a su casa. Sabido es también que de 
los banivas de Río Negro todos los viajeros que 
los conocen hacen grandes elogios. 

Casi de igual importancia que la familia lin- 
güística nuarhuaca fué, por lo que respecta a las 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Antillas y a la América del Sur, la familia cari- 
be; y mayor por lo que atañe en especial a Ve- 
nezuela, pues la gran mayoría de su población 
indígena hablaba dialectos caribes. 

Expandíase dicho grupo desde las Antillas 
menores hasta el centro del Brasil. En Vene- 
zuela hablaban dialectos caribes todos los indios 
que poblaban el territorio de los actuales Estados 
Monagas, Sucre, Anzoátegui, Miranda, Aragua y 
del Distrito Federal, y la mayor parte del de 
Carabobo, el Guárico y Bolívar. También lo ha- 
blaban algunas tribus de Apure, y aunque en 
menor número, otras de las regiones occidenta- 
les. Hasta hoy usan un dialecto caribe los Moti- 
lones de las selvas del Estado Zulia. 

El núcleo principal de la raza caribe pare- 
ce haber estado en el Brasil central, en las ca- 
beceras del Shingú, donde, en el último cuarto 
del siglo próximo pasado, encontró el explora- 
dor alemán Steinen la nación Bakairí, que habla 
el dialecto caribe más puro (13), datando de las 
observaciones de dicho sabio el estudio científi- 
co de estos idiomas, el cual progresó enormemen- 
te merced a la ciencia y sagacidad del insigne 
filólogo francés Lucien Adam (14), y ha sido 
perfeccionado por el holandés Goeje. (15). Ele- 



(13) Steinen. Dureb Central Brasilien,y Die Bakairi 
Sprache. 

(14) Adam. Materiaux pour servir a l'établisse- 
ment d'une grammaire comparée des dialectes de la fa- 
raille caribe. 

(15) Etudes iing-uistiqnes caraibes. 

77 



PEDRO M. ARCAYA 



mentas importantísimos para este estudio han 
sido las gramáticas, catecismos y vocabularios 
que formaron los Misioneros de los pueblos de 
Indios del Oriente de Venezuela (entonces Nue- 
va Andalucía), varios .de los cuales se han reim- 
preso. (16). Por lo que nos dice uno de ellos, el 
Padre Tauste, sabemos que era muy parecida a 
la lengua de los indios de Cumaná la de los in- 
dios de la Provincia de Caracas "pues. ... en la 
"ciudad de Valencia, dice, experimenté que la 
"entendía aquel gentío." 

Por lo que respecta especialmente a los in- 
dígenas que habitaron territorios del actual Es- 
tado Falcón, creemos que los únicos propiamente 
caribes eran los Chipas o Cyparicotes, aunque, a 
decir verdad, no poseemos otro dato para supo- 
nerlo que el de la terminación cotes del nombre 
de estos indios en la última forma indicada. 

Por lo demás, aun siendo de razas diferen- 
tes de la caribe, como probablemente lo eran, las 
•demás naciones indígenas corianas, no hay duda 
de que todas ellas, inclusive los Caquetíos, te- 
nían una fuerte mezcla de sangre de aquella, 
y al léxico de sus dialectos habían entrado 
numerosísimas voces caribes que han quedado 



(16) "Algunas obras raras sobre la lengua cumana- 
gota publicadas de nuevo por Julio Platzmann." — Leip- 
zig. B. G. Teubner, 1888, 5 volúmenes. (Contienen "Arte 
Bocabulario, Doctrina christiana y Catecismo de la len- 
gua de Cumaná, por el Padre Tauste; "Principios y re- 
glas de la lengua cumanagota," por el Padre Yangues; 
"Arte y Tesoro de la lengua cumanagota, por el Padre 
Ruiz Blanco y Confessonarios, por el Padre Tapia. 

78 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



en nombres de lugares, de tal modo que se ha 
llegado a afirmar que los indios de Aruba, Ca- 
quetíos idénticos a los de Paraguaná, eran cari- 
bes. (17). Aunque esto es en nuestro concep- 
to un error, porque los Caquetíos eran nuarhua- 
cos, la confusión deja ver la importancia del 
elemento caribe entre ellos. Lo mismo ha su- 
cedido con los guajiros, que fueron tenidos por 
caribes hasta que los estudios lingüísticos arriba 
citados pusieron en claro su filiación nuarhuaca. 

Otra de las grandes familias lingüísticas de 
la América del Sur fué la betoye. Los dialectos 
que la componían se hablaron por varias naciones 
indígenas que moraban en las actuales Repú- 
blicas de Venezuela, Colombia, el Brasil y el 
Ecuador, y que quizás se extendían por las ver- 
tientes orientales de los Ancles hasta más al Sur. 
Brinton sugirió la idea de un posible nexo en- 
tre los dialectos betoyes y los de los indios del 
Choco. (18). 

Si los Jirajaras de Coro eran, como creemos 
haberlo demostrado, idénticos a los Jiraharas de 
las montañas de Barinas, y éstos a los Giraras de 



(17) Pinart. Aperjju sur File d' Aruba, obra que 
no conocemos pero la cita Brinton en su libro ya men- 
cionado The araerican race, pág. 254. También Codazzi 
en su Geografía afirma, aunque sin ningún fundamento, 
que los Caquetíos de Apure hablaban un dialecto caribe. 

(18) Brinton. The american race, pág. 275. Este 
mismo autor en su libro posterior Studies on South Ame- 
rican languages, insiste en la importancia del grupo lin- 
güístico betoye. Especialmente los dialectos de este gru- 
po hablados por tribus ecuatorianas han sido cuidado- 
samente analizados por exploradores y hombres de 
ciencia. 



79 



PEDRO M. ARCAYA 



las regiones del Casanare y Meta, los primeros 
hablaban un dialecto betoye, pues de esta fami- 
lia era el que usaban sus congéneres de las otras 
regiones citadas, y el cual, especialmente el de 
los Giraras del Casanare y el Meta, fué muy 
bien estudiado por los Misioneros españoles. 

El Padre Gumilla, refiriéndose a la variedad 
de las lenguas indígenas, dice: (19) "unas son 
"matrices y otras son derivadas (al modo que de 
"la latina, como matriz, se derivan la española, 
"francesa e italiana, mudado respectivamente al 
"dialecto) de modo que entendida con perfección 
"la matriz da luz y disminuye la dificultad para 
"las lenguas subalternas, v. y g. de la lengua 
"Betoye y Jirara, que aunque esta gasta pocas 
"erres y aquélla demasiadas, ambas quieren ser 
"matrices, se derivan las lenguas sitiifa, ayrica, 
ele " 

Refiere el Padre Rivero (20), que en 1701 sa- 
lió de una de las Misiones del Meta el indio cris- 
tiano D. Antonio Calaima "Girara de nación y 
"cantor de su pueblo de Tame,'' y estando en 
terrenos de Pedraza "oyó conversar en este sitio 
"a unos indios que razonaban entre sí, y aunque 
"su lenguaje le era extraño, comprendió algu- 
"nas razones por las cuales conoció que aquella 
"lengua dimanaba de la suya misma, por ser 
"Girara la que estaba oyendo." Agrega que 
Calaima entró en conversación con dichos indios 
y averiguó que eran Betoyes. 



(19) Obra citada, tomo II, pág. 38. 

(20) Obra citada, pág. 139. 



80 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



El Padre Gilij que en cierto pasaje de su 

obra (21), interpretando erróneamente a Gumilla 

consideraba al Betoye y al Girara como lenguas 

distintas, en otra parte (22), describiendo las 

Misiones del Meta, dice: "San Ignacio, llamado 

'de los Betoyes por el nombre de sus pobladores, 

'es una bellísima reducción o aldea. . . La lengua 

'de estos indios, la cual es semejante a la Girara 

'fué reducida a gramática y diccionario por el 

'Padre Gumilla, retocados después por el abate 

'Manuel Padilla." 

"Hacia el poniente de esta población, a dis- 
'tancia de media jornada, se encuentra otra de 
'nombre Tame... Sus habitantes, esto es, los 
'Giraras, alcanzan a 1.800. Su lengua, la cual 
'ha caído en desuso en las funciones públicas, 
'parece ser un ramo de la Betoi." 

Harvás (23) se expresa así: "El respetable 
'anciano señor Padilla, que ha estado veinte y 
'tres años en las naciones del río Casanare, ha 
'unido a instancias mías los elementos gramati- 
cales de la lengua betoi, y en una de sus cartas 
'desde la ciudad de la Pérgola, a 17 de julio de 
'1783, me dice: "En el Casanare está la nación 
'betoi, que habla la lengua betoi, y con ésta tie- 
'nen afinidad las lenguas jiraras y ele, que del 
'idioma betoi se diferencian tanto como los idio- 
'mas español, francés e italiano entre sí. No 
'podré decir a usted cuál de las tres lenguas di- 



(21) Tomo 3, pág. 206. 

(22) Tomo 4, págs. 486 y 487. 

(23) Catálogo de las lenguas. Tomo I, pág. 222. 

81 
11— I 



PEDRO M. ARCAYA 



"chas sea la matriz. Me parece que con el idio- 
"ma betoi tienen afinidad las lenguas airica y 
"situja que se asemejan mucho entre sí, y quizás 
''también la Jirara." 

Largas son las citas que anteceden, pero ha 
sido preciso hacerlas para poner en claro que el 
dialecto de los Giraras o Jiraharas del Casanare 
y el Meta pertenecía a la familia lingüística be- 
toye. 

No sería imposible que los Jirajaras de Coro, 
Barquisimeto y Nirgua, hablasen un idioma dis- 
tinto al de los indios de su mismo nombre que 
acabamos de mencionar, mas ello argüiría una 
radical diferencia de raza, y que la comunidad 
del nombre era meramente accidental. Esta úl- 
tima conclusión, sin embargo, nos parece inad- 
misible, dado que no se advierten sino muy cortas 
soluciones de continuidad en el territorio ocupa- 
do por los Jirajaras desde Coro y Nirgua hasta 
el interior de Colombia, como antes lo hemos de- 
mostrado, siendo, además, tan marcada la iden- 
tidad del carácter de todos ellos. 

Por tanto, mientras otra cosa no resulte de 
algún nuevo descubrimiento que se haga en la 
materia, consideramos, por nuestra parte, el dia- 
lecto de los Jirajaras del Noroeste de Venezuela 
como miembro de la familia betoye. (24). 



(24) Sobre la base del corto vocabulario de la len- 
gua de los indios de Siquisique que formó en 1886 el 
General Juan Tomás Pérez, recogido sin duda de boca 
de algún anciano indígena, pues hacía muchísimo tiempo 
Que allí no se hablaba sino el castellano, y publicó 

82 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Ojalá llegue a descubrirse y publicarse algu- 
na de las gramáticas del Girara de los Llanos 
escritas por los Misioneros del Siglo XVIII. 

Tenemos clasificadas hasta aquí las lenguas de 
los Ajaguas y los Caquetíos en la familia lingüís- 
tica nuarhuaca, la de los Chipas en la caribe y 
la de los Jirajaras en la betoye. Nos falta tra-r 
tar de los Ayamanes. 

Ya hemos dicho que hasta nuestros días re- 
cordaban muchos ancianos algunas palabras y 
frases de este dialecto, con las cuales se han 
compuesto algunos vocabularios cortos, y también 
hemos dado noticias de los padrones de los Aya- 
manes de principios del siglo XVII que se con- 
servan en el Archivo del Palacio Arzobispal de 
Caracas y han sido publicados por Luis R. Ora- 
mas, en el opúsculo arriba citado, donde clasifi- 
ca el dialecto ayamán en la familia nuarhuaca. 
A la misma conclusión se inclina el Dr. Alfredo 
Jahn. (25) 

Sin embargo, el que esto escribe, en un estudio 



la Academia Venezolanna Correspondiente de la Real Es- 
pañola en el Resumen de sus actas, ha deducido el se- 
tudioso Luis R. Oramas en su trabajo antes citado (Ma- 
teriales para el estudio de los dialectos Ayamán, Gayón 
Jirajara, Ajagua) que el idioma de los Jirajaras de Si*- 
quisique (que eran unos mismos con los de Coro), per- 
tenecía a la familia nuarhaca, conclusión que nos pa- 
rece prematura . Sobre la misma base asentó Brinton 
en su antes citado libro The American Race (pág 183) 
que este dialecto era del grupo Aruaco-chibcha de la Sie- 
rra de Santa Marta. 

(25) Jahn. Problemas antropológicos. En Re In- 
dica de Caracas, (No. 8 — 1918.) 



sa 



PEDRO M. ARCAYA 



publicado hace ya varios años (26), encontró 
la similitud de numerosos vocablos ayamanes 
con otros del tupi del Brasil, por lo cual dedujo 
que aquel dialecto pertenecía a la familia lin- 
güística tupi o tupi-guaraní. 

Fórmanla varias y muy extendidas lenguas, 
entre ellas el guaraní que todavía hoy se habla 
corrientemente en el Paraguay, y no ya por in- 
dios en estado primitivo sino por la gente civili- 
zada del país. Su gramática comparada la es- 
cribió, como la del grupo caribe, el eruditísimo 
Lucien Adam (27), sobre la base de los trabajos 
lingüísticos de los Misioneros de los siglos XVII 
y XVIII (El Padre Ruiz Montoya, el Padre Res- 
tivo, el Padre Ancheta y otros) y los de algunos 
diligentes investigadores brasileños y europeos 
del siglo XIX (Couto de Magalhaes, Almeida 
Nogueira, Castelnau, Coudreau y algunos más.) 

No sería extraño que la invasión caribe a Ve- 
nezuela arrastrara algunas tribus tupis, y así 
se explicaría, si se admite nuestra clasificación 
de los Ayamanes, que llegasen hasta el territorio 
de los actuales Estados Falcón y Lara, siendo 
el Brasil su patria de origen. En las Guayanas 
hay varias parcialidades indígenas cuyos dialec- 
tos son evidentemente tupis (los Oyampis, Eme- 
rillones) y en nuestro Alto Orinoco se habla la 



(26) Lenguas indígenas que se hablaron en el Es- 
tado Falcón. El Cojo Ilustrado, de Caracas, 1906. 

(27) Materlaux pour servir a l'etabHssement d'une 
grammaire comparée des dialectes de la famllle tupi. 



84 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



lengua geral brasílica (ñeengatu), una de las 
pertenecientes a la familia que estudiamos. 

Conviene con todo advertir que sería prema- 
tura la afirmación de una radical diferencia en- 
tre las cuatro familias lingüísticas nuarhaca, ca- 
ribe, betoye y tupi en que pensamos que se pue- 
den distribuir los dialectos de los indígenas co- 
rianos. Es posible que correspondan más bien 
a divergencias de evolución de una lengua primi- 
tiva, al dispersarse y disgregarse el grupo que la 
hablaba. Ya el egregio alemán Cari Ph. von 
Martius en la monumental obra a que antes he- 
mos tenido ocasión de aludir había juntado en 
una sola familia que llamó Guck o Coco (28) los 
dialectos de las familias nuarhuaca, caribe y be- 
toye, otros que todavía se consideran como irre- 
ductibles a dichos grupos, por ejemplo el saliva, 
y aun algunos de la familia tupi. 

El sabio colombiano Uricoechea asentó: (29) 
"creo no equivocarme al reunir en una sola fa- 
milia ya denominada anteriormente (caribe- 
" guaraní), las lenguas caribe, galibí, chaima, 
"cumanagota, aruaca, por lo menos aquella cuya 
gramática he examinado porque con el nombre 
"de aruaca conozco varias, goagiro, achagua, 
"guaraní y tupi, pues tienen unos mismos proce- 
dimientos gramaticales y parte del vocabulario 
"común." 



(28) Beitraege zur Etnosrraphle and Sprachonkusí- 
kunde Amerikas zumal Brasiliens. 

(29) Introducción a la obra antes citada del Padre 
Celedón. Pág. 49. 



PEDRO M. ARCAYA 



Estas ideas quedaron desechadas desde las 
dos últimas decadas del siglo XIX en virtud de 
los trabajos de Steinen y Adam a que ya hemos 
aludido, que pusieron de manifiesto la diferencia 
de las familias nuarhuaca, caribe, tupi, betoye y 
otras. Ya en el siglo que corre Koch Grünberg 
ha sostenido la misma distinción entre estas fa- 
milias, y aun ha separado de ellas algunos dis- 
lectos para formar un nuevo grupo. Mas por 
otra parte se observa un retorno a las ideas de 
Martius sobre la unidad fundamental de estas 
lenguas. Goeje, el más profundo conocedor de 
los dialectos caribes, en su obra que ya hemos 
mencionado, dice: "Llamamos la atención acerca 
"de que hay muchas palabras que parecen per- 
tenecer a la lengua caribe primitiva y al Tupi 
"o al Arhuaco primitivos, y que sin embargo no 
"son onomatopéyicas. Serían restos de una épo- 
"ca en que estas familias no constituían todavía 
"sino una sola? Nos contentamos por el momen- 
"to con poner en evidencia estas concordancias". 
Y Rodolfo R. Schüller en su trabajo Yñerre o 
Stamvater dos Indios Maynas, publicado en 1912, 
en el tomo XXX de los Annaes da Biblioteca Na- 
cional do Río de Janeiro defiende decididamente 
las conclusiones de Martius acerca de la afinidad 
de los diversos dialectos que él juntó, aunque 
basándose Schüller en datos distintos. 

Si esto fuere así resultaría una sola en el fon- 
de la raza de los indios corianos, y aun de toda 
Venezuela, excepto quizás algunas tribus andi- 



86 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



ñas, y también una sola con la de la mayoría de 
las gentes autóctonas del Brasil y de las comar- 
cas orientales de Colombia, el Ecuador, Perú y 
Bolivia. Con todo, aun siendo una misma la len- 
gua primitiva, y por consiguiente unos mismos los 
antepasados de todas esas naciones indígenas, de- 
bió ser remotísima la fecha de su separación, por 
lo cual la antes explicada distribución entre 
nuarhuacos, caribes, betoyes y tupis, es de gran 
interés y .de efectiva significación científica. 

Otras cuestiones ocurren, en seguida a la de 
la clasificación de los indios americanos según 
los dialectos que hablaron, como es la de su origen. 
I Eran verdaderamente autóctonos de este conti- 
nente o inmigrados de algún otro? Sobre el par- 
ticular han sido, y siguen siendo, interminables 
las discusiones de los sabios. Prevaleció un tiem- 
po, y la sostuvieron hombres de tanta ciencia co- 
mo Humboldt, la hipótesis del origen mogólico. 
Otros ven en los polinesios los antepasados de 
las gentes americanas. Búscanlos algunos en los 
africanos. Mucho ruido ha hecho también el 
mito de la Atlántida, el misterioso continente 
que se supone hundido por cataclismos geológicos 
en épocas anteriores al comienzo de la historia, 
y en donde se habría desarrollado una maravi- 
llosa civilización. Los que creen en esta leyenda 
admiten que la América fué parte de la Atlán- 
tida, o que por lo menos ésta sirvió de puente en- 
tre el continente europeo y el nuestro. 

Miran otros el hombre americano como autóc- 
tono. Ameghino creyó encontrar pruebas deci- 



87 



PEDRO M. ARCAYA 



sivas de su existencia en el Plata, nada menos que 
en la época terciaria, y llegó hasta sostener que 
la especie humana era originaria de aquellas 
comarcas (30). Mas los hechos que le sirvieron 
de base han sido seriamente discutidos. El sa- 
bio antropólogo Ales Hrdlicka, acompañado de 
competentes geólogos norteamericanos, se trasla- 
dó a la Argentina en 1910 y estudió a fondo la 
materia, publicando en un bien documentado li- 
bro (31) el resultado de sus investigaciones, com- 
pletamente adversas a la sonada tesis de Ame- 
ghino y demostrando que carecía de fundamen- 
tos serios. El mismo Hrdlicka había hecho an- 
teriormente varios trabajos sobre los restos hu- 
manos en Norte América, que todos, según él, 
corresponden al hombre moderno. 

En suma, todavía no se puede llegar a con- 
clusiones ciertas acerca de los orígenes del hom- 
bre americano. 

Admitiendo, como es lo más posible, que se 
trate de una raza especial del Nuevo Continen- 
te, ocurre luego preguntar si su primitiva ha- 
bitación estuvo en el Norte o en el Sur, pregun- 
ta que puede hacerse también respecto a la raza 
inmigrada, si se supone que los primeros habitan- 
tes de América vinieron de otra parte. Brinton, 



(30) Una clara y comprensible exposición de los tra- 
bajos y conclusiones de Ameghino la ha hecho Ingenie- 
ros en su libro: Las Doctrinas de Ameghino, La tierra, 
la Tida y el hombre. 

(31) Early man in South America. 



HISTORIA DEL ESTADO PALCON 



(32) que es partidario de la tesis de la inmigra- 
ción, se decide por la zona templada del Norte. 
Fúndase entre otras consideraciones en que nun- 
ca, según él, se han adaptado los indios al clima 
de la América tropical que los afecta tanto co- 
mo a los europeos, sin que gocen de la inmuni- 
zación que respecto a las enfermedades propias 
del trópico protege a la raza africana. 

Muy sugestiva y bastantemente fundada en 
los hechos parece esta opinión del antropólogo 
norteamericano; ella podría aclarar hondos pro- 
blemas de la sociología sur americana. 



(32) The ainerican race, pág. 34 
89 



12-1 



CAPITULO CUARTO 



LOS ABORIGÉNES 



DATOS SOCIOLÓGICOS 

Ya hemos indicado los rasgos característicos 
de las naciones indígenas que habitaron el te- 
rritorio del Estado Falcón: pacíficos aunque va- 
lientes los Caquetíos, belicosos los Jirajaras y 
Ayamanes, montaraces los Ajaguas, feroces los 
Chipas. 

De estas diferencias de carácter se despren- 
dían necesariamente algunas otras en su modo 
de vivir, aunque como quiera que todas estas gen- 
tes eran bárbaras y se habían quedado en los 
comienzos de la evolución social, más eran los 
puntos de semejanza entre ellas que los de se- 
paración. 

Cada nación poseía, más o menos fijamen- 
te, cierto territorio dentro de cuyos límites mora- 
oan, sembraban y cazaban. Por lo menos esto 



91 



PEDRO M. ARCAYA 



parece que sucedía con las más de las tribus 
o clanes en que se subdividían las varias nacio- 
nes indicadas. Así se deduce de la Narración de 
Federmann que encontró a cada nación, o gran- 
des grupos de ellas, ocupando determinadas co- 
marcas. Cuando, como sucedía frecuentemente, 
las naciones vecinas eran enemigas, había en- 
tre sus respectivos territorios grandes espacios 
desiertos, cosa parecida al no marís land (tie- 
rra de nadie) que mediaba entre las trincheras 
de los ejércitos contendores en la reciente gue- 
rra europea. Así entre los Jirajaras y los Aya- 
manes, que no andaban de paz, el país "estaba 
desierto y deshabitado." 

Las diferentes parcialidades de las respecti- 
vas naciones se agrupaban en aldeas. 

Las más numerosas al tiempo de la conquis- 
ta eran las de los Caquetíos, algunas de las cua- 
les se transformaron durante la época colonial en 
villas, y aun ciudades, que todavía duran con- 
servando sus antiguos nombres indígenas. Estas 
fueron Curiana o Coro, donde sobre la base del 
pueblo de indios allí existente fundaron los es- 
pañoles la primera ciudad venezolana, Capatá- 
rida, hoy capital del Distrito Buchivacoa, Sace- 
rida, (la actual Zazárida, cabecera de un Muni- 
cipio del mismo Distrito), Cumarebo, pueblo del 
Distrito Zamora, parte de cuyos habitantes, esta- 
blecidos después en el puerto del mismo nombre, 
formaron el núcleo de la pequeña ciudad "Puer- 
to de Cumarebo", y Cahure o Cabure que bien 



92 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



podía estar donde el actual pueblo de Cabure, 
capital del Distrito Petit, pero que nos inclinamos 
más bien a creer que correspondía al sitio de 
Caujarao, cerca de Coro. Además de esas po- 
blaciones que subsisten, tenían otras los Caque- 
tíos que desaparecieron con la conquista españo- 
la, como fueron las de Tomadoré o Tomodore, si- 
tio cercano a La Vela, cuyo nombre se conserva, 
Hurehurebo o Jurijurebo en Paraguaná. donde 
ahora hay un establecimiento pecuario, no lejos 
de Pueblo Nuevo, Carao que suponemos estaba 
en el sitio del actual vecindario de Carazao, a no 
mucha distancia de Mitare, y Hurraque, Carona 
y Tadariqíiiba, de los cuales ni el nombre queda. 
También Guaibacoa, en el actual Distrito Colina, 
cuya primera población desapareció, pero en el 
mismo lugar se fundó después, a principios del 
siglo XVIII, otro pueblo de indios caquetíos aru- 
banos, que subsiste, y Miraca en Paraguaná, cu- 
yos indios se acabaron, pero allí se estableció lue- 
go un vecindario de españoles y gentes de razas 
mezcladas. 

Todos estos pueblos los enumera Castella- 
nos: (1) 

"Doce leguas en torno del asiento 

"Había población engrandecida, 

"Ciudades de grandísimo momento, 

"Todariquiba, Zacerida, 

"Memoradas también en este cuento, 

"Carao, Tamadoré, Capatarida, 



(1) Elegías, pág. 185. 

93 



PEDRO M. ARCAYA 



"Carona, Guaybacoa, Cumarebo, 
"Miraca, Hurraqu.e, Hurehurebo; 
"Con otras que callamos de presente, 
"De cuya población nos es notorio 
"Tener crecido número de gente. 

Lo de "ciudades de grandísimo momento" es 
exageración poética o necesidad del consonante 
con "asiento", pues las aldeas de los Caquetíos dis- 
taban mucho de ser "ciudades", pero sí debían 
estar bien pobladas. 

De los Jirajaras encontró Federmann una 
aldea que no nombra, sita al comienzo de su te- 
rritorio, y la cual pensamos que estaría en el ac- 
tual sitio de Quiragua, en la Sierra del Sur de 
Coro. Indica también la de Hittova, que debía 
de estar al Sureste de Churuguara. 

Las aldeas de los Ayamanes y Chipas se ha- 
llaban principalmente en territorio que ahora 
corresponde al Estado Lar a. 

Ya hemos dicho que los A j aguas al tiempo 
de la conquista también formaban pueblos, aun- 
que por temor a las expediciones de los españo- 
les se dispersaron. Los de Falcón tendrían sin 
duda sus aldeas hacia Tupure, Autaquire o Uta- 
quire y Pedregal, donde después estuvieron en 
Encomiendas y con sus descendientes se constitu- 
yeron los dos últimos pueblos nombrados, que 
aun subsisten. 

No parece que en ninguna de las aldeas de 
las naciones indígenas del territorio falconiano, 
como tampoco en las más de Venezuela, es- 



94 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



tuviesen los indios sometidos al régimen perso- 
nal de ningún reyezuelo o señor, excepto 
los Caquetíos, donde, como veremos, se había 
iniciado el proceso de la evolución hacia la rea- 
leza. Eran comunidades anárquicas, que más 
que por la voluntad o capricho de uno solo se re- 
gían por las costumbres, ideas y sentimientos que 
de generación en generación venían trasmitién- 
dose, bastantes para las rudimentarias funciones 
de la vida colectiva en aquellos organismos so- 
ciales primitivos. 

En efecto, según la Relación de los Alcal- 
des de Barquisimeto de 1579, entre los indios de 
aquella comarca, cuyas instituciones eran sin 
duda análogas a las de sus congéneres los in- 
dios corianos, "no se ha conocido haber tenido nin- 
gún señor que los mande y ellos no tienen res- 
peto sino solamente al que es mejor trabajador 
"y coge más maíz o yuca e las demás legumbres; 
"a este tal tienen más respeto porque hace más 
"brebaje para dalles a beber que es el mayor 
"gusto que ellos reciben el cual brebaje llaman 
"macato..." Y en la de los Alcaldes del Tocuyo 
del mismo año leemos: "en tiempo de su gentili- 
dad (de los indios) ni agora de presente no obo 
"señores ni principales entre ellos a quien tri- 
butasen por via de Señorío y si alguna cabe- 
cera conocían era al que tenía que comer o que 
"beber y lo mismo hacen de presente, y así no se 
"entiende que tributasen " 

También en sus guerras era natural que pu- 
siesen a alguno de caudillo, mas hay que pen- 



95 



PEDRO M. ARCAYA 



sar que sucedía entre los indios del Noroeste de 
Venezuela lo que en sus afines del Orinoco y sus 
afluentes, de quienes dice el Padre Gumilla (2) 
que aunque reconocían a su cacique y capitanes 
no tenían disciplina militar ni subordinación al- 
guna, y sus guerras no eran más que un estré- 
pito tumultuario que repentinamente pasaba. 

Las "guerras" de los indios del Tocuyo, se- 
gún la Relación antes citada, tenían por obje- 
to o motivo "se quitar mujeres e hijos, unos a 
"otros, e por otras cosas fáciles, especialmente 
"estando borrachos" 

En lo de la preeminencia, que no era todavía 
señorío, fundada en la "riqueza", que se le reco- 
nocía a quienes tenían ésta, se asemejaban 
las incipientes sociedades de nuestros indios a 
todas las sociedades primitivas. Lo mismo ocu- 
rre todavía en los Guajiros. "Entre ellos no hay 
"cacique por vínculo o por elección; lo es el que 
posee mayor caudal", escribía Uricoechea en 
1878 (3). "Hay todavía otra fuente de poder 
"político en las tribus primitivas, dice Spen- 
"cer (4) y es la extensión de las propiedades; 
"la riqueza en ellas, es a la vez una señal di- 
"recta de superioridad y una causa indirecta de 
"influencia. Entre los Tocullus se puede llegar 
"a miuty o jefe si de vez en cuando pueden dar- 



(2) Obra citada, tomo I, pág.151 . 

(3) Introducción a la Gramática, y Vocabulario de 
la lengua goajira, por Celedón, pág. 20. 

(4) Sociología, traducción castellana bajo el títu- 
lo El Universo Social, tomo III, pág. 223. 



96 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"se festines a toda la aldea". Todavía en so- 
ciedades más adelantadas se observa el fenóme- 
no de la riqueza originando el poder: "Lo que a 
"mi parecer revela de más nuevo el derecho 
"brehon, dice Summer Maine (5) es que donde 
"quiera que hay un jefe, este es ante todo un hom- 
"bre rico no en tierras, sino rico en ganado, en 
"rebaños de ganado caballar, de cerda, lanar y so- 
"bre todo de bueyes." 

A decir verdad, la "plutocracia", que en sus 
formas primitivas aparece en la génesis de las 
sociedades humanas ha seguido siendo el régi- 
men efectivo en las más adelantadas de ellas, en 
plena civilización, con el "capitalismo" moderno. 

Mas la "riqueza" no podía ser en las tribus 
venezolanas sino un factor muy débil para el 
prestigio de los Caciques, por lo mismo 
que ella era casi nula. Apenas consistía en una 
más abundante cosecha, o en la acumulación de 
los frutos de cortas labranzas. No había rebaños 
de ninguna especie que eran la verdadera "ri- 
queza" en las sociedades primitivas del viejo 
mundo. Sobre aquella base se hacía, por consi- 
guiente, difícil que se estableciera aquí una je- 
fatura positiva. Hay que buscar en las creen- 
cias religiosas de aquellas gentes el comienzo de 
la evolución que había conducido a algunas na- 
ciones indígenas, especialmente a los Caquetíos, 
a la constitución de un cacicazgo efectivo lleván- 



(5) Instituciones primitivas, Traducción española, 
pág. 124. 

97 
13-1 



PEDRO M. ARCAYA 



doles a prestar, si no obediencia de subditos sí 
respeto supersticioso a sus caciques. 

Empezaremos pues por la exposición de aque- 
llas creencias. 

Escribe Oviedo y Valdez respecto de los in- 
dios de Venezuela (6): "ellos acatan y temen mu- 
"cho al diablo, al qual dicen y afirman los bo- 
"ratios que le ven y hablan muchas veces; e pin- 
gan su figura en sus joyas y en madera de re- 
mueve y en todas las cosas y partes que más es- 
timan. Estos boratios son como sacerdotes su- 
"yos, y en cada pueblo principal hay un bora- 
"tio, al qual ocurren todos a le preguntar las 
"cosas que están por venir, y le preguntan si 
"lloverá o si el año será seco o abundante, o 
"si deben ir a la guerra contra sus enemigos o 
"dexarlo de hacer, o si los christianos son bue- 
nos, o si los matarán, y finalmente todo lo que 
"desean saber les preguntan y el boratio dice 
"que él les responderá, en haciendo su consulta 
"al diablo, y para esta habla e consultaciones 
"se encierran en un buhío solo, y ahí se echan 
"unas ahumadas que llaman tabaco con tales 
"hierbas que le sacan el sentido; y está un día 
"y dos y tres, e a veces más, encerrado este bo- 
"ratio que no sale de allí, y después que ha sa- 
"lido, dice; "aquesto me dixo el diablo", respon- 
diendo a las preguntas que le han hecho se- 
"gún los deseos de aquellos a quien quiere sa- 



(6) Historia General j Natural de las Indias, tomo 
2; pág. 298. 



98 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"tisfacer, y por este trabajo le dan alguna jo- 
ya de oro e otras cosas al boratio". 

Agrega que: "para ver si caminarán o yrán 
"a pescar o sembrarán, y para ver si matarán 
"caza o si su muger los quiere bien, cada uno es 
"boratio; porque con esta hierba (el tabaco) re- 
"vueltas las hojas della a la redonda de la ma- 
jorca del mahiz, enciéndelas por un cabo poca 
"cosa, e aquello que arde metenlo en la boca y 
"soplan hacia fuera, y cuando está la mitad 
"quemado, arrebujan lo que está revuelto a la 
"redonda. E si lo quemado del tabaco queda 
"hecho a manera de hoz encorvado, es señal que 
"lo que quieren saber subcederá bien; e si que- 
"da quemado derecho, es señal que al revés de 
"lo que desea le ha de intervenir, y que es malo 
"lo que havia de ser bueno. Y tienen tan creído 
"esto, que no vasta nadie ni razón alguna a le 
"hacer creer otra cosa, ni ques burla o vani- 
"dad los tabacos; antes les pessa mucho con 
"quien los desengaña, si se lo reprenden." 

Los boratios además de sus funciones "sacer- 
dotales" servían en los pueblos de médicos, se- 
gún el propio Oviedo Valdez quien describe ei 
modo de curar que usaban: "Llegado a donde 
"el doliente está, pregúntale ques lo que le due- 
"le, y el enfermo se lo dice; pregúntale assi mis- 
"mo si sabe que él lo puede sanar, porque es muy 
"buen boratio, y el doliente dice que sí sabe. 
"Si a estas preguntas o alguna dellas el enfer- 
"mo dice que no, váse el boratio y no lo quie- 
"re curar; pero respondiéndole que sí lo pri- 

99 



PEDRO M. ARCAYA 



"mero que hace el boratio es mandar ayunar a 
"todos los que hay en casa, que no coman sino 
mazamorra rala de mahiz que ellos llaman ca- 
"za, y no más de una vez cada día. Y torna al 
"doliente y pregúntale lo que le da más pena y 
"dolor, e si responde que la cabeza u otro cual- 
quier miembro, con las manos cerrándolas o 
"abriéndolas, trayéndoselas al boratio por en- 
"cima, como quien quiere juntar otra cosa, dice 
"que le allega el alma a un cabo, y después 
"cierra el puño y sóplale con la boca dicien- 
"do: allá irás mal. E diciendo e haciendo esto 
"da tantas voces e chillidos encima del enfermo 
"que queda ronco el boratio que no puede ga- 
"ñir ni quassi hablar y turale dos horas y más. 
"Hecho aquesto, pregúntale si le duele tanto co- 
"mo solía, y si dice el enfermo que sí, chúpale 
"con la boca aquel miembro o lugar del dolor, 
"escupiendo de rato en rato y a cabo de cinco 
"o seis días que aquesto hace el boratio, si dice 
"el doliente que está mejor, mete una espina o 
"piedra o lo que se le antoja en la boca, que 
"parezca que lleva algúnd color o manera para 
"hacerlo creer al enfermo sin que ninguno lo 
"vea, y después que ha chupado allí donde do- 
"lía, echa en la mano la espina o piedra o pa.lo 
"que él traía en la boca, y muéstralo al enfer- 
"mo diciéndole: "Cata aquí lo que te mataba y 
"causó el mal que tenías". Luego se despide e 
"dice que se quiere yr, e le pagan. Si acaso el 
"enfermo no dice que siente mejoría con lo que 
"el boratio ha hecho, antes que el boratio eche 

100 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"de la boca aquella piedra o lo que él quiere dar 
"a entender que avía sido el mal, como muchas 
"veces acaece de necesidad, pues que es burla 
"cuanto hace, el boratio responde: "Yo me quie- 
ro yr, porque tu no sanarás tan ayna desse mal, 
"como pienssas; porque el diablo me lo ha dicho 
"assi". Y despídese y vase." 

Estos datos de Oviedo y Valdez coinciden 
con los que se encuentran en otros documentos. 
En la Relación de Nueva Segovia (Barquisimeto) 
que ya conocemos, se dice de los indios de allí 
que había entre ellos médicos hechiceros, que ad- 
quirían este carácter mediante prolongado ayu- 
no; traían "los cabellos muy largos como una 
"mujer que es señal que es médico". Estos hom- 
bres tenían chozas de paja que sólo les servían 
para invocar allí al demonio "que en su lengua 
"llaman Capu y esto es en lengua caquetía y 
"este nombre que ellos tienen puesto al demonio 
"nos tienen puestos a nosotros". Agrégase que 
en las demás lenguas tenían muchas variedades 
en esto. En la Relación del Tocuyo, que también 
conocemos se lee: "Los Ritos de que a lo que se 
"entiende usavan (los indios) antes de agora y 
"de presente es comunicarse con el demonio 
"usando de supersticiones e ritos e bebiendo el 
"humo de una yerva que llaman tabaco que es 
"propiamente a manera de el beleño de España 
"y este humo bebido les embriaga y aquello que 
"entonces tienen en la ymaginación aquello tie- 
"nen por cierto y se da crédito entre ellos . . . . " 



101 



PEDRO M. ARCAYA 



Sin embargo, en la Relación de Barqui- 
simeto se agrega respecto a los Axaguas: "Esta 
"generación adora al sol y a la luna y cuando 
"hay falta de agua en la comarca de este pue- 
"blo hacen un sacrificio de esta manera, que bus- 
"can una muchacha de diez años para arriba la 
"más hermosa y mejor gestada que hallan y 
"echan una demanda entre todos los haberes que 
"poseen que son harto pocos y pagan a la madre 
"cuya hija es la muchacha y le dan todos aque- 
llos haberes que juntan y la solían llevar ribera 
"del río que corre junto a este pueblo y allí con 
"una piedra que ellos tienen sin ningún filo sino 
"que tiene una manera de corte la degüellan con 
"harto tormento e la sangre ofrecen para sacri- 
"ficio y dicen que aquella la quieren dar al sol 
"por su muger, después que poblamos lo hacen, 
"más hacenlo de escondidas que nunca se sabe 
"que lo tienen echo, y esta ceremonia dicen que 
"hacen porque llueva y porque dicen que está 
"enojado el sol y que por eso no llueve". 

De los aborígenes de Casanare y el Meta dice 
el Padre Rivero (7) que no adoraban ídolos pero 
que sí tenían muchos agoreros y adivinadores de 
los sucesos futuros, ya por el canto de los pá- 
jaros, ya por el encuentro de animales terres- 
tres y ya por los peces que flechaban en las 
mismas corrientes de los ríos. Unos polvos aspi- 
raban llamados yopa, de las frutas de ciertos ár- 
boles, para sus presagios y adivinaciones. De los 



(7) Obra citada, pág. 104. 
102 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Giraras de las mismas comarcas nos dice (8) 
que no adoraban ídolos pero que confesaban que 
había dos dioses hermanos, uno mayor que otro 
en la edad; el mayor crió todo de nada y des- 
truyó con el diluvio todos los hombres en castigo 
de sus pecados, pero que después el dios menor 
bajó de los cielos a la tierra a propagar el li- 
naje humano que pereció en el diluvio, y vivió 
en el mundo siendo Emperador de todos. Juz- 
gaban que había bebezones en el cielo donde los 
dos dioses se embriagaban y reñían, y que el 
agua era el vino que derramaban de lo alto des- 
pués de bien bebidos y embriagados. 

En suma: las ideas religiosas de nuestros in- 
dios se limitaban a la creencia en seres sobre- 
naturales que los españoles llamaban "demonios". 
No les rendía propiamente culto o adoración toda 
la tribu, sino que los invocaban individuos espe- 
cialmente dedicados a esta función, y a quienes 
se atribuía la facultad de comunicarse con 
tales seres. De modo que la expresión "culto 
al demonio" que con frecuencia usan los misio- 
neros, más bien debe entenderse, según el con- 
texto de sus propios relatos, como "invocación del 
demonio". En algunas tribus esa creencia pri- 
mitiva había evolucionado hasta el culto al sol 
y el vago concepto de otros seres sobrenaturales 
superiores, como lo serían ios dos grandes dio- 
ses de los Giraras. 



(8) Obra citada, pág. 116. 
103 



PEDRO M. ARCAYA 



Mas, quiénes eran esos seres imaginarios, esos 
demonios en cuya creencia se basaban todas las 
ideas y prácticas religiosas de los indios, no sólo 
de Coro y Barquisimeto sino de toda Vennezue- 
la y aun de la América entera? Pues bien, ellos 
eran las ánimas de los difuntos. Los indios no 
admitían que con la muerte terminaba todo. 
Creían que el alma sobrevivía, y atribuyéndole 
un estado material suponían que al separarse 
del cuerpo se quedaba junto a él, ora en la mis- 
ma sepultura o revoleteando alrededor de ella 
o de la choza donde había ocurrido el falle- 
cimiento, ora recorriendo el bosque o la saba- 
na donde estaba la choza, por lo menos durante 
algún tiempo. 

Esta creencia en la inmortalidad del alma la 
cita el Padre Gilij complacidamente (9), pero, 
cuan diferente la idea de un espíritu inmaterial, 
tal como entendía el alma nuestro misionero, de 
la que se formaban los indios para los cuales ella 
era puramente material! 

El mismo Gilij nos dice a este respecto que 
los Tamanacos con el propio nombre de jolo- 
chiamo designaban así al demonio como a las 
ánimas separadas de los cuerpos, y lo mismo em- 
pleaban los Maipures el vocablo vasuri, aunque 
en el sentido de ánima lo concretaban a la de los 
que morían matados. (10) 



(9) "Saggio di storia americana. — Tomo III, pá- 
ginas 12 y siguientes. 

(10) Gilij. — Obra citada, tomo II, pág. 29. 

104 



HISTORIA DEL, ESTADO FALCON 



El preciso testimonio de Gilij viene a afirmar 
la conclusión que elejamos expuesta, de que el 
llamado culto al demonio de los indios venezo- 
lanos no era sino la invocación de los espí- 
ritus de los difuntos. El Padre Gumilla advir- 
tió, por lo demás, que no se trataba de un ver- 
dadero culto sino del temor grande que por el 
diablo sentían. (11) 

A esa misma conclusión se llega por analo- 
gía, recordando la evolución de las ideas religiosas 
en los pueblos primitivos. "El espíritu aparición, 
"dice Spencer (12) es el tipo primitivo del ser 
"sobrenatural". Trae sobre el particular el sa- 
bio sociólogo tal acopio de hechos que sería alar- 
gar demasiado este capítulo citarlo in extenso. 
Entre los Fijienses, nos dice, el término general 
para designar los dioses parece ser el de Aram- 
ba que significa hombre muerto. Los Malayos 
Polinesios, junto al simple culto de los antepa- 
sados, practican el culto más desarrollado de los 
antepasados lejanos que han llegado a ser dio- 
ses. En África el pueblo de Angola estaba 
ocupado sin cesar en desviar la cólera del al- 
ma de los muertos. Las razas asiáticas presen- 
tan análogos ejemplos. El culto de los Santa- 
Ios está basado en la familia, y cada casa, ade- 
más del dios familiar, adora los espíritus de los 
antepasados. El culto de los muertos era la base 
de la religión egipcia y ha caracterizado siempre 



(11) Gumilla. — Obra citada, tomo II, pág. 

(12) "El Universo Social", tomo II, pág. 283. 

105 

14-! 



PEDRO M. ARCAYA 



la civilización de la India. Así ha sucedido en 
todas las razas, tanto en las llamadas superio- 
res como las inferiores. Los Arios junto con sus 
divinidades supremas adoraban los antepasados. 
"El Indra heroico que gusta de la alabanza" y en 
cuyo honor se entona el himno en el momen- 
to del sacrificio, con la esperanza de la asisten- 
cia del Bien armado, del Tonante, no es más que 
un antepasado engrandecido. Bien estarían, ex- 
clama Spencer, en boca de un jefe zulú en el 
momento del sacrificio las palabras del richi 
Ario: "amigo, trae la vaca lechera y trae un him- 
"no nuevo". 

Toda la civilización greco-romana y todas las 
instituciones jurídicas de Roma que forman aún 
la médula del derecho de la mayor parte de los 
pueblos cultos, arrancan de creencias análogas a 
las de nuestros, indios, esto es, que las almas de 
los muertos les sobrevivían y que se quedaban 
morando cerca de los vivos. 

Maravillosamente expuso el sabio francés 
Fustel de Coulanges esa creencia, las prácticas 
a que indujo y sus resultados en la organización 
política y familiar de los griegos y romanos. (13) 

Al principio creían los primitivos helenos y 
latinos que el alma del difunto se enterraba 
junto con el cuerpo. De allí que en las exequias 
se la llamase por tres veces por el nombre que 
había llevado. Tres veces se le decía: ''Que te 
"sientas bien!" Agregábase: "Que la tierra te 



(13) Fustel de Coulanges. — "La cité antique" # 
106 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



sea ligera!; (sit Ubi térra levis). Enterrábanse 
junto con el cadáver los objetos que se suponía 
había de necesitar el alma material que con él 
se había enterrado. Se derramaba vino sobre la 
tumba para aplacar su sed; se colocaban ali- 
mentos para aplacar su hambre. Se degollaban 
caballos y esclavos, con la mira de que estos 
seres, enterrados con el muerto, le sirvieran en 
la tumba como lo habían hecho en la vida. De 
allí que después de la toma de Troya, cuando los 
griegos retornan a su país llevando cada uno su 
hermosa cautiva, Aquiles, sepultado, reclama 
también Ja suya y se le da a Polixena. 

Pero los Griegos y los Romanos se familia- 
rizaron pronto con las almas de sus difuntos. 
Las hicieron sus dioses domésticos, les rindieron 
afectuosa adoración, y de allí el origen de sus ins- 
tituciones y el punto de partida de su magnífica 
civilización. En otros pueblos, y de esta dife- 
rencia no podemos ver otro motivo que las ín- 
timas tendencias de la raza, los espíritus de los 
muertos eran considerados como seres peligrosos, 
dispuestos siempre al mal, prontos a obedecer en 
ese sentido los conjuros de los hechiceros. Este 
era el concepto de nuestros indios, y de allí que 
viviesen en el terror de los muertos, "del demo- 
nio", como decían los Misioneros, y de los hechi- 
ceros que con sus evocaciones mágicas podían 
lanzar sobre ellos los espíritu de las tinieblas. 

Entre estos hechiceros, junto con muchos que 
serían meros charlatanes, debía haber algunos 



107 



PEDRO M. ARCAYA 



que poseyesen las extrañas facultades hipnóticas 
que se observan en cualquier buen médium es- 
piritista de nuestros días. Ahora bien, si los 
fenómenos que estos logran desarrollar han po- 
dido impresionar de tal modo a grandes sabios 
de nuestro tiempo como Lombroso, Lodge, Flam- 
marion y tantos más, llevándolos a admitir los 
mayores absurdos, nada de extraño tiene que a 
los pobres e incultos indios fenómenos análogos los 
condujesen a la creencia en el poder sobrenatu- 
ral de sus piaches, ni que los Misioneros, con 
ser, como eran muchos de ellos, hombres de gran 
cultura intelectual, vieran allí, cuando no la obra 
del fraude, las artes del "demonio". 

Conviene advertir que las últimas conclusio- 
nes a que han llegado los hombres de ciencia 
que se han dedicado al estudio tan interesante 
de ios orígenes de la religión y de la magia, 
brillante y profundamente sintetizadas por el es- 
critor ecuatoriano Jijón y Caamaño en reciente 
libro (14) , atribuyen a los pueblos primitivos algo 
más que la simple creencia en la supervivencia de 
los espíritus y en la posibilidad de su evocación. 
Piénsase que en el fondo ellos creían en un po- 
der o cualidad misteriosa, fuerza productora de 
cuanto existe, propia de los espíritus de la na- 
turaleza, a veces del alma de los muertos, de los 
hombres y de las cosas materiales, que aunque 
una en su esencia está dividida entre los diver- 
sos seres de la naturaleza, que obra, aun a dis- 



(14) J. Jijón y Caamaño. — "La Religión del Imnerio 
de los Incas.-- Vol. I.— Quito.— 1919. 

IOS 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



tancia, de un modo místico y sobrenatural, y go- 
bierna el universo, que es un ser subsistente, 
una sutil esencia que no puede ser manejada sino 
por quienes la poseen, inmanente en el mundo, 
encarnable en todos los seres, constitutiva de una 
cualidad trasmisible, contagiosa y activa, que ha- 
ce sagradas muchas de las cosas que la poseen, y 
da poder a los dioses, a los hombres extraordina- 
rios, a los magos y a ciertos animales. 

Como quiera que sea, se comprende cuan 
grande debía ser el influjo de los hechiceros, ma- 
gos o brujos a quienes se creía dotados de tan 
maravillosos poderes. 

Quizás el terror de los indios por las almas de 
los difuntos provenía de que consideraban que la 
muerte se debía a conjuros mágicos. El alma 
desprendida del cuerpo ejercía su ciega vengan- 
za en los vivos. 

Practicaban los brujos Achaguas un género 
de hechicería que ha sido conocido y usado por 
los nigromantes de todos los pueblos, de tal modo 
que en pleno siglo XVII se le ensayó, como es sa- 
bido, en el Rey de España Carlos II. "Procuran 
haber, dice el Padre Rivero, alguna prenda de 
aquel a quien desean matar; conviene saber: ca- 
bellos, saliva o cosas semejantes; esto lo re- 
vuelven con unos polvos encarnados que llaman 
chica, que meten después de un calabazo pe- 
queño; llaman a esta mixtura carraje, mojan o 
camerico. Hecha esta diligencia, invoca el he- 
chicero en grandes voces al demonio y permi- 



109 



PEDRO M. ARCAYA 



"tiéndolo Dios así, muere el ausente, más por ma- 
licia de Satanás que por virtud y eficacia del 
"hechizo que, como se ve claramente, no puede 
"tener autoridad para quitar la vida, ni aun al 
"que está cerca por no contener veneno alguno es- 
"tos polvos". (15) Lo más particular es que estas 
farsas las toman en serio los modernos investi- 
gadores de fenómenos psíquicos, clasificando el 
fenómeno como de exterioriz ación de la sensibili- 
dad. (16) 

Abundan los testimonios del terror de los in- 
dios por los espíritus de los muertos y de su cre- 
encia de que las almas eran entidades materiales, 
aunque por lo común invisibles: "Creen los Be- 
"teyes (de quienes a nuestro entender eran afi- 
"nes los Jirajaras de Venezuela) dice el Padre 
"Rivero (17), en la inmortaliad de las almas, pe- 
"ro no se extiende su capacidad a pensar que 
"hay cielo o cosa equivalente a él, ni infierno 
"ni purgatorio a donde pueden ir después de 
"esta vida, sólo piensan que el alma del que 
"muere se queda allí cerca de sus ranchos; y por 
"esta causa su principal cuidado es no privar a 
"la pobre alma de su alivio en el estado de la 
"separación, y a este fin hacen una sepultura 
"grande en la cocina de la casa del muerto, y 
"allí lo entierran con todos sus menesteres y equi- 
pajes, para que no le falte nada en la otra vida; 



(15) Obra citada, pág. 106. 

(16) Joire.— "Les phenoménes psychiques et super- 
normaux. 

(17) Obra citada, pág. 346. 

110 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"el arco, flechas y macanas para defenderse, to- 
"tumas para beber, calabazo para coger agua, 
"y finalmente todo su ajuar y bienes que poseía 
"vivo, para que parta consolado de este mundo. 
"Hecha esta diligencia, pensando que el sitio 
"donde vivía tiene la culpa de esta muerte y 
"desgracia fatal, lo desamparan luego y mudan el 
"pueblo a otra parte donde se aseguran de la 
"muerte". 

Probablemente el secreto de las artes mági- 
cas se trasmitía de padres a hijos en algunas fa- 
milias, y si en ellas descollaba alguno que a sus 
supuestos poderes mágicos sumase dotes de carác- 
ter propias para hacerlo un caudillo, prontamen- 
te se elevaba a la dignidad de régulo, merced al 
respeto supersticioso que lograba captarse. No 
sería quizás al principio el señor absoluto, pero 
sí el jefe no discutido de la nación. Esto 
traía consigo la unidad para ciertas empresas, 
y estaban así puestas las bases para el desarrollo 
de una civilización autóctona y de una realeza 
teocrática. Tal fué, en síntesis, el proceso que 
originó las civilizaciones americanas precolom- 
bianas: la azteca, la chibcha o muisca y la pe- 
ruana, e igual cosa ha sucedido en los más di- 
versos pueblos de la tierra. El punto ha sido 
admirablemente puesto en claro por Spencer. (18) 
Entre los Amazulús, nos refiere, un jefe hechi- 
za al otro antes de combatirlo. El rey de los 
Albos reunía antes de la sequía a sus subditos 



(18) Obra citada. 

111 



PEDRO M. ARCAYA 



y les decía cuánto sentía que su conducta le hu- 
biera obligado a imponerles el mal tiempo, pero 
que ellos tenían la culpa. En Loango se creía 
también que el rey mandaba el tiempo. Huilzilo- 
poltchli, el fundador del imperio mejicano, era 
tenido por un gran mago y hechicero. Cada rey 
mejicano al subir al trono había de jurar que 
obligaría al sol a seguir su curso, a las nubes a 
llover sobre la tierra, a hacer correr los ríos y 
a madurar los frutos. Un soberano chibcha que 
reprochaba a sus subditos su falta de obediencia 
les decía que ellos sabían muy bien que tenía 
poder para enviarles una epidemia, producir la 
viruela, el reumatismo, las calenturas o para ha- 
cer crecer toda la yerba, legumbres o plantas 
que pudiesen desear. Agrega Spencer que anti- 
guos documentos egipcios dan indicaciones de 
una creencia primitiva parecida. Después de la 
apoteosis de Thatmes III considéresele como el 
buen dios de la comarca, que preservaba de la 
mala influencia de los espíritus del mal y de 
los magos. Lo mismo sucedía entre los judíos; los 
escritos rabínicos están llenos de los relatos 
de la ciencia y el poder mágico de Saomón. Las 
tradiciones de los pueblos europeos suministran 
hechos análogos. Parece que Odín, el soberano 
escandinavo, era un hechicero, lo mismo que 
Niort y Frey, sus sucesores. De esas ideas pro- 
cedía y duró hasta el siglo XVII, la creencia en 
el supuesto poder de los reyes de Francia para 
curar ciertas enfermedades con tocar a los enfer- 
mos. 



112 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Generalmente, agrega el sabio sociólogo in- 
glés, el jefe y el hechicero no eran la misma per- 
sona, y entonces existía entre los dos cierto an- 
tagonismo, pero cuando el jefe añadía al poder 
adquirido por medios naturales el otro preten- 
dido poder sobrenatural, su autoridad se aumen- 
taba considerablemente. 

Manaure, el cacique principal de los Caque- 
tíos, era el jefe hechicero en quien se reunían 
todas las condiciones que hemos apuntado para 
precipitar la formación de una realeza y el co- 
mienzo de una civilización. A no ser por la con- 
quista española, pronto se habría formado en el 
Noroeste de Venezuela una especial cultura ca- 
quetía. Manaure, o alguno de sus hijos, habría 
sido el Rey Sacerdote, fundador de una dinastía 
sagrada. Con la creación del poder político ha- 
brían venido las vastas empresas, las guerras 
victoriosas para someter las tribus vecinas, las 
grandes construcciones, la fundación de ciuda- 
des y la creación de artes e industrias origina- 
les. Refiriéndose Castellanos al notable Caci- 
que, se expresa así: (19) 

"Fué Manaure varón de gran momento, 
"De claro y de sagaz entendimiento. 
"Tuvo con españoles obras blandas, 
"Palabras bien medidas y ordenadas; 
"En todas sus conquistas y demandas 
"Temblaban del las gentes alteradas; 
"Hacíase llevar en unas andas 



(19) Elegías, pág. 183. 

113 



15—1 



PEDRO M. ARCAYA 



"Con chapas de oro bien aderezadas, 
"Y el amistad y paz después de hecha 
"La tuvo con cristianos muy estrecha. 
"Usaba de real magnificencia 
"Sin se le conocer parecer vario, 
"A sanos y a subyectos a dolencia 
"Siempre les proveyó lo necesario: 
"De tal manera que sin advertencia 
"Se hizo poco a poco tributario; 
"Pero jamás disgusto ni molestia 
"Pudieron perturballe su modestia. 
"Nunca vido virtud que no loase, 
"Ni pecado que no lo corrigiese; 
"Jamás palabra dio que la quebrase, 
"Ni cosa prometió que no cumpliese; 
"Y en cualquier lugar que se hallase 
"Ninguno le pidió que no le diese; 
"En su mirar, hablar y en su manera, 
"Representaba bien aquello que era 

"Fué siempre del Ampies amigo caro 
"Satisfaciendo bien sus voluntades, 
"I)e todos clementísimo reparo 
"Y socorro de sus necesidades; 
"No supo de sus bienes ser avaro 
"Ni mudó jamás las amistades: 
"Fué fiel en palabras y en el hecho; 
"Y libre de maldad siempre su pecho." 

Los Caquetíos le suponían a Manaure el mis- 
mo poder sobrenatural a que se refieren las ci- 
tas de Spencer: "por ser tan gran señor, es- 



114 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"cribía Ampies al Monarca español, se hace ado- 
"rar como Dios, dando a entender a los indios 
"que él da los temporales". (20) "Este principa) 
"(Mananre) sujetaba y mandaba toda aquella 
"provincia, dice el Padre Aguado (21) y era muy 
"poderoso y por este respecto muy temido, y aun 
"tributado de todos sus circunvecinos con lo cual 
"fácilmente les había hecho creer que él era el 
"autor y hacedor de muchas cosas que la tie- 
"rra y elementos naturalmente producen por la 
"ordenación divina, como son las lluvias, grani- 
tos, truenos y relámpagos y heladas y secas; y 
"como del caer estas cosas a sus tiempos depen- 
"den los buenos temporales y fructificación de 
"la tierra y el tener sustento las gentes, aque- 
llos naturales temían con muy amedrentados 
"ánimos el poder de este principal, y así cuasi 
"lo tenían por Dios, acatándolo y reverencián- 
dolo con extremo grado y procurando estar to- 
"dos sujetos a su voluntad, en tanto grado que 
"cuando había de ir fuera de su casa o pueblo 
"a algunas recreaciones o pasatiempos, o a gue- 
"rras, era llevado por los más principales de sus 
"sujetos cargado en los hombros en un género de 
"lecho que corrientemente llamaban hamaca..." 
Manaure era, pues, un diao, esto es, como nos 
explica Oviedo y Valdez "señor principal que 
"tiene muchos indios y le son subjetos otros 



(20) Carta publicada en los Documentos de la 
"Historia" de Oviedo y Baños, edición Fernández Duro, 
tomo II. 

(21) Historia de Venezuela. — Edición de Caracas, 
tomo I, pág. 40. 



115 



PEDRO M. ARCAYA 



"caciques". (22) Mas ya hemos visto el signifi- 
cado de esta palabra en las lenguas nuarhuacas: 
médico hechicero por excelencia. El diao era, 
así, más que el simple médico hechicero a quien 
llamaban boratio; sus poderes mágicos le daban el 
carácter de jefe de la tribu o tribus de su raza. 

De allí que las exequias o funerales del diao 
se diferenciasen entre los Caquetíos de las que co- 
rrientemente se hacían a otros caciques que no 
alcanzaban tan elevada dignidad. Cuando mo- 
ría alguno de estos últimos, según e\ propio Ovie- 
do y Valdez, se juntaban todos los indios del pue- 
blo y de las comarcas vecinas, llorándole de noche 
"en tono alto y cantando, y diciendo en aquel can- 
utar lo que hizo mientras vivió." Quemaban el 
cadáver al día siguiente, cuidando sacar del fue- 
go los huesos hasta que se volviesen ceniza, 
y los machacaban entre dos piedras, hasta redu- 
cirlos a polvo con el cual preparaban una es- 
pecie de mazamorra que bebían. "Esta es la ma- 
"yor honra y solemnidad de obsequias que en- 
"trellos se puede hacer, excepto otra que ade- 
lante se dirá, que se hace a los otros que son 
"mayores señores, y que mandan a los caci- 
ques " Estos eran los díaos y sus exequias 

eran así: (23) "en su casa principal en que vivía 
"cuélganle en el aire en medio de ella en una 
"hamaca atada en un postel a otro de palo u 
"horcones y están hincados en tierra; y está al- 



(22) Oviedo y Valdez. — Obra citada, tomo II, pág. 
297 

* (23) Obra y tomo citados,, pág. 300. 

116 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 

"to de tierra seys o siete palmos y pénenle de- 
"baxo mucha brasa con llama: y de día y de 
"noche ha de estar esta brasa viva debaxo del 
"cuerpo hasta tanto que poco a poco se deshaina 
"y se enxuga todo; de manera que no le queda si- 
"no el cuero y los huessos. Y quando está bien 
"enxuto, ponen el cuerpo en una hamaca nueva, 
"y dexanlo estar allí en el bohío colgado en su 
"hamaca, ■ como si estuviesse un hombre echado 
"durmiendo. Y en aquella casa no ha de vivir 
"ninguno de allí adelante; y quando aquella ha- 
"maca se envejece, su hijo y subcesor en el Es- 
"tado le hace poner otra nueva; e assi le guardan 
"hasta que ven que por discurso de tiempo a ca- 
"bo de muchos años el cuerpo se descoyunta o se 
"apartan los miembros unos de otros. Entonces 
"hacen llamamiento general por toda su tierra o 
"señorío y por las comarcas, haciendo saber a 
"sus vasallos y vecinos y amigos y aliados como 
"quieren beber los huesos del diao de tal señorío, 
"y vienen todos y allégase mucha gente y van 
"todos donde está el cuerpo envixados y pinta- 
"dos de bixa y de xagua que allí llaman busera, 
"Y ponénse las mayores joyas y sartas e otras 
"piezas de oro que tienen, y atavíanse de la ma- 
"nera que mejor lo saben hacer ;y beben dos o 
"tres días a reo aquel macato que dicho es o vino 
"que se hace de mahiz, y echan en ello los hue- 

"sos molidos del diao " 

Por lo demás, lo de señorío, Estado y vasallos 
que dice el cronista no debe entenderse a la le- 
tra. Ya hemos explicado que todavía no había 

117 



PEDRO M. ARCAYA 



entre los indios de Coro, ni aun en los demás de 
Venezuela, organización política. El diao era 
más bien respetado y temido como hechicero 
que obedecido como jefe, aunque estaba ya próxi- 
ma a realizarse la evolución a que hemos aludi- 
do que habría conducido a la formación de una 
monarquía teocrática. . 

Con las ideas religiosas de los indios, de que 
como acabamos de ver procedía el influjo de sus 
Caciques magos, se relacionaban también algu- 
nas otras prácticas que nos refiere Oviedo y Val- 
dez. (24) Tal era la del ayuno que hacían "al- 
gunos días antes que vayan a la guerra, o quan- 
"do han de sacrificar o hacer alguna cosa de las 
"quellos tienen de mucha importancia". Ayuna- 
ban el jefe de la familia y todos los suyos, ex- 
cepto los niños, tan rigurosamente que quedaban 
"muy flacos y descoloridos, y con necesidad de 
"ser bien proveydos e sostenidos para restaurar 
sus personas en el estado primero". 

Ya hemos dicho antes que todos los indios, in- 
clusive los Caquetíos, andaban desnudos, pero los 
hombres usaban la conocida taparita para cubrir 
"aquella parte más deshonesta de su persona" 
dice Oviedo y Valdez, y las mujeres unas bra- 
gas "que es una mantilleja o trapo de algodón 
"tan ancho como dos palmos, e mas o menos, 
"prendido en una cuerda que se ciñen; e aquel 
"trapo baxa sobre las nalgas, e metenlo entre las 
"piernas, e súbenlo a prender en la mesma cin- 



(24) Obra citada, tomo II, pág. 329. 
118 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"tura. . . pero las mujeres que son doncellas e 
"no han conocido varón, e para que se conozca su 
"virginidad, hacen así. Traen las bragas como las 
"otras mugeres, y echanse al cuello una cuerda, 
"y los cabos della témanlos adelante e crúzanlo 
"en la boca del estómago, y desde allí el uno va a 
"se atar al hilo de la cintura en el lado izquier- 
"do o cadera, y el otro en la otra cadera e hilo 
"mesmo de la cintura. ... y ponen otro hilo por 
"detrás atado al cuello, e baxa derecho por la 
"canal de las espaldas, e atájase en el hilo de la 
"cintura ques dicho, en que anda aquella su bra- 
"ga; y es tan cierta señal de ser virgen la moza 
"o mujer que esta insinia trae, que indubitada- 
mente ninguna otra la trae...." 

Había ya cierta rudimentaria distinción, se- 
gún las proezas realizadas en las cortas guerras 
que se hacían las tribus. Poníase de manifiesto 
por medio de tatuages en el cuerpo, y ciertas in- 
signias, como pedazos de piel de tigre y collares 
de huesos humanos: "desde el principio dessas 
'pinturas van de grado en grado como he dicho, 
'aumentando su hidalguía e nobleza, e ningu- 
'no tiene necesidad ni atrevimiento de se antici- 
'par ni pintar en esos grados, sino procediendo 
'la orden general ques dicho ..." Sin embargo, 
es posible que las diferencias del tatuage co- 
rrespondiesen más bien a distinciones de clanes. 

Respecto de las instituciones familiares de los 
indios de Coro nada nos dicen los cronistas, pe- 
ro sin duda practicaban la poligamia al estilo de 
sus afines de Casanare y el Meta. Mas sí sabe- 



119 



PEDRO M. ARCAYA 



mos que a lo menos los Caciques celebraban sus 
bodas con grandes fiestas. 

Todos estos indios eran agricultores. Sin 
duda usaban el riego cuando no era muy difícil 
rasgar alguna acequia. Hay datos que hacen 
creer que el terreno de la actual ciudad de Coro 
lo regaban con las aguas del río que corre entre 
ella y La Vela. 

Comerciaban los Caquetíos, probablemente tro- 
cando sal por otros objetos que necesitaban. Ser- 
víanse como de monedas de ciertas conchas mari- 
nas, según el alemán que escribió la carta o rela- 
ción que dejamos citada en el capítulo segundo. 
Ya hemos visto que él admiraba las cosas pri- 
morosas que con sus toscos instrumentos labra- 
ban estos indios. De esos objetos del arte pri- 
mitivo casi nada se conserva en Coro. 

Tejían también los Caquetíos hamacas y te- 
las. Estas probablemente eran las de algodón 
llamadas maure que todavía se tejen en el Dis- 
trito Buchivacoa y son excelentes. 

Construían embarcaciones, suficientes por lo 
menos para viajar de las costas de Coro a Cu- 
razao, isla con la cual estaban en comunicación. 

Tal era el concepto de superioridad en que las 
demás naciones del occidente de Venezuela te- 
nían a los Caquetíos que les atribuían la cons- 
trucción de las calzadas que se encuentran en 
jurisdicción del Estado Zamora. Ya para 
el siglo XVII se había formado en este par- 
ticular la leyenda de que fueron hechas para que 



120 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



pudiera pasar Manaure por los llanos inundados, 
cuando se retiró de Coro, poco después de ins- 
talados allí los alemanes. Sin embargo, no pa- 
rece que los Caquetíos, aun siendo evidentemente 
menos incultos que los otros indios, pudiesen lle- 
var a cabo obras semejantes que requerían una 
organización política y social más desarrollada. 
Sin duda esas obras son restos de una civilización 
desaparecida en la noche de los tiempos preco- 
lombinos. 



121 

16—1 



CAPITULO QUINTO 

DESCUBRIMIENTO DE LAS 
COSTAS CORIANAS 

PEIMEROS VIAJES DE LOS ESPAÑOLES 

Cristóbal Colón descubrió la América el 12 
de octubre de 1492 y las costas orientales de la 
actual República venezolana el 1° de agosto de 
1498, más no llegó hasta las de Coro. Los pri- 
meros europeos que a ellas arribaron fueron 
Alonso de Ojeda u Hojeda y sus compañeros, en 
1499. 

Ojeda, nacido el año de 1470 en Cuenca, y 
criado del Duque de Medinaceli, después de ha- 
ber acompañado a Colón en su segundo viaje, 
volvió a España, y aprovechando la general li- 
cencia para descubrir y rescatar en Indias que 
los Reyes Católicos habían concedido en 1495, 
y quizás con permiso especial del Obispo Fon- 
seca que por mandato de ellos intervenía en lo 
concerniente a los países nuevamente descubier- 

123 



PEDRO M. ARCAYA 



tos, organizó una expedición de expertos nave- 
gantes y hombres valerosos, para acometer la 
arriesgada empresa de explorar las remotas e 
incógnitas comarcas del Nuevo Mundo. 

Con una sola carabela salió de Santa Cata- 
lina, cerca de Cádiz, el 18 de mayo de 1?>99, 
y no con cuatro ni el 20, como desde Fray Bar- 
tolomé de las Casas habían venido escribiendo los 
más de los historiadores europeos y americanos. 
Dirigióse a las costas de Berbería (Marruecos) 
donde agregó a su expedición otra carabela que 
iba de Huelva, bien fuese que la robara, como 
después lo afirmaron algunos de sus mismos com- 
pañeros, bien, y es lo más probable, que, como 
lo declararon otros, dispusiera de ella mediante 
trato con sus dueños. Imputábasele así mismo 
que en Cádiz se había apropiado un batel ajeno, 
que también quiso apoderarse de la nao "La 
Gorda", y que en la costa de África despojó a 
otras de cables, velas y aparejos. 

Como quiera que sea, ya con dos carabelas 
siguió Ojeda a Canarias. Visitó a Lanzarote. 
Fuerteventura, Gran Canaria, Tenerife y Gome- 
ra, reiterando en estas dos islas, aunque sin éxi- 
to, sus tentativas para apoderarse de "La Gor- 
da" que ya había llegado a dicho archipiélago. 
Por último, desde Gomera lanzáronse los expedi- 
cionarios al ancho Atlántico. Rápida y felizmen- 
te lo cruzaron. 

Mas antes de referir su arribo al Nuevo Mun- 
do conviene decir quiénes eran ellos, además de 
Ojeda. 



124 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



El piloto principal era Juan de la Cosa, viz- 
caíno, vecino del Puerto de Santa María, no le- 
jos de Cádiz. Ya él había atravesado el Océa- 
no con Colón. Peritísimo cosmógrafo, dibujó el 
primer mapa que se conoce de los países recién 
descubiertos. 

Venían también allí un Juan Velázquez, aso- 
ciado, a lo que parece, con Ojeda en los gastos 
y provechos de la empresa, un Don Hernando 
de Guevara, Capitán de la carabela menor, pues 
la otra la mandaría, sin duda, el propio Ojeda, 
un Juan Sánchez o López, un tal Chamorro y 
Francisco de Morales, pilotos subalternos de Co- 
sa, el cirujano Alonso, un Trujiilo, Miguel de 
Córdoba, estante en Sevilla, Miguel de Toro, Juan 
de Alegría y Figueroa, vecino de Fregenal, Pedro 
y Ochoa, "mozos y criados de Ojeda", Juan Luis, 
Juan Pintor, Gonzalo de Jerez, vecino de Sevi- 
lla, el maestro Bernal, boticario, Pedro Mateos, 
contramaestre y condueño de la carabela de 
Guevara, un tal Recuenco, vecino de Marchena, 
un Cordero y un Bartolomé García, vecinos del 
Puerto, los marineros Juan Alonso (vizcaíno), 
Alonso Gómez, Juan García, Juan Rodríguez y 
dos portugueses más; Juan de Valencia, Antón 
García, un geno vés de apellido Bota, Andrés de 
Morales, el tonelero Simón, el calafate vizcaíno 
Pedro de Laredo, Nicolás Pérez, Diego Mora- 
les, Diego Fernández Colmenares, algunos más 
de quienes no queda memoria, y por último el 
que se hizo más célebre, aunque no justamen- 
te, entre los descubridores de nuevas tierras, des- 



125 



PEDRO M. ARCAYA 



pues de Colón, es a saber: Amerigo o Emerigo 
Vespucci, que logró imponer su nombre al con- 
tinente que habitamos. 

Vespucci, natural de Florencia, vivía en Se- 
villa, empleado o factor, a lo que se cree, en la 
casa mercantil de Juan Berardi. Allí conoció 
a Colón, y tomó gran interés en las expedicio- 
nes que se hacían al Nuevo Mundo, especial- 
mente por haber intervenido, desempeñando su 
cargo en la casa citada, en el despacho de ar- 
mamentos y provisiones para esas empresas. Es- 
tudió, o sabía ya, algo de náutica. Hombre por 
lo demás audaz e inteligente, ansioso de conquis- 
tar fama y nada escrupuloso en los medios. Ig- 
nórase qué cargo traía con Ojeda, aunque se 
tiene por averiguado que no desempeñaba en la 
expedición papel importante alguno. Observa- 
dor acucioso, tomó nota de lo que vio, para es- 
cribir después, en latín, las dos primeras de sus 
"Cuatro Navegaciones" (Quator Americi Ves- 
putii Navig aliones), en la primera de las cuales 
fingió haber hecho un viaje al Nuevo Mundo en 
1597, presentándose así como el primer descu- 
bridor de sus tierras continentales, no visitadas 
por Colón hasta 1&98, y en la segunda narró 
otro viaje en 1&99, sin nombrar para nada a 
Ojeda, cuando la verdad era que acompañán- 
dolo, y en el último año indicado, vio por pri- 
mera vez las costas del Nuevo Continente. Los 
incidentes de este viaje verdadero los colocó, mez- 
clando arbitrariamente datos ciertos con fábulas 
y mentiras, como sucedidos en loe imaginarios de 



126 



HISTORIA DEL ESTADO PALCON 



sus narraciones. Inferior no sólo a Colón sino 
también a Juan de la Cosa, adquirió, sin em- 
bargo, con sus escritos, gran fama y renombre en 
su tiempo. Mas la obra del fraude no es dura- 
dera, y ahora se sabe toda la verdad de lo ocu- 
rrido. Con todo, las antedichas Relaciones del 
florentino y una carta, más sincera, que escri- 
bió el 18 de julio de 1500 a Lorenzo de Medi- 
éis, constituyen documentos preciosos acerca de 
la empresa de Ojeda, si se aprovecha, con sagaz 
crítica, lo verdadero que en esos documentos se 
contiene. 

Volviendo a nuestro relato, ya dijimos que 
Ojeda y sus compañeros llegaron rápidamente a 
las costas del Nuevo Continente. Dónde arri- 
baron? "En la tierra que se dice Paria" decla- 
ró Juan Velázquez en Santo Domingo al térmi- 
no de esta misma expedición. "En la tierra de 
Gracia que el señor Almirante descubrió", según 
el cirujano Alonso en la misma oportunidad. Mas 
según una declaración posterior del propio 
Ojeda en 1515, en pleitos de Colón, él des- 
cubrió al medio día la Tierra Firme, y corrien- 
do hasta doscientas leguas salió por la Boca de 
Dragos, y allí conoció que el Almirante había 
estado en la isla de Trinidad; así pues, su arri- 
bo debió ser por las costas de la actual Guaya- 
na holandesa o de la francesa. No es creíble, 
atendido el corto tiempo que empleó después pa- 
ra llegar al litoral de Coro y Maracaibo, que hu- 
biera cruzado la línea equinoccial hasta tocar 
tierra al Sur del Amazonas y torcer luego al 



127 



PEDRO M. ARCA YA 



Norte, como se empeña en sostenerlo un escritor 
de nuestros días, el señor Ispizua. 

Como quiera que sea, Ojéela desde donde lle- 
gó, y quizás después de una corta vuelta al Este, 
tornó definitivamente al Oeste, costeando hasta 
las regiones llamadas ele Paria, recién descubier- 
tas por Colón. De allí siguió en la misma dirección, 
siempre hacia el Oeste, hasta llegar a un sitio 
que los expedicionarios apellidaron Puerto Fle- 
chado, y que los historiadores modernos sostie- 
nen corresponder al ahora llamado de Chichi- 
riviche, entre La Guaira y Ocumare, aunque más 
probablemente es Puerto Cabello. Allí sostuvo 
Ojeda un rudo combate con los indios. Debió- 
se sin duda el suceso, más que al salvajismo de 
éstos, como opina Ispizua, a que el español, se- 
gún declaró Juan Velásquez, "en las partes don- 
"de lo recibían bien dañaba y mataba y facía 
"todo ei mal que podía en las gentes dellas", o 
como depuso el cirujano Alonso, "el dicho Ojeda 
"hacía algunas cosas indebidas, por donde las 
"gentes de aquella tierra se alborotaron contra 
"los christianos y en algunas partes pelearon e 
"mataron muchos indios y los dichos indios ma- 
"taron un christiano y firieron muchos". Esto 
último sucedió en Puerto Flechado. Más de vein- 
te de los expedicionarios fueron heridos, y muer- 
to uno de ellos, a lo que parece un portugués ma- 
rinero. 

Según Fernández de Navarrete, de Puerto Fle- 
chado (Puerto Cabello?) siguió Ojeda a algu- 
na de las ensenadas que quedan antes de llegar 



128 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



al sitio de la actual ciudad de La Vela, del Es- 
tado Falcón. Es posible que a Tucacas o a San 
Juan de los Cayos, quedando así descubiertas 
por los europeos las costas corianas. Esto de- 
bió de ser a fines de julio o primeros días de 
agosto de 1499. 

De allí se dirigieron las carabelas a una isla, 
la actual Curazao, que llamaron de los Gigantes, 
nombre que conservó bastante tiempo y que, se- 
gún antes hemos visto, se extendió también a las 
islas vecinas de Bonaire y Aruba, como ella po- 
bladas de Caquetíos. 

En Curazao ocurrió un incidente que narra 
así Vespucci en su carta, ya citada, de 1500: 
"Fuimos navegando a una isla, distante de la 
"costa quince leguas, y como parecía la tierra 
"de buena disposición salimos a ella once hom- 
"bres. Hallamos un camino y fuimos por él dos 
"leguas y media. Llegamos a una población 
"compuesta de unas doce casas, en las que sólo 
"hallamos siete mujeres, de tan gran estatura, 
"que no había ninguna que no fuese más alta que 
"yo palmo y medio. Al vernos tuvieron gran 
"miedo y la principal de ellas, que parecía mu- 
"jer discreta, nos llevó por señas a una casa y 
"nos hizo tomar un refrigerio. Estábamos pen- 
cando en apoderarnos de dos de ellas, mozue- 
"las de unos quince años, para presentarlas al 
"Rey, como cosa extraordinaria por su talla, 
"cuando en la casa en que estábamos aparecieron 
"treinta y seis hombres, de tanta estatura que 
"cualquiera de ellos era tan alto de rodillas como 



129 

17-1 



PEDRO M. ARCAYA 



"uno de pié. En fin, eran de estatura gigante y 
"según la grandeza era la proporción de sus 
"cuerpos, de modo que las mujeres parecían Pen- 
"tesileas y los hombres Anteos. Al verlos nos en- 
"tró temor. Llevaban arcos y flechas, y palos 
"grandísimos a modo de espadas. Y como nos 
"vieron de pequeña estatura, comenzaron a ha- 
blar con nosotros para saber quien éramos y de 
"qué parte veníamos. Y nosotros contestamos 
"por señas, diciéndoles que éramos gentes de 
"paz y andábamos viendo el mundo." Agrega 
Vespucci que los españoles tomaron el partido de 
retirarse con disimulo, y volver a las naves. Ve- 
lásquez, en su declaración ya citada, habló del 
arribo de Ojeda a la isla de los Gigantes, donde 
había muy fino brasil; que el testigo le exigió 
recogiesen allí un cargamneto de esa madera 
(entonces de gran valor), y volvieran a España, 
mas Ojeda le expuso su plan, que era irse a Santo 
Domingo y apoderarse de los caudales del Almi- 
rante, cosa que le censuró Velásquez, quedando 
desde ese momento tirantes sus relaciones. 

En suma, la alta, aunque no extraordinaria 
estatura de los Caquetíos de Curazao, dio lugar 
a la fábula de Vespucci, y al nombre que se le 
impuso a esa isla y las dos vecinas. 

De Curazao hizo rumbo Ojeda a Paraguaná. 
Reconoció el Cabo con que termina, y que desde 
entonces se llama de San Román, y como la fiesta 
de este santo es el 9 de agosto, se presume que di- 
cho descubrimiento se verificó en esa fecha del 
año de 1499. Probablemente se detuvieron los 



130 



HISTORIA DEL ESTADO BALCÓN 

navegantes algunos días en Paraguaná y Aruba, 
y luego se dirigieron a la barra de Maracaibo, 
por la cual penetraron hasta el Lago que deno- 
minaron de San Bartolomé, por el día en que fué 
visto por primera, vez, y Venezuela a la comar- 
ca, porque las chozas de los indios estaban cons- 
truidas sobre pilotes y cercadas de agua. Sa- 
lieron, y tomaron por las costas de la Goagira, 
región que llamaron de Coquibacoa, o de Quiqui- 
bacoa, por el nombre indígena de uno de sus 
sitios. Este nombre se le dio también entonces 
al Golfo, y aun se extendió a todas las tierras 
que lo rodean, inclusive las de Paraguaná. Fué 
adelante Ojeda, cruzó el cabo de La Vela, y en 
el litoral ahora colombiano llegó hasta un sitio 
que bautizaron "Santa Eufemia", probablemen- 
te porque lo descubrirían el 3 de septiembre, fies- 
ta, de la Santa. De allí torció a la isla de San- 
to Domingo, de donde, al cabo de ruidosos inci- 
dentes, cuyo relato no interesa a nuestro obje- 
to, volvió a España, en el primer semestre de 
1500, dejando en la isla algunos de sus compañe- 
ros, entre ellos Velásquez y Alonso, quienes rin- 
dieron allí en su contra las declaraciones a que 
hemos aludido. (1) 



(1) Las fuentes respecto a esta expedición de Oje- 
da son, con las salvedades y explicaciones que hemos 
hecho en el texto, las Narraciones y Carta de Vespucci, 
y la Pesquisa que se abrió en contra de aquél, en San- 
to Domingo, a raíz de su expedición, en que declararon, 
como se ha dicho ya, Velásquez y Alonso. Las Narra- 
ciones de Vespucci las hemos consultado en la colección 
de Fernández de Navarrete (Viajes y descubrimientos que 
hicieron los españoles desde fines del siglo XT, tomo 

131 



PEDRO M. ARCAYA 



A la expedición de Ojeda siguió la de Cris- 
tóbal Guerra y Per Alonso Niño, que pocos días 
después salieron de la bahía de Cádiz en una ca- 
rabela de cincuenta toneladas, y acompañados de 
treinta y seis hombres. Tocaron más allá .de las 
costas de Paria. Torcieron al Norte, hasta la 
Punta de Paria de donde lo hicieron al Oeste, has- 
ta llegar a la isla de Margarita, donde rescata- 
ron perlas. Fueron de Margarita a las playas de 
Curiana, región que según Fernández de Ná- 
rrete, siguiéndose por ciertos documentos ema- 
nados de Ojeda, comprendía las costas de Cuma- 
ná y Golfo de Cariaco, pero que si nos atenemos 
a la relación de Pedro Mártir Angleria, autor 
contemporáneo de estos sucesos, estaría más al 
Occidente, comprendiendo, quizás, al litoral del 
actual Estado Anzoátegui, pues dice que Niño, 
"dejadas atrás las regiones Cumaná y Manaca- 
"pana, llegó a una región que dice llaman los in- 



3, pág. 191 y siguientes) y la Carta en la traducción 
que insertó Ispizua en la obra que abajo mencionamos. 
La Pesquisa contra Ojeda la publicó la Duquesa de Ber- 
wick en el libro: Autógrafos de Cristóbal Colón y pape- 
les de América, que no hemos tenido a la vista, pero 
si una copia de dicho documento que posee nuestra 
Academia Nacional de la Historia. Son también fuen- 
tes para el estudio del viaje de Ojeda, sus propias de- 
claraciones y las de varios de sus compañeros, rendidas 
en 1515. Las extracta Fernández de Navarrete en su obra 
ya citada, y las publicó íntegras la Real Academia de 
la Historia, de España, en la compilación Pleitos de 
Colón (tomo I). Entre los historiadores antiguos trata 
largamente de dicho viaje Fray Bartolomé de las Casas 
(Historia de las Indias, tomo III, capítulos 140 y 164 
a 168) quien desde entonces puso de manifiesto los frau- 
des de Vespucci. Entre los modernos lo refiere minu- 
ciosamente Fernández de Navarrete (Tomo 3, pág. 4 

132 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"digerías Curiana". De todos modos, ella sería 
diferente de la otra Curiana, todavía mucho más 
occidental, que corresponde a las costas del Esta- 
do Falcón. De Curiana siguieron Guerra y Ni- 
ño hasta Cauchieto (probablemente el litoral del 
actual Estado Carabobo). De allí navegaron al 
Occidente hasta llegar a un punto en que dice 
Pedro Mártir que se les presentaron "casi dos mil 
"hombres, armados a su modo, para impedirles 
"que desembarquen, los cuales se manifestaron 
"tan agrestes y fieros que no consintieron nunca 
"en tener con los nuestros comercio ni trato nin- 
"guno; y así éstos, contentándose con sus perlas, 
"se volvieron por donde habían ido, y se detuvie- 
ron otros veinte días con los de Curiana, comien- 
"do muy bien." 

En una relación italiana de este viaje, pu- 
blicada en Milán en 1508, y que tuvo a la vista 
Fernández de Navarrete, se agrega que en el si- 



y siguientes), y entre los de nuestros días el señor Ispi- 
zua, que ha dedicado todo un libro al estudio de aque- 
lla célebre expedición (el tomo I sobre Venezuela del 
volumen IV de su obra Los Vascos en América). No- 
tables son la erudición y acuciosidad de este autor, 
pero, con todo, incurre en varios errores, como. son los 
siguientes que conviene advertir: lo. Su empeño en sos- 
tener que Ojeda y Juan de la Cosa llegaron hasta el 
hemisferio austral; 2o. Su aseveración de que Puerto 
Flechado, que tenía "isleos" delante, es el actual Chi- 
chiriviche, entre La Guaira y Ocumare, cuando allí no 
hay tales "Isleos", mientras la circunstancia de ha- 
berlos y otras consideraciones, conducen a la conclusión 
de que Puerto Flechado es Puerto Cabello; 3o. Su con- 
fusión respecto al Golfo Triste, que es el de Tucacas, 
pero que Ispizua toma por el espacio de mar que 
media entre las costas de tierra firme y las orientales 
de la Península de Paraguaná (de paso advertimos que 

133 



PEDRO M. ARCA YA 



tío a que alude Mártir, extremo occidental de 
¡a navegación de Guerra y Niño, había "casas y 
''castillos", (fábula evidente), y además un río y 
jardines ele tal belleza que jamás habían visto 
paraje tan delicioso. Presume Fernández de Na- 
varrete que este sitio era el mismo de Puerto Fle- 
chado, y parece que lo sitúa, ahora en el Chi- 
chiriviche de Falcón (distinto del que antes he- 
mos citado), porque dice que "para recabar a 
"aquel puerto tuvieron que atravesar el Golfo 
"Triste". Mas ya hemos visto que Puerto Fle- 
chado debía ser el actual) Puerto Cabello, de mo- 
do que si hasta allí nada más llegó Guerra por 
el litoral, no tocó en ningún sitio de las costas fal- 
conianas. Sin embargo, es posible que pasasen 
más allá de Puerto Flechado, y entonces quizás 
arribarían hasta Tucacas. Según la relación del 
Padre Casas estuvieron hasta mucho más al oc- 



ia indicación "m. alto" que respecto a ese espacio trae 
el mapa de Juan de la Cosa, significa, sin duda, que 
navegando por ahí observó él un "monte alto", lo cual 
es cierto, porque el monte es el cerro de Santa Ana de 
Paraguaná); 4o. Su aserto de que la Isla que desde el 
viaje de Ojeda se llamó de los Gigantes no era Cura- 
zao sino Bonaire. Este error deriva de que en el mapa 
de Venezuela por Muñoz Tébar, que tuvo a la vista Iz- 
pizua, no aparece la isla de Aruba, que queda al Norte 
de Paraguaná, y sí las de Curazao y Bonaire, que le 
quedan al Este. Como en el mapa de Juan de la Cosa 
no figuran sino dos islas: "Gigantes" y "Brasil Gujan", 
aquella la más oriental, creyó Izpizua que estas eran 
las dos del mapa de Muñoz Tébar: Curazao y Bonaire, 
y por consiguiente esta última, como más oriental, la 
de los Gigantes. Estudiando un mapa completo de esa 
parte del Mar Caribe se observa que las dos islas que 
dibujó Juan de la Cosa son las de Curazao (Gigan- 
tes) y Aruba (Brasil Gujan). 

134 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



ci dente, pues la Curiana que arriba nombramos 
es, según él, Coro, lo cual no parece exacto, sino 
que, como dice Fernández de Navarrete, había 
dos Curianas. 

De las costas de Cumaná hicieron rumbo a 
España Guerra y Niño en febrero de 1500, y lle- 
garon allá en abril del mismo año. (2) 

Siguió a esta la expedición de Rodrigo de 
Bastidas, vecino de Sevilla, quien hizo un 
asiento, aprobado por los Reyes Católicos el 5 de 
junio de 1500, por el cual se le dio licencia "para 
"que con dos navios vuestros vays a vuestra cos- 
"ta y myncion a descubrir e descubráis yslas e 
"tierras firmes a las partes de las Indias e a 
"otra qualquier parte con tal que no sean de las 
"yslas e tierra firme que fueron y que son des- 
"cu viertas por el almirante Don Christoval Colón 
"nuestro almirante de dicho mar océano e por 
"Christoval Guerra...." De todo lo que Basti- 
das obtuviere, deducidos los gastos, le tocaría a 
los Reyes la cuarta parte. Salió de Cádiz la ex- 



(2) Respecto de este primer viaje de Guerra y 
Niño hemos tenido a la vista, especialmente, a Pedro 
Mártir Angleria en la traducción castellana que bajo el 
nombre de Fuentes históricas sobre Colón y América pu- 
blicó en 1892 D. Joaquín Torres Asensio (tomo I, pági- 
nas 301 a 312), y Fernández de Navarrete (Obra y tomo 
citados antes). El dato de que el viaje lo hicieron en 
una carabela de cincuenta toneladas lo hemos tomado 
de un documento inédito cuya copia existe en nuestra 
Academia Nacional de la Historia, o sea un Memorial 
del propio Cristóbal Guerra cuando se aprestaba para 
su tercera expedición. También hemos ^consultado a 
Fray Bartolomé de las Casas (Obra y tomo citados an- 
tes, capitulo 171), y las declaraciones sobre el propio 
viaje de Guerra en los Pleitos de Colón. 

135 



PEDRO M. ARCAYA 



pedición en octubre del propio año. Acompaña- 
ba a Bastidas el mismo Juan de la Cosa que an- 
tes vino con Ojeda. Según Fernández de Nava- 
rrete, "reconoció el Golfo de Venezuela, y las 
"tierras del Sur y al Oeste de Coquibacoa", y 
agrega que del cabo de La Vela continuó Bas- 
tidas más de ciento cincuenta leguas la vía del 
Sudoeste, terminando después su descubrimiento 
"por los diez grados de altura en el puerto del 
"Retrete o de Escribanos y del Nombre de Dios". 
Según esto, no llegó Bastidas a las costas de Co- 
ro, mas Fray Bartolomé de las Casas fija otro 
itinerario: "Navegaron, dice, a la tierra firme 
"por los rumbos y caminos que el Almirante, 
"cuando la descubrió, había llevado, hasta que 
"tomado el hilo della fuéronla costeando. . . y lle- 
gados al golfo y provincia de Coquivacoa, que 
"agora llamamos Venezuela, navegaron la costa 
"abajo." Por consiguiente, Bastidas debió pasar 
por las costas de Coro antes de llegar a las de la 
actual República de Colombia. Por otra parte, y 
mediante un examen atento de un documento pu- 
blicado por el propio Fernández de Navarrete, a 
saber: la "Ejecutoria en la causa de Alonso de 
Hojeda" (relativa a su segunda expedición que 
luego narraremos), se puede afirmar que Basti- 
das, viniera o no desde Paria, estuvo en Curiana, 
o sea en la región así llamada correspondiente 
a las costas del actual Estado Falicón, y especial- 
mente en la Península de Paraguaná. En efec- 
to, de dicho documento resulta habérsele hecho 
cargo a Ojeda "que llegando a Curiana, que es 



136 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"tierra firme donde descubrió Bastidas, el dicho 
"Alfonso de Hojeda, sin haber causa ni razón 
"para ello. . . peleara con los dichos indios que 
"estaban seguros resgatando con los christia- 
"nos". Ojeda sostuvo, y era verdad, que esa tie- 
rra "no la había descubierto el dicho Bastidas, 
"sino él el viaje pasado que viniera a descubrir", 
pero no negó, porque también sería verdad, que 
Bastidas había, a su vez, tocado allí, "y que a lo 
"que se decía cerca de la fortaleza y casas que 
"él había mandado facer en la tierra, que había 
"descubierto Bastidas, dijo que lo negaba, por- 
gue la dicha tierra la había descubierto él, y no 
"el dicho Bastidas, la cual era en la misma isla 
"donde él tenía la gobernación de la fortaleza e 
"casas . . . . " Esto era, como luego veremos, en 
Paraguaná. Por consiguiente, Bastidas, aunque 
no fué realmente el descubridor de esas comar- 
cas, las visitó. No lo afirma Oviedo y Valdez 
pero no se opone a esta conclusión lo que él dice, 
que Bastidas y los suyos prosiguieron, desde una 
isla, que debió ser la Deseada o Mari galante, "su 
"camino hasta la costa de la Tierra Firme, por 
"la cual fueron platicando con los indios . . . con- 
tinuaron la costa al Poniente. . ." 

Agrega Casas: "Tampoco sé si hizo en La tie- 
"rra o costa de mar, por donde Bastidas anduvo, 
"algunos daños o escándalos a los indios vecinos 
"della, como hicieron siempre todos los que por 
"aquella costa y tratos andaban; . . . pero porque 
"después tuve mucha conversación y amistad con 
"el dicho Rodrigo de Bastidas y siempre le cog- 

137 
!8-I 



PEDRO M. ARCAYA 



"nosí ser para con los indios piadoso, y que de 
"los que les hacían agravios blasfemaba, tuve 
"concepto del que, cerca de ello, andando por allí 
"en aquellos tiempos y tratos era modera- 
do." (3) 

Después de Bastidas estuvo, probablemente, 
otra vez por las costas de Coro Cristóbal Gue- 
rra, ahora acompañado de su hermano o tío Luis. 
Salieron de Cádiz o San Lúcar con una carabela, 
como en el primer viaje de sólo cincuenta tone- 
ladas. Llegaron a Paria, siguieron a Margarita 
y corrieron la costa abajo, según el Padre Casas, 
hasta llegar a las regiones de Santa Marta y Car- 
tagena, de donde torcieron rumbo a España. Aña- 
de Casas que a poco naufragó el navio pereciendo 
todos, mas esto no sucedió sino en el tercer viaje 
de Guerra, como abajo veremos. Ciertos docu- 
mentos prueban que en este segundo viaje cap- 
turó algunos indios en Bonaire (Buinare, Puma- 
re o Poinare), que llevó a España, y los vendió 
en Sevilla, Jerez, Córdoba y otras ciudades, lo 
cual motivó que se despachasen varias Cédulas 
de los Reyes Católicos mandando ponerlos en 
libertad. Parece que después se le entregaran 
al propio Guerra para que los trajese a su tie- 
rra. (4) 



(3) Casas. — Obra antes citada, tomo III, página 11. 
Hemos así mismo consultado a Fernández de Navarrete 
(Obra citada, tomo II, página 23, y el Asiento publicado 
en el tomo II, página 271, de que también hay copia en 
la Biblioteca de nuestra Academia Nacional de la His- 
toria), y Oviedo y Valdez (Historia General y Natural de 
las Indias, tomo II, página 334.) 

(4) Acerca de este segundo viaje de Guerra, hemos 

138 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Mientras andaba Cristóbal Guerra en la ex- 
pedición que acaba de narrarse se preparaba 
Alonso de Ojeda para la segunda suya. Pre- 
viamente había celebrado un asiento con los Re- 
yes Católicos, representados por el Obispo Fon- 
seca, aprobado por Real Cédula de 8 de junio 
de 1501, en que se le dio licencia para armar 
hasta diez navios "e podáis ir a ver la tierra que 
"habéis descubierto más de nuevo". 

Preveníasele que no tocara "en la tierra de 
"rescate de perlas de esta parte de Paria, desde 
"el paraje de los Frailes e seno antes de la Mar- 
garita, e de la otra parte fasta el Farallón, e 
"de toda aquella tierra que se llama Curiana, en 
"la que no habéis de tocar". Permitíasele que 



consultado el mismo documento que mencionamos en la 
nota 2a. más una Real Cédula sobre la libertad de los in- 
dios que él vendió, llevados de Poynare, que publicó 
Don Luis Torres de Mendoza en su Colección de Docu- 
mentos inéditos tomo 31, página 104. Sobre estos mis- 
mos indios y su libertad hay otras Reales Cédulas cuyas 
copias figuran entre los documentos que posee nuestra 
Academia Nacional de la Historia. También algunas so- 
bre las cuentas que debía dar Guerra de lo que llevó 
"de las yslas del Mar Océano", y de lo que toca- 
ba al Pisco. Una india que detenía, la pidió la Reina 
desde Ecija, encargando al Corregidor de Jerez de la 
Frontera "me la enbieis luego con persona de recabdo 
"con quien venga onestamente porque en ello me ser- 
"vyreis". Se dispuso que los indios fuesen restituidos a 
Poynare a costa de Guerra. Embargáronsele muchas co- 
sas de las que llevó de este viaje, como se había hecho 
en el primero, por atribuírsele defraudación de los rea- 
les derechos, mas el asunto terminó por "concierto" en 
que el Fisco le devolvió doscientos mil maravedises, se- 
gún Real Cédula de 23 de mayo de 1503 en que se man- 
dó se le pagasen, y cuarenta y un quintales y sesenta li- 
bras de brasil que todavía no se habían vendido. 

139 



PEDRO M. ARCAYA 



siguiese "aquella costa que descobristes, que se 
"corre leste-ueste, según paresce, por razón que 
"va hacia la parte donde se ha sabido que des- 
cubrían los ingleses; e vais poniendo lias mar- 
Cas con las armas de S. S. A. A., o con otras 
"señales que sean conocidas, cual vos pareciere, 
"porque se conozca como vos habéis descobierto 
"aquella tierra para que atajes el descobrir 
"de los ingleses por aquella vía". Autorizába- 
sele para que "entréis en la isla e en las otras 
"que allí están cerca della que se dicen Coqui- 
"bacoa...." 

Todos los gastos debían ser a cargo de Ojeda 
y sus compañeros "e S. S. A. A. non sean obliga- 
dos a cosa alguna". 

Hacíasele "merced de todas e cualesquiera co- 
sas que f allaredes en las islas e Tierra Firme, así 
en lo descobierto, como en lo que de nuevo des- 
cobrieredes . . . con tanto que non podaes traer 
esclavo ni esclavos algunos sin licencia e man- 
dado de S. S. A. A sin que hayáis de pa- 
gar ni paguedes algunos derechos e alcabalas 
e al'mojarifadgos, ni imposición ni otras con- 
tribuciones algunas de la primera venta, sino 
que todo sea libre e franco de otras cualesquier 
cosas, así como armazón de S. S. A. A. con tan- 
to que de lo que así fallarades e ovieredes e 
rescataredes, sacado la costa del armazón, pa- 
guéis el Quinto a S. S. A. A." 

Dábasele además a Ojeda "la gobernación de 
la isla Coquibacoa, que vos descobristes, por el 
tiempo que su merced e voluntad fuere, e ha- 



140 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"yals por razón de la dicha gobernación, la mi- 
"tad ,del provecho e renta que en la dicha Isla 
"cada año se oviere ..." pero que "la dicha mi- 
stad non puede subir ni pase de trescientos mil 
"maravedís cada año." 

El 10 del mismo mes de junio se libró otra 
Real Cédula confiriéndole a Ojeda el cargo y 
título de Gobernador de la Isla de Coquiba- 
coa (5), "con los oficios e jurisdicion cevil e cri- 
minal e Alcaldías e Alguacilazgos desa dicha 
"isla e su tierra e jurisdicion." 

Ojeda formó en Sevilla, en el mes de julio del 
mismo año, con Juan de Vergara y García de 
Campos "compañía e hermandad", mediante la 
cual éstos se comprometieron a acompañarlo en 
su viaje "e para que mejor se faga, proveamos 
"e se hayan de fornescer los navios que fueren 
"menester de todos los mantenimientos, armas y 
"pertrechos e todas las otras cosas necesarias". 
Las utilidades se repartirían por partes iguales 
entre los tres. 

Lograron aprestar cuatro navios en vez de 
los diez que habían proyectado reunir. Ellos 
fueron: Santa María la antigua, donde venía el 
propio Ojeda y como Capitán García de Cam- 
pos, Santa María de la Granada, regida por Juan 



(5) Sin duda se sabía ya que las tierras de Co- 
quibacoa eran parte de un Continente o Tierra Firme. 
Probablemente la palabra isla se empleaba entonces con 
más amplio significado que ahora, y aun sobre esto, con 
relación a la de ínsula, hay, si mal no recordamos, al- 
gunas apuntaciones de Rodríguez Marín en su edición 
crítica del Quijote. 

141 



PEDRO M. ARCAYA 



de Vergara, La Magdalena, a cargo de Pedro de 
Ojeda, sobrino del Caudillo, y Santa Ana, cuyo 
Capitán era D. Hernando de Guevara. Como 
Escribano Vigilante de los intereses Fiscales ve- 
nía Juan de Guevara, con el salario anual de 
veinte mil maravedís. Venían también allí: An- 
tón García, Juan López, Francisco Gómez, Die- 
go Martín, pilotos; Antón Vidal, Pedro Vergara, 
Miguel Griego, Rodrigo Vizcaíno, un tal Gorva- 
lan, Diego Jiménez, Pedro Sardo, Diego de Con- 
ca, un tal Ríos y Alonso de Arce, veedores; Juan 
Luis, Diego de Entramas-aguas y García Fer- 
nández de Oca, escribanos; Diego de Montes de 
Oca, boticario; y Fernando de Virues y Fernan- 
do Gutiérrez, plateros. 

La salida de Cádiz no llegó a verificarse has- 
ta enero de 1502. Tocó la. expedición en la Gran 
Canaria, Gomera y Santiago del Cabo Verde. 
Arribó a las costas de Paria. Siguieron a Mar- 
garita, Cabo de Codera y por último llegaron a 
un puerto, que por ser tierra de riego, bien cul- 
tivada y muy poblada, llamaron Valfermoso; allí 
se le reunieron a Ojeda dos carabelas que había 
dejado atrás en busca de la Santa, Ana, coman- 
dada por Guevara, que se les había apartado 
antes de llegar a Margarita. Resolvieron 
saquear las viviendas ele los pobres indios, pa- 
ra proveerse de víveres, hamacas, ollas, cánta- 
ros y los pocos utensilios que poseían aquellos in- 
felices. Mataron siete u ocho, hirieron otros, y 
quemaron algunos ranchos. Defendiéronse los 
indígenas. De los cristianos pereció, a conse- 



142 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



cuencia de un flechazo, el Escribano de una de 
las carabelas. Apoderáronse los salteadores de 
cuantas cosas hallaron a su alcance, y aún de 
algunas indias. Una se la adjudicó Ojeda. Otra 
Vergara. Las demás las rescataron sus parien- 
tes dando algo por ellas. Después trató el Cau- 
dillo de disculpar, con la suma necesidad, estos 
actos atroces, achacando, además, los excesos co- 
metidos a Vergara y Ocampo o Campos. Vana 
excusa para tan criminal atentada 

Según Fernández de Navarrete, Valfermoso 
estaba en la región de Curiana y correspondería 
a la actual Coro. Apreciación inexacta, como se 
deduce de la simple consideración de que ninguno 
de los puertos cercanos a ella reúne, ni nunca 
ha podido reunir, las circunstancias que concu- 
rrían en Valfermoso. Quizás éste sería más bien 
Choroní o Chuao. Que el puerto del salteamien- 
to hecho a los indios no estaba en Curiana se de- 
duce de ciertas declaraciones del propio Ojeda, 
extractadas en la sentencia del juicio que des- 
pués se le siguió, y que publicó el citado Fer- 
nández de Navarrete. Además, parece que Val- 
fermoso estaba antes, yendo de Este a Oeste, 
que Puerto Flechado, cuya identidad con Puer- 
to Cabello hemos insinuado arriba. 

Como quiera que sea, del propio Valfermoso 
despachó Ojeda el 7 de abril (1502) a Juan de 
Vergara, en la carabela Granada, a comprar en 
Jamaica a los indios "todo el mas pan que pu- 
"dieredes", con instrucciones de que dentro de 
treinta días se le reuniera en el Lago de San 



143 



PEDRO M. ARCAYA 



Bartolomé (Maracaibo), a donde seguiría é) 
(Ojeda), y donde calculaba estar a los dos me- 
ses, y que si no lo hallaba continuase buscán- 
dole hasta el Cabo de La Vela. 

De Valfermoso pasó Ojeda a Puerto Flecho 
do (Puerto Cabello?), la isla de los Gigantes 
(Curazao), y luego, según Fernández de Nava- 
rrete, a Coquibacoa, "y a su vista, dice este au- 
"tor, parecieron muchos indios en la Costa, la 
"cual siguieron hasta encontrar el puerto que 
"buscaban. Hicieron aguada, y se llevaron a 
"bordo una india, y un conejo semejante a los de 
"Castilla. Parecióles el país pobre y misera- 
"ble. Por esta razón pasaron hasta el Puerto de 
"Santa. Cruz, que creemos ser el de Bahía Hon- 
"da, donde se presentó Juan de Buenaventura, 
"a quien Bastidas dejó en la Provincia de Citar- 
"ma que es tierra nevada (provincia de Santa 
"Marta), y que había permanecido trece meses 
"tratando con los indios y aprendiendo su len- 
"gua. Hállase este puerto a veinticinco millas 
"antes de llegar al Cabo de La Vela." 

Agrega Fernández de Navarrete que vien- 
do Ojeda que los naturales eran mansos y pací- 
ficos, trató de hacer allí asiento y población, que 
los indios manifestaron alguna oposición, pero se 
sometieron, dando a los españoles "una espuerta 
"de guanines y de oro"; que Ojeda construyó 
unos fuertes, colocando en ellos sus lombardas, 
una al cargo de Don Hernando de Guevara, otra 
al de un tal Cueva, su criado, y otra al de Gar- 
cía de Ocampo, todo, principalmene, con el fin de 



144 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



custodiar la casa-almacén de bastimentos y el 
arca de los rescates, pero que sintiéndose ataca- 
dos con frecuencia por los indios y creciendo la 
escasez de víveres, sin que apareciera la nao de 
Vergara, mandó que fuera a buscarlo a Jamai- 
ca Juan López con la carabela Magdalena. 

Al regreso de Vergara, éste y Ocampo se re- 
belaron en Santa Cruz, probablemente en junio 
de 1502, contra Ojeda. Prendiéronle y pusiéronle 
grillos. Abandonaron la tierra poco después, pa- 
rece que en septiembre del mismo año, y lleván- 
dose al preso fueron a .dar todos a Santo Domin- 
go. Allá lo entregaron al Comendador Gallego, 
finalizando así tristemente la empresa que con 
tantas esperanzas acometieron. El Padre Ca- 
sas refiere que Ojeda se echó al mar, a pesar de 
venir con grillos, y logró nadar algo, hasta que 
ya ahogándose lo recogieron. 

Ahora bien, creemos que Fernández de Nava- 
rrete erró al afirmar que Santa Cruz, donde hi- 
zo asiento Ojeda, corresponde a la actual Bahía 
Honda, no lejos del Cabo de La. Vela. En efec- 
to, él mismo publica (torno II, páginas 468 a 
485) la "Ejecutoria de la causa .de Alonso de 
"Hojeda". Consta allí su declaración de que el 
asiento lo hizo en la tierra de Para guana, desde 
donde envió a Pedro de Ojeda con una carabela, 
y en ella a Juan López, piloto, en busca de la 
que habían llevado García de Ocampo y Ver- 
gara, y por otro documento, que también publi- 
ca el propio Fernández de Navarrete, consta que 
esa comisión fué dada a López en el puerto de 
Santa Cruz, a 20 de mayo de 1502. 

145 

19-1 



PEDRO M. ARCAYA 



Así pues, el primer establecimiento español 
en el Continente americano estuvo en nuestra pe- 
nínsula de Paraguaná, probablemente en el si- 
tio ahora llamado de Los Taques. Allí tam- 
bién ocurrió la primera revolución, como aca- 
bamos de ver, la de Vergara y Ocampo contra 
su Jefe Ojeda. 

Según aparece de dicha "Ejecutoria", él se 
quejaba de que aquéllos "concertaron de lo pren- 
"der y matar e deponer de la dicha Capitanía y 
"Gobernación, lo cual dijo que fizieron con 
"acuerdo e sobre hecho pensado, de manera que 
"todos juntos lo prendieron e aprisionaron y 
"maltrataron; y no contentos de lo así fazer en- 
riaron a la tierra donde se hacía el cercuito y 
"por fuerza entraron en su posada, faziendose 
"justicia y tomando armas a quien quería fasta 
"que tomaron todo el rescate que havía en la tie- 
"rra y en los navios ... lo cual todo recogieron y 
"así recogido se vinieron a la dicha isla (San- 
"to Domingo) trayendolo preso...." García de 
Ocampo y Vergara se defendieron alegando que 
ni ellos ni otros por ellos "nunca se armaran ni 
"se concertaran para lo matar al dicho Alonso de 
"Hojeda, ni con verdad lo podía decir, puesto 
"caso que había sido preso. ... a causa de los de- 
"litos e ecesos que ficiera ..." 

Ojeda fué condenado en primera Instancia 
por el Alcalde Mayor *de Santo Domingo, el Ldo. 
Alonso Maldonado, "en perdimiento de todos sus 
"bienes .... e mas su persona a la merced de sus 
"altezas". En cuanto a Vergara y García de 



146 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Ocampo, el Juez los remitió a los Reyes para 
que resolvieran lo conveniente. En apelación 
fué absuelto Ojeda por el Consejo Real, en Se- 
govia a 8 de noviembre de 1503. 

En esa expedición de Ojeda figura una in- 
dia, Doña Isabel, que parece la llevó él a España 
en su primer viaje, tomada en las costas de la 
Goagira. La trajo en su segunda expedición y 
como que la trataba con mucho cariño, pues de 
Santa Cruz (Paraguaná) la despachó en el bar- 
co de López, recomendándole a éste que a la ve- 
nida de Jamaica tocase en el Cabo de La Vela, 
donde debía permanecer "siete u ocho días por 
"amor de Isabel", sin duda para que pudiera 
ver a sus deudos, y quizás con ánimo de descu- 
brir por medio de ella los secretos de minas de 
oro que sospechaba. "Y ahí mirad mucho por 
"Isabel" (decían las instrucciones de Ojeda a Ló- 
"pez), non la dejéis un momento de noche ni de 
"día sin guarda y quien la vele disimuladauente 
"y ,de cerca." (6) 



(6) Las fuentes acerca de la segunda expedición de 
Ojeda son los documentos publicados por Fernández de 
Navarrete en su ya citada obra (Tomo II, páginas 468 
a 485 y Tomo III, páginas 78, 79, 83, 85, 102, 103 j 
105), algunos de ellos insertos también en la Colec- 
ción de Documentos inéditos de las antiguas posesiones 
españolas por Torres de Mendoza (Tomos 38 y 39.) Estos 
mismos documentos figuran, en copias manuscritas, en 
las colecciones de nuestra Academia Nacional de la His- 
toria. No se han publicado que sepamos, los autos 
del proceso que se halla en el Archivo de Siman- 
cas, de que tomó Fernández de Navarrete mucha» 
noticias para su relación, pero de que él erró respecto 
a la situación de Santa Cruz no nos queda duda ante 
la terminante declaración del propio Ojeda, a que he- 



147 



PEDRO M. ARCAYA 



A pesar de su fracaso de Paraguaná insis- 
tió Ojeda en sus pretensiones sobre Venezuela. 
Obtuvo del Rey el nombramiento de Gobernador 
de la "tierra e costa de Coquibacoa e Uraba des- 
ude el Cauo que se dice del lisleo fasta do dizen 
"los coxos ques de aquel cabo .del golfo de Ura- 
"ba al poniente", como reza una Real Cédula 
dada en Medina del Campo a 21 de Sep- 
tiembre del año de 1504. El asiento mismo 
fué aprobado por otra Real Cédula del 30 del 
propio mes. Fijábase!© un término de seis me- 
ses para emprender su expedición, que se le 
prorrogó por dos más, mediante Real Cédula li- 
brada en Toro a 10 de marzo de 1505. 

Parece que en virtud de esta capitulación 
volvió Ojeda, a fines de 1505, a Venezuela, aun- 
que, como dice Fernández de Navarrete, son muy 
pocas las noticias que sobre el particular han 
quedado. Lo cierto es que en otra Real Cédula de 
1505, dirigida al Gobernador "de lias Yslas y 
"Tierra Firme" (que residía en la Española o sea 
Santo Domingo), se hace mención del embargo 
que éste había hecho a Ojeda y Pedro de la Cue- 
va "de oro, guanines e resgates e otras cosas", 
refiriéndose, sin duda, al embargo verificado des- 



mos aludido en el texto, de que el asiento fué en Pa- 
raguaná. Sólo podría hacerse una objeción, y es que 
en Santa Cruz halló al Juan de Buenaventura que Bas- 
tidas había dejado en las costas de Santa Marta, pero 
este hombre pudo muy bien pasar de las costas de la 
Goagira a las de Paraguaná, en alguna embarcación de 
los indios. También hemos consultado al Padre Casas 
(Tomo III, páginas 12 a 16.) Yerra este autor en cuan- 
to a que otra vez acompañase Vespucci a Ojeda. Que 
ao riño con él lo ha probado Fernández de Navarrete. 



148 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 

pues ,de su anterior expedición, cosas que man- 
daba el Rey se le devolviesen para que se sir- 
viera de ellas en su nuevo viaje. Si efectivamente 
lo realizó, apenas se concretaría Ojeda, durante 
él, a rescates, sin pensar en rehacer las .derruidas 
casas que antes había comenzado a construir en 
Paraguaná. Lo cierto es que se avecindó por 
aquel entonces en Santo Domingo, hasta que en 
1508 obtuvo nuevo nombramiento de Goberna- 
dor de Urabá, provincia a la cual se le puso por 
límite oriental el Cabo de La Vela. Por consi- 
guiente, cesaba su intervención en Venezuela, de 
modo que en lo sucesivo la historia de sus he- 
chos no interesa el objeto del presente libro. (7) 

Ya dijimos arriba que en 1503 Cristóbal Gue- 
rra había hecho un asiento para volver a la cos- 
ta de las Perlas. Lo ratificó la Reina por su 
Cédula, librada en Alcalá de Henares a 12 de ju- 
lio de 1503. Autorizábase a Guerra para que 
con siete carabelas que armaría a su costa pu- 
diera ir "por el mar océano a la costa de las 
"Perlas que descubrió e por toda ella a la pro- 
"vincia de Uraba, e que pueda ir a otras quales- 
"quier partes a descubrir con tanto que no sea de 



(7) Son muy escasas las fuentes relativas a la 
tercera expedición de Ojeda. Fernández de Navarrete 
30I0 publica un documento a este respecto (Tomo III, 
página 108). Otros los publicó D. Luis Torres de Men- 
doza (Tomo 31, páginas 250, 252, 254, 258, 281 y 360 y 
tomo 39, página 109). De todos hay copias manuscritas 
en la Biblioteca de la Academia Nacional de la Histo- 
ria, tomadas directamente en los Archivos españoles. 
Mas estos documentos se refieren más bien a los pre- 
parativos para la expedición que a ella misma. 



149 



PEDRO M. ARCAYA 



"las islas descubiertas por el alimirante Colón 
"hasta el postrero viaje. . ." 

La empresa de Guerra tenía conexión con 
otro asiento que sobre lo mismo había ya celebra- 
do Juan de la Cosa, pues en la capitulación con 
aquél se puso "Yten quel (Guerra) trabajara 
"que Juan Viscayno vaya desta manera en el di- 
"cho viage e haga que cumpla lo que tiene ca- 
pitulado acerca dello." 

El 1° de agosto del propio año de 1503 se le 
ordenó a los Oficiales de la casa de contratación 
de Sevilla que llamasen a Guerra y Cosa noti- 
ficándoles "que conforme a sus asyentos hagan 
"este viage y despachen para ello lo más breve 
"que ser pudiere." 

Cosa manifestó que no estaba dispuesto a sa- 
lir en compañía de Guerra sino por su propia 
cuenta, y que llevaría tres navios, lo cual motivó 
otra Real Cédula de 27 de septiembre, también 
de 1503, en que se les decía a los expresados Ofi- 
ciales que Cosa "por ser él la persona que es, 
"que vaya por sí y como su capitán con los tres 
"navios que dice puede armar, y con mas, si 
"mas pudiere, al dicho Golfo de Urabá e pro- 
vincia de las perlas", todo bajo condiciones 
idénticas a las estipuladas con Guerra (el cuar- 
to del producto bruto de la empresa para la Co- 
rona). Al mismo tiempo se disponía que los Ofi- 
ciales asentasen con Guerra un plazo fijo para 
su partida. 

A fines del propio mes de septiembre escri- 
bía Guerra, desde Sevilla, a D. Alonso de Por- 



150 



HISTORIA DEL ESTADO PALCON 



tuga!, Presidente del Consejo Real y Contador 
Mayor, diciéndole los inconvenientes que se le ha- 
bían presentado, entre otros "la mala disposi- 
ción de la gentet que suelen acostumbrar es- 
"tos viages, que con vellos seer tan aviesos a D. 
"Diego de Lepe, y a Bastidas y a Hojeda no hay 
"quien tenga ganas de ir aquella parte." Que- 
jábase de la .dureza de los términos estipulados 
con él, en cuanto a exigírsele el cuarto de los 
proventos, hablaba de la rivalidad de Cosa, y 
proponía que en vez de siete navios se. le permi- 
tiera llevar solamente cuatro. 

Cosa efectuó su viage, que refiere Oviedo y 
Valdez detalladamente. Trajo consigo cuatro ca- 
rabelas y como Alguacil Mayor a Juan de Ledez- 
ma, vecino de Sevilla. Llegaron a Margarita. Si- 
guieron al Golfo de Cumaná, y luego, costeando, 
"a surgir a unas islas, que están algo aparta- 
bas de tierra, a donde hallaron mucho brasil 
"e muy bueno, de lo qual cortaron e cargaron en 
"los navios ochocientos quintales o mas. Toma- 
"da esta carga se fueron a los puertos de Carta- 
gena...." Las islas a que se alude debían de 
ser las de Curazao y Bonaire, donde, como sabe- 
mos ya, había mucho brasil. Así pues, no hay 
duda de que el vizcaíno tocaría también en las 
costas de Coro. 

No se sabe con precisión si Guerra verificó 
al misino tiempo su expedición, pero hay que ad- 
vertir que Oviedo y Valdez, en el propio pasaje 
arriba trascrito, agrega que Cosa halló en los 
puertos de Cartagena "quatro naos que avia lle- 



151 



PEDRO M. ARCAYA 



"vado otro capitán que se decía Chripstovai Gar- 
cía: el qual avyan muerto los indios, e avía que- 
"dado por capitán un Luis García, su tío, a quien 
"hallaron mal dispuesto y enfermo, e assi lo es- 
taba quassi toda la gente de aquellas quatro 
"naos, muy dolientes e dañadas las bocas, del mal 
"pan que comían." Sigue refiriendo el cronista 
cómo allí concertaron Cosa y Luis García apo- 
derarse de muchos indios para venderlos como 
esclavos, y así lo hicieron. Mas de que fué un 
error de copia poner Cristóbal García y Luis 
García por Cristóbal Guerra y Luis Guerra, no 
hay duda alguna. Más adelante, en efecto, y en 
el mismo capítulo, se designa a Cristóbal con su 
verdadero apellido Guerra, De modo que este 
hombre debió haber seguido un poco antes que 
Cosa el propio itinerario: de España a Margari- 
ta y Cubagua, y de allí costeando hasta donde es 
ahora Cartagena. En consecuencia, tocaría tam- 
bién, sin duda, en las costas de Coro, por lo me- 
nos en la Península de Paraguaná. Por lo de- 
más, con la relación de Oviedo y Valdez ha que- 
dado probada la veracidad del Padre Casas en 
cuanto a que Cristóbal Guerra pereció en las cos- 
tas del Nuevo Mundo, sólo que esto no sucedió 
en su viaje de 1501 sino en el de 1504. (8) 



(8) Las fuentes acerca de estas expediciones de 
Cosa y Guerra son los documentos publicados por Fer- 
nández de Navarrete (Tomo II, página 325, y tomo III, 
página 106) y por Torres de Mendoza (Tomo 39, pági- 
nas 44 y 48), y la relación de Oviedo y Valdez (Tomo 
II, páginas 413 a 415). Adviértese que debe haber un 
error de copia en la fecha de 1509 que se le asigna en 
la colección de Torres de Mendoza (Tomo 36, página 391) 

152 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



No parece que después de la última capi- 
tulación de 1504 con Ojeda se hiciese ninguna 
otra durante algunos años, que abarcase a Ve- 
nezuela o Coquibacoa, regiones que compren- 
dían el territorio del actual Estado Faicón. 

Todas esas comarcas quedaron sujetas, eso 
sí, a las depredaciones de los mercaderes de es- 
clavos que solían llegar por allí a saltear indios. 
Los barcos de los inhumanos tratantes venían de 
Santo Domingo unos y de Cubagua otros. 

Por Real Cédula de 27 de diciembre de 1511 
se permitió esclavizar los caribes de la Trinidad, 
San Vicente, Santa Lucía y demás partes donde 
los hubiera. Fácilmente se comprende que al am- 
paro de tan cruel e imprevisiva autorización se 
hicieron esclavos no sólo entre los Caribes con- 
tra quienes se dirigía (respecto a los cuales no 
era menos injusta que lo sería con cualesquiera 
otros indios), sino entre los demás indígenas de 
diferentes razas. Así es que, sin duda, se 
sacarían entonces muchos esclavos de las costas 
de Coro. Que así lo practicaban los españoles 
de Cubagua nos lo atestigua Castellanos: (9) 
"Cubagua fué sin freno y sin medida, 
"Y aquí fué la maldad no menos llena: 
"Yo mismo vi cautelas e invenciones 
"Indignas de cristianas intenciones." 

a una carta de Cristóbal Guerra allí inserta, a menos 
que el error haya sido de Fernández Duro al citar dicho 
documento en la lista de los publicados por Torres de 
Mendoza (pues no hemos tenido a la vista el tomo 36 de 
éste) que insertó en su edición de la obra de Oviedo y 
Baños. 

(9) Obra citada, página 183. 

153 
20-1 



PEDRO M. ARCAYA 



Además, en 1513 el Rey concedió a los colonos 
de Santo Domingo y Puerto Rico (Española y 
San Juan) que pudiesen llevar a ellas indios 
de algunas islas "inútiles", entre las cuales fue- 
ron incluidas las de Curazao, Aruba y Buinare 
(Bonaire), (10) motivando ello la gran saca de 
dos mil indios que hizo Diego de Salazar, lleván- 
doselos también sin duda de Paraguaná, y de los 
eternas lugares de las costas corianas más cerca- 
nos a estas islas. 

Mas desde entonces comenzaron en favor de 
los Caquetíos de Curazao las gestiones de Juan de 
Ampies que luego las extendió a los Caquetíos del 
Continente, de donde se originó la fundación de 
Coro, materia del capítulo siguiente, pero an- 
tes conviene recordar el nombre ilustre de Fray 
Bartolomé de las Casas, corazón encendido en el 
más vivo fuego de la justicia y la caridad, que 
horrorizado de los crímenes que contra los in- 
dios se cometían tomó su defensa con ardor que 
ha inmortalizado su memoria. 

Después ,de múltiples gestiones logró Casas, 
con la mira de colonizar pacíficamente una im- 
portante sección de Costa Firme, celebrar un 
asiento o capitulación con el Rey de España, en 
la Coruña, a 19 de mayo de 1520, mediante la 
cual obtuvo un inmenso territorio limitado así: 
por el Norte el mar, desde la Provincia de Paria 
inclusive hasta la de Santa Marta exclusive, "e 



(10) Así lo refiere Juan de Ampies en carta al Rey 
que después citaremos más detalladamente. 

154 „ i 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"corriendo por cuerda derecha ambos a dos lí- 
"mites, hasta dar a la otra costa del Sur". 

Casas se comprometió a establecerse en Tie- 
rra Firme dentro de un año después ,de la fecha 
del contrato, y dentro de los otros dos siguientes a 
tener allanados por lo menos diez mil indios, 
todo a su costa. Obligábase también a que la 
renta de la Provincia sería de quince mil duca- 
dos para el tercer año del establecimiento, la 
cual iría creciendo en los términos que se pre- 
cisaron. Comprometíase a fundar tres pueblos 
de cuarenta vecinos cada uno. Muchas otras 
cláusulas, raras y peregrinas según el criterio 
de aquellos días, pero todas meditadas en favor 
de los indios, contenía el .documento. 

Quedaba, por tanto, comprendido el territorio 
coriano dentro de los límites .de la concesión de 
Casas, mas no lo visitó él. Concretó su acti- 
vidad a las costas de Cumaná. Fracasó allí su 
noble empresa por causas que todos nuestros his- 
toriadores narran, y así no tuvo oportunidad de 
extenderla hacia Occidente. (11) 



(11) Acerca de la empresa de Casas la mejor fuen- 
te son sus propias obras que antes hemos citado. La 
capitulación que celebró con el Rey corre inserta entre 
los documentos publicados por Fernández Duro en su 
edición de la Historia de Oviedo y Baños. (Tomo II, 
página 321.) 



155 



CAPITULO SEXTO 



FUNDACIÓN DE CORO POR AMPIES 

Y ESTABLECIMIENTO DE 

LOS ALEMANES 

Ya hemos aludido algunas veces a Juan de 
Ampies, español, a lo que parece aragonés, que 
se había establecido en Santo Domingo con el 
cargo de Factor, para cuyo ejercicio se le dieron 
instrucciones en Real Cédula de 19 de mayo de 
1511. (1) 

Según Arístides Rojas (2), su nombre y ape- 
llido completos eran Juan Martínez de Ampies. 
Muy atinada nos parece la observación de di- 
cho ilustrado escritor acerca del probable pa- 
rentesco de Juan con Martín Martínez de Am- 
pies, "escritor celebrado de Zaragoza, autor y 



(1) La publica, sin indicación de fecha, Torres de 
Mendoza, (Tomo 32, pág. 408), pero la de 19 de mayo de 
1511 aparece indicada en la copia existente en nues- 
tra Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. 

(2) El trabajo de Rojas titulado "El Regidor Don 
Juan Martínez de Ampies" está inserto en sus "Obras 
escogidas", páginas 636 y siguientes. 



157 



PEDRO M. ARCAYA 



"traductor de varias obras, a fines del siglo dé- 
"cimo quinto", de quien sería, quizás, hijo o 
sobrino. 

El apellido de Juan lo escribía él mismo, en los 
.documentos que emanados de su mano se conser- 
van: Ampies, sin marcar el acento, pues enton- 
ces no se acostumbraba hacerlo. Con igual for- 
ma lo escribían los autores contemporáneos, pero 
que la palabra se pronunciaba como aguda se 
deduce de la consonancia de los versos de Cas- 
tellanos, por lo cual en la edición de sus Elegías 
en la Biblioteca de Rivadeneyra se ha estampa- 
do el acento sobre la é. Concuerda esto, además, 
con el origen del apellido, puesto en claro por 
el propio Rojas, del francés Saint Pierre o D'Am- 
pere. Con todo, usaremos la forma Ampies con 
acento sobre la i, porque es la más corriente. En 
cuanto a la de Ampúes que escritores posterio- 
res aplicaron al apelativo del fundador de Coro, 
es evidentemente errónea. 

Distinguíase el Factor por el buen trato que 
daba a los indios y por la honradez y seriedad 
ele su carácter. De allí que los Padres Geró- 
nimos lo recomendasen al Rey, en 1517, como el 
más apto para que estableciéndose en la "Costa 
ele las Perlas", vigilase los rescates que allí se 
hicieran, por parecerles "persona suficiente para 
"ello porque es hombre de buena fama, e cabe 
"en cualquier negociación e es de madura edad 
"e persona que bien tiene lo que ha menester ..." 
Cautos, sin embargo, los frailes agregaban: "Vea 
"Vuestra Señoría Reverendísima si será bien po- 



158 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"nerlo en ello, porque como no lo conocemos mu- 
"cho no queríamos que nos engañase." 

Ya hicimos mención de que en 1513 fueron 
declaradas islas inútiles "las de Curazao, Bui- 
nare (Bonaire) y Aruba", y que en tal virtud fue- 
ron llevados como esclavos a Santo Domingo 
como dos mil indios de tales islas (y probable- 
mente de la costa firme cercana) por el capi- 
tán Diego de Salazar, tocando algunos a Am- 
pies, quien conversándolos observó que parecían 
"gente de más razón y habilidad que otros in- 
"dios .destas partes." Comunicólo así Ampies a 
los Padres Gerónimos, quienes prohibieron que ios 
traficantes de esclavos fuesen a dichas islas, pro- 
hibición que ratificó el Ldo. Rodrigo de Figue- 
roa, sin mucho éxito, porque no dejaban de ser 
frecuentes los actos de piratería de que eran víc- 
timas así los Caquetíos insulares como los de Coro. 
Embargaron las autoridades doce o quince in- 
dios de Curazao que en una de esas expedicio- 
nes se llevaron a Santo Domingo, y entregáronse- 
los a Ampies, encomendándole Figueroa que pa- 
ra evitar la repetición de tales atentados pobla- 
se esas islas. En efecto, a Curazao mandó Am- 
pies a un tal Nicolás Pérez Maestre con veinte y 
tantos indios. Encontraron despoblada la tierra, 
pero allí dejó Pérez los indios. En otra expedición 
que despachó después Ampies visitaron sus agen- 
tes las dos islas vecinas, Aruba y Bonaire, 
donde hallaron como ciento cincuenta indios, que- 
dando con ellos seis españoles. Por último, el 
Factor resolvió hacer construir en Curazao, co- 



159 



PEDRO M. ARCAYA 



mo lo llevó a cabo, "una casa de piedra e tapias, 
"donde los cristianos e religiosos que han de dir 
"a mostrarles las cosas de nuestra Santa fé ca- 
tólica estén seguros de los caribes de Tierra 
"Firme". Decía Ampies haber gastado en todo 
ello más "de dos mil castellanos y aun cerca de 
"tres, sin que hasta agora se haya habido un 
"maravedí ni mas provecho, mas del servicio que 
"a Dios se hace en hacerlos cristianos (a los in- 
"dios), lo cual hacen de tan buena voluntad que 
"maravilla con cuanta gana se ponen al servi- 
"cio de Dios Nuestro Señor antes que ninguna 
"otra generación de indios de estas partes." 

Todos estos .detalles los comunicaba el Factor 
al Rey en carta que le dirigió desde Santo Do- 
mingo, probablemente a fines de 1525 o princi- 
pios de 1526. (3). Agregaba "que teniendo y tra- 
bando estos indios en las dichas islas de Cura- 
"zao, y Aruba y Buinare, que están a nueve y a 
"diez leguas de Tierra Firme, habrá en ellas 
"hasta doscientas personas de todas edades, los 
"indios de la costa de Tierra Firme, que son en 
"el parage de las dichas islas desde Para- 
"guachoa hasta la punta de Coquibacoa y otros 
"puertos que están er\ medio dellas, que son Sau- 
"ca e Paraguaná e otras, visto el buen trata- 
"miento que yo en nombre de V. M. hacía a los 
"indios de las dichas islas, e a lios de la dicha 
"costa, que muchas veces se pasaban allá a hol- 
"gar con ellos, eran tan bien tratados y mirá- 



is) Está publicada en la Historia de Oviedo y Ba- 
ños, edición de Fernández Duro, tomo II, pág. 209. 

160 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



'dos, acordaron de me enviar un cacique que se 
'dice D. Juan Baracoica, que está en las islas 
'y es su pariente y deudo, con otro indio que 
'entre ellos señalaron para que me viniese a de- 
'cir e rogar que yo los quisiese recibir como a 
'los otros debajo de mi governacion y mi am- 
'paro; y esto principalmente me enviaba a decir 
'un gran cacique que está diez leguas la tierra 
'adentro en la provincia ,de Coro, y el dicho Ca- 
'cique se llama Naure o Anaure,. . . . e luego yo 
'enbié una carabela mía con solo cinco cristia- 
'nos, e los dichos indios e una india que en mi 
'casa se ha criado, muy buena cristiana, para 
'que les hablase y supiese si aquello que los in- 
'dios me habían dicho fuese verdad; e aporta- 
'da la dicha carabeleta a la dicha costa, luego 
'los indios que trataban las paces e amistad vi- 
'nieron allí e llevaron a un Gonzalo de Sevilla 
'consigo para hablar con los caciques, e acá es- 
'tando él en esto y los indios con pensar que 
'estaban bien seguros, aportó allí una armada de 
'cristianos, e tomó parte de aquellos indios e una 
'india hija del gran cacique de Coro, e los tru- 
'jeron a esta isla por esclavos; e yo me quejé a 
'los jueces de V. M. e ellos entendieron en ello 
'con toda seguridad, e lo castigaron e me man- 
caron volver los indios que así habían traído, e 
'todo lo más que yo les pedí; e yo con este de- 
'seo que tengo en que estos indios que tan f ue- 
'ra de razón están, en especial este gran caci- 
que al cual trujeron una hija suya con su 
'marido, e acordé seguir este buen propósito 
'e gastar todo lo que se ofresciere, e trabajar 

161 

21 --1 



PEDRO M. ARCA YA 



"con ellos todo lo posible hasta que V. M. dello 
"sea sabidor e mande que pase adelante o vuel- 
"va atrás." 

Concluía Ampies pidiendo se prohibiese que 
fuesen armadas a cautivar indios desde Paragua- 
choa hasta la punta de Coquibacoa, que él tra- 
bajaría en pacificar la tierra "e si V. M. fuere 
"servido de me mandar poblar estas provincias, 
"hacerme ha merced en ello, porque los que es- 
"tamos acá y sabemos qué cosa es, tenemos obli- 
gación de servir a Dios y a V. M. en ello." 

Atendiendo el Rey la exigencia de Ampies 
libró una Cédula a 17 de noviembre de 1526 (4), 
en que le decía a Ampies: "podáis tener e ten- 
íais las dichas Yslas (Curazao, Aruba y Bui- 
"nare) e contratar e rescatar con el dicho ca- 
"cique (de Coro) en todo y por todo... y Man- 
"damos que ninguna ni alguna personas no va- 
"yan con armadas ni en otras maneras a las 
"dichas Yslas, ni tocar en ellas sin licencia vues- 
"tra, so pena de muerte y de perdimiento de to- 
"dos sus bienes. ..." 

Preveníasele en la propia Cédula a Ampies 
que debía respetar los capítulos de una provi- 
sión sobre nuevas poblaciones allí inserta, que se 
había acordado librar "porque Nos siendo infor- 
"mados de los males y desórdenes que en descu- 
"brimientos y poblaciones nuevas se han hecho 
"y hacen .... para remedio .de lo qual, con acuer- 
"do de los del Nuestro Consejo y consulta Nues- 

(4) Está publicada en la colección de Torres de 
Mendoza (Tomo 22, página 184) pero con el error de 
haberle puesto fecha de 1536. 

162 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 

"tra, está ordenada y despachada una Provisión 

"general " Entre las disposiciones de ella 

figuraban las siguientes: que. los expedicionarios 
llevaran por lo menos dos religiosos, y que és- 
tos tuviesen "muy gran cuidado y diligencia en 
"procurar que los dichos indios sean bien trata- 
"dos, como próximos mirados y favorecidos, y 
"que no consientan que le sean hechas fuerzas 
"ni robos, daños ni desaguisados, ni mal trata- 
"miento alguno...." Que a los indios se les 
hiciera saber "por lengua de intérprete que los 
"Capitanes y Oficiales llegados a su tierra Nos 
"les embiamos para les enseñar buenas costurn- 
"bres y .de apartarlos de vicios y de comer car- 
ene humana, e instruirlos en Nuestra Santa Fé 
"e predicársela...", sobre lo cual se les leería 
un requerimiento "firmado de Francisco de los 
"Cobos, mi Secretario". Que después de amo- 
nestados y requeridos los indios se podían hacer 
"fortalezas o casas fuertes o llanas." Que a los 
indios nada se les tomase por fuerza ni se les hi- 
ciera daño, ni se les esclavizara, pero aquí des- 
graciadamente se hizo una salvedad que en la 
práctica anularía las benéficas disposiciones que 
anteceden, a saber la de que "los dichos indios 
"no consintiesen que los dichos religiosos e clé- 
rigos estén entre ellos e les instruyan en bue- 
"nos usos y costumbres, e que les prediquen 
"Nuestra Santa Fé Católica, o no quisiesen dar- 
"nos la obediencia, o no consintiesen, resistien- 
"do o defendiendo a mano armada, que no se 
"busquen minas ni se saque .dellas oro e los otros 
"metales que se hallasen..." pues en estos ca- 

163 



PEDRO M. ARCA YA 



sos se permitía "hazer guerra (a los indios) e 
"hazer en ella aquello que los derechos de Nues- 
tra Santa Fé Religión Cristiana permiten," y 
es sabido que el derecho ,de la guerra, entonces, 
permitía esclavizar los prisioneros infieles. Con- 
cedíase, además, que los indios, "para ser instrui- 
dos y enseñados en buenos usos y costumbres," 
se encomendasen a los cristianos "para que se 
"sirvan de ellos como de personas libres", como 
si el régimen de lia encomienda no excluyera ne- 
cesariamente la noción de la libertad del indio 
"encomendado". Ante estas contradicciones du- 
da uno si había realmente buena fé en semejan- 
tes disposiciones, o una refinada hipocresía, en que 
bajo el disfraz de nobles máximas se encubrían 
preceptos realmente inhumanos e injustos. 

Como quiera que sea, bajo esas bases se ini- 
ció la colonización de Venezuela, pues Ampies, 
luego que recibió la Real Cédula, lo cual debió 
ser en los últimos días de diciembre de 1526, o 
más probablemente en enero de 1527, comenzó, 
como después lo escribió al Rey (5), "a armar 
"una gruesa nao para enbiar los .dichos caci- 
ques que estaban aquí (Santo Domingo) muy fa- 
tigados de tan larga espera y con ellos enbié 
"un hijo mío que menos no quisieron yr, de los de 
"mi gente de cavallo y de pie y aparejos para 
"hacer una casa fuerte e otra qualquier cosa 
"necesaria". Así pues, el hijo de Ampies, cuyo 



(5) Carta inédita de Ampies al Rey, fechada en 
Santo Domingo el 7 de noviembre de 1528. Existe co- 
pia en la Biblioteca de la Academia Nacional de la His- 
toria. 



164 



HISTORIA DEL ESTADO PALCON 



nombre no hemos podido averiguar, debió llegar 
a las costas de Coro a mediados de 1527, datan- 
do desde entonces, de hecho, si no de derecho, la 
fundación de la ciudad, porque quizás el acta 
de esta fundación no se levantaría sino cuando 
llegó ahí el Factor a fines del año siguiente, o 
acaso no se levantó nunca, sino que el título de 
ciudad fuera el que le dio a Coro el Papa al crear 
la Catedral, según en su oportunidad se verá. El 
Factor envió "otra carabela con más gente a vi- 
tuallas en que he gastado mucha cantidad de 
"pesos de oro demás de otros muchos que avia 
"gastado en comprar en esta ysla muchos indios 
"que estavan esclavos e sus debdos e parientes." 

Pero cuando más afanados andaban Ampies 
en Santo Domingo y su hijo en Coro, en el pro- 
greso de la fundación que habían emprendido, 
le llegó a aquél/ una desagradable noticia: que el 
Monarca había concedido a unos alemanes el 
gobierno y la explotación de Venezuela. 

Alarmado Ampies dirigió al Monarca la car- 
ta que hemos venido extractando, el 7 de no- 
viembre de 1528, en que además de las noticias 
ya insertas le decía que por su Procurador es- 
taba informado "como Vuestra Magestad hace 
"merced' de la dicha población a ciertos alema- 
"nes, e si ello ansi fuese yo recibiría el daño 
"que Vuestra Magestad vee, como tengo poco que- 
"daría del todo perdido", Pedía que dándose- 
le a los alemanes la gobernación de Santa Marta 
se le pusiera por límite Coquibacoa "que es pun- 
"ta para entrar en el Golfo de Venezuela y que 



165 



PEDRO M. ARCAYA 



"Vuestra Magestad me haga merced de Coqui- 
"bacoa y lo demás de que me estaba hecha mer- 
eced." 

No se contentó Ampies con esta diligencia, 
sino que para mejor probar la posesión de que go- 
zaba se trasladó él mismo a Coro, donde debió 
llegar durante los últimos meses del propio año 
de 1528. 

Todos nuestros cronistas refieren su entre- 
vista con Manaure. La tradición .dice, aunque 
sobre esto no hay documentos que lo comprue- 
ben, que el conquistador y el Cacique se die- 
ron un abrazo al pié de un frondoso cují, don- 
de también se celebró la primera misa, y que de 
la madera de ese árbol se labró una cruz, que 
se conserva en aquella ciudad, colocada en el tem- 
plete que bajo el Gobierno del Mariscal Falcón 
se erigió para guardarla, en la plazoleta que me- 
dia entre las iglesias de San Clemente y San 
Francisco. 

Castellanos ni ningún otro de nuestros cro- 
nistas e historiadores refieren la circunstancia 
que .dejamos apuntada, pero que es completa- 
mente cierta, de que Ampies le precedió en 
Coro, en más de un año, un hijo suyo. Todos 
narran, sí, la visita que a aquél hizo Manaure. 
Sin duda el Factor quiso darle solemnidad ai re- 
conocimiento que de la soberanía española hacía 
en su persona el Cacique de los Caquetíos, pues 
con todo eso pensaría afirmar sus títulos al go- 
bierno de la colonia. 



166 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 

Castellanos relata los antecedentes de la 
amistad del Factor y el Cacique así: 

"La causa principal fué tener prendas 
"De indios desta tierra naturales, 
"En hatos de ganados y de haciendas, 
"De minas, de maíces y yucales, 
"Que daban relación de las viviendas 
"De muchas poblaciones principales, 
"Entre ios cuales fué cierto mancebo, 
"Señor de la ciudad Hurehurebo. 
"Y en casa del Ampies este tenía 
"Sus hijos, su muger y una su hermana; 
"Aqueste se llamó Fernán García, 
"Después que ya tomó la fe cristiana, 
"La hermana se nombró Doña Mencía, 
"Era también captiva desta presa, 
"Otra que se llamó Doña Teresa. 
"A su muger pusieron Doña Juana; 
"Instruidos en católico camino 
"Este Fernán García y Doña Juana 
"Se casaron según orden divino 
"De la Iglesia Católica romana. 
"El dicho Juan de Ampies fué su padrino 
"Y a todos libertó de buena gana. 
"Y vinieron con él en un navio 
"A sus vasallos y a su señorío." (6) 

Sin duda la Doña Juana, mufer del "señor" de 
Hurehurebo (ahora Jurijurebo en Paraguaná), 
era la hija de Manaure a quien con su mari- 



(6) Castellanos. Obra citada, página 185. 
167 



PEDRO M. ARCAYA 



do robaron los salteadores de esclavos según refie- 
re Ampies en la carta arriba citada. Por cierto 
que pocos años después, en 1531, en Paraguaná 
encontró Federmann una india quien le explicó 
que anteriormente la habían llevado a Santo Do- 
mingo, pero que el Factor Ampies la había res- 
catado, devolviéndola a su libertad y patria con el 
objeto de mover los naturales en favor de los es- 
pañoles. Ella debía ser la misma "Doña Juana." 

Dice también Castellanos que Ampies 
"Mas el primero fué que metió gente 
"En tierras de este bárbaro vecino 
"Año de veinticincinco con quinientos 
"Y el número mayor de los quinientos." 

No estará errada la indicación si se entiende 
que el cronista quiso aludir a la primera corta 
expedición que despachó Ampies a Paraguaná, 
mas el establecimiento en Coro no comenzó antes 
de 1527 ni Ampies mismo llegó allí hasta fines 
de 1528 (7). 

Castellanos prosigue así el relato de la fun- 
dación de Coro por el/ Factor: 

"Era poca la gente que traía, 
"Pero como valiente y atrevido 
"En la tierra metió su compañía 



(7) Herrera en su conocida obra: "Historia General 
de los hechos «le los Castellanos en las islas y Tierra 
Firme del Mar Océano," fija en 1527 la venida de Ampies 
a Coro. Lo mismo el Padre Simón quien pone en sesenta 
el número de los compañeros del Factor. Oviedo y Baños 
también da la fecha de 1527, mas el documento citado 
ahora por nosotros por primera vez, pone de manifiesto 
que fue el hijo de Ampies quien llegó a Coro ese año. 

168 



HISTORIA DEL ESTADO PALCON 



"Sin serle por los indios defendido; 
"Fundó su pueblo donde convenía 
Tara la defensión de su partido: 
"Aqueste Coro, fue, según parece, 
"Pues hasta nuestros tiempos permanece." 

Refiere allí el cronista poeta la entrevista 
de Ampies y Manaure, después de haber hecho 
de éste el elogio que hemos copiado en uno de los 
anteriores capítulos: 

"'Ampies viendo persona tan urbana, 
"En medio de tan rudo barbarismo, 
"Diole noticia .de la fe cristiana 
"Siendo bien instruido por él mismo; 
"Y después recibió de buena gana 
"EL agua del santísimo bautismo; 
"Llamóse Don Martín, y después desto 
"Baptizó de su casa todo el resto, 
"Demás de la mujer, hijas y hijos, 
"Se baptizaron todos los vasallos 
"Que tenía por granjas y cortijos; 
"Corrieron españoles los caballos 
"Por mas solemnizar los regocijos; 
"El don Martín holgaba de mirallos, 
"Admirado, suspenso y espantado 
"De ver irracional tan bien mandado." 

Coro se llamaba y sigue llamándose el corto 
río que pasa al sureste de la ciudad, Coro o 
Curiana se denominaba el pueblo que allí tenían 
fundado los indios, y Curiana la costa vecina. 

Dice Castellanos que el nombre de Coro re- 
sultó apropiado: 

169 
22-1 



PEDRO M. ARCAYA 



"El cual le viene bien, pues Coro viento 

"Quiere decir en lengua generosa 

"Y así es aquella tierra muy ventosa." 

De aquí han deducido algunos que Coro signi- 
ficaba viento en la lengua de los indígenas, mas 
esto es un error, porque Castellanos sólo quiso 
aludir a lía coincidencia de que ese vocablo de los 
indios fuese idéntico al español "Coro", que entre 
otras acepciones tiene la ahora desusada de "vien- 
to que corre de la parte donde se pone el sol en 
el solsticio de verano," aunque realmente el viento 
reinante en Coro es, al contrario, el que sopla del 
Ncreste. 

Coro, Corocoro, Corocorote, Coroquí, Coroqui- 
de, Coroquidiro, Codore, Coduto, Cojoro, Curiana, 
Curicuriro, Curijibuno, Curiyegua, Curimagua, 
Curuca, Curumare, Curaraduto, Cururupare, Cu- 
ruquebo, son nombres de lugares en las regiones 
ocupadas por los Caquetíos. Su etimología puede 
quizás hallarse en las palabras Koori, avispa, en 
guajiro o Kuru, lagartija, en el mismo dialecto 
narhuaco, afin del caquetío. 

Qué movió a Ampies, o a su hijo, a escoger 
el sitio que eligieron para fundar su ciudad? Pro- 
bablemente que ya los indios regaban esas tierras 
con las aguas del río cercano, pues parece que 
derivaban de él una gran acequia, por el sitio 
llamado todavía El Buco. En efecto, años después 
de establecidos ahí los españoles escribía al Mo- 
narca Español el Obispo Ballesteros en 1550: 
"A media legua de la ciudad ,de Coro pasa un río 
"que se llama Coro, de que tomó su nombre la 



170 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"ciudad; por ser muy provechoso el riego, y pobla- 
"do de indios, líos españoles hicieron asiento en la 
"comarca del. Los indios antiguamente, una legua 
"del río arriba tenían hecha una presa que ellos 
"llaman buco, que atraviesa el río y frontero a 
"la presa una acequia de largo de dos leguas que 
"en parte llevaba dos estados de hombre por 
"donde el agua del río se lleva a la ciudad de Coro 
"y se riega gran cantidad de tierra" (8). 

Abundaba además entonces el lugar en vena- 
dos, conejos y otros animales de caza. Decía Cas- 
tellanos: 

"Es tierra de fructíferos cardones 
"Con que gran parte della se embaraza: 
"De uvas, .de granadas y mellones 
"Podría tener abundante plaza, 
"Hay hobos, cimirucos y mamones; 
"Abundantísima de toda caza;" 

Parece que Ampies, en la expectativa de la 
definitiva resolución .del Monarca, no le dio orga- 
nización política a la Colonia, sino que la regía 
con su carácter de Jefe de la pequeña expedición 
a cuya cabeza estaba, pues no está probada la 
aserción del Padre Aguado en su Historia de Ve- 
nezuela de que Ampies nombrara Alcaldes y Re- 
gidores de Coro. 



(8) Esta cita la hacemos ateniéndonos a una copia 
que nos suministró, hace algunos años, el General Lino 
Duarte Level, quien la tomó en la Biblioteca de Nueva 
York donde se encuentran traslados auténticos de muchos 
documentos de los archivos españoles. En otro documento 
de 1533, (diligencias contra Santillana que citaremos 
después) se hace mención también de esa acequia. 

171 



PEDRO M. ARCAYA 



Muy pocos eran los pobladores. Los enumera 
Castellanos así: 

"El .dicho Juan de Ampies formó su hueste 
"De pocos pero muy buenos soldados 
"Y hasta cinco o seis hombres casados. 
"Un Joan Cuaresma fue de los primeros 
"Con su mujer Francisca Samaniego, 
"Joan García con otros compañeros 
"Casados, y con ellos maestre Diego, 
"Bartolomé García y un Riberos, 
"Según me declaró Fernán Gallego, 
"Que tenemos hoy día por vecino 
"En este reyno donde después vino. 
"Vino también aquel varón famoso 
"Esteban Martín, digno de memoria, 
"Vino Pedro de Limpias valeroso 
"Cuya gran valentía fue notoria, 
"Y el capitán Martínez virtuoso, 
"Cada cual digno de mayor historia; 
"Vino Juan de la Puente y un Aceros, 
"En virtud y valor de los primeros. 

Sin embargo, parece que Juan Cuaresma, 
cuyo apellido completo era Cuaresma de Meto, no 
vino con Ampies, sino después con Alf ínger. Tam- 
poco Bartolomé García fué de los compañeros de 
aquél. En cambio, omitió el cronista poeta a Es- 
teban Mateos y a Virgilio García, que sí acompa- 
ñaron a Ampies. 

De las cinco o seis parejas matrimoniales que 
trajo consigo el Factor y de las uniones concubi- 
narias de otros <de sus compañeros con las indias, 



172 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



probablemente entre esas uniones la del propio 
hijo de Ampies con alguna "noble" caquetía, pro- 
cedieron los primeros niños nacidos en la ya "ciu- 
dad" de Coro. Nuevas parejas matrimoniales lle- 
garon después con los gobernadores alemanes, y 
otras uniones concubinarias se establecieron entre 
conquistadores solteros y mujeres indias, for- 
mándose así la población coriana criolla del siglo 
XVI, meztiza en su mayoría. 

Este proceso lo explicaremos detalladamente 
en sección especial de esta obra. 

Apenas hay que decir que los primeros "edi- 
ficios" de la flamante ciudad fueron ranchos de 
paja. Dícese que data ele la época de Ampies 
la capilla o pequeña Iglesia de San Clemente. 
Nada de cierto hemos podido averiguar a tal res- 
pecto en los documentos de aquellos tiempos. An- 
tes bien, de una carta .del Obispo Bastidas al 
Monarca español en 1535, dirigida desde Santo 
Domingo, pudiera deducirse que él fue el funda- 
dor de la primera iglesia de la ciudad, que sería 
la Catedral, porque le .decía: "dejé hecha una 
"buena iglesia de paja conforme a la disposición 
"de la tierra y proveído lo necesario lo mejor que 
"yo pude." 

Sin embargo, muy posible es que Ampies hi- 
ciera construir alguna pequeña capilla de paja 
dedicada a San Clemente, en el sitio donde ares 
después se levantó otra de tapias, que fue re- 
construida luego a mediados del siglo XVIII, y 
reedificada como ahora está, durante el último 
cuarto del XIX. 



173 



PEDRO M. ARCAYA 



Mientras Ampies se ocupaba en fundar sobre 
las sólidas bases de una estrecha amistad con los 
indígenas una colonia que de ese modo habría 
progresado, otra cosa muy en contrario a las as- 
piraciones de su Factor resolvía el Monarca es- 
pañol. 

Desde el siglo XIII figuraban en el alto co- 
mercio alemán los Welser, cuyo apellido, españo- 
lizado por los cronistas de la conquista, se ha 
hecho célebre en la historia venezolana en la 
forma de Belzar, en plural Belzares. Establecidos 
de antaño en Augsburgo extendieron durante el 
siglo XV su comercio por el Levante, y después 
fueron los primeros en aprovechar para sus nego- 
cios la nueva ruta que hacia la India abrió Vasco 
de Gama. 

Durante el segundo cuarto del siglo XVI re- 
gían esta gran casa los hermanos Antonio y Bar- 
tolomé Welser a quienes solía ocurrir, pidiéndoles 
dinero prestado, el Emperador de Alemania y Rey 
de España, el célebre Carlos V. Tenían entonces 
estos negocios entre Monarcas y banqueros carác- 
ter distinto del de los empréstitos nacionales de 
nuestros días, asemejándose más bien a los que 
ahora se celebran entre particulares. Ello dio a 
los Welser gran importancia política, y despertó 
en ellos ambiciones de mando, siquiera pudieran 
lograr ser señores de alguna de las lejanas co- 
marcas que los castellanos estaban .descubriendo. 

Con esta mira enviaron a España, probable- 
mente a fines de 1527 o principios de 1528, a dos 
agentes suyos, Enrique Ehinguer y Gerónimo 



174 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Sayler o Sailler, pues aunque un escritor de nues- 
tros días, Jules Humbert, (9) insinúa la posibili- 
dad de que éstos trabajaron al principio por 
cuenta propia, lo cierto es que de la narración de 
Federmann que luego citaremos, se deduce que 
en lo relativo a las concesiones que obtuvieron 
en América procedían por cuenta de los Belzares, 
(así seguiremos escribiendo este apellido), aun- 
que no lo expresaran los primeros documentos. 

Ocurrieron Ehinguer y Sayler a la Corte 
cuando se estaba preparando la expedición que 
llevaba a Santa Marta el Gobernador García de 
Lerma. Ofrecieron ayudarlo en sus conquistas, 
bajo condición de que se les concediera el terri- 
torio que quedaba al Este de Santa Marta, par- 
tiendo límites en el Cabo de La Vela. Lograron, 
por último, celebrar un contrato o Capitulación 
que fue aprobada por Real Cédula de 27 de marzo 
de 1528, librada en Madrid por la Reina Doña 
Juana (10). Se hizo constar allí que Ehinguer y 
Sayler se habían comprometido a contribuir a la 
pacificación de Santa Marta: "vosotros os ofrecéis 
"de fazer una armada de cuatro navios o mas, 
"con doscientos hombres o mas armados con los 
"quales el dicho Gobernador (García de Lerma) 



(9) L'ocupation allemande da Venezuela au XTI 
siecle. 

(10) Hay que recordar que Doña. Juana la Loca si- 
guió siendo nominalmente Reina hasta su muerte, 
aunque por su estado mental no tenía participación 
alguna en el Gobierno del Estado. En las Reales 
Cédulas de la época figuraba, sin embargo, como Reina, 
apareciendo su nombre solo o junto con el de su hijo el 
célebre Carlos V de Alemania y I de España. 



175 



PEDRO M. ARCAYA 



"allanará la dicha tierra de Santa Marta" Que 

ellos habían hecho ya relación de que junto a 
Santa Marta y en la misma costa, estaba otra 
tierra que era "del cabo de la Vela y golfo de 
"Venezuela y otras tierras hasta el cabo ,de Ma- 
"racapana," la cual se ofrecían a pacificar y po- 
blar con los mismos hombres "e mas otra gente 
"que serán trescientos por todos muy bien pro- 
teidos e armados." En consecuencia, de lo cual 
se les daba licencia para que cualquiera de ellos 
dos y en su defecto "Ambrosio de Alf ínger e Geor- 
ge ehinguer hermano de vos el dicho Enrique," 
pudieran descubrir, conquistar y poblar las re- 
feridas tierras, desde el cabo de la Vela hasta 
Maracapana, "y sur de la una mar a la otra,'' 
con todas las islas de la costa, excepto las enco- 
mendadas a Ampies. 

Imponíaseles la obligación de fundar siquiera 
dos pueblos, para cada uno de los cuales .debían 
llevar trescientos hombres por lo menos. Debían 
también construir en la tierra tres fortalezas, to- 
do a su costa. Dábaseles un año para la salida 
de España de la primera partida de 300 hombres, 
y dos años después de su arribo para la funda- 
ción de los dos pueblos. 

Cincuenta mineros alemanes mandarían 
a Indias, para que explorasen no sólo las tierras 
de su concesión sino también las islas Española, 
San Juan y Cuba. 

Dábasele al de ellos que dirigiese la Conquista 
salario como Gobernador de 200.000 maravedís, 
y como Capitán General de 100.000, al año, en- 



176 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



tendiéndose que este mismo cargo se le daría a 
Ambrosio de Alfínger o a Jorge Ehinguer si uno 
de estos fuere el escogido por los concesionarios. 

Hádaseles merced del Oficio de Alguacil Ma- 
yor para ellos y sus herederos, de la tenencia de 
las fortalezas con 75.000 maravedís de salario 
cada año, y del cargo de Adelantado para el de 
ellos que de común acuerdo designaran. 

Otorgábaseles el cuatro por ciento "de todo el 
"provecho que de qualquier manera se nos siguie- 
"re,para vosotros e para vuestros herederos e sub- 
"cesores para siempre jamás", deducidos los gas- 
tos que hiciere la Corona, "pero no se entiende 
"que haveis de llevar parte de las alcavalas ni 
"almoxarifasgos ni penas de cámara; por que esto 
"no es fruto de la tierra y ha de quedar entera- 
"mente para nos.'' 

Eximíaseles del pago de derechos por lo que 
a la tierra llevaren, no siendo para negociar, pues 
por lo que a este fin destinaren debían pagar 
los acostumbrados impuestos. 

Doce leguas de tierra en plena propiedad po- 
dían escoger. 

Facultábaseles para llevar a Venezuela caba- 
llos, yeguas y otros ganados de San Juan, Cuba 
y la Española. 

"Y porque nuestro principal deseo e intención 
"es que la dicha tierra se pueble de christianos 
"porque con ello se siembre y acreciente nuestra 
"santa fe catholica y las gentes de aquellas par- 
"tes sean atraídas y convertidas a ella digo que 

177 
23-1 



PEDRO M. ARCAYA 



"porque esto haya mas cumplido e breve efecto, a 
"los vecinos que con vos a este primero viage o 
"después a la dicha tierra fueren a la poblar es 
"mi merced de les hacer las mercedes siguientes " 
que consistían en exención o reducción tempo- 
ral de impuestos, y "que a los primeros pobla- 
dores e conquistadores se les den sus vecindades 
"y dos caballerías de tierra y dos solares y que 
"cumplan la dicha vecindad en quatro años que 
"estén e viban en la dicha tierra y aquellos cum- 
plidos los puedan vender y hazer de ellos como 
"de cosa suya." 

Otra merced criminal se les hacía a los colonos 
y era esta: "Otro sy vos doy licencia e facultad 
"a vos y a los dichos pobladores para que a los 
"yndios que fueren rebeldes, siendo amonestados 
"y requeridos los podáis tomar por esclavos guar- 
dando cerca desto lo que de yuso en esta nuestra 
"capitulación y asyento será contenido e las yn- 
"formaciones e provisiones nuestras que cerca 
"dello mandaremos dar e desta manera e guar- 
dando la dicha orden los yndios que tuvieren los 
"Caciques y otras personas de la tierra por es- 
clavos, pagándoseles a su voluntad a vista de las 
"justicias e veedores e de los religiosos que con 
"vos hirán los podéis tomar y comprar siendo 
"verdaderamente esclavos pagándonos el quinto 
"de los dichos esclavos." 

Insertábase a este propósito la Real Cédula 
que ya vimos incluida en el permiso concedido a 
Ampies en 1527 sobre buen tratamiento de los 
indios. 

Obtenida la concesión, que en realidad, como 

178 



HISTORIA DEL ESTADO PALCON 



ya lo hemos insinuado, se hacía a los Belzares, 
aunque apareciese otorgada a favor de Ehinguer 
y Sayler, comenzaron éstos los preparativos para 
la expedición que resolvieron encomendar a Am- 
brosio Alfínger (11). 

Debió de zarpar .de España a fines de 1528 la 
expedición de Alfínger pues llegó a Coro el 24 de 
febrero de 1529 (12). Lucidísima era la tropa del 
tudesco, formada de los más variados elementos, 
pues corriendo la voz de esta conquista por las 
ciudades y lugares de España volaron a incorpo- 
rarse a la milicia que venía a realizarla muchos 
que ansiaban cambiar de fortuna o meterse en 



11) Se ha escrito que el apellido Alfínger es corrup- 
ción del de Ehinguer. No parece que sea así, pues este 
último apellido, que era el que usaba Enrique, aparece 
en los mismos documentos en que se ponía Alfínger por 
el de Ambrosio. Sin duda en Alemania se usaba enton- 
ces al igual que en España que en una misma familia 
se llevaban distintos apellidos y de allí que Ambrosio 
de Alfínger y Enrique Ehinguer pudieran ser hermanos 
de padre y madre y usar diferentes apellidos. Mas por 
otra pai-te, creemos que no es cierto que Alffínger fuese 
hermano de Ehinguer. Fue un error de copia en la publi- 
cación que hizo Torres de Mendoza (tomo 12, página (251) 
poner en plural hermanos en la Real Cédula de 1527, 
en el pasage en que siguiéndonos por el traslado que po- 
see nuestra Academia Nacional de la Historia está en= 
singular hermano, que es el de la cita que hacemos en 
el texto: "Ambrosio de Alfínger e George Ehinguer ner- 
oniano de vos el dicho Enrique." Esto es, que Jorge y 
Enrique Ehinguer eran hermanos, pero no aparece que 
ellos lo fueran también de Ambrosio Alfínger. 

(12) Castellanos fija erróneamente la fecha de la 
llegada de los alemanes en 1535 (siete lustros sobre los 
1500). El Padre Aguado en 1526. El Padre Simón en 152S. 
El mismo año y el día 24 de febrero indica Oviedo y Val- 
dez Pero la que fijamos en el texto, siguiendo a Humbert, 
es la cierta. Herrera (Historia General de los hechos de 
los Castellanos) fija el año de 1529 pero no el día. 

179 



PEDRO M. ARCAYA 



raras aventuras. Cuatro o quinientos soldados se- 
gún unos autores, o setecientos según otros, y en- 
tre ellos ochenta de caballería, trajo Alfínger. 
"En militares artes instruidos, 
"Copia de belicosos instrumentos 
"De que todos venían proveídos; 
"Lucían variados ornamentos 
"De las bizarras ropas y vestidos; 
"Las bélicas trompetas dan clamores, 
"Suenan incitativos atambores 
"A la voz de conquista tan solene 
"Siguen muchos guerreros ordenanzas: 
"El caballero deja lo que tiene, 
"El labrador sus rústicas labranzas; 
"El oficial humilde también viene 
"A sombra de soberbias esperanzas, 
"Y todos los .demás con los contentos 
"Que suelen prometer descubrimientos" (13). 

Entre ios que vinieron con Alfínger cita Cas- 
tellanos al Capitán Vasconia, Luis Sarmiento, 
Juan Florín, un Monserrate, Felipe de Uten, Bar- 
tolomé Belzar, pariente de los poderosos ban- 
queros por cuya cuenta se realizaba la conquista, 

"De bienes temporales abundante 

"Pero falto y ageno de ventura" 
Nombra también al Tesorero Alonso Vásquez 
de Acuña, de la noble casa de Acuña, al Contador 
Antonio de Navero (o Naveros) y al factor Pedro 
de San Martín. Yerra el poeta cronista al incluir 
entre los compañeros de Alfínger a Nicolás Fe- 



(13) Castellanos. Elegías, página 136. 
180 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



dermann que llegó después. Oviedo y Baños dice 
que con Alfínger vinieron "muchos hidalgos y 
hombres nobles," entre los cuales nombra a Juan 
de Villegas, Sancho Briceño, Juan Cuaresma de 
Meló, Diego Ruiz Veliejo, Gonzalo de los Ríos, 
Luis de León, Joaquín Ruiz, Antonio Col, Fran- 
cisco Ortiz, Juan Villa Real, Gerónimo de la Peña, 
Bartolomé García, Pedro de San Martín, el Licen- 
ciado Hernán Pérez de la Muela y Alonso de 
Campo. Algunas mermas y otras sobras hemos 
anotado en esta lista, confrontándola con decla- 
raciones de los propios conquistadores. Por ejem- 
plo: falta allí Damián del Barrio que Oviedo y 
Baños pone como llegado después; y están demás 
el licenciado Pérez de la Muela y Antonio Col que 
vinieron posteriormente, ( el último muchos años 
después). El "noble" Luis de León no era sino 
el sastre de la expedición, bien que después llegó 
a ser Regidor y uno de los principales vecinos de 
Coro, Joaquín Ruiz era Joaquín Risz o Ritz, 
alemán. 

Alfínger trajo, sin duda, poderes en forma de 
Ehinguer y Sayler, pero la Real Cédula que con- 
tenía el título para la Gobernación y Capitanía 
General en favor de ellos, o en su lugar, de Alfín- 
ger y Jorge Ehinguer, o de cualquiera de los dos 
que fuese designado por los primeros, no se libró 
hasta el 8 ele octubre de 1529, de modo que Alfín- 
ger la recibió en Venezuela. 

El cargo atribuía la administración de justicia 
en lo civil y criminal, personalmente a quien lo 
desempeñara o por órgano de lugartenientes que 



181 



PEDRO M. ARCAYA 



el Gobernador nombrase en los Oficios de Alcal- 
días y Alguacilazos "e otros oficios de la dicha 
"gobernación anexos e concernientes," con facul- 
tad de quitarlos "e admover cada e quando que a 
"vos vieredes que a nuestro servicio e a la execu- 
"ción de la nuestra justicia cumpla e poner e sub- 
"brogar otros en su lugar e oyr e librar e deter- 
minar todos los pleitos e causas asy civiles como 
"criminales." 

Así pues, al Gobernador todo le venía sometido 
en la colonia, excepto que no dependían de él los 
Oficiales Reales, es decir, los Administradores de 
la Real Hacienda. En cuanto a los Alcaldes y 
Regidores que componían el Cabildo, quedaba 
al arbitrio del Gobernador nombrarlos y desti- 
tuirlos. 

Por .donde se ve el error en que, por no estu- 
diar nuestra historia en sus fuentes, esto es, en 
los documentos de la época, han incurrido algunos 
ai asentar que los Conquistadores trajeron a estos 
países ideas de libertad política y de autonomía 
municipal. 

Los Cabildos no tuvieron importancia ninguna 
en los primeros tiempos de la Colonia. La adquirió 
el de Caracas cuando el país progresó en po- 
blación y riquezas. La evolución fue precisa- 
mente opuesta a la que se ha creído. 

Otras causas, y no las ideas apuntadas, impi- 
dieron que el poder de los Gobernadores y Capita- 
nes Generales, degenerase, ni aun en los días de 
la conquista, salvo raras excepciones, en una tira- 
nía desenfrenada, porque en verdad, el régimen 



182 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 

colonial fue siempre ,de leyes y de garantías, 
bien que estas no constituían "libertades" en el 
sentido moderno, y bien que las leyes consagra- 
ban numerosas e irritantes iniquidades. 

Debíanse tales garantías al progreso jurídico 
que durante toda la Edad Media se había verifica- 
do en España, implantando en las instituciones y 
las costumbres el respeto de las fórmulas legales, 
que aunque muchas veces servían a encubrir 
arbitrariedades , siempre eran amparo y tutela 
de los derechos, por cuanto la arbitrariedad que 
tiene que disfrazarse, mucho pierde en su rudeza, 
y el constante uso de aquellas fórmulas desarro- 
lla y robustece el concepto de que el gobernante 
no puede proceder por capricho ni pasión. 

Ciertamente que el poder del Monarca no tenía 
límites, pero estaba temperado por la misma doc- 
trina que lo engrandecía hasta hacerlo derivar 
de Dios. En tal sentido debía también inspi- 
rarse el Rey en la justicia. De otro modo el Mo- 
narca injusto faltaba en teoría a la razón de ser 
de su ministerio, de donde resultaban conse- 
cuencias que algunos teólogos extremaban hasta 
justificar el regicidio. Naturalmente que según 
las ideas de la época no se consideraban injustas 
las penas por delitos de religión, ni, salvo por 
contados espíritus superiores, se advertía que la 
esclavitud era un crimen. Ni el Rey ni la opinión 
pública creían que era quebrantar la justicia 
aplicar aquellas penas ni sancionar esta insti- 
tución. 

Contribuía a afianzar, además, el respeto a 



183 



PEDRO M. ARCAYA 



las fórmulas legales, la instrucción muy desarro- 
llada y extendida entonces en España. Con algu- 
nas, y entre ellas varias muy notables excepcio- 
nes, los conquistadores de Indias eran hombres 
por lo menos medianamente instruidos, a pesar 
de que, como fácilmente se comprende que debía 
suceder, no pertenecían a las clases ricas de la 
Metrópoli, aunque muchos de ellos eran hi- 
dalgos, casta numerosísima en la Península y en 
su mayoría compuesta de familias pobres que afa- 
nosamente vivían del cultivo de la tierra en las 
más apartadas aldeas. De allí que en medio de 
las selvas del Nuevo Mundo los Escribanos ejer- 
ciesen formalmente su oficio, oyendo protestas y 
requerimientos, certificando decretos y redactan- 
do las instrucciones que cualquiera de aquellos 
caudillos daba infaliblemente cada vez que des- 
pachaba alguno de sus subordinados a la más 
insignificante comisión. El formulismo llegaba a 
veces a extremos en que lo grotesco se aunaba a 
lo trágico, cuando se les hacían requerimientos 
solemnes a los infelices indios, para cohonestar 
con su resistencia a lo que no entendían los crí- 
menes que contra ellos se preparaban. 

Ya que tocamos aquí el formulismo de los Con- 
quistadores, es oportuno que algo más digamos 
de su psicología. Ya está visto que no eran hom- 
bres rudos. Tampoco tenían, salvo excepciones, 
arrebatos de bárbaros ni de desequilibrados. 

La impresión que se adquiere respecto a su 
carácter en general leyendo sus memoriales, las 
declaraciones que rendían en los justificativos que 



184 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



continuamente formaban de sus servicios y en 
otros .documentos emanados de ellos, es la de que 
eran superiores, desde el punto de vista de su 
capacidad intelectual' y de sus aptitudes mili- 
tares, a la empresa que acometieron en Venezuela, 
que si fue ardua en cuanto a los obstáculos que 
presentaba la naturaleza resultó baladí por ' lo 
que respecta a la débil resistencia que podían 
hacer los miserables e inermes indígenas. No ejer- 
citadas* se oscurecieron las dotes brillantes que 
aquellos hombres habrían podido desarrollar en 
otro medio, como habría sido si incorporados a 
los famosos tercios que pelearon en las guerras eu- 
ropeas hubieran estado sujetos a férrea discipli- 
na y tomado parte en verdaderas batallas. Aquí 
cayeron a poco en el abandono, viviendo oscura- 
mente en los paupérrimos ranchos de las llamadas 
ciudades que fundaron. Su ambición, .después del 
fracaso de las primeras expediciones al interior, 
se reducía a obtener alguna Encomienda de in- 
dios, cuyo escaso y forzado trabajo apenas daba 
para que sus señores llevasen una existencia pobre 
y humilde, completando la corta renta de la Enco- 
mienda con los ínfimos proventos de los cargos 
públicos que desempeñaban. La pobreza y el 
abandono dejaban ver patente en aquellos hom- 
bres el fondo de picardía existente en los hi- 
dalgos lo mismo que en los pecheros de la Es- 
paña del siglo XVI, y aun de toda la Euro- 
pa de aquella época. De allí que muchos bri- 
llantes jóvenes que llenos de ilusiones hicieron 
rumbo a Indias con Alfínger, lo mismo que otros 

185 
24-1 



PEDRO M. ARCAYA 



venidos después, terminasen sus días, ya viejos, 
en Coro, el Tocuyo, Borburata o Nueva Segovia, 
llenos de miseria, matando el ocio con el juego, 
rodeados de la prole que habían engendrado en 
las indias de la tierra, dirigiendo a cada paso me- 
moriales al Rey en que en todos los tonos men- 
digaban mercedes, exagerando para ello la im- 
portancia de las escaramuzas que habían soste- 
nido con los indios, prestándose con frecuencia 
a rendir declaraciones contradictorias, y por lo 
mismo falsas, en los procesos que sostenían unos 
contra otros, y en los juicios de residencia de los 
Gobernadores y sus Tenientes. 

Sin embargo, los conquistadores, en su humi- 
llación misma, comenzaron el proceso de inmensa 
trascendencia humana, de la fusión de las razas, 
base de nuestra sociedad, resultado más im- 
portante en definitiva que cualquiera otro que 
para ellos mismos hubieran podido alcanzar en 
su breve existencia. 

Mas ya la disgresión va muy larga. Volvamos 
a nuestro relato que reanudaremos en el Capítulo 
siguiente. 



Í86 



CAPITULO SÉPTIMO 



DESDE QUE VINO ALFINGER 
HASTA LA MUERTE DE ESPIRA 



Tan luego como Alfínger llegó a Coro se en- 
contró con la resistencia ,de Ampies .Probable- 
mente éste alegaría su prioridad en la fundación 
de la nueva colonia, y quizás argüiría que aunque 
ya estaba celebrado el asiento con Ehinguer y 
Sayler, y aunque ellos hubiesen delegado en Al- 
fínger sus facultades, faltaba la Real Cédula es- 
pecial dándole a este el cargo de Gobernador, 
lo cual explicaría que efectivamente, y para sub- 
sanar esa falta, se expidiese después la de 8 de 
octubre del mismo año de 1529 a que hemos alu- 
dido. 

Lo cierto es que la controversia entre Alfín- 
gery Ampies se agrió al extremo que el primero 
prendió y expulsó al segundo de la ciudad, man- 
dándolo a Curazao. No se conformó él con el des- 
pojo, antes bien sostuvo en España un litigio en 
defensa de sus derechos, sin más resultado que 



187 



PEDRO M. ARCAYA 



el de que se le dejase la isla ,de Curazao que con- 
virtió en un buen establecimiento pecuario, y las 
otras dos vecinas, que apenas utilizó en cortes de 
madera (1). Por lo demás, los compañeros de Am- 
pies quedaron casi todos al servicio de Alfínger. 
El apellido de Ampies se conservó algún tiempo 
en Coro, quizás porque su hijo dejaría prole en 
alguna india caquetía, como explicaremos en su 
íugar. 

En la mayor pobreza, en la misma en que a 
poco habían ,de verse los expedicionarios de Alfín- 
ger, encontraron ellos a los habitantes de la fla- 
mante ciudad de Coro 

"Cuyas pajizas casas o bohíos 
"Se mostraban ágenos del decoro 
"De los recién llegados atavíos. 
"Mas antes de preseas, plata y oro 
"Los moradores della muy vacíos, 
"Y lo más principal de sus arreos 
"Eran a buen librar bastos anjeos. 
"De las capas allí la más usada 
"Entonces era sola la del cielo; 
"Casaqueta de lienzo mal cortada; 
"Alpargate ligero por el suelo; 
"La vaina con que cubren el espada 
"De cuero de venado con su pelo:" 



(1) La prisión de Alfínger no la refieren los cro- 
nistas españoles. La narra Jules Humbert (L'ocupation 
allemande du Venezuela, página 14) con vista de ju- 
mentos de la época cuyas copias existen en el British Mu- 
scum de Londres. Sabemos también que en el Archivo de 
Indias se hallan los autos del proceso de Ampies con los 
Belzares, pero no se ha obtenido todavía copia de él para 
nuestra Academia Nacional de la Historia. 



188 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



dice el cronista Castellanos, quien luego narra los 
percances de los recién llegados en los rancheos 
o incursiones que hacían a los pueblos de indios, 
especialmente los de los Jirajaras y otros del in- 
terior, para saquear las miserables viviendas de 
estos infelices. 

Refiere Oviedo y Baños (2) que hallando fun- 
dada ya Alfínger la ciudad de Coro, quiso, sin 
embargo, "darle la perfección que le faltaba in- 
cluyendo en ella aquellos oficios de que necesita 
"una república, así para su lustre, corno para la 
"ordinaria administración de su justicia; y como 
"el Emperador había hecho merced a Juan Cua- 
resma de Meló de un Regimiento perpetuo en la 
"primera ciudad que se poblase, habiendo llegado 
"el caso, le dio posesión del ejercicio y nombró 
"por compañeros a Gonzalo de los Ríos, Martín de 
"Arteaga y Virgilio García, que juntos en cabildo 
"eligieron por primeros alcaldes a Sancho Brice- 
"ño y Esteban Mateos, natural de Moguer." 

Véase, pues, cuánto se diferenciaba un Cabildo, 
así elegido, de los Concejos verdaderamente po- 
pulares de las ciudades españolas de la Edad Me- 
dia, cuyas instituciones se supone por escritores 
de nuestros días que fueron traídos a Venezuela 
en la Conquista. 

En efecto, el Cabildo de Alfínger no tenía 
ninguna influencia en sus .deliberaciones. El era 
el único gobernante de la tierra. 



(2) Historia de la conquista y población de la pro- 
vincia de Tenezuela, edición de Fernández Duro, tomo 1, 
página 23. 

189 



PEDRO M. ARCAYA 



Ya hemos aludido a los rancheos que se em- 
prendieron contra los indios del interior. Alfínger 
procuraba, con tan criminales medios, ejercitar a 
sus soldados para la gran expedición que proyec- 
taba. Así es que poco o nada se ocupó en el fo- 
mento de Coro. 

Los indios capturados los traían, dice Caste- 
llanos, a Coro para venderlos como esclavos a los 
mercaderes que a tan infame trato se dedicaban, 
quienes los mandaban luego a Cubagua y Santo 
Domingo. 

'Suenan prisiones duras y molestas 
'Por cuellos de los padres y sus prendas; 
'Hácense las campañas luego prestas 
'Para los apartar de sus viviendas; 
'Llevan los miserables a sus cuestas 
'Sus adquiridos bienes y haciendas, 
'Hasta las casas de los vencedores, 
'Como dellos y dellas posesores. 



'Desea ranchear quien menos osa; 
'Luego salieron otros a rancheos 
'Diciendo que el hurtar es dulce cosa; 
'Recogióse ,de indios muchedumbre 
'Reducidos a dura servidumbre. 
'Para confirmación deste yerro 
'Que de mayores otros se deriva, 
'Allí los señalaron con el hierro 
'Que de la libertad dulce los priva; 
'Perpetuóse luego su destino 
'A donde cada cual muriendo viva, 
'Poniéndoles prolijo mar en medio, 



190 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"En otro cautiverio sin remedio. 
"Gran número de indios ya vendido 
"Por las islas en públicos pregones, 
"Trajeron del dinero procedido 
"Caballos, ropas, armas, municiones; 
"Fue cada soldado proveído, 
"Según aquellos tiempos y sazones, 
"De lo que demandaban sus intentos, 
"A fin de proseguir descubrimientos (3). 

En efecto, desde que llegó Alfínger a Coro 
el salteamiento de los indios para esclavizarlos, 
que antes se verificaba por expediciones aisladas 
que desembarcaban en las costas corianas, se con- 
virtió en una empresa formal, y Coro fue por al- 
gunos años el principal mercado de esclavos de 
Tierra Firme. No vendían a los Caquetíos porque 
les faltaba el pretexto, con que satisfacer el for- 
mulismo legal, de que eran indios rebeldes, pero 
los reservaban para el penosísimo servicio de 
trasporte, como bestias de carga, en las expedi- 
ciones al interior. Tampoco en los primeros años 
fueron esclavizados los Jirajaras de la Sierra de 
Coro, hasta que, como en su lugar diremos, co- 
menzaron a hacerlo los Alcaldes que gobernaron 
a Coro a la muerte de Alfínger y después per- 
mitió el Licenciado Navarro que se les capturara 
sin misericordia. 

Ya duchos sus soldados en ranchear, salió Al- 
fínger de Coro, a mediados de 1529, a la cabeza 
de una lucida hueste, de ciento cincuenta soldá- 



is) Castellanos. Elegías. 
191 



PEDRO M. ARCATA 



dos y muchos indios. Dejó encargado del Gobier- 
no a Luis Sarmiento. Dirigióse hacia el Oeste, en 
dirección del lago de Maracaibo, junto al cual 
fundó el primer pueblo de españoles de ese 
nombre. 

Mientras estaba por allá llegaron a Coro Jorge 
Ehinguer, Hans Seissenhofer y Nicolás Feder- 
mann. Consérvase la Narración del viage de este 
último, publicada en alemán en 1557, en traduc- 
ción francesa en 1837 por M. Ternaux, y en ver- 
sión castellana por el autor de este libro en 1916. 
Refiere Federmann que el 2 de octubre de 1529 
embarcó en San Lucar de Barrameda, nombrado 
por el señor Ulrich Ehinguer "en nombre de los 
señores Bartolomé Welser y Compañía, Capitán 
de ciento veinte y tres soldados españoles, y de 
veinte y cuatro mineros alemanes que debía 
conducir yo al país de Venezuela, en el gran 
mar Océano, y cuyo gobierno y dominio ha ce- 
dido Su Majestad Imperial a dichos Welser, mis 
señores." — Prueba fehaciente es esta de que 
Ehinguer y Sayler eran simples Agentes de los 
Belzares, aunque al principio la concesión figurase 
a nombre de aquellos. Agrega Federmann que en 
Santo Domingo encontró a Sebastián Rantz, fac- 
tor de los Belzares, que de allí se dirigió a Coro, 
erró el puerto y arribó a las costas de Paraguaná. 
donde desembarcó el 9 ó 10 de enero de 1530. 
Dejó allí la tropa a las órdenes de Jorge Ehin- 
guer, y volvió a embarcar con rumbo a Santo Do- 
mingo, de donde siguió a Coro, a cuyo puerto llegó 
el 18 de marzo. 



192 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



En este relato aparece el nombre de Ulrich 
Ehinguer que debe ser el mismo Henrique Ehin- 
guer de los documentos españoles. 

Dice Federmann que poco después que él llegó 
a Coro Hans Seissehoffer, Agente de los Belza- 
res, enviado con una flotilla para que tomase el 
mando de la Colonia, porque se creía en Sevilla 
que Ambrosio de Alfínger había muerto, y se 
desconfiaba de su Teniente Sarmiento, que era 
español. Agrega que Hans Seissenhoffer quedó 
reconocido como Gobernador de la Provincia. 

Este es el Juan Alemán que figura en la 
lista ,de los Gobernadores de Venezuela de Baralt 
y Díaz como sucesor de Alfínger a la muerte de 
éste, error en que ya había incurrido Oviedo y 
Baños y antes el célebre cronista Herrera. No 
fué así, pues apenas corto tiempo ejerció Juan 
Alemán la Gobernación, interinamente, y al re- 
gresar Alfínger cesaron sus funciones. 

Finalizando Castellanos (4) el relato de la 
primera expedición .de Alfínger dice 

"Después de mucho tiempo consumido 
"En ver y trastornar aquel terreno, 
"Micer Ambrosio supo ser venido 
"A gobernar un micer Joan el Bueno; 
"A Coro se volvió mal desabrido 
"Do lo halló de su salud ageno; 
"Y por morir el Joan aquel invierno 
"Ambrosio se quedó con el gobierno. 



(4) Elegías, página 196. 
193 



26—1 



PEDRO M. ARCAYA 



Mas según la narración de Federmann, tes- 
tigo y actor en los sucesos de la época, Seissen- 
hoffer (Juan Alemán o Juan el Bueno) entregó 
el Gobierno a Alfínger al llegar éste, a los quince 
días apenas de estar Seissenhoffer en ejercicio. 

Solemne fue el recibimiento que se le hizo a 
Alfínger. "Seissenhoffer y yo, dice Federmann, 
"fuimos a su encuentro, hasta media legua de la 
"ciudad de Coro, con toda la tropa, a pie y a 
"caballo y lo recibimos bajo una tienda .donde se 
"cantó un Te Deiim al son de tambores y trom- 
petas; después de haber desayunado allí toma- 
"mos la vuelta de Coro. Había atravesado este 
"Ambrosio Dalfínger, durante su viage, muchos 
"países extraños e incógnitos. Había perdido en 
"los combates y por enfermedades como cien de 
"sus compañeros." 

Tampoco es cierto que Seissenhoffer muriera 
en Coro. Según Federmann, "se sintió en una po- 
sición bástente falsa después del regreso del 
"antiguo Gobernador, y de buena gana renunció 
"su empleo, pues fue a desempeñar en otra parte 
"de las Indias una comisión que le había encar- 
dado Su Majestad Imperial." 

Según la Relación que años después envió 
el Gobernador Licenciado Pérez de Tolosa al 
Monarca español (5) Alfínger regresó a Coro 
con muy poca gente, pues de los ciento cincuenta 
hombres que sacó dejó en el pueblo que fundó 



(5) Está publicada en la edición de Fernández 
Duro de la Historia de Venezuela por Oviedo y Baños, 
tomo 2o., página 239 y siguientes. 

194 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



en Maracaibo cincuenta o sesenta» Agrega que 
Jorge Ynguer (Ehinguer) trajo poder de Enri- 
que Ynguer y Gerónimo Sailer pero sin provi- 
sión real, por lo cual no fue obedecido, aunque sí 
se recibió como tal a Micer Seissenhoffer, y con- 
cuerda con Federmann en que su interinaría no 
duró sino quince días. 

Con Alfínger cuando vino de España, y luego 
con Seissenhoffer, mandaron los Belzares gran 
cantidad de mantenimientos y mercaderías. El 
mismo Alfínger, o sus dependientes, vendieron a 
crédito a los conquistadores lo que necesitaban 
"a muy justos precios" según después informó el 
Licenciado Pérez de Tolosa (6), menos los ca- 
ballos y aderezos de la jineta que se los vendie- 
ron caros, a doscientos pesos el caballo y cincuen- 
ta la silla. Los expedicionarios quedaron casi to- 
dos agobiados de deudas con los Belzares, sin más 
esperanzas de pagarles que la del botín que con- 
taban con ganar en las expediciones que se pre- 
paraban. Tales esperanzas resultaron fallidas. 
Los compañeros de Alfínger y los demás soldados 
españoles que vinieron después seguían contra- 
yendo deudas con los alemanes, y de allí que su 
gobierno se hiciera odioso a todos los colonos, 
odios que hicieron explosión a la muerte de Alfín- 
ger con la prisión de Santillana, y después en el 
desgraciado fin de Felipe de Uten, que luego 
narraremos. 

Voceros de los colonos ante el Rey, contra los 



(6) Relación citada, publicada en la moderna edi- 
ción de la Historia de Oviedo y Baños. 



195 



PEDRO M. ARCAYA 



alemanes, fueron desde el principio los Oficia- 
les Reales, únicos empleados que no dependían 
de dichos gobernantes. El día último de julio es- 
cribían desde Coro Vásquez de Acuña, Neveros 
y Pedro de San Martín (7) una larga carta de 
quejas y acusaciones al Monarca. "Sabe Vuestra 
"Majestad, le decían, que las personas que tie- 
"nen esta Gobernación son los alemanes, e tratan 
"en la dicha tierra en tanta cantidad que a este 
"respecto, como son mercaderes esta Goberna- 
ción no la tienen por mas de por vía de trato 
"de mercadería, de donde redunda dello todos 
"los ynconvenientes siguientes." Y seguían ex- 
plicando la pérdida de los .derechos fiscales por 
las artes y fraudes de que se valían los agentes 
de los Belzares, el perjuicio que acarreaba el 
monopolio de que prácticamente gozaban en el 
comercio, la desigualdad de los precios, según 
que los alemanes quisieran favorecer o dañar a 
los compradores, ocultamiento de oro para evi- 
tar el pago del quinto, que no se pagaba tam- 
poco el quinto del valor de los esclavos, que se 
traían indios de Paraguaná "para naborías de 
"casas e otra manera de servicio de los xristia- 
"nos, ques como yr a las entradas e para llevar 
"carruaje al Golfo," y que estos indios se repar- 
tían según el capricho del Gobernador. "En las 
"cosas que tocan al regimiento e su oficio de re- 
gidores ya abemos dicho a Vuestra Magestad 
"como en los mantenymientos no somos parte, ni 



(7) En la Biblioteca de nuestra Academia Nacio- 
nal de la Historia existe copia de esta carta cuyo origi- 
nal se encuentra en el Archivo de Indias. 



196 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"menos en todas las otras cosas, porque unas ve- 
nces como Gobernador e otras veces como Capi- 
"tán General se lo consumen todo en sy e en el 
'"'dar de los solares a los vecinos, siendo oficio de 
"Regidores e de cibdad e no consiente que sea- 
"mos parte para dar a quien él quiere." 

Decían que en Coro había cuatro Regidores 
por Su Magestad (esto es, cuyo título había sido 
expedido por el Rey), pero además Alfínger ha- 
bía nombrado para un Regimiento a su criaxlo 
Jorge de Vasconia "e así mismo a querido e quie- 
"re fazer otros Regidores por su mano, que non 
"sean caballeros e Escribano de Cabildo porque 

"todo sea suyo " mas la verdad es que en 

esto no se salía Alfínger de los términos de la 
capitulación en cuya virtud gobernaba la tierra. 

Otras noticias curiosas trasmitían los Oficia- 
les Reales al Monarca, como eran la de haberse 
descubierto perlas en las costas .de Paraguaná; 
se hallaron y trajéronse a Coro "algunas razona- 
bles muestras entre las quales obo algunas como 
"garbanzos e un berrueco gordo." 

Alfínger demoró poco en Coro a su regreso 
de la expedición de Maracaibo. Vino enfermo de 
fiebres palúdicas cuartanas, y resolvió hacer un 
viaje a Santo Domingo con el fin de curarse, y 
embarcó hacia allá a fines de junio del mismo 
año de 1530. En la propia carta que hemos veni- 
do extractando leemos "La cabsa echa a que se 
"va a curar; nosotros creemos que pasiones, quen- 
"trel e otros de su nación ay lo cobran". Quizás, 
en efecto, Alfínger fue a afirmar en Santo Do- 



197 



PEDRO M. ARCAYA 



mingo, con el Factor de los Belzares, su posición 
que creería algo insegura después de la venida 
de Federmann. 

Dejó a éste encargado del Gobierno de la Pro- 
vincia, .donde no había todavía sino los dos cor- 
tos pueblos de españoles de Coro y Maracaibo. 
Al último mandó como su Teniente a Luis de 
Leiva, natural de Jaén, con algunos soldados. 

Federmann refiere que viéndose en Coro con 
tanta gente inactiva y desocupada determinó em- 
prender un viage al interior "hacia el Mediodía 
"o el Mar del Sur, esperando hacer algo de pro- 
vecho." 

Efectivamente, salió de la ciudad, rumbo al 
Sur, el martes 12 de septiembre de 1530, llevando 
110 soldados españoles de infantería y 16 de ca- 
ballería, con cien indios caquetíos que portaban 
los víveres. Esa expedición dio asunto al intere- 
sante relato que de ella hizo el propio Feder- 
mann, a que antes hemos aludido, traducido por 
nosotros al castellano. Hay que advertir que se- 
gún la pesquisa que años después hizo el Gober- 
nador Licenciado Pérez de Tolosa contra los ale- 
manes de Venezuela (8) los Caquetíos que llevó 
Federmann fueron cuatrocientos o quinientos, pa- 
ra lo cual despobló varios pueblos; los indios los 
llevó "por fuerza y en cadenas, y no pudiendo 
"andar los dichos indios por enfermedad o can- 
sancio, por no les abrir la cadena les cortaba 
"las cabezas." 



(8) Ya hemos citado este interrogatorio que figura 
en los documentos publicados por Fernández Duro en su 
edición de la Historia de Oviedo y Baños. 

198 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Mientras Federmann andaba por el interior 
regresó Alfínger a Coro, en los últimos meses de 
1530 o principios de 1531. Federmann llegó a la 
ciudad el 17 de marzo del mismo año, enfermo 
de fiebre. Allí se estuvo hasta diciembre, y em- 
barcó para Santo Domingo y Europa (9). 

Alfínger desde su regreso se ocupó en orga- 
nizar la nueva gran expedición en que había de 
perecer. Los Caquetíos que tanto habían sufrido 
con la anterior correría del propio Alfínger y 
la ele Federmann comenzaron a huir hacia el in- 
terior. Manaure mismo fue víctima del despojo 
de unas canoas y estuvo preso por haberlas re- 
clamado. Ya en libertad y dolido de las miserias 
y penalidades de sus antiguos vasallos resolvió 
abandonar la tierra con cuantos pudieron acom- 
pañarle. Así lo hizo a poco de haber salido Alfín- 
ger, "y llevó consigo, dice un documento de la 
"época, todo el oro, que era en muy grande can- 
tidad, él y todos los suyos, que fueron mucha 
"gente e de muchos pueblos " (10). Ma- 
naure parece que llegó hasta las selvas y llanuras 
del Meta hacia su desembocadura en el Orinoco, 



(9) Castellanos entre los antiguos historiadores y 
ahora Humbert aseguran que Alfínger prendió a Feder- 
mann por haber expedicionado sin su orden y lo senten- 
ció a destierro a España. Nada de eso dice el propio 
Federmann. 

(10) "Interrogatorio de testigos para la pesquisa se- 
"creta contra los Alemanes de Venezuela " docu- 
mento publicado en la edición de la Historia de Oviedo 
y Baños por Fernández Duro. De otros documentos 
que existen en la Biblioteca de nuestra Academia de 
la Historia consta que el alzamiento de Manaure fue 
después de la salida de Alfínger para Maracaibo. 

199 



PEDRO M. ARCAYA 



pues todavía a mediados del siguiente siglo 
XVIII se conservaba en los Llanos de Barinas 
la tradición de su paso, con el fabuloso aditamen- 
to, como antes hemos dicho, de que los Caquetíos, 
a fin de que el Cacique pudiera cruzar las saba- 
nas inundadas, habían levantado las calzadas 
que aún subsisten en aquellas regiones. Creíase 
que Manaure había ido a ocultar sus tesoros a la 
misteriosa laguna de Curanaca; una de tantas 
transformaciones de la leyenda de El Dorado 
(11). 

Sin embargo, muchos de los Caquetíos fugiti- 
vos se quedarían más cerca, quizás en las selvas 
de las márgenes del Tocuyo y sus afluentes, entre 
ellos un Cacique bautizado ya con el nombre de 
Don Marcos, tío a lo que parece de Manaure, y 
otro llamado Don Juan Baracoica, hijo del mismo 
Manaure, de quienes hablaremos después. 

Algo se ayudó Alfínger para los gastos de su 
nueva expedición con lo que de la suya trajo Fe- 
dermann, aunque en realidad fue poca cosa, o 
por lo menos lo que entregó: como unos siete mil 
pesos de oro de baja ley, tomados por Alfínger, 
en nombre de los Belzares, en pago de la ropa 
y mantenimientos que les adeudaban los colonos. 

Mientras tanto en Europa Ehinguer y Sayler 
traspasaron auténticamente a los Belzares la con- 
cesión que hasta entonces figuraba a nombre de 
los primeros. Dichos señores ratificaron el nom- 
bramiento de Alfínger, y obtuvieron la aproba- 



(11) Cai'Tajal. Relación del descubrimiento del río 
Apure. 

200 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



ción rea! que fue otorgada por Cédula de 4 de 
abril de 1531. Cuando llegaron estos despachos 
a Venezuela ya Alfínger había salido de Coro. 

En efecto: el 9 de junio de 1531 se puso en 
marcha dirigiéndose a Maracaibo. He aquí lo 
que dice Castellanos: 

"Y vino con pertrechos y recado 
"Al Maracaibo que dejó poblado. 
"Halló la gente del mal afligida, 
"De enfermedad y hambre fatigada, 
"Con grandísimo riesgo de la vida, 
"Y de socorro ver desesperada: 
"Regocijáronse con su venida 
"Como quien la tiene deseada; 
"Y a su necesidad tan insufrible 
"Ambrosio socorrió con lo posible.'' 
Mas sería ageno al presente libro el relato de- 
tallado de la expedición de Alfínger desde Ma- 
racaibo hacia el interior, sobre que esa expedición 
la narran minuciosamente todos nuestros cronis- 
tas e historiadores. Nos limitaremos a recordar 
que se internó en las selvas de la margen sur 
oeste del lago de Maracaibo, que cometió insig- 
nes crueldades, recogió algún oro, se extravió en 
aquellas incógnitas espesuras, y al cabo sufrió 
desastrada muerte en el valle que desde entonces 
se llamó de Micer Ambrosio. 

Di jóse entonces (y el rumor lo recogió Cas- 
tellanos) que un español lo hirió, mas la versión 
oficial fue que lo flecharon los indios. 

Su muerte sucedió en el segundo semestre 
de 1533. La noticia llegó a Coro el 2 de noviem- 

201 
26-1 



PEDRO M. ARCAYA 



bre de ese año (12). Antes habían salido de allí 
en su auxilio Pedro de Limpias y Luis Sarmiento 
con 62 soldados, logrando incorporársele. Los res- 
tos de esa gente y de la que había salido con el 
propio Alfínger, volvieron a Coro, en tristísima 
situación, bajo el mando de Esteban Martín. 

Alfínger había dejado encargado del Gobier- 
no, como su Teniente, a Bartolomé Santillana, 
que según Castellanos era 

"Persona de valor, segaz y urbana" 
Mas de otro muy distinto modo aparece en el pro- 
ceso que en contra suya se formó a consecuencia 
de los sucesos que pasamos a narrar. 

Lo cierto es que desde que asumió el mando 
comenzó a crearse enemigos en la mayor parte 
de los habitantes ,de Coro. Castellanos, que por 
lo visto le tenía particular cariño, dice que ellos 
eran: 

"Como suele tener cualquier que manda, 
"Mayormente si los desvergonzados 
"La mano del Juez no sienten blanda; 
"Tenía Coro pues amancebados, 
"Y estos la noble gente de su banda, 
"Y el dicho Santillana como bueno 
"Procuraba ponelles algún freno." 

Al saberse la muerte de Alfínger ocurrió una 
revolución dirigida por los Oficiales Reales y en- 
cabezada por el Alcalde Francisco Gallego, a 



(12) Esta segunda expedición de Alfínger es la que 
como única narran Oviedo y Baños y Baralt, cuando la 
verdad es que desde la primera había fundado al pueblo 
de Maracaibo. 



202 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



quien ellos mismos habían dado ese nombramien- 
to. Alegábase que el fallecimiento de Alfínger 
dejaba sin valor la delegación que él había he- 
cho en Santillana. Reunióse un grupo de habi- 
tantes de la ciudad. Fueron sobre él. Lo pren- 
dieron con gran alboroto. Pusiéronle grillos y 
echáronle en la cárcel. 

Inmediatamente los alzados levantaron un 
proceso contra el preso, achacándole los más gra- 
ves delitos. Se inició por acusación de Hernando 
de San Martín, "Procurador General de la Co- 
"munidad de la ciudad," ante el Alcalde Fran- 
cisco Gallego y el Escribano Alonso de la 
Llana. Numerosos testigos declararon que San- 
tillana había incurrido en los más escandalosos 
excesos, que se jactaba de haber gozado de las 
españoles casadas de la ciudad, y a las que resis- 
tían a sus deseos perseguía hasta prenderlas y 
maltratarlas, que azotó varios hombres, puso en 
prisiones a otros sin motivo, y mantenía atemo- 
rizada la población con sus caprichos y vejáme- 
nes. 

Los autos los enviaron a la Audiencia de San 
to Domingo con Luis González de Leiva y Alon- 
so de la Llana, como procuradores de los vecinos. 
Ellos presentaron su querella en forma contra 
Santillana, en mayo de 1534, por las injusticias, 
agravios y extorsiones que les había hecho, y an- 
tes que él Alfínger. Ocurrió en su defensa Pe- 
dro Sacóme, nombrado, sin duda, por los Agen- 
tes que los Belzares debían tener en Santo Do- 
mingo, pues dicho defensor obraba como manda- 



203 



PEDRO M. ARCAYA 



tario de "los alemanes gobernadores de Vene- 
zuela." 

La primera providencia que tomó el Tribunal 
fué poner orden en los asuntos de Venezuela, 
haciendo cesar la situación anormal en que se ha- 
llaba, mediante el nombramiento de un Goberna- 
dor interino. Primero fué nombrado un señor 
Fuenmayor, hermano del Presidente del Tribunal, 
como Juez de la Gobernación, mas en mayo se 
resolvió que Don Rodrigo de Bastidas, que ya es- 
taba elegido y consagrado de Obispo de Coro, y 
que con tal carácter debía trasladarse allá, toma- 
se la gobernación y ordenara lo que conviniese. 

En efecto, el Papa Clemente VII, por Bula ex- 
pedida el 21 de julio ,de 1531, en atención a que 
"entre otras Provincias de las partes de tierra 
"Firme del Mar Océano nuevamente descubiertas 
"y ganadas por nuestro muy amado hijo Carlos 
"Emperador de los Romanos, que también es Rey 
"de Castilla y León, y sujetadas a su temporal 
"Monarquía y señorío, hay una llamada Venezue- 
la, cuyos naturales y moradores, careciendo de 
"la divina luz, viven sin ninguna instruc- 
"ción de la Fe Católica, y en la cual no 
"hay ninguna iglesia adificada," y a fin de 
que dichos naturales y habitadores, "que son 
"capaces de razón y humanidad se alleguen 
"a la dicha Fe, y apartadas las tinieblas 
"vengan a la luz de la verdad y conozcan 
"a nuestro Salvador Jesucristo, Redentor del gé- 
"nero humano," Su Santidad señalaba "con título 
"de ciudad el pueblo llamado Coro, que está en 



104 



HISTORIA DEL, ESTADO FALCON 



"la dicha Provincia de Venezuela en el cual hay 
"algunos cristianos," e instituyó en ella "una 
"Iglesia Catedral debajo de la invocación que pa- 
decerá al mismo Don Carlos Emperador, en la 
*'cual esté un Obispo llamado de Coro que es en 
"la Iglesia y ciudad dicha, y Diócesis que se le 
"señalare/' disponiendo que "quedaba obligado 
"el dicho Emperador Don Carlos a señalar den- 
"tro de .dos años primeros siguientes y decla- 
"rar la invocación de la misma iglesia y el dicho 
"Obispo de Coro, que fuere por tiempo, el cual 
"sea sujeto al Arzobispo de Sevilla, que fuere 
"por tiempo...." En la misma Bula se le re- 
servó al Rey de Castilla y León poder para pre- 
sentar "a Nos, y al Romano Pontífice que por 
"tiempo fuere, Obispo y Pastor para la dicha 
"Iglesia." 

Después de ésto, y previa la presentación del 
Monarca español, fué preconizado Obispo de la 
nueva Diócesis, en el mismo año de 1531, Don 
Rodrigo de Bastidas o de las Bastidas, hijo del 
conquistador del mismo nombre, cuya expedición 
por las costas de Coro hemos relatado en uno de 
los capítulos anteriores. Apenas tenía entonces 
el electo como 27 a 28 años de edad, pero ya des- 
empeñaba en Santo Domingo el Deanazgo de 
aquella Catedral. Había nacido en la misma 
ciudad de Santo Domingo. 

Nunca manifestó Bastidas ardientes deseos 
de habitar en su Diócesis, como tendremos oca- 
sión de comprobarlo. Así es que demoró su salida 
para ella, hasta que los sucesos políticos de la Co- 

205 



PEDRO M. ARCAYA 



lonia movieron a la Audiencia, según acabamos de 
verlo, a conferirle el gobierno interino de ella, al 
mismo tiempo que viniese a organizar la Dióce- 
sis como su primer Obspo. 

No pudo ya Bastidas prolongar su perma- 
nencia en Santo Domingo, de .donde salió a me- 
diados de 1534, llegando a Coro a los pocos 
días. (13) 

Mientras tanto seguía preso en la cárcel de 
esa ciudad Bartolomé de Santillana, y goberna- 
ban los Oficiales Reales, y los Alcaldes Pedro de 
San Martín y Francisco Gallego. Durante su 
mando, ellos, lejos de remediar los males que a 
los infelices indios habían venido causando 
Alfínger y Santillana, los agravaron quizás, 
pues en enero del mismo año de 1534 forjaron un 
proceso contra los Jirajaras, habiéndose presen- 
tado Antonio Orejón, Procurador General de la 
ciudad, ante "el muy noble señor Pedro de San 
"Martín, alcalde ordinario," a justificar, con va- 
rios testigos que declararon de conformidad, có- 
mo era cierto que los "Xideharas e Caribes" que 
hacía tres años se habían traído a la ciudad y se 
habían repartido por esclavos entre algunos ve- 
cinos, mataron a Francisco Monroy y a Pedro 
Hernández Mallorquín y huyeron; que esos in- 



(13) Oviedo y Baños ni Baralt, nada dicen de este 
primer gobierno de Bastidas, pues erradamente suponen 
que por muerte de Alfínger se encargó del mando Juan 
Alemán (Sinserhoffer). Lo más raro es que tampoco 
lo refiera Arístides Rojas (Orígenes Venezolanos), quien 
pone la llegada de Bastidas a Coro en 1536, casi al mis- 
mo tiempo, dice, que el Doctor Navarro. Es esto extraño, 
porque Rojas conocía bien las Elegías de Castellanos. 



206 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



dios eran "perros traydores e perseveran en 
"sus sectas e cirimonias," por lo cual convenía 
que se "saquen y lleven desta provincia a otras 
"partes." 

No se atrevieron los Alcaldes a autorizar pa- 
ladinamente el crimen que se premeditaba, limi- 
tándose a mandar expedir copia del justificativo, 
.apoyados en el cual los vecinos, por medio de apo- 
derado, acudieron al Consejo de Indias, solici- 
tando la autorización necesaria para exportar 
como esclavos a los Jirajaras, pero de hecho 
es cierto que sí se sacaron entonces algunos cen- 
tenares de indios, pues el mismo Obispo Bas- 
tidas había escrito desde Santo Domingo, el 16 
de abril de 1534, al Emperador, que se habían 
llevado de Venezuela quinientas piezas de es- 
clavos y aunque no determina la fecha, se de- 
duce que esto debió de suceder en el curso del 
mismo año. Decía el Obispo que a pesar 
de sus requerimientos, como Protector de 
los indios, ante la Audiencia, los esclavos fueron 
vendidos a servidumbre de seis años, a razón 
de seis castellanos cada uno. (14) 

Fuera de estos sucesos, no ocurrió durante 
la interinaría de los Alcaldes, sino la expedición 
que despacharon, en febrero, hacia Maracaibo, 
con Francisco Venegas, mandando sesenta sol- 
dados, en demanda de un cristiano que se 
supo estaba vivo entre los indios, de los que se 



(14) Lo que dejamos narrado en el texto consta 
de documentos existentes en el Archivo de Indias de Se- 
villa y en el Histórico Nacional de Madrid, cuyas copias 
posee nuestra Academia Nacional de la Historia. 

207 



PEDRO M. ARCAYA 



perdieron con el Capitán Vasconia en la desgra- 
ciada expedición de Alfínger. Efectivamente lo 
encontraron. Este es el Francisco Martín de 
quien tanto han hablado nuestros historiadores. 

Dijimos ya que el Obispo Bastidas llegó a Co- 
ro a mediados de 1534. En lo primero que se 
ocupó fué en terminar las alteraciones y contien- 
das que había entre los conquistadores, muchos 
ele ellos .disgustados ya de Francisco Gallego. 
A él y al preso Santillana los embarcó para San- 
to Domingo. 

Parece que Santillana, al llegar a Santo Do- 
mingo, no solo se defendió de los cargos que se 
le hacían, sino que también logró que se conde- 
nase como calumniadores a sus adversarios. Al 
menos así lo refiere Castellanos, quien cuenta, co- 
mo se ve en los versos que siguen, los sucesos a 
que venimos contrayéndonos. 

"Para vengarse del rigor amargo 
"Hallaron estos el lugar abierto, 
"Y fue decir que ya no tiene cargo 
"Pues el que se lo dio quedaba muerto; 
"El dicho Santillana, sin embargo, 
"Procedía por orden y concierto; 
"Mas aunque por mil vías se repara, 
"En efecto quitáronle la vara. 
"Pusiéronle también duras prisiones, 
"Puesto que pareceres hubo varios; 
"Y las grandes revueltas y pasiones 
"Enhilaron negocios no sumarios: 
"Hicieron contra él informaciones 
"Al beneplácito de sus contrarios; 



208 



HISTORIA DEL, ESTADO FALCON 



"Hubo testigos talos y tan duros 
"Que les averiguaron ser perjuros. 
"A los cuales después días siguientes, 
"Siguió por tales vías y maneras, 
"Que hizo desterrar y quitar dientes, 
"Y algunos condonar para galeras, 
"Sin valelles amigos ni parientes; 
"Por tomar los negocios tan de veras, 
"Que quiso después ir con su presencia 
"Contra ellos a la Real Audiencia." 

En verdad que si eran falsos los precisos y 
concordantes testimonios que contra Santillana 
se evacuaron en Coro, todas las penas de los 
perjuros y embusteros las merecían los decla- 
rantes, y ello argüiría una profunda depravación 
moral en aquellos hombres. Mas se nos hace di- 
fícil creer que todo, ni la mayor parte de lo que 
arrojan los autos formados en Coro, fuese men- 
tira. Son muy detalladas, y con todo el aspecto 
de ser ciertas en el fondo, las noticias allí recopi- 
ladas de las crueldades de Santillana. (15) 

Estando en Coro el Obispo Bastidas, llegaron 
varias Reales Cédulas, resultado de las quejas 
e informaciones de los Oficiales Reales, que ya 
conocemos, contra los alemanes. Las más impor- 



(15) En la Biblioteca de nuestra Academia Nacio- 
nal de la Historia se halla copia de las diligencias prac- 
ticadas en Coro, cuyo original se encuentra en el Ar- 
chivo de Indias de Sevilla, mas no tenemos traslado ni 
sabemos si se conserva en dicho Archivo el original, de 
los autos evacuados ante la Real Audiencia de Santo 
Domingo. Es de observar que ni Oviedo y Baños ni Ba- 
ralt traen nada relativo a estos sucesos. 

209 

27-1 



PEDRO M. ARCAYA 



tantes fueron la de una licencia general que se 
concedió a todos los españoles para ir con sus na- 
vios a Venezuela, llevar mercaderías y contratar 
libremente en toda la provincia; la que prohibía 
al Gobernador tomar los indios de Paraguaná con- 
tra su voluntad; y la que en general vedaba que 
a ningún indio de la gobernación se tomase por 
esclavo, disposiciones éstas que quedaron como 
letra muerta, especialmente la última, porque se 
siguió por algunos años esclavizando a los in- 
dios, so pretexto de que estaban alzados y en 
guerra. Y aun otra Real Cédula, de esos mis- 
mos días, anulaba prácticamente la benéfica pro- 
hibición aludida, porque ordenaba que se pagase 
al Fisco el quinto del precio de los esclavos ven- 
didos. Varias disposiciones vinieron también 
cercenando las omnímodas autoridades de los go- 
bernadores, a quienes se les prohibía nombrar 
Regidores; éstos en lo sucesivo serían designados 
por el Rey mismo; también se aumentaban las 
atribuciones de los Oficiales Reales, cuyo consenti- 
miento se establecía como necesario para em- 
prender expediciones al interior. Todas estas 
Reales Cédulas fueron notificadas al Obispo Go- 
bernador, por el Escribano Juan de Villegas, en 
Coro a 1° de julio de 1534. (16) 

A fines del mismo año de 1534, o en los pri- 
meros días de 1535, regresó el Obispo a Santo Do- 
mingo, de donde dirigió al Emperador una larga 
carta que pasamos a extractar en parte, porque 



(16) Copias existentes en la Biblioteca de nuestra 
Academia Nacional de la Historia de documentos del 
Archivo de Indias. 

210 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



da una idea exacta de las condiciones en que dejó 
a Coro. Refiere que cuando llegó allí encontró 
"la gente toda muy alterada y puesta en parcia- 
lidades, entre las quales y en todos los más de la 
"dicha cibdad e provincia uvo muchos pleitos e 
"debates, los cuales procuré con todas mis fuer- 
zas de los pacificar"; que a este fin había traí- 
do consigo, ante la Audiencia, a Gallego y San- 
tularia, y dejado presos en Coro a los Oficiales, a 
lo que determinase el mismo Tribunal. Que ha- 
bía resuelto volver a Santo Domingo por 
hallarse algo indispuesto, "y con temor de no ado- 
lecer, porque en la dicha tierra no havia ningún 
"refligerio sino extrema necesidad de todas cosas 
"e gran pobreza." Que antes de salir de Coro ha- 
bía proveído de Juez de gobernación al Tesorero 
Alonso Vásquez de Acuña, y por Teniente de la 
Protección de los Indios dejó a su Provisor "por 
"ser como es persona de esperiencia, y que siem- 
bre se ha aliado en la tierra , el 

"qual creo que lo ejercitará con to,da fidelidad, 
"porque en lo de asta aquí los naturales han seido 
"del governador y gente muy mal tratados y mo- 
destados, a cuya causa han venido en muy gran 
"disminución, y porque de todo no se acaven es 
"muy necessario que V. M. les mande muy de fe- 
"cho sean favorecidos, porque en verdad todos 
"los que yo vide es muy buena gente, domésticos 
"y dispuestos para que en ellos imprima qual- 
"quier virtud, lo qual en ellos ha de imprimir 
"por buenos tratamientos y no por otros medios 
"no les faltando en lo que se les prometiese." Ya 
antes hemos citado el párrafo de esta misma car- 

211 



PEDRO M. ARCAYA 



ta, relativo a la Iglesia de paja que había levan- 
tado en Coro. Prometía volver a su Diócesis lo 
más pronto. Decía que en los dos pueblos de la 
Gobernación (Coro y Maracaibo) quedaban tres- 
cientos españoles, entre ellos más de treinta ca- 
sados con sus mujeres e hijos, "toda gente muy 
"de bien e para mucho, porque de ellos se pueden 
"sacar doscientos hombres de guerra, tan buenos 
"y para tanto como los puede haber en todo lo 
"descubierto destas partes, avituados a muy ex- 
cesivos trabajos e que siempre han tenido ex- 
tremas necesidades y están muy adelantados a 
"los Velsares de cosas que les han dado para se 
"sustentar en tierra". Aconsejaba al Monarca 
que no permitiese que pasaran a Venezuela otros 
alemanes fuera ,del Gobernador, "porque se ave- 
rigua haver havido en aquella Provincia algü- 
"nos que han tenido opiniones del Ereje Martin 
"Leulterio, los quales todos son muertos en la en- 
"trada que hizo Ambrosio de Alfínger. . ." Que 
por lo mismo había formado proceso contra el 
Maestro Juan Flamenco, "inficionado de la di- 
"cha lepra," a quien remitió al Obispo de San 
Juan como Inquisidor General Dábale noticias 
de las cuentas que había examinado; recomen- 
daba para Gobernador a Federmann, que le pa- 
recía mejor que Jorge de Espira, y hacía al Mo- 
narca diversas peticiones de favores y merce- 
des. (17) 

Así pues, a la salida de Bastidas de Coro que- 



(17) Copia de esta carta existe en la Biblioteca de 
nuestra Academia Nacional de la Historia. 



212 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



dó rigiendo la Colonia Alonso Vásquez de Acuña, 
Esta interinaría duró poco, porque en febrero del 
mismo año de 1535 llegó a Cora el nuevo Gober- 
nador Jorge de Hohermuth, más conocido en 
nuestra historia con el nombre de Jorge de Es- 
pira, por el de la ciudad donde nació. 

Su nombramiento databa de 12 de diciembre 
de 1534. Según Humbert había precedido pa- 
ra el propio cargo, otro nombramiento en favor 
de Federmann, hecho el 19 de julio de 1533, que 
habría quedado sin efecto porque los Procurado- 
res de Coro en Madrid, Luis González de Leiva y 
Alonso de la Llana, alegaron que Federmann no 
había pasado por el necesario proceso de resi- 
dencia de sus actos de cuando ejerció la Gober- 
nación. 

Oviedo y Baños (18), siguiendo al Padre Si- 
món, y éste al Padre Aguado, refiere que cuando 
se supo en Coro la muerte de Alfínger, estaba 
allí Federmann, lo cual no es cierto. Agrega que 
inmediatamente fue a España a pretender la Go- 
bernación y la obtuvo, pero que su nombramien- 
to fue revocado, designándose en su lugar a Es- 
pira, de quien quedó Federmann como segundo 
o sea Teniente General. Que en esta virtud, ios 
dos, con 400 hombres que levantaron en Anda- 
lucía y Murcia, salieron con cinco embarcaciones 
del puerto de San Lúcar el año de 33, pero ha- 
biendo padecido rigurosas tormentas que los obli- 
garon a arribar dos veces a las costas de España, 
muchos de los soldados, como 200, resolvieron 



(18) Edición de Fernández Duro, tomo I, página 68. 
213 



PEDRO M. ARCAYA 



quedarse, y Espira volvió a hacerse a la vela 
con los que siguieron acompañándole, y en Cana- 
rias reclutó otros 200 hombres, llegando por fin 
a Coro en febrero de 1534. Castellanos dice que 
aunque Federmann pretendió el cargo de Go- 
bernador, no obtuvo sino el de "coadju- 
tor" de Espira, con quien llegó a Coro en 1536. 
Mas la época exacta del arribo de la expedición 
de Espira a Coro es la que dejamos indicada: fe- 
brero de 1535. 

Algunos de los compañeros de Espira los nom- 
bra Castellanos: 

"Hombres de mucha suerte, de los cuales 
"Musior de Radou era gran hombre, 
"Y el alférez que fue Martín González, 
"En las hechos hidalgo y en el nombre; 
"Los dos Vélaseos, hombres principales, 
"Y dignos de tener este renombre, 
"Franciscos ambos, tío y el sobrino, 
"Que en Cubagua después fue mi vecino. 
"Del número también de esta reseña 
"Fué Cárdenas, insigne caballero, 
"Sancho Briceño,Alonso de la Peña, 
"Después en la Española tesorero, 
"George de Almeda, Pedro de Nurueña, 
"Y Lope de Montalvo, muy entero 
"En paz y en belicosa coyuntura 
"Y varón de grandísima cordura. 
"Y con los que saltaron en el puerto 
"Fue parte no menor de la cuadrilla 
"Un Peña que llamábamos el Fuerte, 
"De gran valor para cualquier rencilla; 



214 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 

"Fue Murga, Santa Cruz y fue Roberto, 
"Y destos mismos fue Joan de Bonilla; 
"Joan de Villegas, hábil escribano; 
"Diego de Montes diestro cirujano. 

Erró el cronista al poner en esa lista a Juan 
de Villegas, que ya estaba en Coro. Indica Ovie- 
do y Baños entre los hombres de cuenta y prin- 
cipales llegados a Coro con Espira a Alonso Pa- 
checo, Francisco Infante, Francisco de Madrid, 
Gonzalo Martel de Ayala, Montalvo de Lugo, 
Fracisco de Graterol y Damián del Barrio, pero 
ya hemos dicho que éste vino antes con Alfínger. 

Apenas se encargó Espira del mando comen- 
zó a organizar una expedición hacia el interior. 
Según el Padre Aguado (19) "viendo el mal ade- 
"rezo que en aquel pueblo había para poderse de- 
"tener ni sustentar allí tanta gente como él ha- 
"bía traído, y los demás que en el pueblo esta- 
"ban, dio luego orden en aderezar su entrada 
"y porque los navios en que había venido eran 
"de un flamenco, vecino de Sanlúcar, llamado 
"Pedro Marqués no fueran sin alguna joya 
"de la tierra, envió cierta compañía de 
"soldados a una provincia de indios di- 
"chos jiraharas, infamados de gente indómita 
"y .de mala disgestión para con españoles . .. y tra- 
iéndole cierta cantidad de indios de la parte di- 
"cha, los hizo esclavos y los entregó al señor de 
"los navios, y con éste los despachó y se fueron la 
"vuelta de España, y él se quedó aprestando con 



(19) Historia de Venezuela, tomo I, página 95. 
215 



PEDRO M. ARCAYA 



"toda diligencia para entrar la tierra adentro. ." 
Lo cierto es que con el precio de la venta de unos 
infelices indios que el Gobernador mandó a San- 
to Domingo, obtuvo allí caballos para la expedi- 
ción en proyecto y pagó el flete de los navios 
que lo trajeron. (20) 

Comenzó por enviar delante unos doscientos 
hombres al mando, según el Padre Aguado (a 
quien en esto copian el Padre Simón y Oviedo 
y Baños) de los Capitanes Cárdenas, Martín 
González y un tal Micer Andrés, quienes 
yendo por las serranías de Carora debían es- 
perarlo en Barquisimeto. El mismo salió luego, 
el 13 de mayo del propio año de 1535, llevando 
el resto de la gente, y efectivamente reuniéronse 
en el lugar convenido, de donde se internó la ex- 
pedición hacia los Llanos. Ya algo hemos dicho 
antes acerca de ella, con ocasión de indicar las 
naciones indígenas que visitó Espira, mas el re- 
lato detallado de esa empresa no interesa al ob- 
jeto del presente libro, y así volveremos a Coro. 

Quedó gobernando allí Federmann, que esta- 
ba todavía en la ciudad el 16 de agosto del propio 
año de 1535, fecha en que Juan de Carvajal, Es- 
cribano de la Gobernación, le notificó varias Rea- 
les Cédulas (21), en su casa, donde se solía hacer 
Cabildo, y en presencia del Factor Pedro de San 
Martín, Antonio de Naveros y Alonso Vásquez 



(20) Tercera carta del Lelo. Pérez de Tolosa; docu- 
mento publicado en la edición de Oviedo y Baños por 
Fernández Duro, 

(21) Copia del acta de esta notificación existe en 
la Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. 



216 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



de Acuña. Las principales disposiciones noti- 
ficadas fueron las siguientes : la que quitaba a 
los Gobernadores la facultad de nombrar los Al- 
caides, y la atribuía a los Cabildos; otra en 
que a aquellos se les ordenaba salir del Cabil- 
do cuando allí se tratara de cosas que les toca- 
ran; dos referentes a nombramientos de Escri- 
banos, que se les dejaba a ios Cabildos; una man- 
dando repartir los indios entre los conquista- 
dores; otra facultando a los Gobernadores para 
dictar ordenanzas de acuerdo con los Cabildos, 
pero sujetas a confirmación; una en que se orde- 
naba que a los mercaderes se les dejara vivir 
de sus granjerias, sin obligarles a ir a la guerra 
si no querían, y otra "sobre la declaración de ha- 
"cer indios esclavos y rescates dellos en forma." 
Federmann resolvió expedicionar a su vez, y 
lo hizo por la vía de Maracaibo, o mejor dicho, 
si hemos de creer el detallado relato del Padre 
Aguado, envió hacia allá a Antonio de Chaves, 
con los más soldados que pudo, y él se fué a San- 
to Domingo a buscar más gente y caballos para 
incorporárseles después. Lo cierto es que para 
preparar su expedición cometió Federmann los 
mayores desmanes contra los infelices caquetíos. 
"Mandó ranchear, dice un documento de la épo- 
"ca (22) muchos pueblos de los indios amigos y 
"de paz, de nación caquetíos, comarcanos a la 
"ciudad de Coro, en cantidad de más de sete- 
cientas ánimas, y en cadenas por fuerza los lle- 



(22) Pesquisa secreta contra los alemanes de Ve- 
nezuela, publicada, en la Historia de Oviedo y Baños, 
por Fernández Duro. 

217 



PEDRO M. ARCAYA 



"vó y consintió llevar la jornada que hizo al Cabo 
"de La Vela, todos los cuales indios o la mayor 
"parte dellos murieron por malos tratamientos 
"que les hizo, y el dicho Federman mandó qui- 
"tar a ciertos principales sus mugeres para él, 
"y por quitárselas mataron y hirieron a ciertos 
"de los dichos principales." 

Federmann debió salir de Coro, bien por 
mar por vía de Santo Domingo, o por tierra, 
directamente a Maracaibo, de agosto a septiem- 
bre de 1535. Dejó encargado del mando en 
Coro a Francisco Venegas. Despobló a Ma- 
racaibo, trasladando su corto vecindario al Cabo 
de La Vela, en cuyas cercanías fundó el pueblo 
llamado de Nuestra Señora de los Remedios. 
Mientras tanto el 5 de octubre del propio año 
de 1535, se expidió a su favor, por el Empera- 
dor, el nombramiento de Gobernador y Capitán 
General de Venezuela, a instancia de Barto- 
lomé y Antonio Belzar, y en reemplazo de Jor- 
ge de Espira (23). Sin duda Federmann re- 
cibió su nombramiento estando en el Cabo de la 
Vela, .desde donde escribió al Monarca, con fecha 
primero de abril de 1536 quejándose de los con- 
quistadores de Santa Marta, que se introducían 
en los términos de Venezuela. Sin embargo, se 
gún Herrera, las provisiones sobre el nombra- 



(23) Humbert ni los historiadores que cita, cono- 
cían este documento. Tampoco lo mencionan los histo- 
riadores de Venezuela, pero sí Herrera (Década VI, li- 
bro III, capítulo XV). Nuestra Academia Nacional de 
la Historia posee una copia tomada del Archivo de In- 
dias de Sevilla. Est. 130. Caj. 3. Legajo I. 



218 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



miento de Federmann fueron detenidas por las 
autoridades de Santo Domingo. 

Es singular la vacilante conducta del gobier- 
no español respecto a Federmann. A él le con- 
testó la Reina el 20 de noviembre del mismo año 
de 1536, manifestándole que procedía "como buen 
servidor nuestro," y unos días antes escribía a 
los Oficiales Reales de Coro, acerca de las acu- 
saciones que éstos habían formulado contra el 
propio Federmann, por lo que había hecho contra 
los indios a su salida de dicha ciudad; "lo que me 
"desplace mucho y así enbío a mandar al nuestro 
"Presidente e Oydores de la Abdiencia Real que 
"resyde en la ysla española que enbíe a esa 
"provincia una persona que lo castigue" (24). 

No corresponde hacer en el presente libro 
una relación minuciosa de la expedición de Fe- 
dermann por las comarcas del Cabo de la Vela 
y el interior de esas mismas regiones. Sólo re- 
cordaremos que resolvió variar de rumbo, y se- 
guir por los llanos de Venezuela a trasmontar 
la Cordillera de los Andes, para alcanzar las ri- 
cas comarcas de los Chibchas de Bogotá, de aue 
ya tenía noticia, y que con este fin despachó des- 
de Maracaibo, por la vía de Carora, al Capitán 
Diego Martínez, con gente, comisión que él cum- 
plió, mientras el propio Federmann volvió a Coro, 
todavía en 1536. A Martínez se incorporaron en 
el Tocuyo Nieto y Alderete con sesenta hombres 
que venían del interior, parte de la expedición 

(24) Nuestra Academia Nacional de la Historia po- 
see copia de todos estos documentos. 



219 



PEDRO M. ARCAYA 



de Hortal u Ortal. Los dos caudillos vinieron a 
Coro, de donde siguieron a Santo Domingo. Los 
soldados quedaron con Martínez. 

Federmann salió de Coro a fines de 1536, 
con otros soldados más, que unidos a los que re- 
gía Martínez constituyeron la famosa hueste que 
tres siglos antes que Bolívar, y en condiciones 
extraordinariamente difíciles, realizó la fa- 
mosa hazaña de trasmontar los Andes, logrando 
concurrir con Belalcázar y Jiménez de Quesada, 
llegados allí por otras vías, a la fundación de 
Bogotá. 

A todo esto andaba Espira por los Llanos. 
Parte de su gente había regresado a Coro tra- 
yendo preso al Capitán Francisco de Velasco, 
que se había insubordinado contra su jefe, quien 
con fuerte escolta lo mandó a Coro. 

Dijimos antes que cuando salió Federmann 
de esa ciudad, hacia Maracaibo y el Cabo de La 
Vela, quedó encargado del gobierno Francisco de 
Venegas o Vanegas. Ahora bien, él falleció el 
I o de enero de 1537, y dejó el mando a Pedro de 
Cuebas. No consta si Federmann le había nom- 
brado otro Suplente durante los cortos días que 
pasó en Coro, en el año de 1536. 

Lo cierto es que los vecinos de Coro estaban 
divididos en bandos: unos querían de Goberna- 
dor a Federmann; otros que siguiese Espira; 
y los más, que se quitase el gobierno a los alo- 
manes. 

Formuláronse fuertes acusaciones contra los 
dos competidores, ante la propia Corte de Es- 



220 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



paña, y ante la Audiencia de Santo Domingo. 

Por Real Cédula fechada en Valladolid a 20 
de abril de 1537, fué nombrado Juez de residen- 
cia el Ldo. Fernán Martínez de la Marcha (25) 
para averiguar los daños que Federmann había 
causado en los pueblos de indios de Venezuela, 
que estaban de paz. Sin duda esto obedecía a 
los cargos, que según Herrera, (26) se le hacían 
desde Coro, y a que ya antes hemos aludido, de 
que había despoblado algunos lugares, dejando 
destruida la tierra, pues hasta muchos caciques 
se llevó, como fueron Don Alexandre, de Todare- 
quiba; Don Alonso, de Paragoba (Paraguaná?): 
Boniata, de Miraca, quien a pocas jornadas mu- 
rió; Don Jorge y Don Esteban, de Coirba (Aca- 
rigua?) y Barbo de Goyabaco (Guaibacoa?). 
Mas el Ldo. Martínez de la Marcha no vino a 
Venezuela. Según Herrera fué nombrado des- 
pués pesquisidor de esos hechos el Ldo. Alanís 
de Paz, por impedimento de Martínez. Tampoco 
él estuvo en Venezuela. 

Las mismas quejas motivaron otra determi- 
nación que la Real Audiencia de Santo Domin- 
go se atrevió a tomar, y fué la de nombrar Juez 
de la Gobernación de Venezuela al Licenciado 
Antonio Navarro, con facultad .de seguirles juicio 
de residencia, tanto a Espira como a Federmann, 
y asumir provisionalmente el gobierno de la Co- 



(25) Copia de esta Real Cédula existe en la Bi- 
blioteca de la Academia Nacional de la Historia, toma- 
da del Archivo de Indias de Sevilla. 

(26) Historia General de los Hechos de los Cas- 
tellanos. Ed. de 1730, Década VI, libro III, Cap. XV. 



221 



PEDRO M. ARCAYA 



lonia, como así lo hizo el nombrado al llegar a 
Coro, que debió ser en el curso ,del segundo se- 
mestre de 1537. 

Los Belzares reclamaron ante la Corte con- 
tra esta medida, que fué formalmente reprobada 
en Real Cédula fechada en Valladolid, a 26 de 
febrero de 1538, y dirigida al propio Ldo. Na- 
varro, en que se le advirtió que la Audiencia, 
al nombrarlo, había procedido sin comisión real, 
y así entregase el mando a quien designasen 
los Belzares para ejercerlo, en ausencia de Es- 
pira y Federmann. A los Oficiales Reales se 
les prohibió que pagasen el salario de Navarro, 
mientras se resolvía lo conveniente. (27). 

Los propios Belzares no hallaban a quien es- 
coger, hasta que se decidieron, al cabo de varios 
meses, y al efecto obtuvieron la necesaria apro- 
bación real, a nombrar Gobernador interino de 
Venezuela, al propio Obispo Bastidas, a quien así 
lo participó al Rey, en carta que le dirigió de 
Toledo, a 8 de noviembre de 1538. Ya el Obispo 
había llegado a Coro desde fines de marzo o 
principios de abril del mismo año, y había escrito 
al Monarca reforzando las acusaciones, de que 
ya él estaba en cuenta, contra Federmann, por 
su mal comportamiento con los indios. De allí 
que al mismo tiempo que el nombramiento de Go- 
bernador interino, por presentación de los Bel- 



(27) De estos documentos, desconocidos por nues- 
tros historiadores, existen copias en la Biblioteca de 
nuestra Academia Nacional de la Historia, tomadas del 
Archivo de Indias. 



222 



HISTORIA DEL ESTADO PALCON 



zares, le viniese a Bastidas el de Protector de 
los Indios de Venezuela, emanado del Rey, según 
su Cédula, expedida también en Toledo en la 
propia fecha de 8 de noviembre de 1538. Como 
tal Protector quedaba facultado para hacer, di- 
rectamente, o por medio de las personas que al 
efecto designare, "pesquisas e ynformaciones de 
los malos tratamientos que se hicieren a los in- 
dios," y según lo que sobre el particular des- 
cubriere, imponer penas pecuniarias hasta de 
cincuenta pesos de oro; caso de que el delito me- 
reciera castigo más grave, podía exigir al Go- 
bernador que lo impusiera a los culpables. 

Mientras tanto, había estado gobernando el 
Ldo. Navarro, en espera de quien viniese a sus- 
tituirlo. El nombramiento del Obispo como Go- 
bernador no pudo llegar a Coro sino en los úl- 
timos días el mismo año de 1538, o a principios 
de 1539, que es lo más probable, de modo que el 
período de mando de Navarro duró algo más de 
un año. Según Castellanos el Licenciado: 

"Era vaso de muy poca prudencia, 

"Y no para tal cargo suficiente 

"El cual por más autorizar su mando, 
"Ahorcó dos soldados en llegando:" 

Malo fué también con los indios este hombre. 
Aprovechando, escribió años después el Ldo. Pé- 
rez de Tolosa al Rey, que en la capitulación 
de los Belzares se les permitía a los cristianos 
comprarles a los indios los esclavos que tuviesen, 
"so esa causa se dio la primera ocasión a la ro- 



223 



PEDRO M. ARCA YA 



"tura de tanta gente de indios como después se 
"hicieron esclavos, porque dando esto a enten- 
der a los indios, so color desta capitulación, se 
"hacían guerra los unos a los otros, y con favor 
"y inducimiento de los cristianos se tomaban 
"unos a otros, siendo amigos, y a manadas los 
"vendían a los cristianos por muy poquita cosa, 
"y se herraron y quitaron y llevaron en navios 
"fuera de la gobernación, sin que en ello hubiere 
"impedimento por ninguna justicia; este trato 
"duró hasta el año de 45." 

Durante el año de 1538, el 27 de mayo se- 
gún Herrera (28), regresó a Coro Jorge de Es- 
pira (Hohermuth), con los maltrechos restos de 
la expedición a cuya cabeza había salido tres 
años antes hacia el interior del país, De qui- 
nientos soldados que sacó, apenas trajo 86 de 
infantería y 24 de caballería. Los demás pere- 
cieron; entre ellos Esteban Martín, famoso por 
su valor y cualidades militares. Junto con Es- 
pira regresaron, según Castellanos, Felipe de 
Uten, Martín de Arteaga, Pancorvo, Alcocer, 
Juan de Bonilla, Castrillo, Urriola, Arrizaga, 
Diego de Montes, Bustamante, Sosa, Bartolomé 
Sánchez de Hermosa, Bartolomé Belzar, Zamora 
y el Padre Juan Fructos de Tudela. 

Al llegar Espira a la ciudad, se encontró de- 
puesto ya, pues en su lugar había sido nombrado' 
Federmann, y sujeto, además, al juicio de resi- 
dencia que había venido Navarro a iniciar, y 



(28) Década V, Libro IV, capítulo VII. La misma 
fecha pone Humbert (página 61). 

224 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



el cual lo siguió con todo rigor contra el alemán. 
De allí resultaron en la tierra desasosiegos entre 
los soldados, dice Herrera, "que nacieron de la 
ambición de los Oficiales de la Real Hacienda 
y soberbia del Juez." La ciudad estaba alboro- 
tada, y a punto de venirse a las manos los ban- 
dos. Salvó la situación el Obispo Bastidas con 
su influencia y sus prédicas, logrando calmar 
un tanto los ánimos, pero treinta de los más tur- 
bulentos soldados resolvieron irse a Cubagua, 
con la mira de apoderarse allí de algún barco 
y pasar a Cartagena. Su fuga la hicieron por 
tierra, vía de Barquisimeto. Salió a perseguir- 
los Navarro, y alcanzándolos en el Pao, logró 
desarmarlos, pero luego, los mismos soldados 
que llevaba, hicieron causa común con los fugi- 
tivos, desconociendo la autoridad del Licenciado, 
que cariacontecido volvió a Coro, apenas con tres 
compañeros, pues los demás siguieron su camino 
hacia Cubagua. En llegando, se encontró Na- 
varro, además, privado del mando, porque ya el 
Obispo Bastidas había recibido el nombramiento 
arriba citado. (29). 

En ese mismo documento decía el Rey al 
Obispo que notificase a Navarro y su Escribano 
que volviesen a Santo Domingo, de modo que 
así tuvieron que hacerlo. Agrega Castellanos 
que Navarro, en ese viaje, pereció ahogado. 



(29) Esta relación es la que concuerda con lo que 
dicen el Ldo. Pérez de Tolosa, Castellanos y Herrera, 
en lo sustancial. La del Padre Aguado, acerca de estos 
mismos sucesos es inexacta. 

225 
29-1 



PEDRO M. ARCAYA 



Otros dicen que regresó tranquilamente a su 
casa. 

El Obispo Bastidas quedó, pues, gobernando 
la tierra, pero en las causas criminales le ha- 
bía prohibido el Rey que interviniese, facultán- 
dolo para nombrar "persona de confianza, que 
"como vuestro lugar teniente conosca dellas." 
Por lo demás, conociendo sin duda el Rey lo re- 
miso que era el Obispo a residir en Coro, le de- 
cía terminantemente: "no deveis salir della sin 
"nuestra licencia, asy lo haced porque de lo con- 
trario me terne por deservido." 

Poco duró esta interinaría, porque los Belza- 
res, arepentidos de haber sustituido a Espira 
con Federmann, resolvieron otorgarle otra vez 
al primero el nombramiento de Gobernador y 
Capitán General de la Provincia de Venezuela 
y Cabo de la Vela . Así lo propusieron a Car- 
los V, quien, por su Real Cédula expedida en To- 
ledo a 18 de abril de 1539, dio a Espira el car- 
go para el cual lo presentaban los Belzares. El 
mismo día se expidió otra Real Cédula, revo- 
cando, a solicitud de los mismos Belzares, el 
nombramiento de Federmann, y disponiendo 
que la revocatoria se pregonase "en las cibda- 
"ides, villas y lugares de la dicha provincia de 
"Venezuela y cavo la Vela, por las plazas y 
"mercados y otros lugares acostumbrados." Re- 
vélase en ésto la gran desconfienza que los Bel- 
zares tenían ya de Federmann. No eran infun- 
dados sus temores, porque este hombre, envane- 
cido con la conquista del nuevo Reino de Gra- " 



226 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



nada, en que hebía participado, y rico ya, había 
resuelto prescindir de sus antiguos Jefes. Vuel- 
to a Europa, entró en una serie de litigios con 
ellos, ante el Consejo de Flandes y el de Indias, 
Los Belzares lo acusaban de haberlos defrau- 
dado en fuertes sumas, y él a ellos, del mismo 
delito contra el Tesoro Real, hasta que en 1541 
enfermó gravemente, y en las ansias de la 
muerte se retractó, declarando que los había ca- 
lumniado, movido por la venganza. Trágica 
confesión con que terminó una vida tan llena de 
crímenes, y al mismo tiempo, por otros aspec- 
tos ciertamente meritoria. 

Su nuevo nombramiento dsbía recibirlo Es- 
pira en Coro, a mediados de 1539. El Obispo 
aprovechó esta circunstancia para regresar a 
Santo Domingo. Así lo escribió al Rey, que con 
fecha de 8 de noviembre le contestó dicíéndole, 
entre otras cosas, que quedaba entendido de que 
había ido a dicha ciudad por ver su madre, cu- 
rarse y poner recaudo en su hacienda, pero "co- 
"mo veis que hay tanta necesidad de vuestra 
"persona en aquella Provincia os encargo que 
"con toda brevedad volváis a ella a entender en 
"vuestro oficio pastoral como sois obligado." 
Sea que recibiera esta orden o que ya él mismo 
hubiera decidido regresar a Coro, lo cierto es 
que a fines de 1539 estaba otra vez en su Dió- 
cesis el Obispo. (30). 



(30) Los sucesos del gobierno interino de Bastidas, 
la comisión de Navarro y la situación en que se halló 
Espira a su regreso, los refieren con algunas inexacti- 
tudes los historiadores, por no haber percatado que Es- 



227 



PEDRO M. ARCAYA 



Mientras tanto, y durante el curso de ese 
mismo año, Espira había estado preparando una 
nueva expedición al interior. En eso se ocupaba, 
cuando en diciembre, los vecinos, cansados ya de 
tantas correrías por el interior, le pidieron que 
les repartiese en Encomiendas los indios caque- 
tíos. A este fin le hizo requerimiento en forma, 
el 30 de dicho mes, Juan de Villegas, como Pro- 
curador del Concejo, Justicia y regimiento de 
la ciudad y de los pobladores y conquistadores 
de la Provincia de Venezuela. Alegaba Villegas 
varias Reales Cédulas en que se ordenaba el re- 
partimiento, especialmente una de 1534, "e no 
"obstante quel dicho señor gobernador la tiene 
"obedecida, parece claramente averio fecho pa- 
"ra complir con su magestad, pero no para efec- 
tuar lo que así su magestad manda en lo 
" qual los dichos mis partes pobladores e conquis- 
tadores reciben notorio agravio e gran pérdida, 
"por tanto que le pido e rrequiero al dicho señor 
"governador en el dicho nombre una dos e tres 
"vezes e tantas cuantas mas puedo e de derecho 
"devo; luego sin poner en ello mas dilación .... 
"reparta los pueblos e indios caquetíos e xida- 
"haras e todos los demás que están conquista- 
"dos.... pues sabe que en esta provincia hay 



pira no era ya Gobernador cuando llegó a Coro, por 
habérsele dado ese nombramiento a Federmann, y que 
fué en 1539 cuando volvió a conferírsele el cargo a 
aquél. El mismo Humbert entra acerca de la conducta 
de Bastidas en este período, en consideraciones comple- 
tamente incongruentes; la sencilla verdad es que él 
fue también Gobernador interino, por nombramiento de 
los Belzares, hasta que volvió a ser nombrado Espira. 



228 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"muchas personas de calidad que están pobres 
"e adebdados a cavsa de se alimentar e son de 
"los primeros conquistadores. ... si así lo hiciere 
"ara lo que debe e es obligado.... e los pobla- 
dores e conquistadores se remediarán e los pue- 
"blos asy repartidos se ennoblecerán e cada día 
"vernan otros que están alzados, de paz, a cavsa 
"que estando fecho el tai repartimiento no yrán 
"gente de guerra a sus pueblos e si los pueblos 
"se alzan es la cavsa que los españoles e gente 
"de guerra les toman a los indios lo que tienen 
"e les hazen mil molestias e así se alzan cada 
"día e se despuebla todo lo comarcano. ..." 

Es curioso que los mismos autores de las tro- 
pelías y crímenes que venían cometiendo contra 
los indios, confesasen sus delitos como motivo que 
justificara el cambio de ese mismo sistema de 
atropellos por el de la esclavitud disfrazada con 
el nombre de Encomienda, que postulaban co- 
rno muy favorable para los infelices indígenas. 

Afortunadamente para los Caquetíos, estaba 
ya en Coro otra vez, de regreso de Santo Do- 
mingo, como hemos dicho, su Protector el Obis- 
po Bastidas. El se opuso formalmente al pedi- 
mento de Villegas, y exigió al Escribano que le 
diese "testimoio signado con vuestro signo en 
"manera que haga fee a nos don rrodrigo de 
"bastidas por la gracia de dios Obispo de Coro 
"e governación de Venezuela, del Consejo de sus 
"magistrados, protector e defensor de los indios 
"naturales desta governación como requerimos al 
"señor Jorge de espira gobernador e capitán ge- 



229 



PEDRO M. ARCAYA 



"neral en esta dicha provincia de Venezuela... 
"si asi lo hiciese (el repartimento de los indios) 
"Dios nuestro Señor sería dello muy deservido y 
"los dichos indios maltratados e los pueblos que 
"de nuevo avernos procurado que se pueblen, 
"que despoblado se havían por malos tratamien- 
tos, dándoles a entender que serán bien tra- 
bados de aquí adelante e conservados en su li- 
bertad, que derecho tienen por ser todos los 
"más bautizados y vasallos de Su Magestad y 
"con quienes se trato e contrató por vía de res- 
cate se alzarían e revelarían de nuevo e darían 
"ocasión para los hacer esclavos y cabtivos y 
"sacarlos de la tierra.... por tanto pedimos e 
"rrequerimos al dicho señor governador una e 
"dos e tres veces e las que de derecho ha lugar, 
"que no efectúe el dicho repartimiento ni se jun- 
"te a le hazer, especialmente en los indios de na- 
"ción caquetíos que son de los que digo que a 
"su Magestad tengo fecha relación, que son los 
"pueblos de barlovento desta cibdad de Coro 
"donde son principales el almirante e don diego 
"e don pedro y los demás pueblos e así mismo 
"los pueblos de Cumarevo, tomodora, guaibacoa, 
"y el pueblo de todariqueva y los pueblos de la 
"provincia de para guana y los pueblos de abaxo 
"desta cibdad que son mitare, caracho, cococida, 
"capatarida con sus yndios e yndias dellos, son 
"como dicho tenemos, libres y cristianos vasa- 
llos de su magestad amigos de los españoles... 
"en esta manera protesto como protector de los 
"dichos yndios que lo que de otra manera se hi- 



230 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"ciere sea en si ninguno e lo contradigo e mas 
"protesto que me quejaré del .dicho señor Go- 
bernador como de persona que no cumple lo 
"que su magestad manda por sus provisiones 
"e cédulas reales y mas protesto contra el dicho 
"señor governador e sus bienes todas las costas 
"y daños que sobre ello se recrecieren 

Espira resolvió remitir el asunto "a su ma- 
jestad e señores del su muy alto Consejo para 
"que lo vean e declaren e determinen e provean 
"lo que más en servicio fuere..." 

Con esto triunfaban el Obispo y la causa de 
los indios pues ya él se había adelantado a es- 
escribir al Monarca, .desde Santo Domingo, an- 
tes de regresar a Coro, en contra de la preten- 
sión que de atrás venían manifestando los con- 
quistadores acerca del reparto de los Caquetíos, 
y el Rey le había contestado, con fecha 8 de no- 
viembre del mismo año de 1539, en carta que sin 
duda recibiría en Coro en los primeros meses de 
1540, en que le decía que despachaba Provisión 
para que esos indios se dejasen en libertad y 
no se repartieran. 

Salvó así Bastidas los restos que aun queda- 
ban de la excelente nación Caquetía. Su nom- 
bre fué siempre recordado con cariño en los 
pueblos de estos indios, pues cada vez que en 
tiempos posteriores hablaban de su libertad y de 
su derecho a mantenerse en pueblos, con tierras 
de su propiedad colectiva, mencionaban al Obis- 
po a quien debían ese beneficio. Obra perdura- 
ble realizó así el noble Prelado, porque después 



231 



PEDRO M. ARCAYA 



nadie osó atentar contra la libertad de los Ca- 
quetíos. Ellos siguieron muy considerados y pro- 
tegidos por los sucesivos Gobernadores, y cuando 
sonó la hora de la independencia de estos países, 
en masa siguieron las banderas del Rey, sacri- 
ficándose por su causa con heroísmo digno de 
otra mejor, como a su tiempo lo veremos. 

Lástima fue que el Obispo Bastidas concre- 
tase su labor .de protección a los caquetíos; pues 
en cuanto a los otros indios sólo denunciaba al 
Rey que no se guardaban las instrucciones dadas 
para hacer esclavos a los indios en la guerra, 
cuando el crimen mismo estaba en hacerlos escla- 
vos, cualesquiera que fueran los trámites que pa- 
ra tan odioso fin se siguieran. Tampoco parece 
haberse opuesto al repartimiento en Encomien- 
das de los Jirajaras y Ajaguas, pues aunque no 
se hizo sino después, no existían, para impedirlo, 
las Reales Cédulas prohibitivas que, en especial 
respecto a los Caquetíos, logró Bastidas. Lo cier- 
to es que los indios de Coro quedaron clasificados 
unos como indios libres o de la Real Corona (los 
Caquetíos), y los otros como indios de encomien- 
da (los Jirajaras y Ajaguas), que cuando se abo- 
lieron tales encomiendas siguieron llamándose 
tributarios, por una contribución personal que 
debían satisfacer al Fisco. 

Volviendo a Espira, él siguió haciendo los 
preparativos para su nueva expedición, animadí- 
simo ahora con las noticias que a Santo Domin- 
go trajo Pedro de Limpias, uno de los compañe- 
ros de Federmann que regresó a Coro, viniendo 

232 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



de Bogotá. Había bajado por el río Magdalena. 
Hacía vivas descripciones de las riquezas de los 
Chibchas y había recogido vagas noticias de la 
existencia de otros pueblos, aún más ricos, que 
quedaban hacia las faldas orientales de la Cor- 
dillera andina. Estas noticias llegaron abulta- 
das a Coro. 

Pero Espira estaba agotado por las enferme- 
dades. Haciendo grandes esfuerzos fue a Santo 
Domingo, donde apenas logró efímera mejoría. 
Volvió a Coro trayendo armas, caballos, víveres 
y demás cosas necesarias para la expedición. 
Con él vino Limpias. 

Al llegar a Coro se ocupó en hacer algunas 
investigaciones sobre las perlas de Paraguaná, 
donde halló muy buenas muestras de ostrales, 
pero todo lo dejó de la mano para dedicarse a 
organizar su marcha hacia el interior. 

Despachó delante a Lope de Montalvo, con 
gente, para que lo esperase en Barquisimeto. 
Como su enfermedad de fiebres palúdicas lo 
preocupaba, hizo testamento. Probablemente 
también dictó algunas disposiciones para asegu- 
rar los derechos de la Gobernación de Venezuela 
en las tierras del Cabo de la Vela, que preten- 
dían usurpar los vecinos de Santa Marta, y a 
donde, desde Santo Domingo, había enviado un 
Teniente suyo. (31). 

Por último, él mismo se puso en marcha en 



(31) Carta de Espira al Emperador. Documento 
cuya copia existe en la Biblioteca de la Academia Na- 
cional de La Historia. 

233 
30-1 



PEDRO M. ARCAYA 



seguimiento de Montalvo, pero a poco de salir de 
Coro murió. Su cadáver fué trasladado a la 
ciudad y según Castellanos en su iglesia se le 
sepultó: 

"En indios y españoles hubo lloro 
"Lamentación y tierno sentimiento, 
"Y aun en cabellos de madejas de oro, 
"Pues no faltó de damas ornamento; 
"Y en el templo de la ciudad de Coro 
"Celebraron aquel enterramiento," 

La muerte de Espira ocurrió, según Hum- 
bert, a fines de noviembre o principios de di- 
ciembre de 1540, pero la fecha exacta es la que 
da el Ldo. Pérez de Tolosa, en una de sus car- 
tas al Emperador, que tantas veces hemos ci- 
tado: 11 de junio. Castellanos dice que falleció 
en la ciudad e Coro, pero en carta de los Minis- 
tros de la Audiencia de Santo Domingo al Rey, 
de 24 de diciembre de 1540, le decían que en 
octubre de ese año habían sabido la muerte de 
Espira "yendo de camino para descubrir la casa 
"del Sol." Así es que su muerte debió suceder 
en algún sitio al Sur de Coro. 



234 



CAPITULO OCTAVO 

DESDE LA MUERTE DE ESPIRA 

HASTA LA DEL 

LDO. PÉREZ DE TOLOSA 



Por el fallecimiento de Espira quedó encar- 
gado del mando de la ciudad de Coro "como Al- 
acalde Mayor e Jeneral en las cosas de la gue- 
"rra'' Juan de Villegas, por designación del pro- 
pio Espira, hasta que volvió a asumir la gober- 
nación el Obispo Bastidas, que cuando ocurrió 
dicho fallecimiento estaba en Santo Domingo. 
La Real Audiencia de allí dispuso que actuase 
de Gobernador interino mientras otra cosa se re- 
solvía. Llegó a Coro en los primeros días de 
diciembre de 1540, con 200 hombres y 150 ca- 
ballos (1). En la ciudad había, organizados en 
tropa, otros cien hombres con cincuenta caballos, 
que constituían el cuerpo comandado por el pro- 
pio Espira cuando murió. En cuanto a Mon- 
talvo, a quien según vimos ya, había despachado 



(1) Según Oviedo y Valdez, llevó 150 hombres y 
120 caballos. 



235 



PEDRO M. ARCAYA 



este último con la vanguardia de su expedición, 
compuesta de cien hombres, siguió adelante, con 
rumbo al Nuevo Reino de Granada, por la mis- 
ma ruta de Federmann, logrando repetir la fa- 
mosa hazaña, de trasmontar los Andes, llegando 
a Bogotá. Felipe de Hutten, que lo acompañó en 
las primeras jornadas, regresó a Coro. 

Pocos documentos hemos podido consultar 
acerca del tercer período de mando .del Obispo 
Bastidas, mas a la escasa luz que ellos nos dan, 
examinaremoos lo que sobre el particular traen 
los historiadores. 

La primera duda que ocurre es acerca de si 
Felipe de Hutten fué un Teniente o subalterno 
del Obispo, nombrado por él para encabezar 
la expedición con que salió hacia el interior, o si 
recibió el cargo de Capitán General por nombra- 
miento de la Audiencia o del Monarca español. 

Castellanos asegura esto último, de tal modo 
que ni aun alude a que el Obispo Bastidas rigie- 
se interinamente la Colonia después de la muerte 
de Espira. (2). 

Fernández de Oviedo y Valdez, (3) autor 
contemporáneo de estos sucesos afirma que el 
Obispo Bastidas "con propios e grandes gastos, 
"en la hora que aquí se supo la muerte de Espi- 
"ra (en Santo Domingo), se determinó en dexar 
"su reposo y casa, para yr a poner recaudo en 
"aquella Gobernación." Agrega que en Coro 
"proveyó e nombró por capitán general, en nom- 
"bre de Su Magestad, a un caballero noble ale- 



(2) Elegías, página 326. 

(3) Tomo 2, página 324. 



236 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"man, llamado Felipe de Huten, para que fues- 
"se en seguimiento del dicho Lope de Montaivo, 
"e recogiesse la gente e caballos que llevó, e po- 
"blasse donde fuesse mas a proposito del servi- 
cio de Dios y de sus Magestades. ..." También 
el Ldo. Pérez de Tolosa, en su tercera carta, 
tantas veces citada, refiere que el Obispo Basti- 
das, gobernando por comisión de la Real Audien- 
cia, "nombró por Capitán General a Felipe de 
"Huten para que fuese en descubrimiento de la 
"nueva tierra." Lo mismo dice Herrera. (4). 

El Padre Aguado, Fray Pedro Simón (5) y 
Oviedo y Baños dicen que la Audiencia proveyó 
por Gobernador al Obispo, y por su Capitán y 
Teniente General para las cosas de la guerra a 
Felipe de Uten o Utre. 

Pero el moderno historiador Humbert (6), 
siguiéndose por los estudios de algunos escrito- 
res alemanes, afirma que el Obispo Bastidas em- 
pleó toda su influencia para que fuese nombrado 
Gobernador Felipe de Hutten, y que, en efecto, 
el Rey y los Belzares le confirieron tal cargo, 
poniéndole de segundo a Bartolomé Belzar (Wel- 
ser). 

En el proceso que se le siguió a Juan de Car- 



ié) Década VII. Libro X. Capítulo XVI. 

(5) En el pasaje de este autor sobre los sucesos de 
que se trata (Noticias historiales, edición de Bogotá, 
tomo I, página 197) hay un error de copia en el nombre 
del Doctor Navarro, que aparece allí escrito Infante, 
con el equivocado aditamento de que fué por vencimien- 
to del período a éste asignado, que la Audiencia nombró 
de Gobernador al Obispo. 

(6) L'occuyation allemande du Venezuela au XVI 
siecle. 



237 



PEDRO M. ARCAYA 



vajal por la muerte de Felipe de Hutten, aquél 
declaró: "que oyó decir que el Obispo don Ro- 
drigo de bastidas le avía nombrado (a Hutten) 
"por teniente ,de capitán general en esta provin- 
cia syendo el dicho Obispo gobernador della y 
"que el audiencia real le avía confirmado el dicho 
"nombramiento" (7). 

En una Real Cédula de 11 de febrero de 
1548 (8) se dice que por muerte de Espira la 
Audiencia de Santo Domingo "proveyó por Ca- 
"pitán General de la dicha Provincia (Venezuela) 
"al dicho Felipe de Hutten ..." Mas, de otra Cé- 
dula de 11 de febrero de 1547, parece deducirse 
que Bartolomé Belzar, hijo mayor del poderoso 
comerciante del mismo nombre era el Goberna- 
dor de la Provincia. (9). 

De todo esto deducimos: que Bastidas al lle- 
gar a Coro dio el mando, en todo lo militar, a 
Felipe de Hutten; que la Audiencia lo nombró 
luego Capitán General interino de la Provincia, 



(7) Copia en poder de la Academia Nacional de la 
Historia del original existente en el Archivo de Indias 
de Sevilla. 

(8) Esta Cédula está publicada en uno de los to- 
mos de la colección de Torres de Mendoza, y además 
en la Academia Nacional de la Historia poseemos una 
copia, tomada de la colección inédita de Muñoz, exis- 
tente en poder de la Real Academia de la Historia de 
Madrid. 

(9) Copia de esta Cédula la tiene nuestra Acade- 
mia Nacional de la Historia. El original está en el Ar- 
chivo de Indias de Sevila, Estante 130, Caja 3, Legajo 1. 
Sin duda la copia está errada, porque allí leemos "Felipe 
de Uten, hijo mayor de Bartolomé Belzar que por el 
dicho su padre e por virtud de la capitulación que con 
el se avía tomado, governaba la dicha provincia y hera 
Capitán General." Falta una frase en que se nombraría 
a Bartolomé Belzar, el compañero de Hutten. 



238 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



cesando así las funciones gubernativas del Obis- 
po, por lo menos mientras el alemán estuvo en 
la ciudad; que luego, en la Corte española, ob- 
tendrían los Belzares que el nombramiento de 
Gobernador y Capitán General se extendiera a 
favor del joven Bartolomé Belzar que estaba en 
Venezuela, quedando probablemente Hutten co- 
mo segundo suyo, y no a la inversa como cree 
Humbert, pero que estos nombramientos nunca 
los recibieron los designados, que ya se habían 
internado tierra adentro, y que cuando al cabo 
de varios años regresaron a Venezuela, encon- 
traron la triste muerte que luego narraremos. 

Como quiera que sea, lo cierto es que entre 
Bastidas y Felipe de Hutten había cordialísimas 
relaciones de amistad, como se ha averiguado 
por la correspondencia del alemán con sus pa- 
rientes de Europa, que inédita durante larguí- 
simo tiempo, fué publicada en 1785 en una Re- 
vista alemana. 

"Hijo del burgomaestre de Konigshofer (di- 
"ce Humbert), Felipe de Hutten de Birckenfeld 
"pertenecía a aquella noble familia de Franco- 
"nia de que salió el poeta Ulnach de Hutten. Nin- 
"guna figura más atrayente que la de este joven 
"leal y desinteresado, que contrasta de un modo 
"tan absoluto con los soldados desenfrenados y 
"los ambiciosos sin conciencia que hemos encon- 
trado en la historia de esta conquista." 

Hermanos de Felipe eran, según los docu- 
mentos inéditos que dejamos citados arriba, el 
Obispo de Aystet y Guillermo de Hutten, que 



239 



PEDRO M. ARCAYA 



pidieron el merecido castigo de todos los que 
hubieran tenido participación en el crimen per- 
petrado contra aquél. 

Hutten, procediendo por propia cuenta o por 
órdenes de Bastidas, resolvió realizar el proyec- 
to, que a Espira le trastornó la muerte, de salir 
con una buena expedición hacia el interior, en 
busca del Dorado, o de la "Casa del Sol," como 
entonces decían, sugestionado por los fantás- 
ticos relatos de Pedro de Limpias. 

Con motivo de la preparación de esta expe- 
dición hay graves divergencias entre los histo- 
riadores. Dice el Padre Aguado (10) que el 
Obispo Bastidas "dio como buen Prelado y Go- 
bernador orden cual convenía para el buen go- 
bierno de aquella tierra y conservación de los 
"naturales, aunque algunos quieren decir haber 
"hecho lo contrario, porque como en aquella sazón 
"hubiese llegado el Capitán Pedro de Limpias 
"que había bajado del Nuevo Reino de Granada, 
"a donde poco antes entró con el Teniente Fe- 
"derman por vía de los llanos de Venezuela, 
"hizo el señor Obispo cierta Junta de soldados 
"bien aderezados, y entregándoselos a este Ca- 
"pitán Limpias, los envió a la laguna de Mara- 
"caibo a que rancheasen y robasen todo el oro 
"que pudiesen y tomasen todos los indios que 
"hallasen, para hacerlos esclavos y de su valor 
"pagar los fletes de ciertos navios que de Santo 
"Domingo le habían enviado con gente y caballos 
"para el sustento de aquella tierra. Pedro de 



(10) Historia de Venezuela; edición de Caracas; pá- 
gina 188. 

240 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"Limpias tomando debajo de su amparo la gen- 
"te que serían sesenta soldados, y partiéndose 
"con ellos la vuelta de la laguna, diose tan 
"buena maña como hombre que ya otras veces 
"había andado por allí, que en breve tiempo tomó 
"y aprisionó de aquellos míseros naturales más 
"de quinientas personas de varones y mugeres, 
"y dando la vuelta con ellos a Coro los entregó 
"al Obispo, el cual más como mercenario que 
"como pastor, las mandó marcar o herrar por es- 
clavos y enbarcándolos en los navios fueron lle- 
"vados en perpetua y miserable cautividad a 
"Santo Domingo, donde todos perecieron, pa- 
"gando con la sangre de inocentes sus profani- 
dades y tramas." Este relato lo acogió el Pa- 
dre Simón, de quien a su vez lo copió Oviedo y 
Baños. Naturalmente Baralt, que admitía ciega- 
mente cuanto éste último refiere, dice que "tan 
"luego como Bastidas entró en ejercicio de su 
"nueva autoridad, despachó gente armada hacia 
"el lago .de Maracaibo, con el objeto de saltear 
"indios, cuya venta facilitase algún tanto una 
"expedición que pensaba hacer a imitación de 
"sus predecesores, pues también el Obispo se 
"acaloró con los pensamientos de conquistas mun- 
"danas, y prestando asenso a las oscuras fabu- 
losas relaciones de los indígenas, se dio prisa 
"a emprender el descubrimiento del país del 
"Dorado. " 

Pero es muy diferente el relato que hace 
Oviedo y Valdez (11) de este período de mando 



(11) Obra citada, 

241 



31 -1 



PEDRO M. ARCAYA 



del Obispo Bastidas, y especialmente de la orga- 
nización de la expedición de Hutten. "Hizo (el 
"Obispo) reformación de la Provincia, y proveyó 
"en ella lo que al servicio de Dios y de Sus Ma- 
jestades, y a la conservación de los indios y su 
"buen tratamiento, y al remedio .de los conquis- 
tadores españoles convino. Porque assi como 
"fue llegado a la cibdad de Coro, sin descansar 
"dia ni hora, con mucha prudencia e prontitud, 
"proveyó todo aquello quel tiempo i oportunidad 
"de las cosas dieron lugar e se pudo hacer, assí 
"en la reformación e visitación de las ánimas de 
"los christianos e de su Iglesia, como en el buen 
"tratamiento e quietud de los indios que estaban 
"de paces, y en el ornamento y necesidades de 
"aquella república." Sigue refiriendo el cronista 
lo que ya hemos visto, esto es, que Bastidas re- 
solvió nombrar Capitán General a Felipe de 
Hutten, para que fuese en seguimiento de Lope 
de Montalvo a poblar en el interior, previa con- 
sulta que pidió al Tesorero Alonso Vásquez de 
Acuña, al Contador Antonio de Neveros, al fac- 
tor Pedro de San Martín y al alemán Melchor 
Grubel, administrador de los intereses de los 
Belzares. "E porque los gobernadores passados, 
"siguiendo más sus intereses propios que lo que 
"convenía al bien de la provincia, las veces que 
"ellos o sus tenientes avían entrado la tierra 
"adentro, no bien mirándolo, avían llevado para 
"servirse de los indios de paz e amigos mucha 
"parte dellos, que eran muertos en las jornadas 
"e viajes, a causa de lo qual se avían escandali- 
zado los que quedaron en la tierra, y como gen- 



242 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"te injustamente ofendida estaban alterados, te- 
"miendo ser llevados en esta jornada, y en espe- 
cial la nación de los indios que llaman zaquitíos, 
"amigos de los cristianos, estaban muy temerosos 
"y sospechosos, temiendo lo que es dicho; y aun 
"porque en efecto, de los soldados que estaban 
"apercibidos para yr con el Felipe, algunos atre- 
vidos se avían disfrazado con máscaras, y de 
"noche fueron a los pueblos de los indios amigos, 
"y los tomaban y escondían, para se los llevar 
"en aquella entrada hurtados, para se servir de- 
"llos, de lo qual resultara mucho daño e se si- 
guieran novedades e se alzara toda la tierra. 
"Esto se escusó por la prudente diligencia del 
"Obispo, el qual mandó que no se hiciesse, so gra- 
"ves penas, e lo proveyó de la manera que con- 
"vino para el bien y seguridad de los indios.'' 

La versión de Oviedo y Valdez es la que 
concuerda con los antecedentes del Obispo Basti- 
das. No es de creerse que quien un año antes 
había defendido a jos indios, con el calor e inte- 
rés que hemos visto, y estaba nombrado, por el 
Rey, Protector de ellos, fuera a faltar a sus de- 
beres legales y de conciencia, cometiendo los ex- 
cesos que refieren el Padre Aguado y los escri- 
tores que lo han seguido. 

Por otra parte, en la pesquisa secreta que 
hizo el Ldo. Pérez de Tolosa contra los alemanes 
de Venezuela, y en que, quizás hasta con exa- 
geración, se probaron los desmanes y crímenes 
de Alfínger y Federmann contra los indios, nin- 
guno se atribuye a Hutten. Allí mismo, en el 
capítulo 45, leemos este interrogatorio: "It. Si 



243 



PEDRO M. ARCAYA 



"saben que Pedro de Limpias, por mandado de 
"Fedreman, y de su propia autorida.d, por mu- 
"chas y diversas veces ha robado y rancheado 
"y preso mucha cantidad de indios amigos co- 
marcanos a esta ciudad de Coro, y por fuerza 
"y en cadenas los ha llevado en las entradas, en 
"especial cuando fué a los Pascaneyes, y cuando 
"el dicho Fedreman lo envió desde Barquisimeto 
"a Barlovento en tiempo del Dr. Navarro." Por 
donde se ve que es falso que el buen Obispo Bas- 
tidas diese nunca a Limpias la criminal comi- 
sión que se le atribuye. Tampoco se hace, en las 
cartas del propio Ldo. Pérez de Tolosa, que ya 
hemos citado, alusión alguna a que el Obispo 
Bastidas esclavizara los indios, hecho que sí le 
imputa a Diego de Boiza, como pronto veremos. 

En la expedición de Hutten se alistaron los 
más de los mejores soldados de la conquista. Allí 
iban Bartolomé Belzar, Pedro de Limpias, Mar- 
tín de Arteaga, Rodrigo de Rivera, Toribio de 
Vadillo, Diego de Montes, Juan Domínguez An- 
tillano, Juan de Guevara, sobrino del Oidor Gue- 
vara, de la Audiencia de Santo Domingo, de una 
rama empobrecida de la nobilísima familia de 
Guevara, muy calificada en la aristocracia espa- 
ñola, y también por mujeres descendiente de 
los Fajardos, Marqueses de Velez (12); Juan de 
Valenzuela, un Pacheco, el vizcaíno Juan Ibá- 
ñez, Sancho Briceño, un Palomino, un Juan Mar- 
tínez Palomero, un Valdomeda. Gonzalo de los 



(12) Este Juan de Guevara vino con el Obispo Bas- 
tidas en su último viaje a Coro. Es uno de los remotos 
ascendientes del Libertador. 



241 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Ríos, Bartolomé Sánchez de Hermosa, y otros. 
Antes de salir, el Obispo, dice Oviedo y Valdez, 
"les hizo un razonamiento copioso y bien or- 
denado, y como de prudente y catholico per- 
"lado, y buen servidor de sus Majestades, 
"exortando e mandando que como buenos e fieles 
"vasallos a su Rey, y como milites chrips- 
"tianos, guardando en todo el servicio de Dios 
"y del Príncipe, e como la tierra se descu- 
"briesse e pacificasse en todo lo que pudiessen 
"sin sangre ni fuerza, sino con buena industria 
"y equidad." Mandó que ninguna cadena se 
llevase en aquel ejército, y que los herreros no 
las hiciesen, antes bien se recogieron todas las 
que existían. 

Corriendo el mes de agosto de 1541 s*lió, por 
último, la expedición, después de una misa so- 
lemne en que todos los que la componían reci- 
bieron la bendición del Obispo. Ellos se fueron 
vía de Barquisimeto; de allí se internaron en los 
Llanos, y después en las selvas que quedan al 
Oriente de la cordillera andina. 

Mientras tanto el Obispo siguió rigiendo la 
Colonia, hasta los primeros días de enero del año 
siguiente, en que embarcó para Santo Domingo, 
a donde llegó, dice Oviedo y Valdez "sábado 
"veynte y ocho días de enero de mil e quinientos 
"e quarenta e dos años, donde fue recebido de 
"sus vecinos y amigos con mucho placer e ale- 
"gría." No volvió a Coro, porque ya estaba as- 
cendido al Obispado de Puerto Rico. 

Fuera del despacho de la expedición de Hut- 



245 



PEDRO M. ARCAYA 



ten, no encontramos más nada que referir res- 
pecto al último período de mando del Obispo Bas- 
tidas. Probablemente, a él le llegaría una Real 
Cédula expedida en octubre de 1540, ordenan- 
do la construcción de dos fortalezas, una en el 
puerto de la ciudad de Coro y la otra en el Cabo 
de La Vela, pero no consta que así se hiciera. 
También es posible que todavía estuviera en Co- 
ro el Obispo cuando llegaron a la ciudad las 
Reales Cédulas expedidas a 22 de septiembre de 
1541, mandando señalar sitio para un monaste- 
rio de la orden de San Francisco, que su Provin- 
cial de Santo Domingo había resuelto establecer 
en Coro, obra que tampoco parece haberse lle- 
vado a cabo por entonces. Dijo el Ldo. Pérez de 
Tolosa en su tercera carta ya citada, que antes 
de irse .dejó el Obispo repartidos los indios. Se- 
ría que los dejó organizados en pueblos, pues ya 
hemos visto que su reparto en Encomiendas más 
bien lo había impedido, cuando trató de hacerlo 
Villegas en 1539. 

Ido el Obispo, quedó encargado del Gobierno 
de la Colonia Diego de Boiza, portugués, o de 
padres portugueses, pero en servicio del Rey de 
España, Comendador de la Orden del Cristo, 
hombre de muchas campanillas pero de mala con- 
ciencia. Su nombramiento emanó de la Audien- 
cia de Santo Domingo, aunque algunos autores 
dicen que del mismo Obispo, y que la Audiencia 
se limitó a confirmarlo. Como quiera que sea, no 
es justo hacer al Obispo responsable de los des- 
manes de su sustituto. 

Este hombre, tomando como pretexto que los 



246 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



indios Jirajaras mataron tres cristianos que fue- 
ron a rescatar con ellos, persiguió a todos los de 
esta nación, ajustició algunos "y a cuantos pu- 
"do haber, que fué asaz cantidad, (informó el 
"Ldo. Pérez de Tolosa al Rey) hizo esclavos; y 
"hecho ésto se fué, llevando consigo algunos in- 
"dios esclavos y libres." Fue a parar a Hondu- 
ras, fugitivo, según Herrera, por los delitos que 
cometió (13), ascendió a un cargo allá, según 
Fray Pedro Simón, (14). 

Lo sucedió como Gobernador interino un ale- 
mán, Factor de los Belzares, llamado Enrique 
Rembolt, nombrado por la Audiencia de Santo 
Domingo, probablemente a instancia de los Agen- 
tes que los mismos Belzares debían tener allí. 
Esto sería, a lo que parece, a fines de 1542. Es- 
taban a la sazón alzados, mejc dicho, fugitivos y 
perseguidos los Jirajaras, y descontentos y teme- 
rosos los Caquetíos. Eran pocos los hombres de 
guerra que habían quedado en la ciudad, pues en 
su mayor parte habían salido en las expediciones 
de Montalvo y Hutten. Las escasas familias es- 
pañolas que estaban en Coro, vivían en zozobras, 
temiendo de un momento a otro perecer a ma- 
nos de los indios. Hablábase públicamente de 
abandonar la tierra, donde habían salido tan fa- 
llidas las esperanzas de riquezas que abrigaron 
los pobladores cuando, dejando sus pueblos en 
España, se habían venido a estas lejanas co- 
marcas. Sosteníalos, sin embargo, la ilusión de 



(13) Década VII, libro X, capítulo XVI. 

(14) Tomo I, página 204, edición de Bogotá. 



247 



PEDRO M. ARCAYA 



que al fin Hutten lograse dar con la "Casa del 
Sol." En esta perplejidad y temores no halla- 
ban que decidir, cuando en marzo de 1543, Juan 
de Villegas se ofreció a la arriesgada empresa de 
ir por tierra a la costa de Maracapana, en busca 
de soldados y caballos con que defender la ciu- 
dad. En efecto, salió hacia allá el día diez de 
dicho mes y año, acompañado de Diego Ruiz Va- 
llejo y unos pocos hombres más. Peligrosísimo 
fué el viaje y dilatado el regreso, al cabo de año 
y medio, esto es, por septiembre de 1544. A la 
sazón era ya desesperada la situación de Coro. 
Creíase que Villegas y sus compañeros habían 
perecido; nada se sabía de Hutten. Los indios 
alzados. Los hombres de la ciudad velaban día 
y noche en la expectativa de un asalto inmi- 
nente. Estaba decidida a irse en masa la corta 
población española que allí vivía. Villegas fué 
entonces el salvador de la Colonia, que tres siglos 
después, engrandecida y próspera, había de li- 
bertar un remoto .descendiente suyo, Simón Bo- 
lívar. Trajo el valeroso castellano como cien 
hombres y ciento veinte caballos y yeguas. (15). 
Con este refuerzo se despejó la situación de 



(15) El Padre Aguado atribuye esta expedición a 
Diego de Losada, y a él y a Villegas la atribuye Oviedo 
y Baños. En la Información de méritos y servicios de 
Villegas, eyacuada algunos años después, no se nombra 
para nada a Losada al referirse esta expedición, de que 
allí se trata largamente. De dicha Información hay dos 
copias antiguas en el Archivo Nacional, en expedientes so- 
bre Encomiendas, concedidas a descendientes de Ville- 
gas, y otra en la Academia Nacional de la Historia, to- 
mada directamente del Archivo de Indias, de Sevilla, 
donde se conserva el original. Lo más probable es que 
Losada anduviese entonces con Felipe de Hutten. 



248 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



los españoles, pero todo redundó en daño de 
los infelices indios, especialmente los Jirajaras, 
a quienes se siguió capturando y haciendo escla- 
vos, hasta que la Audiencia de Santo Doimngo, 
por los motivos que pasamos a explicar, inter- 
vino de nuevo en los asuntos de la Colonia vene- 
zolana. 

Fué el caso que murió Rembolt, antes del 
regreso de Villegas, de pesar, dice un docu- 
mento de la época (16), por la noticia de que a 
éste le habían matado los indios, quedando en- 
cargados del Gobierno los Alcaldes Juan de Bo- 
nilla y Bernardino Manso, que según el historia- 
dor Oviedo y Baños "empezaron a disponer las 
"cosas a su modo, con tal confusión, que lo que el 
"uno mandaba, el otro contradecía; y no sabiendo 
"los vecinos a cuál debían obedecer, se redujo la 
"ciudad a tan monstruoso desorden, que sólo se 
"veían en eüla injusticias, sobornos y violencias," 
terminando ambos Alcaldes, agrega el propio 
historiador, por abandonar, fugitivos, la ciu- 
dad, de miedo a las responsabilidades en que ha- 
bían incurrido. La verdad es que el Alcalde, 
colega de Bonilla, era de apellido Manso, y no 
Marcio, como quizás por error de imprenta apa- 
rece en el libro que venimos citando, y que solo 
Bonilla se fugó, porque Manso falleció en la pro- 
pia ciudad. Cierto es que ambos procedieron muy 
mal: "desconcienciadamente se hubieron en el 
"cargo; hicieron muchos esclavos," refería des- 
pués el Ldo. Pérez de Tolosa al Rey. 



(16) Tercera carta del Ldo. Pérez de Tolosa. 
249 



32-1 



PEDRO M. ARCAYA 



La noticia de estos sucesos obligó a la Au- 
diencia de Santo Domingo a tomar providencias 
respecto a Venezuela, sobre que, por otra parte, 
a aquel Tribunal le había sido especialmente en- 
comendada, por el Monarca español, la aplicación, 
en las Provincias de Venezuela, Margarita, Cu- 
bagua y Golfo de Paria, de las llamadas leyes 
nuevas, o sean las Ordenanzas dictadas en Bar- 
celona por Carlos V, a 20 de noviembre de 1542, 
para el buen gobierno de las Indias. 

Ellas dieron el triunfo a las ideas humani- 
tarias que en favor de los indios habían venido 
sosteniendo el Padre Casas y los frailes domini- 
cos en general. (17). 

Disponíase allí, entre otras cosas: "que las 
"Audiencias tengan particular cuidado del buen 
"tratamiento de los Indios, i como se guardan 
"las Ordenanzas, hechas en su favor, i castiguen 
"los culpados, i que no se dé lugar, en los Pleitos 
"entre Indios, y con ellos, se hagan Pleitos or- 
dinarios, sino que sumariamente se determinen, 
"guardando sus usos i costumbres." "Que por 
"ninguna causa de guerra, ni otra, ni de rebe- 
lión, ni rescate, ni de otra manera, no se pueda 
"hacer Esclavo Indio alguno, sino que sean tra- 
bados como Vasallos Reales de la Corona de Cas- 
tilla, pues lo son." "Que ninguna persona se 
"pueda servir de los Indios, por vía de naborías, 
"ni de otro modo alguno, contra su voluntad." 



(17) Acerca de estas nuevas Leyes véase Herrera, 
Década VII, libroVI, capítulo V; Coroleu, América, to- 
mo I, página 87; Groot, Historia Eclesiástica y Civil de 
Nueva Granada, 2a. edición, tomo I, página 101. 

250 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"Que los indios no se carguen, y si en alguna 
"parte no se pudiese escusar, sea la carga mo- 
derada, sin peligro de su vida y salud, y que se 
"les pague su trabajo, y lo hagan voluntaria- 
"mente." Respecto de Encomiendas, se disponía 
que se impusiese un moderado tributo a los in- 
dios "teniendo atención a su conservación, y con 
"el tal tributo se acuda al Encomendero, de ma- 
cera que los Castellanos no tengan mano, ni en- 
"trada, ni poder con los Indios, ni mando algu- 
"no, ni se sirvan de ellos por vía de Naborías, 
"ni de otra manera alguna, en poca, ni en mu- 
"cha cantidad, ni haya más de gozar de su 

"tributo " Mandábase también que los 

indios de los Encomenderos que fallecieran se 
pusieran en la Real Corona, sin encomendarse a 
otros, mientras el Rey resolvía acerca de ellos. 
Organizábanse allí mismo las atribuciones del 
Consejo .de Indias y de las Audiencias, en la ad- 
ministración de la justicia y para la necesaria 
vigilancia en cuanto al exacto cumplimiento de 
las mismas Leyes. 

Ellas debían regir en todas las Indias, y para 
hacerlas entrar en vigencia en cada uno de los 
remotos países que las componían se comisiona- 
ron Visitadores o Delegados especiales. Sabido 
es que en el Perú las leyes nuevas produjeron la 
sublevación de Gonzalo Pizarro, primer conato 
de independencia de estos países, aunque inspi- 
rado en el mal propósito de mantener la opre- 
sión de los indios que el Monarca español quería 
hacer cesar. 

Respecto a Venezuela, Margarita, Cubagua 

251 



PEDRO M. ARCAYA 



y el Golfo de Paria se encomendó a la Real Au- 
diencia de Santo Domingo que hiciera aplicar 
aquí las leyes de que se viene tratando. Espe- 
cialmente se encargó de que cuidase de que así 
se hiciera al Licenciado Antonio López Cerrato, 
que estaba ya en Santo Domingo, tomando resi- 
dencia a los otros Ministros de la Audiencia y a 
los Oficiales Reales de la isla. 

En virtud de estos antecedentes, la Au- 
diencia nombró Juez de residencia en las co- 
marcas que se indican arriba, al Licenciado 
Juan de Frías, quien debía comenzar el ejer- 
cicio de sus funciones en Margarita, y de 
allí venir a Coro, donde, interinamente y mien- 
tras él llegaba, asumiría la Gobernación Juan 
de Carvajal, escribano de la misma Audien- 
cia, comisionado especialmente para poner en 
práctica en Venezuela las leyes nuevas, y pa- 
ra que una vez que estuviese en Coro el Ldo. 
Frías, pudiera salir, con los vecinos que buena- 
mente quisieran acompañarle, a fundar otro pue- 
blo en el interior. 

Con estas instrucciones salió Carvajal para 
Venezuela, llegando a Coro el primero de enero 
de 1545. Asumió el mando. Nombró como Te- 
niente o sea segundo, a Juan de Villegas, y a 
poco comenzó a ejecutar maldades y abusos de 
todo género. Promulgó las nuevas leyes, que 
tanto favorecían a los indios, pero él mismo las 
infringió, permitiendo que se robara algunas 
cosas a los caquetíos, y hasta que se mantu- 
viese en servidumbre a algunos Jirajaras, 



252 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



mas, en verdad, desde entonces cesó definiti- 
vamente el escandaloso tráfico de exportación de 
indios esclavos. Nadie se atrevió a cometer más 
ese crimen en lo sucesivo. 

Desde que llegó a Coro, empeñóse Carvajal 
en trasladar la población de esa ciudad al 
interior del país, hacia el nuevo Reino, donde 
pensó constituir un gobierno independiente del 
de Venezuela, y completamente sujeto a su ca- 
prichosa voluntad. Como quiera que en Coro 
había algunos hombres, de los que vinieron de 
Oriente con Villegas, que estaban desagradados 
con Frías, por la intervención que antes había te- 
nido en cosas de Cubagua, los halagó, hacién- 
doles ver que yéndose con él no caerían bajo la 
férula de Frías, porque la nueva colonia que es- 
tablecería en el interior quedaría fuera de la ju- 
risdicción de éste. Para mejor hacerlo creer, 
falsificó una Provisión de la Real Audiencia en 
tal sentido, con lo cual tuvo ya un grupo de hom- 
bres resueltos a seguirle y con los cuales ejerció 
la más fuerte presión sobre todos los demás ha- 
bitantes de la ciudad, para que con sus familias 
abandonasen a Coro y marchasen al interior, 
procurando, al mismo tiempo, seducirlos con la 
esperanza de que mejorarían de fortuna en 
nuevos descubrimientos. A los que le resistían 
amenazaba con la horca. Fuerte discusión sos- 
tuvo sobre el particular con Pedro de San Mar- 
tín, que se oponía al abandono de Coro, que- 
dando al fin resuelto que permanecerían allí 
algunos vecinos, pero que otros, con sus mujeres 
e hijos, se irían con Carvajal. 

253 



PEDRO M, ARCAYA 



La pobre caravana, como de ciento ochenta 
individuos de raza española, y algunos indios, 
dejó la ciudad en los primeros días de abril del 
mismo año de 1545. Soldados, señoras, niños, in- 
dios de carga y de servicio, rebaños de vacas, 
cabras, ovejas, yeguas, cerdos y burros, perros 
y aves de corral, formaban una abigarrada pro- 
cesión, en que iban tristes algunos, alegres otros 
con la esperanza de hallar al fin las riquezas en 
cuya busca tantos trabajos venían sufriendo. Ni 
aún en aquellas penosas circunstancias se mo- 
deró el mordaz ingenio de los españoles. Circu- 
laron libelos burlescos que escribió Amador 
Montero contra algunas de las señoras que mar- 
chaban allí, quizás porque entablarían amistad 
con Catalina de Miranda, la concubina que trajo 
Carvajal de Santo Domingo y que siguió con él 
en la expedición. 

En Coro quedaron apenas sesenta o setenta 
vecinos, esto es, jefes de familia, que algunos la 
tenían legítima, por ser casados, también con 
mujeres españolas, y otros la habían ya formado 
irregularmente, mediante concubinato con indias. 

Del pequeño núcleo que quedó entonces en Co- 
ro, arranca, propiamente, la actual población de 
la ciudad y gran parte de la del resto del Estado. 
Después no hubo otro éxodo importante, ni llega- 
ron nuevas expediciones de españoles, aunque sí 
era frecuente el arribo de inmigrados aislados, 
casi siempre hombres solteros que casaban en 
Coro y fundaban nuevas familias, pero todas in- 

254 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



gertadas en los troncos primitivos, de modo que 
siguiendo la ascendencia de casi todas las fami- 
lias corianas se llega a las que quedaron en la 
ciudad en 1545. 

Con Carvajal se fué Juan de Villegas, lleván- 
dose a su mujer doña Ana Pacheco, con quien 
había casado en Coro, y sus pequeños hijos. Que- 
dó gobernando a Coro Melchor Grubel, por dele- 
gación de Carvajal, pero después, llamado por 
él, se fué también con quince hombres más que 
sacó de Coro. 

Carvajal se detuvo en el sitio de El Tocuyo, 
origen de la ciudad de este nombre del Estado 
Lara. No fué su intención fundar pueblo allí, 
sino hacer asiento provisional, porque .donde pen- 
saba establecerse definitivamente, con la gente 
que llevaba, era por los lados de Sogamoso en el 
Nuevo Reino de Granada. El cansancio de sus 
compañeros y la necesidad de allegar recursos, 
obteniéndolos de los indios de la localidad, 
con quienes procuró hacer paces, movieron 
a Carvajal a quedarse en ese lugar. Sobre- 
vinieron luego los graves sucesos que narra- 
iremos, y entonces tuvo que esperar el resul- 
tado de ellos, que fué como era justo, el perder 
la vida en castigo de los crímenes que cometió. 

También contribuyó a la demora de Carvajal 
en El Tocuyo, la determinación que tomó, a 
pesar de lo pactado con los habitantes ele Coro, 
de que aun los que él había convenido que que- 
dasen allí, marchasen también al interior para 
unírsele en el asiento donde estaba, y seguir 



255 



PEDRO M. ARCA YA 



juntos. Con este fin despachó a Coro a Her- 
nando de Madrid, después a Diego Ruiz Va- 
llejo, y por último en agosto ,de 1545, a Juan 
de Villegas, con las más terminantes órdenes 
de que todos los vecinos fuesen al Tocuyo. Ellos 
no les obedecieron, ni los comsionados mismos 
tomaron gran interés en cumplir los desca- 
bellados mandatos de su jefe, a pesar de que 
él les comunicó instrucciones precisas de de- 
poner a los Alcaldes Bartolomé García y Her- 
nán Darías de la Becerra, que había nombrado 
el Tesorero Vásquez de Acuña como Regidor 
que era de la ciudad. Villegas volvió al Tocuyo, 
y prácticamente Coro quedó alzada contra Car- 
vajal. 

Los habitantes del Tocuyo fueron entonces 
víctimas de los desmanes de este mal hom- 
bre. Vicia azarosa y triste era la que llevaban, 
sujetos a la tiranía del Gobernador, y amenaza- 
dos en cada momento de ser atacados por los 
indios. El asiento era un campamento. Valerosas 
mujeres fueron las españolas de aquella época 
venidas a Venezuela, entre ellas doña Ana Pa- 
checo, la esposa de Juan de Villegas! Sin duda 
que con toda su nobleza se habrían criado en 
la pobreza, suerte común de los hidalgos espa- 
ñoles, pero siquiera en sus pueblos de España 
llevaban vida civilizada, tranquila y segura, dis- 
tribuido su tiempo entre sus quehaceres domés- 
ticos y la asistencia a las frecuentes y pomposas 
festividades de la Iglesia, en que no faltaban 
los autos sacramentales; y helas aquí lanzadas a 
un mundo nuevo, separadas de su patria, sin es- 

256 



HIS10RIA DEL ESTADO FALCON 



peranza ele volverla a ver, estando de por me- 
dio el proceloso y vasto Atlántico, viviendo 
en ranchos de paja, metidas en temerosas sel- 
vas pobladas de alimañas; en el riesgo de que 
los indios las mataran o se las llevaran 
para saciar en ellas su lubricidad; atacadas 
de enfermedades desconocidas de que pere- 
cían también sus hijos, viendo salir a sus 
maridos a lejanísimas expediciones, o expuestos 
a las maldades de un Santillana o de un Carva- 
jal! No flaquearon, con todo, los bien puestos 
corazones de aquellas mujeres verdaderamente 
fuertes. Sencilla y dignamente cumplían sus de- 
beres de esposas y de madres. 

En Coro también los vecinos estaban con el 
temor de que Carvajal volviera sobre ellos a cas- 
tigarlos por su desobediencia, y de que los in- 
dios, viendo que los españoles que allí quedaban 
eran tan escasos, dieran algún asalto a los ran- 
chos de lo que llamaban ciudad. 

Así transcurrió el año de 1545 y comenzó el 
de 1546. En febrero de este último llegaron al 
asiento de El Tocuyo Pedro de Limpias y Juan 
de Fuenmayor, compañeros de Felipe de Hutten, 
con cinco soldados más. Refirieron a Villegas 
que se habían separado de Bartolomé Belzar que 
quedaba con otros soldados en Acarigua; que 
Hutten los había mandado a Coro, pero que ellos 
y otros se habían alzado contra Belzar y lo obli- 
garon a tomar el camino de Maracapana, tenien- 
do después que devolverse, junto con él, para to- 
mar de nuevo la vía de Coro, porque los indios 
no los dejaron seguir a donde pensaban. Que 

257 



PEDRO M. ARCA YA 



detrás venía Hutten, con los restos de la expedi- 
ción con que años antes había salido hacia el 
interior, todo desbaratado y perdido. Villegas 
comunicó ésto a Carvajal, con quien inmediata- 
mente comenzó Limpias a intrigar, en daño de 
Hutten, haciéndole ver que el regreso del alemán 
significaba la ruina de todos sus proyectes. 

Acordados Limpias y Carvajal, éste despa- 
chó a Villegas en busca de Belzar y de Hutten, 
con orden de hacerles venir al Tocuyo, notifi- 
cándoles que debían prestarle obediencia a él, 
Carvajal, como Gobernador de la tierra. Mien- 
tras tanto, mandó hacer un grueso cepo, vana- 
gloriándose que allí había de poner a los dos 
alemanes, salvo que Hutten se prestase a servir 
bajo sus órdenes, lo cual, agregaba, bien podía 
hacerlo, ya que antes había, el propio Hutten, mi- 
litado con Espira, un carnicero, y él, Carvajal, 
del Emperador abajo a nadie debía nada, ni a 
Indias había pasado quien le superase. Fanfa- 
rrón y ensoberbecido estaba el Escribano! 

Por último "la víspera de pascua de resu- 
rrección" del mismo año de 46 llegó Hutten al 
Tocuyo, unido ya a Belzar, y a la cabeza como 
de treinta hombres. 

Hutten manifestó a Carvajal, respetuosa- 
mente, que él y sus compañeros venían destruí- 
dos y enfermos, después de haber sufrido gran- 
des trabajos en su largo y penoso viaje de cinco 
años por el interior del continente, en que habían 
perdido todo, hallándose ahora pobres y adeu- 
dados. Que su intento era irse todos juntos a 
Coro, a descansar de tantas penalidades, y dar 

258 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



cuenta al Rey y a los Eelzares de lo que habían 
hecho. Replicóle Carvajal: "al Rey habéis de dar 
"esa cuenta y no a los Belzares." Intrincáronse 
en una discusión que terminó agriamente, noti- 
ficándole Carvajal a Hutten y Belzar que que- 
daban presos, orden que ellos protestaron de in- 
justa y se negaron a obedecer, retirándose al si- 
tio donde estaban sus soldados, que era el de 
Quíbor. Carvajal fué sobre ellos, con la gente 
que pudo reunir; iba el Escribano caudillo muy 
orondo, a caballo, cubierto el rostro con una ce- 
lada y lanza en ristre, y así acometió a Hutten, 
mas éste esquivó el golpe, y ante la actitud re- 
suelta que mostraba, le entró a Carvajal terrible 
miedo. Lanza y celada se le cayeron, y devol- 
vióse precipitadamente a su campo, poniéndose a 
la defensiva. 

Los dos grupos estaban en disposición de 
combatir de un momento a otro, no siendo du- 
doso que en tal caso llevaría Carvajal la peor 
parte, por la cobardía que había demostrado fren- 
te al reconocido valor de Hutten, y porque su 
misma gente comenzaba a simpatizar con el 
alemán, y estaba, además, disgustada de los vejá- 
menes de Carvajal. Así lo comprendió éste, y 
aceptó gustoso la mediación de Juan de Villegas, 
quien propuso treguas, que se hicieron, for- 
malizándose un convenio escrito, en que Carvajal 
y Hutten se comprometían a no hostilizarse, 
pudiendo el último seguir su marcha a Coro con 
los que quisieran acompañarle. 

El plan de Carvajal, al firmar las treguas, 
era que, engañados Hutten y Belzar por la falsa 

259 



PEDRO M. ARCAYA 



seguridad de que se respetaría lo convenido, se 
irían descuidados, y muchos de los suyos, por no 
creerlos en peligro, se quedarían en El Tocuyo, 
pues estaban deseosos de descanso después de 
tan grandes fatigas. De este modo juzgaba fá- 
cil el malvado alcanzar en su marcha a los dos 
alemanes y sacrificarlos, y así exactamente su- 
cedió. 

Terminadas las treguas, mezcláronse los sol- 
dados de uno y otro bando. Hutten y Belzar sa- 
lieron luego, vía de Coro, acompañados de 18 sol- 
dados y algunos Capitanes, entre ellos Diego 
Romero, Gregorio de Placencia y Diego Ruiz Va- 
llejo, de la gente de Carvajal, que disgustados 
con él se unieron a Hutten. Iban allí también, 
de los conmilitones de los alemanes, Juan de Gue- 
vara, Toribio de Vadillo y otros, pero más de 
veinte se quedaron en El Tocuyo. 

Tan luego como se fueron Hutten y los suyos 
comenzó Carvajal a sondear la opinión de su 
campo en el sentido de si convendría ir en se- 
guimiento de ellos y prenderlos. Sostenía, lo 
cual era evidentemente falso, que Hutten y Bel- 
zar estaban alzados contra el Rey, y que a los 
traidores no se les guardaban treguas. Encon- 
tró la más firme oposición en Juan de Villegas, 
quien ya antes de firmarse las treguas le había 
advertido que si no pensaba guardarlas no las 
firmara, porque en quebrantarlas no le obedece- 
rían él ni muchos otros hidalgos del campo. Ante 
la resistencia que halló, exaltado el Gobernador, 
amenazó de muerte a Villegas y prendió a Pedro 



260 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



de San Martín, Pedro de Avila, Galeoto Chey y 
Luis de Narváez, que también se oponían a la 
alevosía que pretendía cometer. Como quiera 
que ni aún así logró vencer la oposición que los 
hidalgos de su propio bando le hacían, fingió so- 
meterse a su opinión, pero agregó que de todos 
modos él tenía que ir a Coro, para escribir de 
allí al Rey, informándole lo ocurrido, ya que Hut- 
ten iba a hacerlo también. Para mejor engañar 
a los suyos, y a los soldados del propio Hutten 
que estaban en El Tocuyo, hizo pregonar que 
Hutten se había ido con campo franco, y con ca- 
ballos, ropa y servicio que él mismo le había fa- 
cilitado para que efectuara su traslación a Coro. 
A los hidalgos los juntó, y les dijo que nada pen- 
saba hacer contra Hutten y que los autorizaba 
a desobedecerlo, si algo llegara a ordenarles en 
contrario. 

Salió después acompañado de algunos solda- 
dos de su completa devoción. Apresuró la mar- 
cha y alcanzó a Hutten en las sierras del camino 
de Coro. El y sus compañeros descansaban 
tranquilamente en sus hamacas, porque ya era 
casi de noche cuando dio sobre ellos Carvajal, 
logrando, con la sorpresa, prenderlos sin resis- 
tencia, pues Hutten había cometido la impru- 
dencia ele mandar adelante sus soldados, que- 
dándose él con Placencia, Romero, Belzar, 
Vadillo, Guevara, Diego Ruiz Vellejo y dos o tres 
más. A todos los encadenaren, menos a Ruiz 
Vellejo que logró escaparse, aunque herido, 
uniéndose luego a los soldados que iban una 
jornada adelante. 

261 



PEDRO M. ARCAYA 



Carvajal al cabo de un corto rato dio orden a 
unos negros que había traído consigo, que cor- 
tasen las cabezas a Hutten, Belzar, Placencia y 
Romero. Todos pidieron que se les permitiera 
confesar con el Padre Fructos de Tudela, com- 
pañero suyo en su expedición al interior, que ha- 
bían dejado en El Tocuyo, pero el cual resolvió 
después seguir detrás de ellos a Coro, agre- 
gándose a la comitiva de Carvajal. No con- 
sintió éste en tal demora. Incitábalo, ade- 
más, su Alguacil Mayor Sebastián de Almarcha, 
a que hiciera pronta justicia. En vano el Padre 
Tudela exigió que siquiera se les diese tiempo a 
que los confesara como se lo pedían; a él mismo lo 
amenazó de muerte el furioso Gobernador. Enton- 
ces, refiere un documento de aquella época "el 
"dicho Felipe de Hutten puso las manos al cielo y 
"diziendo in manu tua comiendo spiritum meum" 
"e diziendo "miserere mei*' le cortaron la cabe- 
"za por el cogote." Lo mismo hicieron los dos 
negros con los otros tres condenados a muerte. 
Los demás prisioneros tuvieron la vida salva. 
Diego Ruiz Vellejo, con los soldados de que ya 
hemos hablado, llegó a Coro con la triste noticia 
de lo ocurrido. 

Ya para entonces había llegado a esa ciudad el 
Ldo. Frías. Entretúvose en tomarle residencia 
a los funcionarios públicos de Coro y en le- 
vantar contra Carvajal información sumaria de 
los crímenes que había cometido, pero de ahí no 
pasó, ni aun le avisó oficialmente su venida, de 
tal modo que él sostuvo después haber ignorado 
que Frías estuviese en Coro. 

262 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Mas el nueve de junio del propio año de 
1546 llegó a la misma ciudad el Ldo. Juan Pé- 
rez de Tolosa, con el nombramiento de Gober- 
nador de la Provincia, emanado del Rey. Rá- 
pido fué su viaje desde España, y al verse en 
Coro presentó las Reales Cédulas que le inves- 
tían del mando y lo asumió inmediatamente. 
Hombre enérgico, bien intencionado y progre- 
sista, su gobierno había de contrastar con el de 
sus predecesores, que excepto el Obispo Bastidas, 
nunca se inspiraron en el bien público. 

Entrando en esta ciudad (escribió desde Co- 
ro el Licenciado al Emperador), hallé hasta se- 
senta hombres de armas tomar y no tomar, con 
"grandísimo temor y desconsuelo belando de día 
"y de noche, retraídos en la Iglesia, aunque en 
"ella no hay paredes, con temor que el dicho 
"Juan de Carvajal vendría con su gente a los 
"matar y robar la pobreza que se les ha quedado 
"y con ver las Provisiones de Vuestra Alteza que. 
"yo he traydo juntamente con el esfuerzo que 
"yo les he puesto, han dexado las guardias y co- 
"brado ánimo para se defender y servir a Vues- 
"tra Alteza " 

El estado de la tierra lo describe en la pro- 
pia carta el Gobernador, de la cual copiamos los 
siguientes párrafos: 

"La pobreza de los que están en esta ciudad 
"y más de los nuebamente benidos es tanta que 
"si no fuera por lo poco que he traydo de lienzo 
"y calzado, y otros aparejos, no pudiera aver 
hombre que llevara conmigo." 



263 



PEDRO M. ARCAYA 



"Entre todos ellos no ay oro, ni plata ni mo- 
"neda saibó unas conchezuelas de pescados que 
"tratan entre si a valor de un real cada una." 
Recuérdese que como hemos visto en un capí- 
tulo anterior, estas conchas eran la moneda de 
los indios. 

"Tienen servicio de yndios, parte dellos vo- 
luntarios, y otros de los de guerra antiguos sin 
"los quales ningún xristiano podrá sustentarse 
"ni vivir. Es tierra de mucha caza de conejos 
"grandes y muy buenos como los de España, 
"muchos benados y perdices de las pardillas, ay 
"algunas bacas y obejas y puercos, aunque de 
"todo este ganado dexó muy robada la tierra 
"Juan de Carvajal; ay mucho mayz de que se 
"haze un pan muy blanco y suabe como de trigo, 
"ay muchas frutas silvestres que no las ay en 
"españa, ay plátanos, y mucho pescado de mar 
"y de río, ay puertos de grandes montañas de 
"sal sin que nadie se aproveche della, porque 
"en la tierra no ay oro ni moneda con que se 
"contrate.'' 

A la sazón tenía la ciudad sesenta casas to- 
das de paja o bahareque. 

Hizo iniciar Pérez de Tolosa proceso en for- 
ma contra Carvajal por los crímenes que había 
cometido, y el cual comenzó por querella que 
ante el mismo Licenciado presentó Juan de El- 
dúa, a quien previamente nombró "Alguacil 
"Mayor y Promotor Fiscal de la Justicia Real." 
A la acusación se acompañaron las informaciones 
hechas por Frías. Tolosa le dio entrada a la 



264 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 

querella, y para capturar y castigar al reo resol- 
vió ponerse en camino para El Tocuyo, empresa 
arriesgada que demuestra el valeroso ánimo del 
Licenciado en acometería. Con la gente que pu- 
do, salió de Coro a fines de junio o principios de 
julio. Lo atacaron los indios en el camino, y .des- 
pués de un dilatado y penoso viaje, por la vía de 
Carora, sorprendió a Carvajal en El Tocuyo, lo- 
grando prenderlo sin resistencia; tampoco la 
hicieron sus compañeros, antes bien, los más 
de ellos tuvieron por su salvador al Licenciado, 
porque ya Carvajal había dejado traslucir sus 
intenciones de matar a Villegas y algunos más 
de los hombres principales de su campo. 

Poco después de preso fué sometido a con- 
fesión Carvajal. Negó algunos de los hechos que 
se le atribuían. Respecto a las muertes que co- 
metió dijo que fueron penas que legítimamente 
impuso a hombres alzados contra el Rey, sobre lo 
cual había levantado proceso, a que se remitía. 
Recusó al Licenciado Pérez de Tolosa, pero éste, 
por no demorar el proceso, se limitó a asociarsse 
otros Conjueces . También apeló Carvajal a la 
Audiencia y al Rey, pero no le valieron tales re- 
cursos para escapar de la pena en que tan clara- 
mente había incurrido. El 16 de septiembre 
recayó la sentencia cuya terrible parte dispo- 
sitiva decía así: "devemos de condenar y conde- 
unamos al dicho Juan de Carvajal, reo acusado 
"a que sea sacado de la cárcel pública donde 
"está, atado a la cola de un caballo y por la pla- 
"za deste asiento sea llevado arrastrando hasta 

265 
34-1 



PEDRO M. ARCAYA 



"la picota e horca e allí sea colgado del pescuezo 
"con una soga de esparto o de cáñamo, de ma- 
guera que muera muerte natural y ninguno de 
"allí sea osado de lo quitar sin licencia de mí el 
"dicho Gobernador so pena de muerte, y mas le 
"condenamos en todos los gastos que se han he- 
"cho en el traer ele la gente desde la ciudad de 
"Coro a este asiento y en todos los derechos y sa- 
larios de los escribanos y en todas las costas 
"de lo procesado. ..." 

El mismo día se notificó al reo la sentencia 
y se procedió a la tremenda ejecución. Estando 
Carvajal al pie de la horca, y como quiera que 
en su declaración había dicho que en lo que hizo 
fué aconsejado o inducido por Limpias y Almar- 
cha, ahora confesaba: "que en la muerte de feli- 
"pe de huten e capitán bartolomé belzar e gre- 
"gorio de plazencia e diego romero el solo tenía 
"la culpa de sus muertes y en ello ofendió gra- 
vemente a .dios nuestro señor, y esta muerte 
"la recibe con paciencia de recompensa del hie- 
rro y de otros hierros graves que ha echo e 
"cometido contra la divina magestad de dios 
"nuestro señor como muy pecador y mal cris- 
tiano y declaraba y declaró que todos los pre- 
"sos sobre este delito no tienen culpa alguna 
"porque persuadidos y rogados por este decla- 
mante hizieron lo que les mandó pensando que 
"en ello servía a su magestad y en caso de que 
"en su dicho haya dicho alguna cosa contra ellos 
"fue dicho mal y falsamente por se salbar de la 
"muerte y no por que ninguno dellos aya sido en 



266 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"las dichas muertes culpante en cosa alguna y 
"que esta es la verdad y lo declara así para el 
"paso en que está. ..." 

Agregan los autos: "e hecha la dicha confe- 
sión y declaración susodicha por el dicho Juan 
"de Carvajal fue executado." 

Con la declaración final del reo quedaban a 
salvo todos los demás individuos que habían sido 
presos como coautores en las muertes que mo- 
tivaron el proceso. "Otra sentencia corporal no 
"hubo, escribió el Ldo. Pérez de Tolosa al Em- 
"perador . . . por el bien y concordia desta gente 
"no convino al servicio de V. M. que más se hi- 
"ciese." Después vino una Real Cédula, expe- 
dida a instancia de los Belzares y de los herma- 
nos de Hutten, ordenando que se procesara y cas- 
tigara también a las demás personas que hu- 
biesen participado en el crimen, mas no parece 
que se haya hecho más nada sobre el particu- 
lar. (18). 

Pérez de Tolosa devolvió a Coro treinta hom- 
bres que deseaban seguir avecindados allí. 
El gobierno de esta ciudad lo delegó sucesiva- 
mente en Bartolomé García, Martín de Artea- 
ga y su propio hermano Alonso Pérez de To- 



(18) Las fuentes sobre todos los sucesos que deja- 
mos narrados son las cartas de Pérez de Tolosa publi- 
cadas por Fernández Duro, que antes hemos citado repe- 
tidas veces; otra carta más, inédita, del propio Licen- 
ciado cuya copia, tomada del original existente en el 
Archivo de Indias, posee la Academia Nacional de la 
Historia; copia, en las mismas circunstancias, de la acu- 
sación, interrogatorio del reo y sentencia, en la causa 
seguida a Carvajal, y la Información de méritos y ser- 
vicios de Juan de Villegas que hemos citado antes. 

267 



PEDRO M. ARCAYA 



losa, a quienes por turno, y mientra él ejerció 
la Gobernación, nombró sus Tenientes, sin per- 
juicio de las funciones legales de los Alcaldes de 
la ciudad que lo fueron, en ese tiempo, Antonio 
Col, Francisco Ortiz, Francisco Gómez y Juan de 
Guevara. 

•• El mismo Licenciado residía ordinariamente 
en El Tocuyo, que suplantó de hecho a Coro co- 
mo sede de la Gobernación, desde entonces, y 
hasta que se fundó Caracas, asiento en lo suce- 
sivo de los poderes públicos. 

Ya hemos visto el estado en que encontró a 
Coro al comenzar su gobierno. Respecto de los 
indios, en la Relación que envió al Rey (19), de- 
cía que desde el puerto de la Borburata hasta 
Coro la costa estaba despoblada, sin más de cien 
indios; lo mismo la de Coro a Maracaibo, donde 
quedaban muy pocos y éstos "vagando por 
los montes." Paraguaná estaba también ca- 
si sola, quedando allí apenas trescientos indios. 
En las Sierras de los Jirajaras había ya pocos 
de ellos. 

Parece, sin embargo, que no serían tan es- 
casos los indígenas como decía el Gobernador, o 
lo que es más probable, que él quisiera referirse 
únicamente a indios hombres, sin contar las mu- 
jeres y niños (20). De todos modos era espan- 



(19) La publicó Fernández Duro y ya antes la he- 
mos citado. 

(20) Así también, cuando en esa época se hablaba 
de vecinos se aludía a los jefes de familia. Un pueblo 
de cien vecinos, por ejemplo, podía tener quinientas o 
seiscientas almas. 



268 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 

tosa la despoblación, causada por las tropelías y 
crímenes que contra los indígenas se venían 
perpetrando durante medio siglo, y especial- 
mente en los últimos veinte años. 

Tales desmanes cesaron desde que tan fe- 
lizmente entró a gobernar el Ldo. Pérez de To- 
losa, quien puso en práctica efectiva las nuevas 
leyes que ya conocemos. Algunos abusos si- 
guieron cometiéndose contra los indios, como 
veremos, pero fueron escasos y no quedaban 
impunes. Verdad es que las mismas leyes nue- 
vas fueron modificadas en el sentido de que se 
restableció, en 1545, el mal régimen ele las En- 
comiendas, con derecho del Encomendero al tra- 
bajo mismo de los indios, sin limitarlo a la sim- 
ple percepción de un tributo, pero quedaba tan 
reglamentado lo relativo a estas Encomiendas, 
y tan amparados los indios por los Obispos que 
eran sus Protectores, que con ser malo y repro- 
bable el sistema, no era ya el de la esclavitud 
disfrazada que había sido ateriormente. 

De allí que los colonos se habituaron a no 
contar con el trabajo de los indios para em- 
presas agrícolas de alguna importancia ni para 
el trabajo de las minas. Desarrollóse entonces 
la trata de los esclavos negros, que ha- 
bía comenzado a raíz misma de la conquista, 
pues los primeros Gobernadores alemanes tra- 
jeron algunos, aunque dedicándolos a trabajos 
especiales de cata de minas, o a su servicio per- 
sonal, porque los negros eran más inteligentes y 
hábiles que los indios, y también más sanguina- 



269 



PEDRO M. ARCAYA 



rios. Ya hemos visto que los verdugos de Hutten 
y sus compañeros fueron dos negros. Algunos 
vecinos lograron, desde el principio, traer así 
mismo algunos negros, pero muy pocos, porque 
cada pieza costaba lo que para los pobres habi- 
tantes de Coro representaba un caudal, pero 
desde que en el Gobierno de Pérez de To- 
losa se asentó y organizó la Colonia, la impor- 
tación de negros africanos fué progresivamente 
aumentando en Coro, hasta asumir grandes pro- 
porciones en el siglo XVIII. 

Los poderes del Ldo. Pérez de Tolosa vencían 
en junio de 1548. En esa época vino a Coro, en 
espera del que debía sustituirlo, pero allí recibió 
una Real Cédula expedida en Madrid a 28 de 
enero del mismo año, y firmada por "el Príncipe," 
en que se prorrogaba su gobierno "por el tiempo 
y durante la merced y voluntad de su Mages- 
tad" (21). Sin demora ratificó a su vez el nom- 
bramiento que de Teniente o segundo suyo tenía 
hecho en Juan de Villegas (22). 

Después de esto salió el Gobernador al Cabo 
de La Vela, a tomar las cuentas de los Oficiales 
de la Real Hacienda de aquel pueblo y averiguar 
todo lo relativo a las pesquerías de perlas del 
Río de la Hacha, Dice Oviedo y Baños que du- 
rante ese viaje falleció, mas su muerte sucedió 
en Coro, según consta de documentoss inéditos 
que, en copia, tenemos a la vista, más o menos 
en septiembre de 1549. 



(21) Copia tomada del Archivo de Indias y exis- 
tente en poder de la Academia Nacional de la Historia. 

(22) Información ya citada. 

270 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Durante su gobierno había venido a la Pro- 
vincia el segundo Obispo de Venezuela, Fray 
Miguel Gerónimo de Ballesteros, ascendido a este 
cargo; antes ejercía el de Dean de la Catedral 
de Cartagena. Trajo también el Obispo el nom- 
bramiento de Protector de los Indios. • 



271 



CAPITULO NOVENO 



DESDE LA MUERTE DEL LDO. PÉREZ 

DE TOLOSA HASTA MEDIADOS 

DE Í576 



Después de la muerte del Ldo. Pérez de Tolosa 
siguió gobernando la Provincia su Teniente o se- 
gundo Juan de Villegas. Sus poderes le fueron 
ratificados, provisionalmente, por la Audiencia de 
Santo Domingo, según Cédula que expidió a 14 
de julio de 1549, presentada al Cabildo de Coro 
el 27 de marzo de 1550, cuerpo que a la sazón 
lo componían "el Magnífico Señor Alonso Pérez 
"de Tolosa, Teniente de Gobernador por Su Ma- 
jestad, los muy nobles señores Miguel de Ba- 
"rrientos y Antonio Col, Alcaldes hordinarios, y 
"el Tesorero Alonso Vásquez de Acuña y el Con- 
tador Antonio de Naberos y Gutiérrez de la Pe- 
ña, Regidores. ..." 

Juan de Villegas residía comunmente en El 
Tocuyo, donde tenía su familia. Así es que Coro 

273 

35-1 



PEDRO M. ARCAYA 



estuvo entonces bajo el mando inmediato de Alon- 
so Pérez de Tolosa, de los Alcaldes Barrientos y 
Col, y los que después les sucedieron en estos car- 
gos. Activo fué el gobierno de Villegas, mas el re- 
lato de lo que hizo corresponde más a una His- 
toria general de Venezuela que a una particular 
de Coro, como es la presente. 

Conviene sí referir que Villegas obtuvo nom- 
bramiento de Gobernador en propiedad, emana- 
do de los Belzares, que no querían desprenderse 
todavía de sus derechos sobre Venezuela, y a este 
fin pidieron al Rey que confirmase la designación 
que hacían en Villegas, mas ésto motivó que el 
Monarca, por su Real Cédula de 1553, dispusiera 
nombrar Gobernador al Ldo. Alonso Arias de Vi- 
llasinda, pues no convenía al Real servicio, reza 
la misma Cédula, que siguiera Villegas ejercien- 
do tal cargo. El nombramiento de Villasinda era 
provisional, mientras se resolvía el pleito que la 
Corona sostenía con los Belzares sobre revoca- 
toria de la concesión de que hacían mérito. An- 
tes de pasar adelante diremos que, según Hum- 
bert, este pleito quedó definitivamente decidido 
por sentencia del Consejo de Indias, de 13 de 
abril de 1556, en que se declaraba a los Belzares 
privados de los derechos que alegaban respecto a 
Venezuela, y vuelta la Provincia a la autoridad 
directa de la Corona. (1). 



(1) Humbert. L'occupation allemande au Venezuela 
au XVI siécle. Observamos algunos errores en el relato 
de este autor. Dice que el Consejo ele Indias había fa- 
llado antes, en 1550, a favor de los Belzares, y que el 
mismo año había sido nombrado, oficialmente, Juan de 



274 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



El Lelo. Arias de Villasinda llegó a Coro en el 
mes de julio de 1553, e inmediatamente asumió el 
mando, abriendo un proceso de residencia contra 
el Ldo. Pérez de Tolosa, a pesar de que había 
muerto, y, especialmente en lo que respecta a los 
funcionarios que durante su gobierno rigieron a 
Coro, contra Bartolomé García, Alonso Pérez de 
Tolosa y Martín de Arteaga, que habían sido sus 
Tenientes en dicha ciudad: contra los Alcaldes 
Antonio Col, Francisco Ortiz, Francisco Gómez, 
Juan de Guevara, y Fabián Valera, contra el Te- 
sorero Alonso Vásquez de Acuña, contra los Re- 
gidores Gutierre de la Peña y Francisco Ló- 
ez, el Alguacil Mayor Juan de Frías, y aun con- 
tra los simples Alguaciles Bartolomé Rodríguez 
y Juan de Reina, y los Escribanos Alonso de Va- 
lenzuela y Gaspar de Villalobos. Parece que ya 
Villegas había muerto antes de llegar Villasinda, 
o si nó falleció poco después. 

Estos procesos de residencia, de que no se li- 
braba nadie que hubiera ejercido funciones pú- 



Villegas, Capitán General. Quizás el autor confundió 
la designación provisoria que había hecho la Audiencia 
de Santo Domingo en 1549 con un nombramiento ema- 
nado del Monarca en 1550, que no parece ser cierto, 
pues no lo menciona el propio Villegas en carta que di- 
rigió al Rey desde El Tocuyo, a" 29 de abril de 1552. (Co- 
pia de este documento existe en poder de la Academia 
Nacional de la Historia, tomada del original que se 
halla en el Archivo de Indias, Est. 154, Caj. 4, Leg. 15); 
y en la Real Cédula de 1553 citada en el texto, en que se 
iiombró Gobernador al Ldo. Arias de Villasinda se dice 
expresamente que no se había accedido al nombramiento 
de Villegas, propuesto por los Belzares. Agrega Hum- 
bert que después de la muerte de Villegas presentaron 
los Belzares otro candidato, un Baltazar Benifaz de Bur- 
gos, que les fué rechazado. 

275 



PEDRO M. ARCAYA 



blicas en el antiguo derecho político-administra- 
tivo español, constituían la mejor y más eficaz 
salvaguardia, durante la Colonia, ,de las garan- 
tías individuales, y a ello se debió que fuera 
arraigándose, cada vez más, entonces, la noción 
del derecho como norma de las relaciones entre 
el Gobierno y los gobernados, derecho absurdo en 
algunas de sus disposiciones, pero fijo y regla- 
mentado, de modo que había poco espacio para 
la arbitrariedad y la tiranía. 

Seguir un juicio de residencia no significaba 
tampoco que hubiera de antemano indicios de 
culpabilidad contra el funcionario que a tal pro- 
cedimiento quedaba sujeto. El proceso comen- 
zaba por una averiguación, de la cual muy bien 
podían no resultar cargos ningunos. Si había 
méritos para formularlos, el funcionario acusado 
entraba a defenderse. 

En el juicio que venimos refiriendo, abierto 
por el Ldo. Arias de Villasinda, se encuentran 
datos curiosos que permiten reconstituir la vida 
que se llevaba en Coro en aquellos lejanos 
tiempos. 

Se dio un pregón convocando a todos los que 
tuvieran quejas que formular contra los residen- 
ciados, para que las presentasen, y otro di- 
rigido en especial a los Indios 'principales de 
nación caquetíos y otros cualesquier que residían 
en los pueblos de Cabure (o Calmre), Tomodore. 
Cumarebo, Miraca, Santa Ana, Cayaruba (Ca- 
yerúa, en Paraguaná), Urraque y Hurehurebo 
en que el Gobernador les decía que él había veni- 



276 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



do a deshacer los agravios y sinjusticias, que les 
hubieran hecho los que habían gobernado la 
tierra. 

Don Luis y Don Malucos, indios principales del 
pueblo de Cabure, declararon por medio del in- 
térprete Juan de Reina, que desde el tiempo del 
Ldo. Tolosa no tenían de que quejarse. Lo mismo 
expusieron el indio Amurábí y la mujer de otro 
llamado Don Juan, de Tornodore. 

De las demás declaraciones rendidas aparece 
que, como era natural, los indios estaban todavía 
en estado de barbarie; los pocos Jirajaras que 
quedaban no se hallaban aún completamente so- 
metidos. Se temía que pudieran en cualquier mo- 
mento alzarse y atacar la ciudad. Por lo menos 
eso lo afirmaban los funcionarios residenciados, 
en son de excusa por haber permitido que juga- 
ran constantemente casi todos los hombres de la 
población, y aún ellos mismos, los acusados. De- 
cían que así se podían tener agrupados los hom- 
bres de guerra para evitar sorpresas de los in- 
dios, y aún refirió Alonso Pérez una que trata- 
ron de .dar los indios, pero que se les frustró. Por 
lo demás, lo que jugaban eran cantidades cortísi- 
mas, pero no por voluntarias restricciones de los 
jugadores, ni por imposición de la autoridad, si- 
no porque no daba para más la pobreza de todos. 
Riñas entre los conquistadores no faltaban, como 
fué una muy sonada entre Bartolomé Rodríguez 
y Gutierre de la Peña, (después Mariscal en re- 
compensa del vencimiento y muerte que dio al 
tirano Aguirre), mas no llegaban hasta matarse. 



277 



PEDRO M. ARCAYA 



Casos aislados de compras y ventas subrep- 
ticias de indios todavía ocurrían, mas ya 
había cesado el escándalo de su exportación 
como esclavos. Por cierto que uno de esos 
casos fué el de una india que por seis o sie- 
te pesos cedió Juana de Castro, madre del mis- 
mo Gutierre de la Peña, a un negro viejo, esclavo 
de los Belzares. Ella declaró que se la había faci- 
litado para que le hiciera de comer. No había 
vagamundos en la ciudad. Todos vivían de su 
trabajo. "Hay algunas personas que tienen hijos 
"en sus indias y no se las han quitado," declaró 
un testigo. Efectivamente estos casos eran muy 
frecuentes, y originaron, como en su lugar vere- 
mos, la formación de la mayor parte de la po- 
blación coriana nativa. Entre españoles y 
españolas el concubinato era raro. Se citaba 
un caso de un tal Almendral que vivía con 
una mujer llamada Francisca Fernández, pero 
cuando se abrió el juicio de residencia que veni- 
mos refiriendo, ya se habían ausentado de Coro. 
No aparece muy bien el Obispo Ballesteros. No 
cuidó de que se castigara a un indio de su ser- 
vicio que mató a otro, y aun se le achacaba que 
había comprado un indio a Bartolomé Rodríguez 
para guardar las vacas de la Iglesia. Las orillas 
de la ciudad se sembraban de maíz, regándose 
las plantaciones con el agua que se sacaba del río 
por medio del buco a que en otro capítulo hemos 
aludido, pero hubo descuido en repararlo, y por 
esto se perdió la última cosecha. 

El resultado del proceso fué la condenatoria 
de Alonso Pérez de Tolosa a destierro e inhabi- 

278 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



litación, y amonestaciones a algunos de los otros 
funcionarios residenciados. 

Nada más de particular ocurrió, que interese 
especialmente al objeto del presente libro, du- 
rante el gobierno del Ldo. Arias de Villasinda, 
fuera de la salida de algunos hombres de Coro 
para la fundación ,de Nueva Valencia. Lenta y 
penosamente progresaba la ciudad de Ampies. 
Los indios Caquetíos, libres, estaban congregados 
en sus pueblos, y algunos vivían en Coro. Los 
Jirajaras y Aj aguas se mostraban tranquilos, 
sujetos a sus Encomenderos, que lo eran los pri- 
meros conquistadores. Se habían formado con 
ellos pequeños grupos en Cariagua, Mapiare, Si- 
burua, Utaquire, Acurigua, Quiragua y otros 
puntos, .donde trabajaban en las plantaciones o 
hatos de los españoles, pero su labor era escasa 
y poco útil, por lo cual los hacendados preferían 
los negros esclavos, más robustos y fuertes, y so- 
bre los cuales tenían un derecho de propiedad que 
no les correspondía sobre los indios. A estos más 
bien los utilizaban en el servicio doméstico, y así 
había relativamente muchos Jirajaras y algunos 
Ajaguas en la ciudad. 

Duró el mando del Ldo. Arias de Villasinda 
hasta su muerte ocurrida en 1556 o 1557. En 
1558 murió también el Obispo Ballesteros y vino, 
en 1561 o 1562, a reemplazarlo Fray Pedro de 
Agreda, pues aunque parece que antes fué nom- 
brado otro, llamado Bartolomé, no consta que to- 
mase posesión del cargo. 

Según el Padre Aguado quedaron, por la muer- 
te de Villasinda, encargados del Gobierno de los 

279 



PEDRO M. ARCAYA 



pueblos los Alcaldes de cada uno, hasta que la Au- 
diencia de Santo Domingo nombró Gobernador in- 
terino de toda la Provincia a Gutierre de la Peña. 
Este ejerció el cargo hasta el 2 de agosto de 1559 
en que lo asumió el Gobernador en propiedad, Li- 
cenciado Pablo Collado, nombrado directamente 
por el Rey. 

Durante el gobierno de Collado, según Oviedo 
y Baños, fué enviado a España Sancho Briceño 
como Procurador de las ciudades de Venezuela, 
y logró obtener, a favor de ellas, importantes con- 
cesiones, entre otras la de que cada ciudad, si mo- 
ría el Gobernador, se gobernase por sus Alcaldes, 
mientras el Monarca proveía la vacante, aunque 
de hecho ésto siguió haciéndolo la Audiencia de 
Santo Domingo, de modo que la interinaría de los 
Alcaldes duraba poco. 

También durante el gobierno de Collado, en 
1561, se verificó la conocidísima invasión, al te- 
rritorio de Venezuela, del tirano Aguirre, alzado 
contra el Rey, sonado suceso cuyo relato no co- 
rresponde, propiamente, a nuestro objeto. Baste 
decir que en Coro produjo la natural alarma 
tan extraordinario acontecimiento. Regía a la 
sazón la ciudad el Capitán Martín de Arteaga, 
quien recibió aviso de lo que ocurría, con la or- 
den de que aprestara cuantos hombres pudiera 
para la resistencia que había que hacerle al ti- 
rano; así se lo hicieron saber el Gobernador y 
Gutierre de la Peña, a quien él había nombrado 
Capitán General de las fuerzas destinadas a com- 
batir a Aguirre. Arteaga juntó cincuenta o se- 
senta hombres, que despachó hacia Barquisimeto, 



280 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



camino cíe la Costa, al mando del Capitán Juan 
de Guevara; mas éste enfermó en la marcha y 
encargó de regir la columna a su segundo el 
Capitán Bartolomé Romero. No tuvieron tiem- 
po de concurrir a la rota del tirano, que supie- 
ron en la Boca del Tocuyo, y así regresaron a 
Coro. (2). 

La cobardía del Ldo. Collado durante estos 
sucesos fué notoria, de modo que a no haber sido 
por la presencia de ánimo de Gutierre de la Pe- 
ña y Diego García de Paredes, y en general de 
los valerosos españoles que ellos encabezaron, 
habría podido el tirano apoderarse de toda la 
Provincia. Ya antes habían ido numerosas que- 
jas contra Collado a la Audiencia de Santo Do- 
mingo, y cuando le llegaron también las primeras 
noticias de la invasión de Aguirre, resolvió ella 
mandar a Venezuela al Licenciado Pablo Ber- 
naldez, Regidor de Santo Domingo, donde vivía 
desde muchos años atrás. Bernaldez trajo el en- 
cargo de tomarle residencia a Collado. Llegó a 
Borburata el 24 de noviembre de 1561, de donde, 
destruido ya Aguirre, pasó al Tocuyo. De allá 
escribió al Rey, con fecha 20 de diciembre del 
mismo año, refiriendo la muerte de Aguirre, y 
avisando que se ocupaba en la residencia de Co- 
llado, contra el cual resultaban varios cargos. 



(2) Estas hechos constan en copias existentes en 
poder de la Academia Nacional de la Historia, de docu- 
mentos que se guardan en el Archivo de Indias, y en in- 
formaciones de méritos y servicios que aparecen tras- 
critas en expedientes sobre limpieza de sangre y Enco- 
miendas de indios en el Archivo Nacional. 

281 
36—1 



PEDRO M. ARCA YA 



Inflexiblemente justiciero, o implacablemente 
apasionado, fué el Juez contra el desgraciado Go- 
bernador Collado. Parece que Gutierre de la 
Peña, García de Paredes, y los demás que se ha- 
bían distinguido en el vencimiento del tirano se 
coaligaron para perderlo. Pusieron de manifies- 
to el miedo que agobió al Gobernador cuando in- 
vadió Aguirre; su negligencia o tolerancia cul- 
pables, por no haber castigado a los marañones 
más ligados con el tirano; ciertas exacciones que 
cometió, algunos cohechos y otros delitos, verda- 
deros o exagerados, terminando el asunto con 
que Bernaldez condenó a Collado "por quatro 
causas a muerte," a más de otras penas pecu- 
niarias. Apeló el reo, y fué remitido a España 
con Gutierre de la Peña, que iba allá a buscar 
la recompensa de sus servicios. Collado y su con- 
ductor llegaron a Madrid a fines de 1562, y aun- 
que el asunto no interesa directamente a la ma- 
teria de este libro, conviene decir que la senten- 
cia del Ldo. Bernaldez fué reformada el 12 de ju- 
nio de 1563 por el Consejo de Indias, que condenó 
a Collado a suspensión de oficio por tres años y 
destierro, por el mismo tiempo, de la Goberna- 
ción de Venezuela. Mientras tanto, Collado estu- 
vo preso en la cárcel de Madrid, de donde salió 
bajo fianza, por enfermedad. En 1565 aparece 
solicitando del Rey indulto de la pena y que se 
le diese nuevo oficio. Alegaba sus servicios y po- 
breza, y que las pruebas que en su contra se 
produjeron, en la residencia que se le tomó en 
Venezuela, fueron forjadas por la parcialidad de 



282 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Bernaldez y la pasión de muchos de los colonos. 
Ignoramos la suerte posterior de este hombre. 
Lo cierto es que no volvió a Venezuela. Si se 
procedió con justicia o sin ella en condenarlo, es, 
por lo demás, muy dudoso punto. Cuando vino 
Bernaldez a tomar esta residencia escribió de 
Santo Domingo el Licenciado Echagoyande al 
Rey, el 8 de febrero de 1562, "tengo significado 
"a vuesa Magestad al tiempo que se proveyó la 
"dicha residencia no hubo causas bastantes, pero 
"pues ya se hizo, y el dicho licenciado bernaldez 
"que es uno que tiene un ojo de plata, que los 
"días pasados fue destinado por esta audiencia 
"a esa real Corte, por (?) desacatos grandes que 
"tubo con el licenciado alonso maldonado, Pre- 
sidente que fue de esta Audiencia, que por las 
"causas que entonces se embiaron a vuestra ma- 
"gestad en un parecer que llevó, no conviene a 
"vuestro real servicio que esté allí, aunque otra 
"cosa se escriba a vuestra Magestad por las mis- 
"mas causas por donde se proveyó por Juez de 
"residencia, y esta es la verdad, y ansi vuestra 
"magestad mande probeer luego governador a 
"aquella provincia que sea de conciencia e sin 
"codicia. ..." (3). Según ésto no eran muy reco- 
mendables los antecedentes de Bernaldez. 

Quizás atendiendo a la indicación de Echa- 
goyande, resolvió el Rey nombrar otro Goberná- 



is) Copia de este documento y de otros muchos re- 
ferentes al juicio de residencia seguido a Collado (aun- 
que no completo el expediente) se hallan en poder de la 
Academia Nacional de la Historia, tomados de los Ar- 
chivos españoles. 

283 



PEDRO M. ARCAYA 



dor para Venezuela, en reemplazo tanto de Co- 
llado como de Bernaldez, y en efecto, designó 
para este cargo al Licenciado Alonso Pérez de 
Manzanedo, quien llegó a Coro el 3 de septiembre 
de 1562, e inmediatamente procedió a tomarle, a 
su vez, residencia al Ldo. Bernaldez y a las de- 
más justicias .de la provincia. Los dos Licen- 
ciados se entendieron bien, pues eran parientes, 
de modo que nada resultó en contra de Bernaldez, 
quien regresó tranquilamente a Santo Domingo. 
Después informó Manzanedo al Rey que Bernal- 
dez era "buen Juez y diño que vuestra Mages- 
"tad se acuerde del para le hacer merced." 

Cómo halló Manzanedo la tierra se ve en es- 
tos párrafos de una carta que dirigió, desde Coro, 
al Rey, el 15 de octubre del mismo año de 1562: 
"En esta Gobernación hay siete pueblos de espa- 
bilóles y en todos ellos hasta ciento y sesenta 
"vezinos y dibididos unos pueblos de otros a se- 
senta leguas, y otros menos y más, y por aber 
"querido los gobernadores poblar tantos pueblos 
"sin gente, los más dellos están en gran riesgo 
"de se despoblar y perder los vezinos las vidas 
"porque como los yndios ven tan poca gente y 
"que por estar tan apartados los unos de los otros 
"no se pueden socorrer, anse desvergonsado y an 
"despoblado dos pueblos en la costa de Caracas..." 

Manzanedo gobernó a Venezuela hasta que 
murió el 23 de junio ,de 1563. 

En virtud de la Real Cédula, ganada en favor 
de lass ciudades de Venezuela por Sancho Brice- 
ño, a que ya hemos aludido, se encargaron del 



284 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



mando de cada ciudad sus Alcaldes, mas les duró 
poco, porque la Audiencia de Santo Domingo 
nombró otra vez Gobernador interino al Ldo. 
Bernaldez, a principios de septiembre del propio 
año de 1563. El astuto Licenciado escribió al 
Rey, en esos mismos días, diciéndole que ,de Coro 
y los demás pueblos habían pedido a la Real Au- 
diencia, que lo enviase a Venezuela, y que ella 
lo había dispuesto así, sin querer admitirle ex- 
cusa, por lo cual salía ya para su gobernación. 
Mas el Ldo. Echagoyande, por su parte, le decía 
al Rey, en carta de 11 de diciembre: "Otro si, 
"Vuestra Magestad sabrá como vuestro gober- 
nador de la provincia de Venezuela, Manzane- 
ro, murió, el qual tomó Residencia al licenciado 
"bernaldez, primo del dicho licenciado y capitán, 
"la qual se enbió a vuestro Real Consejo de In- 
"dias que por esta Audiencia; no se sabe ni se 
"a visto, mas de que por mi parte siempre tuve 
"mala relación, y así quando la primera vez se 
"proveyó por esta Audiencia lo avize a vuestra 
"Magestad y agora sin haberse visto la dicha su 
"Residencia por vuestra Magestad conforme a lo 
".dispuesto por vuestras leyes Reales, se a pro- 
"veydo otra segunda vez por gobernador de la 
"dicha Provincia, por medios no buenos, mayor- 
"mente que por parte de un Procurador de los 
"vezinos y cabildo del tocuyo se presentó un po- 
"der y un treslado autorizado de una sedula real 
"ganada a pedimiento de Sancho de brizeño que 
"se despachó por el año de sesenta o de sesenta 
"y uno por la qual manda vuestra magestad que 



285 



PEDRO M. ARCAYA 



"cuando se muriese algún gobernador en aque- 
lla tierra, que los alcaldes gobiernen fasta que 
"vuestra magestad provea de governador, porque 
"siertamente de enbiarselo de esta cibdad y mas 
"tal, y contra la dicha provisión y orden, viene 
"a los pobres vezinos mucho daño, y como el sa- 
lario sea mucho y la caxa real pobre no he to- 
"mado gusto alguno, y este bernaldez a echo yn- 
"formación de abonos que por no dezir las bur- 
lerías que pasan en tales informaciones lo me- 
"jor será dalles poco crédito o ninguno; el dicho 
"es el que fue desterrado por esta Audiencia a 
"españa porque fue el que echó mano a una daga 
"contra el licenciado maldonaclo presidente que 
"fue desta rreal audiencia, deudo del presente, 
"aunque en esto no a mirado en parentesco, y el 
"que sentenció al licenciado Collado a quatro 
"muertes y después a tormento . . . . " 

Bernaldez volvió, pues, a Venezuela, el pri- 
mero de enero de 1564. No causó muy buena im- 
presión a los habitantes de la Provincia su vuelta, 
pues el Concejo de Nueva Segovia escribía al Rey, 
el 4 de febrero de 1564: "Suplicamos a vuestra 
"magestad sea servido que al que obiere sido go- 
bernador y oviere dado Residencia, de mandar 
"que no se provea otra vez por gobernador en 
"aquella governazión . . . . " (4) . 

Por lo que especialmente respecta a Coro, du- 
rante este segundo periodo de mando de Bernal- 



(4) Este y los anteriores documentos los citamos 
siguiéndonos por copias, existentes en poder de la Aca- 
demia. Nacional de la Historia. Los originales están en 
los Archivos españoles. 



286 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



dez, apenas hay que referir la salida de algunos 
vecinos de la ciudad contra los indios de Nirgua 
y Caracas, y el comienzo de las invasiones de los 
piratas. Respecto a lo primero, Bernaldez escri- 
bió al Rey desde Borburata, el 6 de setiembre 
de 1564, que el nuevo Mariscal Gutierre de la 
Peña, que ejercía de Capitán general de la gente 
de guerra destinada a someter los indios Caracas, 
se había dado tan mala maña que en muchos 
días y meses no hizo nada, por lo cual los indios 
se armaban de nuevo contra los españoles, espe- 
cialmente los de las comarcas de Borburata y 
Nueva Valencia, y de allí que él mismo (Bernal- 
dez) hubiese resuelto encabezar la nueva expe- 
dición contra los indios, y para ésto, dice "co- 
mencé a hazer gente en la ciudad de Coro cabeza 
"desta provincia donde tenía y tengo mi asiento 
"y de allí salí con los soldados que pude sacar 
"y bine a esta ciudad de Borburata y a la de 
"Valencia. . . .," mas por lo que sigue de su relato 
se deduce que nada de provecho hizo el belicoso 
jurista, sino que, al contrario, fracasó manifies- 
tamente en su empresa. Sin embargo, concluía 
pidiéndole mercedes y recompensas al Rey, y pre- 
viendo que podía removerlo de la gobernación se 
adelantaba a suplicar "que en otra cualquier co- 
"sa me mande ocupar donde yo sirba y me sus- 
tente, pues lo que he tenido se ha gastado en 
"servicio de su Magestad." 

Respecto a los piratas, su primera visita a 
las costas de Venezuela, ocurrió en 1565 y la hizo 
el inglés H anguines como dicen los documentos 



287 



PEDRO M. ARCAYA 



españoles, es decir, el célebre almirante, pirata 
y negrero sir John Hawkins. 

Acerca del viaje de este último tenemos a la 
vista la información que se levantó en Borburata 
por los Oficiales Reales, en el mismo año de 1565, 
y el relato inglés, emanado de uno de los com- 
pañeros del pirata, compilado por Hakluyt 
junto con las relaciones de los otros viajes 
del mismo Hawkins, y publicado en su célebre 
colección "Las principales navegaciones, viajes, 
tráficos y descubrimientos de la nación ingle- 
sa...." (5). 

Hawkins había hecho su primer viaje salien- 
do en octubre de 1562 de las costas de Inglaterra 
para traficar en negros, que sabía eran "muy 
buena mercancía en la Española,'' y que un car- 
gamento de ellos podía conseguirse fácilmente en 
las costas de Guinea, a cuyo fin contribuyeron, 
asociándose con sus dineros al "honrado" negocio, 
sir Leonell Ducket, sir Thomas Lodge, Mr. Guns 
(suegro de Hawkins), sir William Winter, Mr. 
Bromfield y otros. Estuvo entonces en Santo 
Domingo (La Española) y con "próspero éxito y 



(5) El título completo en inglés es "The princi- 
"pal navigations voyages traffiques & discoveries of the 
"English nation made by sea or Overland to the remóte 
"& farthest distant quarters of the Earth at aoy time 
"within the compasse of these 1600 years by Richard 
"Hakluyt." Esta obra fué publicada a principios del 
siglo XVII y después se ha reimpreso varias veces. He- 
mos consultado la edición moderna de J. M. Dent & Co., 
en ocho pequeños volúmenes. Completamente descono- 
cida por nuestros historiadores es esta obra que con- 
tiene, sin embargo, interesantes datos para los anales 
venezolanos. Los viajes a que nos contraemos en el texto 
están compilados en el tomo 7. 

288 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"mucha ganancia para él mismo y para sus so- 
cios, volvió a su patria en septiembre de 1563." 
Naturalmente, quedó encariñado con semejantes 
expediciones, y resolvió emprender una segunda, 
como efectivamente lo hizo, saliendo de Plymouth 
el 18 de octubre de 1564, con cuatro embarcacio- 
nes, el "Jesús de Lubek" de 700 toneladas, el 
"Salomón" de 140, el "Tigre" de 50 y el "Swa- 
llow" ("Golondrina") de 30, con 170 hombres. 
En las costas de África capturó cuantos infelices 
negros pudo, e hizo rumbo a las Indias Occiden- 
tales. "Por espacio de diez y ocho días, dice el 
"narrador de la expedición, hizo calma, y a veces 
'vientos contrarios, y algunos tornados, con lo 
"que estábamos muy mal, porque no era mucha 
"la provisión de agua para tan gran número de 
"negros y para nosotros mismos, poniéndonos en 
"el temor de no alcanzar las Indias sin que mu- 
riesen muchos negros y pereciésemos algunos de 
"nosotros mismos, pero Dios Todopoderoso, que 
"no deja perecer sus elegidos, nos envió el 16 
de febrero (de 1565) brisa favorable..." LQué 
singular confusión de ideas religiosas, al mismo 
tiempo que se cometían los más espantosos crí- 
menes , se observa en los hombres del siglo XVI, 
así se trate de los católicos conquistadores espa- 
ñoles, como de los protestantes marinos ingleses! 
Pues hay que observar que el malvado negrero 
Hawkins era un fervoroso puritano, y que sus 
crímenes contra los africanos a quienes cazaba 
como fieras para venir a venderlos a América, 
no le hicieron perder nada en el concepto de sus 

289 

37 1 



PEDRO M. ARCAYA 



compatriotas, pues llegó a alcanzar el alto grado 
de Almirante. No está demás recordar estos he- 
chos, que demuestran no haber sido la crueldad 
defecto exclusivamente español en aquellos tristes 
tiempos, y aun conviene advertir que contra los 
crímenes de los negreros ingleses no se alzó en- 
tonces, de parte de los moralistas puritanos de 
Inglaterra, voz ,de protesta que hiciese eco a la 
que contra los desmanes de los conquistadores 
hispanos elevó tan elecuentemente el insigne frai- 
le español Bartolomé de las Casas. 

Hawkins tocó en la isla de Margarita donde 
el Gobernador no se prestó a dejarle vender su 
mercancía humana. Siguió a Cumaná, donde 
tampoco pudo realizarla, porque los habitantes 
eran soldados recién instalados allí. Por último 
arribó a Borburata el 3 de abril. Allí se estuvo 
todo el mes, y usando halagos, persuasión y ame- 
nazas, al extremo de echar a tierra fuerza ar- 
mada con el fin de prender a los vecinos e incen- 
diar la ciudad si no venían a términos, logró que 
el Gobernador Bernaldez autorizase el desem- 
barco y venta de treinta negros, sobre lo cual 
formó Bernaldez un grueso expediente, compro- 
bando la fuerza mayor, que en verdad era ma- 
nifiesta. 

Cuando salió Hawkins llegaba a Borburata 
otro negrero, el francés Juan de Buen Tiempo, 
(Jean de Bon Temps), con su navio "El Dra- 
gón Verde," con quien se repitieron las mis- 
mas escenas que con el inglés, siendo idéntico 
el resultado. Hawkins, no estuvo en Coro, 



290 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



pues de Borburata siguió a Curazao, don- 
de le admiró el gran número de cabezas de 
ganado que había allí, siendo maravilloso el au- 
mento que habían tenido los pocos animales que 
Ampies había hecho poner en la isla. De Cura- 
zao pasó al Cabo de La Vela, Cuba, Florida y 
ctros puntos hasta su regreso a Inglaterra. 

En 1566 fué proveído por Gobernador de la 
Provincia D. Pedro Ponce de León que con su 
familia se trasladó a este país, llegando a Coro 
por mayo de ese mismo año. 

En el juicio de residencia que le siguió a Ber- 
naldez le hizo cargos por haber consentido el ilí- 
cito comercio de Hawkins y Buentiempo, y lo con- 
denó en el valor de los negros y mercancías que 
habían sido vendidos por ellos en Venezuela. Por 
esta y otras causas lo remitió en persona a Es- 
paña, con el proceso que le había formado, pero 
de paso en Santo Domingo logró el preso que allí 
se le dejase indefinidamente. 

En lo relativo al permiso de comerciar dado 
a los negreros era realmente injusta la pena im- 
puesta a Bernaldez, pues con eso evitó él mayo- 
res males, como a poco se vio. 

En efecto, en 1567 volvieron a Venezuela otros 
piratas. Como Ponce de León, cumpliendo ór- 
denes que había recibido, tenía prohibido todo 
trato con ellos, el primero que llegó ese año a 
Borburata que fué un francés Sors o Dors, ame- 
nazó de quemar al pueblo, y para evitarlo tuvie- 
ron que ciarle mil pesos. Siguióle otro francés 



291 



PEDRO M. ARCAYA 



Pierre de Barca (6) que ancló en el puerto de Co- 
ro, donde logró vender once negros, pero averigua- 
do el caso por el Gobernador Ponce de León, los 
confiscó y castigó a quienes los compraron. Volvió 
a poco Juan de Buentiempo, que estuvo en Bor- 
burata, y después un negrero inglés que según 
los documentos españoles era deudo de Hawkins 
y enviado por él. Efectivamente, tenemos el re- 
lato de un tercer viaje de este hombre a las In- 
dias Occidentales en los años .de 1567. Allí refie- 
re que recorrió el litoral de Venezuela vendiendo 
los negros que trajo de Guinea. Estas ventas 
las hacían a la fuerza, amenazando a los vecinos, 
que después se veían envueltos en procesos que 
les hacía seguir el Gobernador. Por último lle- 
gó, ya en el segundo semestre del mismo año de 
1567, el pirata, más que negrero, francés, llama- 
do Nicolás Valier (así escriben su nombre los 
documentos españoles de la época). Arribó a 
Borburata donde se estuvo como tres meses, em- 
peñado en que se le diese licencia para comerciar 
libremente, a lo que el Gobernador se resistía. 
Allí quemó la Iglesia e hizo otros daños, pero los 
más graves los causó en Coro. 

Ya la ciudad había progresado algo. Las ca- 
bras traídas por los primeros pobladores se ha- 
bían multiplicado extraordinariamente. Por esa 
misma época escribía Castellanos: (7) 



(6) Carta de Diego Ruiz Vallejo al Rey. desde Nue- 
va Segovia. Copia existente en poder de la Academia 
Nacional de la Historia (el original en el Archivo de In- 
dias de Sevilla). 

(7) Elegías. 

292 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"De ganados hay hoy los campos llenos, 
"Su carne por estremo provechosa, 
"Sabores uliimadamente buenos; 
"De cabras muchedumbre copiosa: 
"Paren a dos y tres, si más, no menos; 
"Hay de caballos casta generosa, 
"Y la cercana sierra les da grano. 
"Si les falta por ser largo el verano." 

Comenzaba a reinar así. una abundancia re- 
lativa, después de tantas penalidades y pobreza 
como habían sufrido los fundadores de la ciudad. 

La generación joven había nacido en ella, y 
nadie pensaba ya en despoblarla. El incipiente 
progreso y las esperanzas de los vecinos las des- 
truyó el suceso que pasamos a narrar. 

El negrero Valier se dirigió de Borburata a 
Coro en cuyo puerto fondeó en la madrugada del 
día de la Natividad de la Virgen (8 de septiem- 
bre). Echó su gente a tierra y se dirigió a la 
ciudad de que, con la sorpresa, logró apoderarse 
sin resistencia. Estaba allí el Gobernador Pon- 
ce de León, que logró escapar con sus hijos, y lo 
mismo el Obispo Fray Pedro de Agreda . "Salie- 
ron huyendo (los vecinos) dice un documento de 
"la época (8), cada uno por do pudo, sin se po- 
"der aguardar padres a hijos, ni maridos a mu- 
jeres...." Propuso después Martín de Artea- 
ga al Gobernador que mandase recoger la gente 
y diese sobre los franceses, a lo que el Goberná- 



is) Información de los méritos y servicios del Ca- 
pitán Martin de Arteaga, en el Archivo de Indias. Co- 
pia en poder de la Academia Nacional de la Historia. 



293 



PEDRO M. ARCAYA 



c!or objetó "que no había alijo." Tranquilamente 
pudieron así los piratas dedicarse al saqueo de la 
población. Todo lo robaron, así las cosas de los 
vecinos, que ya tenían joyas de oro, plata, esme- 
raldas y perlas, como los ornamentos de la Cate- 
dral. Hicieron pedazos las imágenes y crucifijos, 
pues muchos de los ladrones eran hugonotes esco- 
ceses, habiendo además entre los franceses algu- 
nos que eran también protestantes. A los vecinos 
que no lograron huir los prendieron, que fueron 
algunas señoras y clérigos a quienes maltrataron 
hasta que fueron rescatados. Las pérdidas de 
los habitantes de Coro ascendieron como de ocho 
a nueve mil pesos, según unos documentos, y co- 
mo a más de doscientos mil ducados, según otros, 
y además tuvieron que dar en efectivo dos mil 
trescientos pesos para salvar los prisioneros y 
evitar que los piratas quemasen la Iglesia y las 
casas, con lo cual se volvieron a sus naves, pero 
además pusieron como condición, y así se hizo, 
que los vecinos les otorgasen documento firmado, 
haciendo constar que en nada los habían perju- 
dicado! Este lo llevaban para defenderse en 
Francia si el Gobierno español reclamaba. Efec- 
tivamente lo hizo, mas no hemos averiguado el 
resultado. (9). 

Quedaron arruinados y tristes los vecinos, te- 
miendo además la repetición de semejantes he- 
chos, dada la proximidad .de Coro a la costa, por 



(9) Son numerosos los documentos inéditos que en 
copias tomadas de los archivos españoles posee la Aca- 
demia Nacional de la Historia, y hemos consultado, acer- 
ca de este ruidoso suceso. 

294 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



lo cual algunos resolvieron trasladarse a Caracas, 
fundada ese mismo año, entre ellos el Capitán 
Juan de Guevara con su familia. Caracas fué 
después la residencia habitual de los Gober- 
nadores de la Provincia, y el mismo Obis- 
po Agreda pidió en 1569 al Rey que trasla- 
dase allá la sede de la Diócesis, alegando que 
Coro había quedado casi .despoblada después del 
saqueo que acabamos de referir, y de los pocos 
vecinos que aún tenía los más eran mestizos, pa- 
ra los cuales bastaba una Iglesia Parroquial (10). 
No logró, sin embargo, el Obispo su deseo, quizás 
porque se probaría no ser tan escasas como él 
decía las familias de raza española que habían 
permanecido en Coro, en las cuales, por cierto, 
entraron por matrimonio unos sobrinos del propio 
Obispo, troncos de los Sánchez de Agreda, como 
en su lugar veremos. 

Desde entonces, y por espacio de más de un 
siglo, no hubo ya tranquilidad en Coro. Se vivió 
en el constante temor de un asalto de piratas. 
Vela continua había en el puerto de barlovento, 
y de allí el nombre que le quedó. Los hombres 
se dieron a los ejercicios militares, para poder 
hacerle frente a los temidos invasores. Los 
principales tenían siempre listo su caballo y ar- 
mas, y así lo hacían constar en las informaciones 
de su nobleza y servicios. Las generaciones que 
se sucedían eran cada vez más aguerridas y va- 



(10) Copia existente en poder de la Academia Na- 
cional de la Historia de la Real Cédula expedida con 
motivo del Memorial del Obispo en 1569. 



295 



PEDRO M. ARCAYA 



lerosas, de modo que en el siglo siguiente no fal- 
taron algunos casos en que los piratas, que arri- 
baban a las costas corianas con la mira de sa- 
quear la ciudad, tuvieron que devolverse sin lo- 
grarlo. De allí la importancia que adquirieron 
las milicias y los grados militares, de modo 
que ninguno de los nobles de la ciudad, a no 
ser Sacerdote o Doctor en Derecho, dejaba de 
ostentar las insignias de Capitán, Maestre de 
Campo o Sargento Mayor, afición que después 
se extendió a los "pardos" que formaron tam- 
bién sus milicias, con Capitanes de su misma 
raza. Así es que los efectos de la continua ame- 
naza de los piratas perduraban todavía cuando 
se dio en Caracas el grito de Independencia. En 
la cruda guerra que ella engendró, y en las civi- 
les posteriores, tuvo ocasión el pueblo coriano de 
desarrollar esa afición a las cosas militares, que 
en sus comienzos fué producida por la necesidad 
de defenderse de enemigos crueles y bien ar- 
mados. 

Muy frecuente era también que los corsarios 
vinieron de paz, como contrabandistas, a vender 
negros de África y mercancías europeas. Este 
tráfico se implantó desde la misma época a que 
venimos refiriéndonos, y continuó .durante todo el 
período colonial. Mas al llegar algún barco extran- 
jero a las costas, todos se preparaban a la resis- 
tencia, por si eran piratas. Si eran solo mer- 
caderes, acudían los vecinos a comprarles lo que 
necesitaban. Contra este comercio no valieron 
prohibiciones. Lo mantenían la conveniencia y 
aun la necesidad de todos. "No bastan penas ni 

296 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"castigos, escribían en 1568 los Oficiales Reales, 
para que dejen de comprar lo que han menes- 
ter y esto en hecho de verdad se haze, aunque 
"no se puede averiguar porque lo hazen de noche 
"y los unos a los otros se encubren y no basta di- 
ligencia para que lo dexen de hazer y es ver- 
"dad que tenemos gran escrúpulo de conciencia 
"los Oficiales de vuestra Magestad por los jura- 
"mentos que les hazemos tomar pues dello no se 
"puede averiguar otra cosa syno que se per- 
juran." 

Ya hemos aludido a la fundación de Caracas 
en 1567. A ella concurrienron, combatiendo a los 
belicosos indios de esa comarca, varios soldados 
nacidos en Coro, hijos unos de cónyuges españoles, 
mestizos otros, nacidos de indias, pero engendra- 
dos por padres blancos. 

Nada de particular sucedió en 1568. El año 
siguiente murió D. Pedro Ponce de León. Gober- 
naron interinamente las ciudades sus Alcaldes. 
Trasladóse a Santo Domingo Diego de Losada a 
solicitar de la Audiencia el cargo de Gobernador, 
El Tribunal dio la preferencia a un Francisco 
Hernández de Chaves (no Juan de Chaves, como 
erradamente escribió Oviedo y Baños), sin más 
méritos que ser yerno del Ldo. Grajeda, uno de 
sus Oidores. Dirigióse luego Losada al Mo- 
narca, pidiendo el destino que tan justamente 
merecía, en carta del 30 de agosto de ese mismo 
año (11), pero nada logró, pues en la Corte nom- 



(11) Copia de esta carta, tomada del original exis- 
tente en el Archivo de Indias de Sevilla, posee la Aca- 

297 
38-1 



PEDRO M. ARCAYA 



braron entonces en propiedad a D. Diego de Ma- 
zariegos, natural de Zamora y de una de sus me- 
jores familias, antiguo soldado de Hernán Cortés 
en la conquista de Méjico, fundador ele Chiapa, y 
hombre de muchos años y grandes servicios. Lle- 
gó a Coro a principios de diciembre de 1570 (no 
en febrero de 1572 como escribió erróneamente 
Oviedo y Baños), después de haber sido apresado 
por unos corsarios, de quienes lograron sus amigos 
rescatarlo. Inmediatamente se encargó del mando 
el día cinco del propio mes. (12). A la sazón com- 
ponían el Cabildo de Coro el Alcalde Ordinario 
Gaspar Váez, los Regidores Diego Perozo, Luis de 
León y Lázaro Quintero y el Procurador Juan de 
Villarroel, siendo Escribano Diego de Arenas. 

Abrió Mazariegos el correspondiente juicio de 
residencia contra los anteriores gobernantes. De- 
talles curiosos, por lo que respecta a la vida que 
se llevaba en Coro, encontramos en las declara- 
ciones que se rindieron en ese proceso. Había 
ocurrido un grave escándalo en la ciudad con 
la muerte que dio Pedro Matute a Juan Pacheco. 
El matador se asiló en la Iglesia. Los Alcaldes 
procedieron contra él en rebeldía, pero el Pro- 
visor les puso entredicho, alegando que Matute 
gozaba de fuero por haber comenzado a cursar 
la carrera eclesiástica. 



demia Nacional de la Historia. Así pues, erró Oviedo 
y Baños al asentar que Losada y Ponce de León murie- 
ran al mismo tiempo. 

(12) Esta copia existe en la Academia Nacional de 
la Historia. El original en el Archivo de Indias. Est. 54. 
Caj. 4. Leg. 15. 

298 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Nadie compraba ni vendía indios naturales de 
la jurisdicción de Coro, pero allí había traído An- 
drés de San Juan veintiocho Jirajaras, de los re- 
beldes de Nirgua, vendiéndolos como esclavos a 
vecinos de la ciudad, por lo cual Mazariegos lo 
condenó a servir por diez años, como soldado, en 
las galeras reales; multó a quienes compraron los 
indios, y a éstos los puso en libertad restituyén- 
dolos a sus pueblos. (13). 

Con actividad y celo desempeñó Mazariegos 
su cargo. Tenemos a la vista copia de la carta 
que dirigió desde Coro al Rey, el 29 de octubre 
de 1571. "Esta provincia, le decía, tiene en lar- 
"go ciento y quarenta leguas; de ancho, según 
"dizen, ochenta. Ay ocho pueblos de españoles 
"en los quales abrá quinientos. Soy informado 
"que en la provincia ay más de cient mili natu- 
rales los quales tienen gran necesidad de pole- 
"cía porque los primeros pobladores y los demás 
"que an sido con cargo en esta provincia anse 
"descuidado de juntar los indios en pueblos don- 
"de puedan ser necesytados. Ansi en lo espiri- 
tual como en la justicia viven fuera de orden 
"aunque todos o los más que tengo dicho son 
"pasíficos e imprimirá en ellos toda la polecía 
"que les pusieren. En esta provincia no hay seis 
"clérigos para el remedio de que los naturales 
"sean justos y no vivan torpemente, porque en el 
"juntarse unos con otros en el multiplicar biven 



(13) En poder de la Academia Naciontl de la His- 
toria existe copia de este expediente, cuyo original se 
halla en el Archivo de Indias de Sevilla. 



299 



PEDRO M. ARCAYA 



"sin xristiandad, júntanse padres con hijas, y 
"hermanos . . . . " 

Daba cuenta también allí Mazariegos de que 
en el mes de julio de ese mismo año había en- 
trado en el puerto de Coro un navio corsario. Al 
aviso de la centinela, y con los españoles e indios 
que pudo juntar, fué a la costa el propio Gober- 
nador a evitar que desembarcaran los piratas, o 
a combatirlos si bajaban a tierra. Tres días es- 
tuvo fondeado el barco sin que se atrevieran a 
desembarcar. 

En otra carta de Coro, de 20 de agosto de 
1572, insistía Mazariegos con el Rey en que se 
necesitaban clérigos que doctrinasen los indios. 
Pedía doce teatinos. Mas por la singular incon- 
secuencia que se observa en muchos hombres dfi 
aquella época, que se apiadaban de los indios y 
procuraban su bien, y al mismo tiempo juzgaban 
legítima la esclavitud de los negros, insinuaba 
el Gobernador la conveniencia de que se envia- 
ran a la Provincia mil esclavos, y se fiasen a los 
vecinos, que en corto tiempo los pagarían, enri- 
queciéndose la tierra con el laboreo de las minas 
de oro que por falta de brazos no se explotaban. 

Poca renta daba la Colonia. Al Gobernador 
no se le podía pagar sino por medio de libranzas 
contra las Cajas Reales del Río de la Hacha. 

Había el Rey mandado que se le informase 
•acerca de la conveniencia de una fortaleza en 
Borburata. Contestaba Mazariegos con el pers- 
picaz consejo de "que en ninguna parte de las 
"Indias no se haga ninguna fuerza especialmente 



300 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 

"fortaleza, y esto no tanto por el rriesgo que po- 
"dría tener de corsarios ni enemigos como por 
"las novedades y mudanzas que en estas partes 
"tan lexos de la rreal persona puedan suceder. 
"La mayor fuerza que las Indias tienen es no 
"tenellas, porque tirano sin fuerza no puede per- 
"manecer 

Gran empeño puso Mazariegos en terminar la 
pacificación de los indios comarcanos de Caracas 
y los de la laguna de Maracaibo, mas el relato 
de sus empresas a tal respecto corresponde más 
bien a una Historia general de Venezuela. 

Conviene sí, recordar en honor de su memo- 
ria que no cejó en hacer cumplir las leyes pro- 
tectoras de los indios. Especialmente conminó a 
"todos los encomenderos de indios vecinos y es- 
pantes de la ciudad de Trujillo, provincia de los 
"Cuicas, que ninguno sea osado de cargar yndios 
"con maderas ni cal ni maíz, ni otra cosa alguna 
"ni les hagan a los dichos yndios ningún agravio 
"ni bexación . . . . " Los de toda la provincia en 
general, que sus encomenderos tenían dispersos 
en pequeños grupos, hizo juntar en pueblos, en 
partes donde pudieran ser doctrinados y culti- 
varan la tierra en provecho propio. "Los enco- 
"menderos dellos an resyvido pesadumbre, escri- 
"bía al Rey desde Nueva Segcvia, el 15 de marzo 
"de 1576, y ansi an respondido asiendo dello de- 
"mostración y an apelado; sin embargo yo he 
"mandado se junten los naturales. ..." 

"Esta tierra a cinquenta años que Vuestra 
"Magestad la mandó poblar; en este tiempo ha 



301 



PEDRO M. ARCAYA 



"tenido treinta y quatro Gobernadores; ninguno 
''ha dado horden en que los yndios sean libres; 
"de todo repartiéronse a los encomenderos, no 
"señalando las demoras que los yndios havían de 
"dar y ansi an bibido no como libres sino sirvien- 
"do con sus personas. En todo lo que yo puedo 
"trato de que los naturales gocen de la libertad 
"de que vuestra Magestad les a echo merced. . ." 
Hay que observar, sin embargo, que ésto no re- 
zaba con los Caquetíos de Coro, libres de tiempo 
atrás, merced al Obispo Bastidas, como en su lu- 
gar hemos visto. 

Cuatro años de salario se le adeudaban al 
buen Gobernador para la ya citada fecha de 15 
de marzo de 1576. Pedía que se le mandase pa- 
gar en el Reino (sin duda el Nuevo Reino de 
Granada) porque se hallaba en gran necesidad. 

Respecto a la importación de negros, por ese 
mismo tiempo pedían las ciudades de Venezuela, 
y en esto las apoyaba Mazariegos, que se tra- 
jesen mil trescientas piezas, de las cuales toca- 
rían quinientas a Santiago de León, cien a Coro, 
y así sucesivamente a las demás. Exigíase. que 
los negros fuesen de Cabo Verde, de las naciones 
mandingas, zapas y otras, al precio de cien duca- 
dos castellanos, de a trescientos y setenta y cinco 
maravedís. (14). 



(14) Todo lo que referimos en el texto consta en 
copias existentes en poder de la Academia Nacional de 
documentos que se hallan en los Archivos españoles. 

302 



CAPITULO DÉCIMO 



DESDE MAYO DE 1576, HASTA 
EL 31 DE DICIEMBRE DE 1600 

A mediados de 1576, por el mes de mayo, llegó 
a Venezuela un nuevo Gobernador, D. Juan de 
Pimentel. Este trasladó de hecho, y definitiva- 
mente, a Caracas, la capital o "cabeza," como en- 
tonces se decía, de la Gobernación, que hasta esa 
época lo era Coro, pues aunque, como ya dijimos 
antes, algunos Gobernadores solían residir en El 
Tocuyo, el último, Mazariegos, permaneció en 
Coro durante casi todo el tiempo de su mando. 
En lo sucesivo todos, excepto Arias Vaca, vivie- 
ron de fijo en Caracas, y sólo de paso iban a Coro. 

Probablemente allí murió, Mazariegos, si como 
lo da a entender Castellanos falleció ejerciendo el 
mando, punto que, por lo demás, no hemos podido 
verificar en los documentos inéditos que hemos 
consultado. 

Como quiera que sea, Pimentel tomó pose- 
sión de su cargo, y abrió el correspondiente juicio 



303 



PEDRO M. ARCAYA 



de residencia acerca de los actos de su antecesor. 
No nos consta el resultado, pero sin duda sería 
favorable a Mazariegos. 

Poco que referir, por lo que respecta a Coro, 
hallamos en el período de mando de Pimentel, 
que se extendió desde 1576 hasta 1583. 

Este Gobernador reaccionó contra la obra em- 
prendida por Mazariegos, de juntar los indios en 
pueblos grandes. Informó al Rey que esto era 
muy difícil, y que más hacedero sería que a cada 
encomendero se le diesen indios en un solo lu- 
gar y de una misma nación. 

El 13 de mayo de 1579 murió el Obispo Fray 
Pedro de Agreda. Elogíalo, como a Prelado vir- 
tuoso, el historiador Oviedo y Baños. Sin em- 
bargo, graves acusaciones había formulado en 
su contra, el año anterior, en carta dirigida 
al Rey desde El Tocuyo, el Capitán Pedro de los 
Ríos. Decía allí que era el Obispo "tan inconti- 
nente en el vicio de la carne que en cualquier 
"pueblo que está da gran nota de su persona 
"tanto que está escandalizada toda la tierra, de 
"tal manera que sus flaquezas no se podrían es- 
cribir sino en mucho papel, como se vido la pas- 
"qua de Navidad pasada, que conbidó a su casa 
"a una manseba suya que se tiene noticia y es 
"público que lo es de más de quince años a esta 
"parte, y bino la dicha con otras cinco o seys mu- 
"geres impúdicas y toda la noche danzaron y 
"bailaron en casa del dicho Obispo con cinco 
"frayles que con el estaban de lo qual se siguió 
"grande escándalo al pueblo." Agregaba que el 



304 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Obispo era bandolero ( en el sentido de sus- 
tentador de bandos ) , porque fomentaba par- 
cialidades en Cuicas (Trujillo), Barquisimeto y 
Tocuyo; que había condenado algunas personas 
en cantidades de dinero que no había devuelto; 
que usurpaba, en muchas cosas, la jurisdicción 
real, y que había recibido presentes de extran- 
jeros luteranos (sin duda los negreros que infes- 
taban las costas de Venezuela). Cual sea la ver- 
dad, es ya imposible averiguarlo, mas la acusa- 
ción misma .demuestra que se llevaba en Vene- 
zuela una vida agitada y tormentosa, exaltadas 
las pasiones, vivos los apetitos, fuertes los odios y 
amenazada la vida y la propiedad por las in- 
cursiones .de los piratas y la posible rebelión de 
los indios. 

No aparecen, ciertamente, muy cristianos los 
sentimientos del Obispo Agreda en una carta que 
le dirigió, probablemente el mismo año de su 
muerte, al Rey (1), pues allí sostenía la conve- 
niencia de que se mandasen a Venezuela los ne- 
gros esclavos, que como ya vimos, pedían sus Ca- 
bildos. Si esto se hacía, decía el Obispo, "Vuestra 
"Magostad se desempeñará y los vecinos sacarán 
"oro, y de sus quintas partes pagará a sus Gober- 
nadores y perlados y otros Ministros." Culpaba 
a Mazariegos de que no hubiera realizado la 
importación de los negros, por haber impedido 
que los Cabildos mandaran, a ultimar la nego- 



(1) Copia en poder de la Academia Nacional de la 
Historia. El original en el Archivo de Indias de Se- 
villa. 

305 

39-1 



PEDRO M. ARCAYA 



dación como Procurador de las ciudades, a Fran- 
cisco de San Juan, que era el candidato del Obis- 
po. Por lo demás, en favor de los Indios mos- 
traba el Prelado celo y buena voluntad. La cau- 
sa de estar la tierra pobrísima, siendo tan rica 
de minas de oro y tan aparejada para la labran- 
za, creo, decía, "ser castigo de Dios por la in- 
timidad de gentes que hizieron esclavos y car- 
dados todos los vendieron en Puerto Rico, Cu- 
ragua y Santo Domingo. . y en castigo de todo 
"esto permite Dios que nunca esta tierra me- 
"dre...." Quejábase del poco cuidado que en- 
tonces mismo tenían los Encomenderos por sus 
Indios, a los cuales "según van les fuera mejor 
'ser sus esclavos que sus encomendados, porque 
'lo siendo esclavos miraran por ellos y los trata- 
'ran como a hijos, y como son yndios hazen cuen- 
'ta que muerto aquel queda otro y que no les costó 
'su hacienda." Proponía lo mismo que el Go- 
bernador Mazariegos, que se les reuniera en pue- 
blos, con Curas doctrineros y Justicias. 

Sonada fué también en aquella época la com- 
petencia entre dos clérigos, los Presbíteros Fran- 
cisco Gómez y Juan Mateos, por el Deanazgo de 
la Catedral. El primero era portugués y coriano 
el segundo, que a la sazón ejercía el Curato de 
Barquisimeto. Este alegaba los méritos de su 
padre, el conquistador Esteban Mateos, y decía 
que el Padre Gómez era hombre de mala con- 
ducta, de tal modo que lo había herido en Bar- 
quisimeto un Juan López, porque andaba en tra- 
tos con su mujer. Fué, sin embargo, preferido 



306 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



el Pbro. Gómez para el cargo disputado. Estas 
menguadas cuestiones tenían importancia en la 
oscura vida de los cortos pueblos venezolanos, 
pomposamente llamados ciudades. 

Durante el gobierno de Pimentel continuaron 
las visitas de los piratas a las costas de Vene- 
zuela, aunque más en son de contrabandistas 
que de ladrones. Sin embargo, uno, francés, 
robó ciertas embarcaciones en 1580. Estuvo fon- 
deado algunos días en Aruba. 

También comenzó entonces la epidemia de vi- 
ruelas que asoló la población venezolana. 

Después de la muerte del Obispo Agreda, y 
en Sede vacante, rigió la Diócesis el Cabildo, 
compuesto del Dean, que ya conocemos, D. Fran- 
cisco Gómez de Gamboa, el Arcediano D. Antonio 
de los Ríos y el Chantre D. Francisco López, 
hasta que llegó a Coro y entró en ejercicio de sus 
funciones el nuevo Obispo, Fray Juan Manza- 
nillo, de la Orden de Predicadores, quien fué 
recibido en Coro, según la Crónica eclesiástica de 
Venezuela (2), el 19 de noviembre de 1581. 

Con fecha 30 de enero de 1582 escribió el Obis- 
po Manzanillo al Rey, desde Coro, dándole noti- 
cias interesantes acerca del estado de la Dióce- 
sis. (3). Tomamos de esta relación los datos que 
especialmente se refieren a dicha población. 

"La ciudad de Coro, decía, es una de la más 
"antiguas, y primera que se pobló en este Obis- 
pado y Gobernación de Venezuela, en la cual es- 



(2) "Crónica eclesiástica de Venezuela," Revista 
que se publicó en Caracas desde 1855, En el número 110 
se refieren los hechos a que se contrae el texto. 

307 



PEDRO M. ARCAYA 



"tá situada la Iglesia Catedral y ay en la dicha 
"Iglesia tres prevendados por Vuestra Mages- 
"tad, que es el uno el Dean don francisco Gómez 
"de Gamboa y el otro el Arcediano don Antonio 
".de los Ríos y el otro el chantre don francisco 
"López. La renta de la cuarta de los diezmos de 
"la cuarta capitular no allegan en cada un año 
"para los dichos prevendados a setenta pesos ca- 
"da uno, y por no se poder sustentar con esto el 
"deán y chantre son curas, y tocio esto es miseria 
"y suma pobreza 

"La Iglesia no tiene fábrica ninguna por ser 
"el pueblo donde está situada, los vecinos muy 
"pobres, y a esta causa no tiene Capellanía nin- 
"guna ni la ay; está muy pobre de hornamentos 
"en tanta manera que todo lo que tiene la dicha 
"Iglesia para su hornamento, y esto sano, vale 
"doscientos ducados, y el edificio de ella es de 
"madera y paxa envarrada por de fuera y den- 
"tro, que es lástima vella, y con grandes escrú- 
"pulos se tiene el Santísimo Sacramento en ella 
"por miedo del incendio." 

"Vecinos encomenderos habrá hasta quince o 
"diez y seis, que aquí el que más indios tiene que 
"le vengan a servir, porque aquí no pagan demo- 
"ra, de todos estos no son cynquenta, ni vienen a 
"servir sino cuando ellos quieren, por estar po- 



(3) En poder de la Academia Nacional de la His- 
toria existe una copia de esta carta, tomada de la Bi- 
blioteca de la Real Academia de la Historia de Madrid. 
Hay un evidente error de fecha, pues trae la de 1581 y 
comienza por referirse a una Real Cédula del "año pa- 
sado de 1581." Así es que la fecha exacta de la carta 
debe ser 30 de enero de 1582. 



308 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"blados en sierras y montañas . . . . " "Los que es- 
"tán poblados en lo llano están divididos y repar- 
tidos en cuatro doctrinas y la más parte los In- 
"dios que están en lo llano son Caquetíos y libres 
"por Cédula de Vuestra Magestad." 

"Ellos están divididos en tres doctrinas. La 
"una está un lego examinado y aprobado que les 
".dice la doctrina y ellos mismos, de lo que tienen 
"de su cosecha pagan al doctrinero, y esto tasado 
"por vuestro Gobernador lo que han de pagar 
"y en lo que le han de pagar. En los demás Ca- 
"quetíos libres está un clérigo ordenado del Evan- 
gelio y se le paga por la orden arriba dicha. Hay 
"otras dos doctrinas de los Comenderos, en la 
"una de ellas está un clérigo que no es de misa 
"y en la otra solía estar un frayle de la Orden de 
"Santo Domingo, y págase cada uno peso y me- 
"dio en las cosas que tienen de la tierra, y cierto 
"que conforme a su pobreza y miseria, que es 
"muy grande la de este pueblo, con todo esto ha- 
"cen lo que pueden " 

Terminaba el Obispo exponiendo su proyecto 
de hacer de tapias las paredes .de la Catedral, 
en sustitución de las de paja y madera que tenía, 
y cubrirla de tejas, para lo cual pedía que se le 
hiciera merced "de la mitad de los novenos de 
"toda esta governación que asta agora vuestros 
"Oficiales Reales cobran. . ." Según decía, la obra 
sería llana y no muy costosa, y suplicaba tam- 
bién que se mandara a los indios que ayudaran 
a su realización. 



309 



PEDRO M. ARCA YA 



Llamaba también, al concluir, la atención del 
Rey acerca de un abuso, entre otros, que se co- 
metía: "que los indios .de un pueblo si se quieren 
"casar con los de otros, no lo consienten los que 
"los tienen encomendados y los dexan estar 
"amansebados, y no es parte el obispo para ca- 
"savlos, aunque los indios lo pidan, y es antigua 
"la contienda que hay sobre esto, y de aquí na- 
"cen enojos y pasiones, y es tanto esto que si un 
"Indio se quiere casar con una India de otro ve- 
"cino que tiene a su servicio, no lo quiere consen- 
tir antes consienten que estén amancebados y lo 
"saben. Suplico a vuestra Magestad me ynbie 
"a mandar lo que en este caso tengo de hacer, 
"que aunque yo lo sé, es necesario que vuestra 
"Magestad lo mande para que ellos lo obedezcan, 
"porque de otra manera ni quieren obedecer a 
"la Iglesia ni al Obispo." 

Según las apuntaciones que antes hemos ci- 
tado, de la Crónica eclesiástica de Venezuela, el 
señor Manzanillo se titulaba Obispo de Venezuela 
y de las islas de Curazao, Aruba y Bonaire. 

Sustituyó a D. Juan de Pimentel un nuevo 
Gobernador, D. Luis de Rojas, quien tomó pose- 
sión del cargo, ante el Cabildo de Caracas, el 
21 de noviembre de 1583. (4). 

Pimentel salió bien librado del juicio de resi- 
dencia. Quedóse en Caracas, donde casó con 



(4) Del acta de posesión existe copia en poder de 
la Academia Nacional de la Historia. El original está 
en el Archivo de Indias. 



310 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



una hija del Gobernador Rojas, mas a poco en- 
viudó y entró a la carrera eclesiástica. (5). 

En abril .de 1584 escribió D. Luis de Rojas al 
Rey dándole cuenta de los asuntos de la Gober- 
nación. Quejábase del abuso que cometía la Au- 
diencia .de Santo Domingo, enviando a Venezue- 
la, con frecuencia, Jueces pesquisidores, cuyas 
obvenciones recaían a cargo de los pobres habi- 
tantes de la Provincia. 

Los indios encomendados, a pesar de tantas 
provisiones en contra, seguían sujetos al servicio 
personal, en vez de pagar tributos a sus En- 
comenderos, que era a lo que éstos tenían dere- 
cho. Mas, decía el Gobernador, tan arraigada 
estaba la costumbre, que se levantarían los inte- 
resados si se les prohibiera que se sirvieran del 
trabajo de los indios. 

Mal le iba al Gobernador, según otra carta su- 
ya al Rey, de diciembre de 1586, con la familia de 
su mismo apellido, esto es, con la de las Rojas de 
Margarita, establecidas en Caracas, donde ha- 
bían casado con los principales conquistadores: 
"en esta ciudad (Caracas) le decía al Rey, ai 
"algunos delitos grabes que se cometen por cier- 
na parentela de esta ciudad que se dicen las Ro- 
jas, que son siete hermanas, todas casadas, y con 
"muchos hijos y nietos que son la mitad del pue- 
"blo y acostumbrados a no ser castigados, que no 
"me puedo averiguar con ellos a causa de que 



(5) Así lo escribió después D. Luis de Rojas al Rey 
pidiendo mercedes para el yerno. Copia de esta carta 
existe en la Biblioteca de la Academia Nacional de la 
Historia. 



311 



PEDRO M. ARCAYA 



"el Audiencia les hace mucho favor por ser 
"ricos..." 

Mas las querellas entre el Gobernador y los 
prohombres de Caracas no corresponden al objeto 
de nuestro libro. 

En Coro nada de particular ocurrió durante 
el gobierno de Rojas. 

Sucedióle en 1589 D. Diego de Osorio, quien 
tomó estrecha residencia a su antecesor. 

El 1° de enero de 1592, según la Crónica Ecle- 
siástica que hemos tenido ocasión de citar, murió 
en Caracas el Obispo señor Manzanillo, publicán- 
dose la vacante en Coro el 4 del mismo mes. Según 
la misma Crónica ejercía el Deanazgo el Pres- 
bítero Francisco López, componiendo él solo el 
Cabildo, y con tal carácter nombró Provisor 
Vicario Capitular a Fray Cristóbal de Ojeda, 
nombramiento que fué anulado por el Dr. Pedro 
Duque ele Rivera, Dean y Provisor de Santo Do- 
mingo, a causa de ser Ojeda Religioso profeso, 
y en su lugar designó de Provisor interino del 
Obispado de Coro al Presbítero Mateo Col de 
Morales. Lo rechazó el Dean López por no con- 
siderarlo persona benemérita, pero al fin quedó 
Col de Morales como Chantre. Fútiles cuestio- 
nes según el criterio de ahora, graves entonces, 
y como tales dignas de referirse. Antes de esto, 
y por el año de 1590, había ejercido interinamente 
el Deanazgo de Coro el mismo Col de Morales, de 
quien escribió entonces D. Diego Osorio al Rey: 
"El deanazgo de la ciudad de Coro está baco, por 
"muerte del que lo era. Sírvelo Mateo Col de Mo- 



312 



HISTORIA DEL, ESTADO FALCON 



"'rales hijo de los primeros conquistadores de 
"aquel lugar y él es un clérigo onrado en quien 
*'se empleará bien la tal dignidad, siendo Vues- 
tra Ma gestad servido de hacerle merced de 
ella." 

Sucedió al señor Manzanillo el nuevo Obispo 
Fray Pedro Mártir quien tomó posesión, en Coro, 
el 10 de octubre de 1595, pero al año siguiente 
murió, el 22 de febrero. Fué nombrado Provisor 
el Presbítero Pedro Graterol, trujillano. 

D. Diego Osorio fué un insigne gobernante, 
acucioso, inteligente y honrado. 

Por lo que respecta a Coro hay que referir 
que en la visita que hizo a todo el territorio de 
la Gobernación, estuvo en esa ciudad, donde per- 
maneció el tiempo suficiente para organizar los 
ramos de la administración. Especialmente se 
ocupó en arreglar todo lo relativo a la propiedad 
territorial, para lo cual había recibido una espe- 
cial delegación. Concedió ejidos y propios a la 
ciudad cíe Coro, y mediante composiciones, esto es, 
arreglos o transacciones en que los interesados 
pagaban ciertas sumas de dinero al Fisco, otorgó 
títulos de sus tierras a quienes las poseían u ocu- 
paban. Admira cómo, siendo tan escasos los es- 
pañoles que quedaron en Coro y sus descendien- 
tes, habían tenido ánimo y energía bastantes 
para fundar hatos de ganados y plantaciones 
agrícolas por todas partes, en el vasto territorio 
que es ahora el Estado Falcón. En efecto, de 
títulos expedidos por el Gobernador Osorio arran- 
ca la propiedad de muchos de los terrenos de Pa- 

313 

40-1 



PEDRO M. ARCA YA 



raguaná (Distrito Falcón), La Serranía (Bolívar 
y Petit), Costaarriba (Distritos Zamora y Acosta) 
y Casi cure (Distrito Buchivacoa), así como tam- 
bién la de varios terrenos situados en las faldas 
de la Sierra (Municipio Guzmán Guillermo del 
Distrito Miranda). 

Especial protección dispensó Osorio a los in- 
dígenas. Escribió al Rey, en 1590, contra el pro- 
cedimiento que seguían los Jueces pesquisidores 
que solía enviar la Audiencia de Santo Domingo, 
consistente en castigar con multas a los Enco- 
menderos que maltrataban sus indios. Quedaban 
éstos peor, decía, porque las condenaciones que se 
les hacían a aquellos, las sacaban de los mismos 
infelices encomendados a quienes con ese fin re- 
cargaban de trabajo. Opinaba por quitarles las 
Encomiendas en absoluto a los culpables. 

Recibióse en 1592 una Real Cédula en que se 
mandaba imponer tributo a los mulatos, (que 
después se llamaron zambos) hijos de negros con 
indias, que eran libres por serlo las madres. 

Estando en Coro D. Diego Osorio en abril de 
1594 llegó al puerto una "galicabra" que envió 
don Francisco Coloma, General de la Armada, 
con orden de recibir el dinero de las Cajas Rea- 
les de Venezuela, y dos mil arrobas de carne que 
debían estar listas en Coro para la Armada. Mas 
precisamente en esos días habían pasado por la 
costa nueve o diez navios corsarios, franceses e 
ingleses, de modo que la embarcación tuvo que 
detenerse algunos días, y probablemente la cap- 
turarían los piratas. Escribiendo sobre esto 



314 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



Osorio al Rey le indicaba la necesidad de que 
recorrieran la costa de Venezuela algunos barcos 
de las Armadas Reales para escarmentar a los 
piratas. 

No se hizo así, y los audaces ladrones causaron 
grandes daños. En efecto, en 1595 tuvieron lu- 
gar las fechorías del pirata Amias Preston, que 
erróneamente atribuyó Oviedo y Baños al céle- 
bre Drake. (6). 

Veamos la narración inglesa de uno de los 
compañeros .de Preston. Este y el capitán Som- 
mers, "ambos valientes caballeros y discretos 
caudillos," salieron de Plymmouth el 12 de marzo 
de 1595 con dos navios, la Ascensión y el Re- 
galo (The Gift) y una embarcación más pequeña. 
Dqs barcos más salieron el 19 en su seguimiento. 
Saquearon la isla de Puerto Santo. Tocaron en 
las Antillas. El 19 de mayo estaban a la vista 
de Margarita. Fondearon en Coche, donde cap- 
turaron algunos españoles y negros esclavos. Si- 
guieron a la costa de Cumaná donde encontraron 
dos pequeños barcos mercantes de Middleburgh. 
Advertidos los habitantes de la ciudad huyeron 
a los montes, pero dieron una suma de dinero 
para que no les incendiaran sus casas. Desem- 
barcaron en la costa de Caracas el 27 del mismo 
mes de mavo. Tomaron sin resistencia el fuerte 



(6) Arístides Rojas fué el primero en Venezuela que 
advirtió el error de Oviedo y Baños. No conoció sin em- 
bargo, a lo que parece, Rojas, el relato mismo de la expe- 
pedición de Preston, escrito por uno de sus compañeros, 
Roberto Devie, que citamos en el texto. Corre inserto en 
tomo 7 de la antes citada colección de Haklnyt. 



315 



PEDRO M. ARCA YA 



que habían construido los españoles. Uno de los 
hombres que habían capturado en las costas de 
Cumaná, y el cual conocía los caminos que con- 
ducían a Caracas, les ofreció servirles de guía a 
cambio de su libertad. Bajo su dirección toma- 
ron una vereda de indios que conducía directa- 
mente a Caracas. Algunos soldados se les can- 
saron y tuvieron que dejarlos. Entraron por sor- 
presa a Caracas en la tarde del 29 de mayo, des- 
pués de una ligera escaramuza en que murió un 
español, que debió ser el célebre Alonso Andrea 
de Ledezma, que según Oviedo y Baños "aunque 
"de edad crecida, teniendo a menoscabo de su 
"reputación el volver la espalda al enemigo sin 
"hacer demostración de su valor, aconsejado más 
"de la temeridad que del esfuerzo, montó a ca- 
"ballo, y con su lanza y adarga salió a encontrar 
"al corsario; y aunque aficionado Drake (Pres- 
ión) a la bizarría de aquella acción tan honro- 
"sa, dio orden expresa para que no lo matasen, 
"sin embargo ellos, al ver que haciendo piernas 
"al caballo procuraba con repetidos golpes de 
"lanza acreditar a costa de su vida el aliento 
"que lo metió en el empeño, le dispararon algu- 
"nos arcabuces de que cayó luego muerto, con 
"lástima y sentimiento aun de los mismos corsa- 
rios, que por honrar el cadáver, lo llevaron con- 
migo a la ciudad para darle sepultura, como lo 
"hicieron, usando de todas aquellas ceremonias 
"que suele acostumbrar la milicia para engran- 
decer con la ostentación las exequias de sus ca- 
"bos." No trae estos incidentes el relato in- 
glés, que como acabamos de ver se limita a decir 

316 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



que murió un español, pero está probado, con el 
expediente relativo al inventario y partición de 
los bienes de Alonso Andrea de Ledezma, exis- 
tente en el Archivo del Registro Principal de 
Caracas, que él perdió la vida combatiendo a los 
ingleses, con lo cual resulta cierto en el fondo la 
narración que hace Oviedo y Baños de su muer- 
te. (7). 

El narrador inglés refiere con la mayor natu- 
ralidad que su General estuvo tratando con un 
comisionado de los habitantes, que habían huido 
de la ciudad, casi todos, a la entrada de los pira- 
tas, pero que no pudieron entenderse porque 
Preston pedía 30.000 ducados por no incendiar 
la ciudad, y sólo le ofrecían hasta 4.000, por lo 
cual resolvió poner en ejecución, antes ,de aban- 
donar la plaza, el incendio con que los había ame- 
nazado. "Y después que habíamos convertido to- 
"do en llamas y reducídolo a cenizas partimos y 
"nos alejamos «1 día 3 ,de junio." Quemaron el 
fuerte de la costa antes de embarcarse, lo cual 



(7) Véase el interesante trabajo del General Fran- 
cisco Tosta García sobre Alonso Andrea en sus Leyendas 
de la Conquista. El expediente que nosotros citamos en 
el texto lo hemos confrontado personalmente. Puede que 
a los ahora pequeños hijos del que esto escribe 
les agrade, cuando lleguen a la edad de la razón, 
saber que entre sus remotos ascendientes, por su lí- 
nea materna, figura este heroico español. He aquí 
la genealogía que lo comprueba: Alonso Andrea de 
Ledezma fué casado con Francisca Mateos, hija legítima 
de Esteban Mateos que ya hemos visto entre los primeros 
españoles casados que vinieron a la fundación de Coro 
con Juan de Ampies, y nieta de Pedro Mateos, compa- 
ñero de Colón en uno de sus viajes. Alonso Andrea y su 
esposa fueron los padres de Isabel de Ledezma casada con 
Tristán Muñoz, padres a su vez de doña Juana Muñoz de 



317 



PEDRO M. ARCAYA 



hicieron cinco días después. Quemaron en Chichi- 
riviche y otros puntos unas pequeñas embarcacio- 
nes que andaban por ahí. "Seguimos costeando, 
"dice el inglés, hasta el 9 de junio, fecha 
"en que nos embarcamos en las carabelas peque- 
"ñas para llegar a Coro, pero como no llevábamos 
"quien conociera con certeza el lugar, tuvimos 
"que anclar esa noche dos leguas al Este del 
"puerto. En la mañana bajé a tierra con nueve 
"compañeros, a ver si descubríamos la ciudad, 
"pero nada vimos. Regresamos a bordo, de .don- 
"de volvimos otra vez a tierra con el General y 
"varios otros, internándonos de nuevo, pero sin 
"encontrar que ver. Murió a esta sazón en la 
"playa el capitán Prowse. Permanecimos en 
"tierra todo el día porque la fuerte brisa nos im- 
"pidió ir a bordo hasta la tarde. Luego un note 
"que habíamos despachado nos trajo la noticia 
"de que en la bahía estaba una barca y que se- 
"gún todas las apariencias la ciudad se hallaba 
"cerca. Inmediatamente nuestro General se diri- 
"gió a la bahía con el "Derling'' y algunas de las 



Ledezma que casó con el Castellano de La Guaira D. Pe- 
dro Juan Carrasquer, padres de don Francisco Carras- 
quer, casado con doña Antonia Nicolasa Mejía de Es- 
cobedo, padres del Castellano de la Guaira D. José Fran- 
cisco Carrasquer, casado con doña Francisca Gerónima 
de Rada, padres de doña Antonia Carrasquer, casada con 
don Antonio de Mendoza Altamirano, padres de doña Lui- 
sa Petronila de Mendoza, casada con don Gabriel Lorenzo 
de Rada, padres de doña María Francisca de Rada, casada 
con don José Rafael Blanco Plaza, padres de doña Fer- 
mina Blanco Rada, casada con el Doctor Wenceslao 
Urrutia, padres del Doctor Carlos Urrutia, casado con 
doña Concepción Vallenilla Centeno, padres de María Te- 
resa Urrutia Vallenilla, esposa del autor de este libro. 



318 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



"carabelas pequeñas. El día diez en la mañana 
"entraron al puerto nuestras otras embareacio- 
"nes; la gente desembarcó el mismo día entre 10 
"y 11 de la noche y marchó hacia la ciudad; 
"mientras tanto los habitantes habían hecho en 
"el camino barricadas que defendían tenazmen- 
te. El valor de nuestros hombre era, sin em- 
bargo, tal, que nada los arredraba, y obligaron 
"a los contrarios a abandonar sus defensas y 
"huir. Habiendo ganado estas barricadas per- 
manecieron allí hasta el siguiente día, 11 de ju- 
"nio, y en la mañana temprano siguieron hacia 
"la ciudad; en el camino hubo algunas escara- 
"muzas con el enemigo que constantemente huía. 
"En fin, ganaron la ciudad, sin gran pérdida de 
"hombres, gracias a Dios. Apoderados de ella, 
"na$a, sin embargo, hallaron allí; porque habien- 
"do tenido los habitantes noticias de Santiago 
"de lo que allá habíamos hecho, mandaron todos 
"sus haberes a las montañas y bosques: el Gene- 
"ral dispuso que se incendiara todo, juzgando 
"que no era conveniente permanecer allí, sino 
"que debíamos volver atrás, a los barcos; esto es- 
pecialmente a causa de la partida del Capitán 
"Sommers, que el día antes, bajo una furiosa 
tempestad, estando con cincuenta hombres en 
"una embarcación pequeña, anclada, y por ha- 
bérsele roto a ésta los cables y perdido las án- 
"coras, se vio obligado a darse a la mar, porque 
"de otro modo estaba en riesgo de perecer. Así 
"es que nuestro General y su compañía regresa- 
ron el día 12 y se embarcaron, partiendo a toda 
"prisa en busca del Capitán Sommers.'' 

319 



PEDRO M. ARCA YA 



Sigue refirien J o el inglés que hallada la em- 
barcación de Sommers, siguieron juntos, con áni- 
mo de meterse a la Laguna, lo cual no pudieron 
hacer. Fueron a la isla Española (Santo Domin- 
go) , después a Jamaica y costas de Cuba y Baha- 
mas ,de donde retornaron a su patria. "El 10 de 
"septiembre, llegamos salvos (Dios sea alabado) 
"al puerto de Milford en Gales, habiendo reali- 
zado tan largo viaje en el espacio de seis meses, 
"algo menos." Tranquila estaba, a lo que se ve, 
la puritana conciencia de los piratas después de 
los incendios y robos que habían perpetrado. 

Este saqueo completó la ruina de la pobre ciu- 
dad coriana. Hubo que reedificar las casas de 
bahareque que la componían. También se re- 
construyó la Iglesia o ermita de San Clemente, 
que dejaron quemada los Ingleses. Respecto de 
la construcción de la Catedral trataremos más 
adelante, así como de la obra del Hospital. 

No todas las prendas y papeles que poseían 
lograron salvarlos los habitantes de Coro. Al- 
gunos perdieron los suyos, y así se alegaba des- 
pués en pleitos de tierras. 

La versión española acerca de esta incursión 
pirática consta especialmnete del expediente sobre 
los méritos y servicios del Capitán Alonso Arias 
Vaca, vecino de Coro, evacuado en 1598. (8). 

Leemos allí que al saberse en Coro que esta- 
ban fondeados los buque piratas en el puerto de 
La Vela, salió hacia allá Arias Vaca con veinte y 



(8) Este expediente se encuentra original en el Ar- 
chivo de Indias de Sevilla. Hay copia en la Biblioteca de 
la Academia Nacional de la Historia, 

320 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



cinco vecinos, armados de mosquetes y escopetas, 
y se apostaron en La Vela en espera de que ba- 
jara el enemigo, que en la segunda noche echó a 
tierra cuatrocientos soldados, entre mosqueteros 
y piqueros; ante ellos se retiró Arias Vaca con 
los suyos, matando e hiriendo muchos de los in- 
vasores. Quemaron los corianos el puente cons- 
truido sobre el río, mas esto no detuvo a los pira- 
tas. Ellos llegaron a Coro el 20 de junio en la 
mañana pero la evacuaren al siguiente día al 
amanecer. (9) . 

Arias Vaca había juntado, entre tanto, el res- 
to de los vecinos de Coro, de armas tomar, y los 
indios de los pueblos cercanos, con los cuales, 
puestos todos a las órdenes del Capitán Miguel 
Manzanedo, fueron perseguidos y acosados viva- 
mente los enemigos en su retirada. 

En 1597, en marzo o abril, comenzó a regir 
a Venezuela un nuevo Gobernador, D. Gonzalo de 
Pina Ludueña, en sustitución de Osorio, ascen- 
dido a otro cargo. Pina visitó a Coro, donde es- 
pecialmente se dedicó a averiguar lo que se de- 
cía de la existencia de perlas en sus costas, in- 
vestigación que de vez en cuando se había venido 
haciendo desde los días de la conquista, como ya 
lo hemos visto en el curso de esta historia, aban- 
donándose después las diligencias que se co- 
menzaban. "En la costa de la ciudad de Co- 
"ro, escribió al Rey, ha muchos años que se 
"tiene noticia que ay gran riqueza de ostras de 
"perlas y ningún gobernador ni vecino a echo 



(9) Obsérvese la discrepancia entre el relato espa- 
ñol y el inglés, respecto al día de junio en que ocurrió 
el saqueo. 

321 

41—1 



PEDRO M. ARCAYA 



"diligencia en acer este descubrimiento y ver el 
"secreto de aquella mar, y teniendo yo la noticia 
"que los demás, pareciendome que si no asía di- 
ligencia no cumplía con el servicio de Vuestra 
"Magostad y con mi oficio, ansí envié a acer este 
"descubrimiento y fue dios servido que con la 
"buena diligencia se descubrió Primero día de 
"pascua de navidá <deste año de noventa y nuebe 
"una muy gran riqueza de pesquería de perlas, 
"aunque se quisiera descubrir más la mar no dio 
"lugar por un . temporal que sobrevino." 

A pesar de ese descubrimiento no se explotó 
entonces la industria de pesquería de perlas. 
Han pasado los siglos; se ha repetido como cosa 
nueva, muchas veces, el hallazgo de las perlas, 
especialmente en las costas de Paraguaná, pero 
ningún partido se ha sacado de esta riqueza que 
sigue abandonada en el fondo del mar. 

"En 1599 llegó a Caracas, dice la Crónica 
"Eclesiástica, el señor Obispo D. Fray Domingo 
"de Salinas, hizo trasuntar dos bulas y el ejecu- 
"torial, y dio su poder al teniente general Alon- 
"so Arias Vaca, quien se presentó en Cabildo en 
"Coro y fué recibido por el Chantre." 

El 28 de marzo de 1600 falleció Pina Ludueña. 
Entonces nombró don Diego Osorio, a la sazón 
Presidente de la Audiencia y Capitán General de 
la Española, Gobernador interino de Venezuela 
al Capitán Alonso Arias Vaca, cuyo brillante 
comportamiento, cuando la incursión de Preston, 
conocemos ya. Era vecino de Coro, donde quizás 
nació, o si nó vino muy niño, hijo legítimo del 



322 



HISTORIA DEL, ESTADO FALCON 



Gobernador Ldo. Alonso Arias de Villasenda 
y de su esposa doña Catalina Vaca Cabeza 
de Vaca, y no corno erróneamente escribió Ovie- 
do y Baños, del Gobernador Ldo. Bernaldez, error 
que como easi todos los de este autor han seguido 
repitiendo los historiadores venezolanos, por lo 
común pocos dados al trabajo de consultar los do- 
cumentos antiguos. (9). 

Alonso Arias Vaca era dueño de tierras y po- 
seía numerosos rebaños de ganados, especialmen- 
te yeguas, en Paraguaná. Encomendero de in- 
dios, los trataba bien; su familia era de las más 
encumbradas de las colonias españolas. Por todas 
estas circuntancias y su probado valor, gozaba de 
gran prestigio entre los blancos y los indios de 
Coro, de modo que su nombramiento fué muy 
bien recibido, especialmente en dicha ciudad, que 
mientras duró la interinaría de Arias Vaca vol- 
vió a ser la cabeza de la gobernación. 

Aún ejercía el mando Arias Vaca para el 31 
de diciembre de 1600 con que finaliza el primer 
tomo de esta Historia. 

También en ese año murió en el Tocuyo el Obis- 
po Salinas. Las mismas pasiones que produjeron 
años antes la acusación de Pedro de los Ríos con- 



(10) La filiación de Alonso Arias Vaca había sido 
sin embargo, establecida en un libro anterior al de Ovie- 
do y Baños, las Genealogías del Nuevo Reino de Granada 
por Flores de Ocáriz, cuyos datos coinciden con los de 
varios documentos inéditos consultados por el autor de 
este libro. De la familia Arias Vaca nos couparemos 
más detenidamente en la sección de esta obra en que 
aparecerán los orígenes y entronques de las familias co- 
loniales de Coro. 



323 



PEDRO M. ARCAYA 



tra el Obispo Agreda se mantenían vivas en aque- 
lla población. Parece que el señor Salinas tuvo al- 
gunas cuestiones con los vecinos, especialmente 
con uno de los principales, llamado Manuel de 
Silva, y como quisiera la casualidad que falleciera 
allí el Prelado, corrió la voz de que Silva lo había 
hecho envenenar. Acerca de este grave suceso 
escribió al Rey, desde Coro, el año siguiente el 
Gobernador Arias Vaca, lo que pasamos a copiar: 
"El Obispo don fray Domingo de Salinas falleció 
"y pasó desta presente vida a veinte y uno de 
"junio pasado de seiscientos en la ciudad del to- 
cuyo con alguna aceleración y violencia de que 
"resultó averse dicho fue ayudado con algún be- 
"neno, sobre la cual razón cometí la averiguación 
"de lo dicho a Gracian de alvarado, Alcalde hor- 
"dinario que fué de la dicha ciudad, el cual hizo 
"la sumaria, y por causas que se ofrecieron en el 
"discurso de ella lo suspendí de la dicha comisión 
"y aboqué en mí la dicha causa, y dello resultó 
"cierto indicio contra Manuel de Silva, vecino y 
"Alguacil mayor della por vuestra magestad, el 
"cual procuré calificar con muchas diligencias 
"que a la dicha razón hice, prendiendo el cuerpo 
"del referido, traiendo a la cárcel pública desta 
"ciudad de Coro, a donde estuvo en la dicha pri- 
"sión muchos días, en el curso de los cuales provó 
"cumplid 'emente su descargo, por do lo deshice en 
"dicho indicio, y conclusa la dicha causa de oficio 
"di y pronuncié sentencia definitiva en ella por do 
"le absolví de la ynstancia del dicho juizio." 
Mas Alonso Suárez del Castillo, que sustituyó 



324 



HISTORIA DEL ESTADO FALCON 



a Arias Vaca en el cargo de Gobernador, escri- 
bía en 1602 al Rey "Por muerte del Gobernador 
"Gonzalo de Pina Ludueña la Audiencia de Santo 
"Domingo proveió por Gobernador a Alonso Arias 
"Vaca, vecino de la cibdad de Coro desta gober- 
nación, que por serlo a andado la justicia como 

"de compadres y esto más en los pueblos 

"de la tierra adentro desta gobernación adonde. . 
"sin ningún temor .de Dios ni de vuestra Mages- 
"tad ni de su justicia usan yerbas Perversas que 
"con poco enojo que con uno tengan es fácil mata- 
"11o sin que aia ávido justicia que lo remedie, y es- 
"to es tan escandaloso en el pueblo del Tocuyo que 
"es cosa pública que a muy pocos días una mu- 
"jer, por matar un amigo suyo mató un hijo su- 
"yo. Está este pueblo tan indiciado en estos de- 
"litos y entre ellos la (muerte) del Obispo Salinas, 
"sin otros muchos, que deseo vida para con ella 
"servir a vuestra Magestad. ..." Así es que que- 
dó siempre viva la sospecha de que el Obispo ha- 
bía sido envenenado. 

Conviene hacer una reseña general de la si- 
tuación de Coro y su partido al finalizar el si- 
glo XVI. 

La ciudad estaba en ruinas. Se reconstruían 
activamente las casas de bahareque, cubiertas 
de barro, que la componían, que apenas ascende- 
rían a algo más de cien. Ya dijimos la recons- 
trucción de la ermita de San Clemente. Junto a 
ella, arrimada a una de sus paredes, se construyó 
una sala que sirvió de Hospital hecha de baha- 
reque. 



PEDRO M. ARCAYA 



Respecto a la Catedral, consta del libro de ac- 
tas del Cabildo, que aún se conserva, que el 7 .de 
junio de 1583 dicho Cuerpo dispuso que en aten- 
ción a estar hecha de paja la Iglesia Catedral y 
haber en Coro un oficial de albañilería se contra- 
tase con él la obra de su reedificación. El 3 de 
setiembre se hizo constar que ya habían comen- 
zado los trabajos y que al oficial de albañilería se 
le pagaban cincuenta pesos de diez reales de plata 
por año, más doce reales de carne cada semana. 
En 1588 se celebró un ajuste sobre trabajos de 
carpintería con Fructuoso Rodríguez. Todavía 
continuaban estos trabajos para 1595, cuando los 
piratas ingleses incendiaron la ciudad, destru- 
yendo la Catedral comenzada. Se resolvió enton- 
ces recontruirla en mayores proporciones y con 
una torre, que es la que aún subsiste, pero como 
esta obra no se comenzó en forma sino a comien- 
zos del siglo XVII, referiremos en el segundo to- 
mo de nuestra Historia, lo relativo a ella. 

En la ciudad y dispersas por los campos mo- 
raban algunas familias blancas, en sus hatos y 
pequeñas haciendas agrícolas. Eran ya relati- 
vamente grandes los rebaños de cabras, de vacas 
y de yeguas, de que se sostenían los vecinos. Criá- 
banse muías que se mandaban a vender al nuevo 
Reino de Granada. Exportábanse cueros, y sin 
duda se hacía el comercio de la sal con los pue- 
blos del interior. 

Había algunas familias de pura raza blanca, 
pero más numerosos eran los mestizos, descen- 
dientes de españoles e indios, legitimados algunos 



326 



HISTORIA DEL ESTADO PALCON 



por reales rescriptos, formando éstos parte del 
pequeño grupo que ejercía los cargos municipales. 
Por lo demás, todos estos mestizos estaban cla- 
sificados legalmente como blancos. Los negros 
labraban las cortas haciendas de los blancos. 
Ellos a su vez se habían mezclado con las indias, 
formando la casta de los zambos. 

Los indios puros seguían distinguiéndose en 
Caquetíos libres, y en Ajaguas y Jirajaras de 
Encomiendas. 

Los Caquetíos continuaban siendo, por lo mis- 
mo que eran libres, la mejor raza indígena. 
Entre ellos escogían, por lo común, sus concubinas 
los blancos mientras que con los Jirajaras y Aja- 
guas se enlazaban los negros. Subsistía y ha- 
bía crecido el pueblo de Caquetíos de Santa Ana 
de ^araguaná. A fines del mismo siglo XVI se 
fundó el de San Nicolás de Moruy con otros Ca- 
quetíos que antes ocupaban otros sitios de Para- 
guaná. A esa Península habían trasladado los 
Encomenderos algunos Ajaguas y Jirajaras de la 
serranía. 

De estos últimos había algunos también en la 
ciudad de Coro, al servicio de los señores de En- 
comiendas. Moraban así mismo en ella Caquetíos 
libres. 

Los otros grupos de Ajaguas y Jirajaras eran 
relativamente escasos, y estaban dispersos en las 
haciendas agrícolas de los Encomenderos, espe- 
cialmente en Siburúa, Quiragua, Curimagua, Ca- 
riagua, Mapiare, Maguay y otros puntos. 

Fuera de Paraguaná había una pequeña al- 



327 



PEDRO M. ARCAYA 



dea de Caquetíos en Cumarebo. El pueblo de 
Tomodore estaba al extinguirse. La hija del úl- 
timo cacique era la concubina de un blanco. Más 
numerosos, relativamente, eran los Caquetíos del 
litoral occidental, entre Coro y Maracaibo. Con- 
servábanse los antiguos pueblos de Zazarida y 
Capatarida. Progresaba el de Mitare, probable- 
mente el llamado Carao en los días de la con- 
quista. 

De estos Caquetíos del Occidente se le había 
dado el título de Cacique general a un indio lla- 
mado don Sancho de Uriacoa, que creemos era 
deudo de Manaure. En efecto, sus descendientes 
usaron como apellido el nombre del célebre cau- 
dillo caquetío. Esta familia, en la cual el Caci- 
cazgo era heriditario, fue aumentando en con- 
sideración y bienestar, y después se enlazó „con 
gente blanca; con el tiempo, como en su oportu- 
nidad veremos, el Cacique General lo era tam- 
bién de los Caquetíos de Paraguaná, pero el tí- 
tulo era más bien honorífico, pues no parece que 
atribuyera funciones determinadas. 

Ponemos aquí punto final al primer tomo de 
esta Historia. 



ÍNDICE 



ÍNDICE 

Páginas. 
CAPITULO PRIMERO 

Geografía y Geología 7 

CAPITULO SEGUNDO 

Los Aborígenes. — Su distribución geográfi- 
ca y sus rasgos característicos 31 

CAPITULO TERCERO 

Los Aborígenes. — Su clasificación etnoló- 
gica 65 

CAPITULO CUARTO 

Los Aborígenes. — Datos sociológicos 91 

CAPITULO QUINTO 
Descubrimiento de las costas corianas. — Pri- 
meros viajes de los españoles 123 

CAPITULO SEXTO 

Fundación de Coro por Ampies y estableci- 
miento de los Alemanes 157 

CAPITULO SÉPTIMO 

Desde que vino Alfínger hasta la muerte de 

Espira 187 

CAPITULO OCTAVO 

Desde la muerte de Espira hasta la del Ldo. 

Pérez de Tolosa 235 

CAPITULO NOVENO 

Desde la muerte del Ldo. Pérez de Tolosa 

hasta mediados de 1576 273 

CAPITULO DÉCIMO 

Desde mayo de 1576, hasta el 31 de diciem 

bre de 1600 303 



FE DE ERRATAS 



Las principales que se han advertido son las 
siguientes, fuera de algunas en acentos y pun- 
tuación que corregirá el lector. 

Página 52 — Nota (46), línea 7. Dice Buica, léa- 
se Buiza. 

Página 69 — Ultima línea. Dice: estuuiarse, léase 
estudiarse. 

Página 104 — línea 4. Dice: Vennezuela, léase Ve- 
nezuela. 

Página 262 — línea 18. Dice: comendo léase com- 
mendo. 

Página 297 — línea 13. Dice: concurrienron, léa- 
se concurrieron. 

Página 323 — Primera línea. Dice: Villasenda, 
léase: Villasinda. 

Página- 326— línea 7. Dice: setiembre, léase sep- 
tiembre. 



Wíívs